Queda pohibido el uso de fotografías y textos sin permiso del autor.

 

 

© 2023 by The Book Lover. Proudly created with Wix.com

La plaza ochavada de Chodes.

Antes de comentar la plaza de Chodes debemos conocer un poco la historia de este lugar. El primitivo núcleo se encontraba sobre un elevado peñasco, conocido con el nombre de Peña de Lodos, donde se había construido un castillo en el siglo XII. Constituía un lugar estratégico ideal para controlar la Vega del Jalón. La primera referencia documental en la que se nombra al castillo la encontramos en el fuero de la Comunidad de Calatayud, otorgado por el rey Alfonso I en 1131. La Comunidad se inscribía en la cuenca del Jalón, y sus límites eran: al NE Chodes; al NO la sierra de la Bigornia; al O, Berdejo y Carabantes; al SO, Albalate y Ariza; al SE, Milmarcos y Guisema; y al E, Cubel, Villafeliche, Langa del Castillo y Codos.

 

Chodes perteneció a lo largo de los tiempos a diversos propietarios: A principios del siglo XII estaba en manos de don Pedro Fernández de Azagra; en 1240 aparece como propietaria la familia Artal de Luna; en 1253 Jaime I lo entregó a don Jimeno de Urrea; entre 1283-1382 aparece como señor del lugar don Lope Ferrench de Luna. En 1319 los Martínez de Luna adquirieron el señorío de Morata de Jalón y en 1437 compraron al rey Alfonso V  las localidades de Arándiga y Chodes, que habían sido confiscadas al conde Fadrique de Luna.

 

Documentalmente se conoce que en Chodes vivía una importante comunidad morisca: el 29 de julio de 1429 consta que se reunieron el concejo y aljama de moros de Chodes en la plaza para decidir asuntos que interesaban a la comunidad. En el año 1495 se manifiesta que en el lugar existían 17 fuegos, figurando numerosos moriscos entre sus habitantes. El lugar se vio profundamente mermado a partir del 18 de abril de 1610, fecha en la que Felipe III expulsó a los moriscos aragoneses, motivo por el cual Chodes perdió a gran parte de su población.

 

Fotografía: Fotograma del documental “Francisco Sanz de Cortes por el Antiguo Condado de Morata”.

 

El 15 de mayo de 1665 doña Ana Polonia Manrique de Luna, V Condesa de Morata y III Marquesa de la Vilueña,  vendió todas sus heredades aragonesas (entre ellas Arándiga, Purujosa, Villanueva de Jalón, Gotor, Morata, Chodes e Illueca) al jurista zaragozano Francisco Sanz de Cortés. Su familia, oriunda de la villa de Cortes de Navarra, se estableció en Tauste en donde establecieron la casa solariega. Era hijo de Domingo Sanz de Cortés, jurado perpetuo de Zaragoza, y aunque era el séptimo de los hijos, fue el continuador del linaje hidalgo. Francisco Sanz de Cortés, aprovechando la gracia del rey por los favores que el monarca le debía, y comprando títulos, llegó a ser uno de los hombres más poderosos de esa época en Aragón. Ya en 1659 había comenzado su ascenso social, construyendo su palacio en el centro de Zaragoza (Palacio Argillo, ver articulo), y comprando una pardina en Binefar llamada Villaverde. Muchos favores le debía el rey, el cual en agradecimiento le otorgó en 1670 el título de marqués de Villaverde. Además de ostentar el de regidor del Hospital de Gracia de Zaragoza, el de tesorero de la Santa Cruzada de Aragón, y los títulos de conde de Morata y Atarés, barón de Gotor y barón de Illueca, entre otros.

 

El precio que tuvo que pagar Sanz de Cortés fue de unos 24.000 escudos más una renta anual de 18.000 reales de plata mientras viviera la condesa, cifra muy baja por la cantidad de propiedades que se englobaban en esa venta. Años más tarde, en 1672, la antigua condesa de Morata quiso dar marcha atrás a la venta, reclamando que había sido engañada por el comprador y exigiendo la anulación de la compra-venta. Esto motivo un largo pleito que continuó con los herederos de doña Ana Polonia e incluso para los Sanz de Cortés. Pero eso es otra historia.

