La iglesia de san Pedro de Siresa, una joya del románico primitivo escondida en el Pirineo aragonés.
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La iglesia de san Pedro es el único resto que se conserva de un gran monasterio que existió en el valle de Echo, a las afueras de la actual localidad de Siresa, en la margen izquierda del río Aragón Subordán, afluente del río Aragón, en un entorno montañoso estratégico y aislado, ideal para la vida monástica, pero al mismo tiempo con recursos naturales suficientes para la autosuficiencia (agua, madera, pastos).
Se halla junto a una antigua vía de comunicación pirenaica, heredera de una calzada romana, que conectaba la hispana Cesaraugusta (Zaragoza) con el Bearne y Aquitania a través de los puertos pirenaicos occidentales (Puerto de Palo); y controlaba uno de los accesos naturales entre la Península Ibérica y el sur de Francia, lo que explica su temprana importancia política y religiosa en la Alta Edad Media.
Esta posición convirtió al monasterio en un punto de control territorial, cultural y religioso dentro del primitivo Condado de Aragón.

La historia de este monasterio, del cual solo se conserva la iglesia del mismo bajo la advocación de san Pedro, es controvertida, ya que los historiadores no se ponen de acuerdo a la hora de explicar su origen. Para unos, se trata de una fundación carolingia; para otros es una creación "indígena a la presencia carolingia, creándose en san Pedro de Siresa una especie de santuario nacional, otorgando un papel relevante a los monasterios en la organización del condado". Lo cierto es que estamos ante un edificio de dimensiones catedralicias en un pueblecito, donde lo normal sería encontrarnos con las habituales y encantadoras iglesias del románico rural. La explicación pudiera ser su origen monástico y el apoyo llevado a cabo por la realeza.
Estamos ante uno de los monasterios más antiguos de la zona de Huesca, en el Pirineo Aragonés. Noticias se tienen de hacia 830, cuando un funcionario de la corte carolingia, el conde Galindo Áznarez I, llegó a Siresa, desde los condados de Ribagorza, Pallars, Urgel y Cerdaña , en donde había regido en nombre del emperador franco, posiblemente con la idea de organizar otra provincia como la Marca Hispánica en la parte occidental del Pirineo; pero la desintegración de Imperio Carolingio lo impidió; y el valle de Echo se convirtió en un condado independiente propiedad del conde Galindo Aznárez I, dando comienzo a la dinastía condal de Aragón.
Los documentos mencionan a un primer conde franco, llamado Aureolo, que gobernó este condado en nombre de los carolingios; y de un primer conde oriundo de Aragón que fue Aznar Galindo. Durante esta época el condado estaba muy vinculado a los francos y al reino de Pamplona. Los “Aznar/Galindo” convirtieron al monasterio en centro espiritual, económico y cultural del incipiente Condado de Aragón, un paso clave hacia la formación del futuro Reino de Aragón.

La primera noticia documentada de este monasterio data del 25 de noviembre del año 833, fecha en la que recibió una donación de tierras por parte del conde Galindo Garcés (conde de Aragón entre 833 y 844 e hijo de García Galindez el Malo) y su esposa Guldegrut: “El conde Galindo Garcés y su esposa Guldregut ofrecen y donan al monasterio de San Pedro de Siresa todas las tierras que tienen y poseen desde Berbués hasta Higirem, incluyendo edificios, viñas, tierras cultivadas y tierras sin cultivar, junto con la presente escritura para que conste.”
Esta donación nos muestra como los señores y nobles aragoneses utilizaban la fundación de monasterios para controlar territorios fronterizos y fortalecer su autoridad en estas zonas. "En este contexto fronterizo, entre el dominio franco (carolingio) y el mundo islámico, la creación de monasterios no fue solo un acto religioso, sino también una herramienta de consolidación territorial".

