El tiempo y los recuerdos.


Hace unos días, por WhatsApp, un antiguo amigo me envió una fotografía de la localidad griega de Hidra, en el Mar Egeo, lugar que visitamos cuando fuimos a Grecia en el Viaje Fin de Carrera. En el pie de foto ponía: "Puerto de Hydra 43 años más tarde". En un primer momento no caí en lo que significaba la fotografía y el texto, y me olvidé del asunto; pero no mi mente; que, como si fuera un ordenador, fue buscando en mis recuerdos; y de pronto, dos días más tarde, caí en la cuenta: -Él está de vacaciones en el mismo lugar que estuvimos siendo tan jóvenes y ha compartido conmigo ese recuerdo para que vea como ha cambiado ese precioso lugar, en el que estuvimos hace ya cuarenta y tres años-. Un recuerdo que yo tenía totalmente escondido en el rincón del olvido y que el tiempo había borrado casi por completo. Fue como un flash, todo me vino a la mente, las risas, la alegría, la juventud, la belleza del entorno; una brizna de aire fresco.


El tiempo va pasando, se escapa de nuestras manos, al igual que los recuerdos. A veces parece que nuestro paso por este mundo lo haya vivido otra persona, hay momentos que han desaparecido de nuestra memoria, aún aquellos que en realidad tendrían que ser imborrables. Muchas vivencias pasadas permanecen en el rincón del olvido, y allí están encerradas hasta que a causa de un determinado hecho, ese rincón se abre y surge el recuerdo totalmente nítido.


El tiempo pasa volando, y no nos damos cuenta de que, junto a los recuerdos, es lo más precioso que tenemos.



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