Una vez fundado el cenobio, el primer abad fue Zacarías, quien organizó el monasterio siguiendo las reglas fijadas en 816 en el sínodo celebrado en Aquisgrán, inspiradas en la regla de Crodegango de Metz (obispo conocido por su labor organizativa y reformadora del clero y de la vida monástica en el siglo VIII). El monasterio creció rápidamente gracias a las donaciones de tierras y núcleos urbanos, lo que convirtió a Siresa no solo en un centro importante espiritual, sino también en una potencia económica en el valle. En el año 852 Eulogio de Córdoba, culto presbítero mozárabe de la iglesia de san Zoilo de Córdoba, escribió a Guilesindo de Pamplona elogiando el esplendor del monasterio como foco cultural de gran importancia; afirmando que su biblioteca, era una de las más completas de la Península, en las que destacaban obras de Avieno, Virgilio, Juvenal, Horacio, Porfirio o san Agustín.
En el año 867 tenemos noticia de otra donación llevada a cabo por Galindo I Aznárez (sucesor de Galindo Garcés), conde de Aragón entre 844 y 867, máxima autoridad del territorio en la segunda mitad del siglo IX: “Yo, Galindo, por la gracia de Dios conde, doy y concedo al monasterio de San Pedro de Siresa la villa llamada Hecho (Exo), con todos sus términos y pertenencias: montes, bosques, pastos, aguas, prados, tierras cultivadas y sin cultivar, tal como pertenecen a mi dominio, por la salvación de mi alma y la de mis antepasados.”
En el año 922, san Pedro de Siresa fue nombrado sede episcopal, pero es abandonado durante la destrucción de Pamplona en 999 por parte de Almanzor. En 1063 pasó a depender de la diócesis de Jaca; y aunque en un principio el monasterio estuvo ligado a la reforma benedictina que se extendió por los Pirineos, con influencia de monasterios franceses y del románico lombardo; en 1077, el rey Sancho Ramírez estableció en Siresa una comunidad de canónigos, bajo la regla de san Agustín, colocando al frente del cenobio a su hermana la condesa doña Sancha(quien dirigió el lugar entre 1082 y finales de 1095), elevándolo a la categoría de capilla real, durante parte del siglo XI.
También fue un centro de educación de príncipes, ya que parte de la educación del futuro rey Alfonso I de Aragón (el Batallador), se realizó en el monasterio, llevada a cabo por su tía doña Sancha.

En el siglo XII (1145) el monasterio fue perdiendo importancia política, pasando a depender de la catedral de Jaca, aunque siguió manteniendo su relevancia local. En el siglo XIII debido a su estado ruinoso se restauró. En las últimas actuaciones, llevadas a cabo entre 1989-1991 se remodeló todo el edificio, y se realizaron excavaciones en el subsuelo, hallando muros de una iglesia de tres naves y cabecera recta que se cree pudiera pertenecer a un templo visigodo anterior a la fundación del siglo IX (restos que fueron enterrados de nuevo) y que fue reformado en el siglo XIII, como hemos comentado.
Siresa también tiene leyenda, ya que según dicen en un hueco abierto en el ábside se encontró el Santo Grial que fue custodiado en el lugar entre los años 815 y 831.
En 1931 se declaró Monumento Histórico Artístico, y en 2002 Bien de Interés Cultural. Hoy en día es la iglesia parroquial de la localidad de Siresa.

La fachada occidental, la principal del templo, se caracteriza por su macicez y sobriedad, con un antecuerpo que avanza ligeramente respecto al muro de la nave, generando un espacio cubierto que protege la portada principal.
Sobre la portada se abre un vano de medio punto cegado y en la parte superior, dos vanos sobre los que se eleva una espadaña.

En ella vemos un gran arco de medio punto formado por tres arquivoltas decrecientes hasta llegar a una puerta adintelada. No hay decoración figurada, su función es estructural y simbólica. Sobresale el tímpano, colocado con posteridad, en el siglo XII, única decoración escultórica de la portada.

Se trata de un crismón trinitario, tallado en piedra y situado en el centro del tímpano. Está formado por ocho brazos con rosetón central liso, y por las letras X y P superpuestas, iniciales griegas de Christós. A ambos lados aparecen las letras alfa y omega, que simbolizan que Cristo es el principio y fin de todas las cosas. Debajo de los brazos horizontales se representan dos margaritas de ocho pétalos. Es un relieve poco profundo, con trazos sencillos y geométricos, sin decoración.

La fachada sur de la iglesia de San Pedro de Siresa es uno de los elementos más singulares del edificio y aporta mucha información sobre su evolución histórica. Se trata de un muro largo, macizo y muy sobrio, construido con sillería regular. A lo largo del muro se abren grandes arcos de medio punto cegados, que corresponden a las antiguas naves laterales de un templo primitivo, más amplio, probablemente de tres naves. Estas naves se suprimieron en el siglo XIII, al realizar una amplia reforma debido a su estado ruinoso.
La suposición de que la iglesia en origen tenía tres naves, la central de mayor altura y anchura, lo certifican los paramentos meridional y septentrional, que presentan cada uno cuatro arcadas, en sus zonas inferiores, como ya hemos comentado.

A lo largo del muro se abren vanos pequeños y estrechos, para iluminar el interior manteniendo la solidez del muro, típico del románico. El conjunto es austero, no encontramos ni capiteles figurados ni molduras ornamentales, aunque la repetición de arcos ciegos crea cierto ritmo visual que articula el muro y evita la monotonía.


El paramento meridional se caracteriza por un muro de sillería articulado por grandes arcos ciegos y la portada sur, restos de un templo primitivo de tres naves, como ya hemos comentado, sin decoración escultórica, lo que subraya la austeridad del románico pirenaico.

En uno de los arcos ciegos se abre la portada meridional. Consta de tres arquivoltas de aristas vivas, enmarcada por una cuarta construida con aparejo almohadillado rústico del siglo XVII con una inscripción moderna que acompaña a la tiara y las llaves de san Pedro grabadas en mármol: “REGI S. PETRI DE SIRESA ECCLESIA COLLEGIATA REGUM ARAGONUM CAPELLA REGIA”.

El brazo meridional del crucero apenas se individualiza al exterior, integrándose en el alzado mediante un muro macizo reforzado por contrafuertes, con vanos escasos y un remate sencillo, lo que refleja la austeridad y el carácter arcaico del románico pirenaico.

La fachada norte es la más cerrada, austera y funcional del edificio. Es un muro macizo y continuo, construido en sillería de piedra bien escuadrada, apenas presenta vanos y no tiene portada, lo que refuerza su carácter defensivo y recogido. La fachada contribuye a la sensación de solidez y monumentalidad del conjunto.
Como ya hemos visto en la fachada meridional, a lo largo del muro se abren grandes arcos de medio punto cegados, que corresponden a las antiguas naves laterales de un templo primitivo.

El ábside por el exterior es poligonal, aunque en su interior es semicircular. La cabecera se alza sobre una cripta para salvar la irregularidad del terreno sobre el que se asienta. El ábside se refuerza por medio de cuatro contrafuertes rectangulares que llegando a la altura de los vanos se transforman en triangulares, terminando bajo el alero del tejado. Entre ellos se abren cinco ventanales de doble arco de medio punto sobre imposta, de los que los de los extremos y el central se abren al interior de forma abocinada, mientras que los dos intermedios son ciegos.

El remate del alero se realiza con canecillos extremadamente sobrios, de forma geométrica y sin decoración figurativa, lo que refuerza el carácter arcaico, monástico y funcional del románico pirenaico temprano, donde prima la estructura sobre el valor narrativo o simbólico de la escultura.

El crucero no se manifiesta claramente ni en planta ni en alzado, ya que no sobresale de forma notable respecto a los muros de la nave.
El brazo septentrional del crucero se presenta al exterior como un muro macizo y poco articulado, con un solo vano en arco de medio punto y sin decoración, lo que responde tanto a su orientación norte como al carácter austero y arcaico del románico pirenaico.

El templo que se conserva actualmente es de grandes dimensiones, construido con sillería y sin decoración, a excepción del cordón que recorre horizontalmente, a modo de cornisa, el interior de los muros de la nave y del crucero, así como las caras internas del antiguo cimborrio; y los arcos ciegos.
Estamos en una iglesia de planta de cruz latina, formada por una sola nave y transepto acusado en planta y dobles absidiolos interiores en cada uno de los brazos. La cabecera tiene un ábside poligonal al exterior y semicircular al interior, que se eleva sobre una cripta.

La nave principal, de tres tramos, se cubre con bóveda de medio cañón con refuerzo de fajones sobre pilastras. El tramo del crucero tuvo un cimborrio con cúpula semiesférica, pero tras un incendio se realizó de medio cañón orientada en la dirección de los brazos del transepto.

La cabecera está formada por un ábside semicircular, con notable profundidad, decorado interiormente con cinco arcos de medio punto enmarcados entre dos líneas de imposta. Los arcos impares tienen un vano de medio punto en su interior, mientras los otros dos son ciegos.
El ábside se cubre con bóveda de cuarto de esfera, que se convierte en bóveda de cañón en el tramo presbiterial.
Sobre el altar podemos ver la talla de san Pedro, labrada en piedra policromada, procedente del antiguo retablo mayor de la catedral de Jaca. Obra realizada por Juan de Bescós en 1604 y desmontado a finales del siglo XVIII.

El crucero interior de San Pedro de Siresa, apenas se manifiesta en el exterior; en el interior, por el contrario, se caracteriza por su gran altura y amplitud, articulado mediante arcos de medio punto y pilares macizos, con una absoluta ausencia de decoración escultórica, lo que concentra la monumentalidad del edificio en el espacio arquitectónico y subraya su carácter arcaico y monástico.
El crucero está dividido en tres tramos, el central rectangular y cuadrados los laterales, cubiertos con bóveda de cañón. En ellos se abren nichos de planta rectangular con bóvedas de horno, que actúan como capillas laterales. En lo alto de los muros extremos se abren vanos en arco de medio punto para iluminar el interior.
En la capilla del fondo se conserva el retablo de La Trinidad, obra del aragonés Pedro García de Benabarre.

En el interior, a los pies de la iglesia, en el muro occidental, hay una estancia elevada y abovedada que se ha relacionado con una tribuna carolingia. Se accede a ella a través de una escalera situada en el lado occidental.
Está formada por tres cuerpos, “a modo de torreones” en la parte inferior del central se ubica un pequeño atrio, la portada de tres arcos de medio punto en gradación, y una escalera de siete peldaños que pone en contacto con la nave central. En la segunda planta, una tribuna, de planta rectangular y cubierta con bóveda de crucería, se abre a la nave; y los dos cuerpos laterales presentan arcos de medio punto ligeramente más altos que las arcadas de los muros de la nave.
Flanqueando los pies de la escalera, encontramos dos pilas de jaspe, una pila de diezmos o de aceite para el culto, y la pila bautismal en la que dicen fue bautizado Alfonso I el Batallador.
En su interior aún se conserva una parte de su mobiliario del que hay que destacar un Cristo de un descendimiento, posiblemente del siglo XII; una Virgen del siglo XIII; unos retablos góticos, dedicados a San Juan Evangelista, obra de Blasco de Grañén; la Trinidad, de Pedro García de Benabarre; San Esteban; y Santiago, también de escuela aragonesa; y una Santísima Virgen del XVI, al modo manierista italiano.
Hasta aquí nuestro vuelo por esta sorprendente iglesia de san Pedro. No dejéis de visitar el pueblecito, es precioso. Espero qué os haya gustado. Hasta el próximo vuelo.
BIBLIOGRAFÍA:
-DURÁN GUDIOL, Antonio: El monasterio de san Pedro de Siresa. Zaragoza, Diputación General de Aragón, 1989.
- CANELLAS, Angel; y SAN VICENTE, Ángel: Aragón. Volumen 4 de la serie la España Románica. Madrid, Encuentro Ediciones, 1981.
-ARAMENDÍA, José Luis: El románico en Aragón. Cuencas del Aragón y el Arba. Zaragoza, ediciones Leyere, 2003.
- CORRAL, José Luis: El proceso de centralización de los monasterios aragoneses entre los siglos IX y XI: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/615560.pdf
- «Cartulario de Siresa, ed. Antonio Ubieto Arteta (Zaragoza: Anubar, 1986), doc. 1. Donación de Galindo Garcés y Guldregut al monasterio de San Pedro de Siresa. Transcripción y traducción propia.»:
-Cartulario de Siresa, ed. Antonio Ubieto Arteta, Zaragoza, Anubar, 1986, doc. 2 (donación de Galindo I Aznárez).https://www.anubar.com/coltm/pdf/TM%2002%20Cartulario%20de%20Siresa.pdf





















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