 

Francisco Sanz de Cortés había comenzado su ascenso social construyendo su palacio en 1659 en Zaragoza (ver artículo Palacio de Argillo), y comprando una pardina en Binefar, llamada Villaverdenada más comprar las propiedades del condado de Morata, actuó como dueño y señor, empezando a organizar su vasto territorio, en cierto modo para asentar su dominio sobre él y evidenciar quien era el dueño del condado. y  en 1671 la construcción de su palacio en Morata de Jalón, trayéndose de Zaragoza al maestro de obras bearnés Juan de Marca. No podemos dejar de comentar que en este palacio Francisco Sanz de Cortés introdujo la nueva “tipología del palacio barroco en Aragón”, edificio que bien merecerá un estudio aparte (en la fotografía).

 

Pero no solo Morata conoció el mecenazgo de este ilustre hombre, todas las localidades que conformaban el condado de Morata: Chodes, Arándiga, Villanueva de Jalón, Illueca, Gotor y Purujosa se vieron favorecidas por su afán de mejorar sus posesiones a partir de 1665, año en el que compró el condado.

En cuanto al maestro de obras Juan de Marca, sabemos que nació en Sansera (Francia) pero pronto fue a vivir a  Zaragoza, ciudad en la que ya se tienen noticias suyas en 1661, fecha en la que era mancebo albañil, figurando como maestro albañil en 1664. En la ciudad trabajó entre otras obras, en la nueva fábrica del templo del Pilar, y  en la renovación de la iglesia de San Miguel de los Navarros; así como en la iglesia de Brea y en la iglesia parroquial de Juseu (Huesca). Marca estuvo ligado muy estrechamente con el nuevo conde de Morata, aunque, como veremos más adelante, tuvieron bastantes problemas en cuanto a las obras se refiere.

 

El nuevo conde vio que el lugar de Chodes, estaba casi deshabitado. Recordemos que el 18 de abril de 1610 Felipe III expulsó a los moriscos aragoneses y en Chodes residían bastantes como ya hemos visto al hablar del antiguo castillo. Este hecho, junto al deterioro del lugar, motivó  el que los vecinos fueran abandonando el pueblo, ya que la vida en lo alto de un escarpado, lejos del río y de los campos de cultivo, era muy complicada. Los nuevos habitantes que llegaban a la zona a trabajar los campos preferían establecerse en la vega del Jalón. El conde vio la necesidad de levantar un nuevo núcleo urbano cerca de la localidad de Morata, a escasos dos kilómetros.

 

El 28 de mayo de 1676 Francisco Sanz de Cortés  realizó una capitulación y concordia ante el notario Diego Miguel Andrés con  el  mismo albañil que le estaba construyendo su palacio en la vecina localidad de Morata, que no es otro que el mencionado Juan de Marca; contratando, así mismo, al tapiador de Morata Julián de Yarza. El proyecto se puso en marcha. Pero, se tiene constancia documental, de que no se cumplieron los pactos por ninguna de las dos partes, como posteriormente comentaremos.

 

En la fotografía de Aeronia vemos a la derecha la carretera A-2303 que viene de Morata, que cruza el pueblo y se dirige hacia Arándiga y al valle del Isuela. En la imagen aérea se ve claramente el núcleo original, la plaza “ochavada”, y a su alrededor las edificaciones que se fueron añadiendo posteriormente.

 

El lugar elegido para levantar el nuevo Chodes, que al principio se le llamó Villaredonda, fue el término de Capurnos, en el Camino Real. El primer problema que se planteó fue salvar el río Jalón que separa las dos localidades, ya que Morata está situada en la margen derecha, y Chodes en la margen Izquierda. Por ese motivo antes de 1677 Sanz de Cortes firmó un contrato con el mismo albañil, Juan de Marca, para levantar un puente que uniera las dos localidades: el Puente de Capurnos, realizado en sillería y con un solo ojo.

 

Las obras siempre traen problemas y como no, el conde de Morata estaba rodeado de ellas. Las diferencias entre el conde y el maestro albañil surgieron enseguida. Documentalmente sabemos que el 3 de marzo de 1678 Juan de Marca en un documento comenta: “las diferencias que entre su señoría y yo teníamos, respecto a las fábricas hechas y que actualmente están fabricando en dicho su estado de Morata”. El problema radicaba en que al albañil le faltaban por cobrar 700 libras por  el palacio de Morata que ya había concluido, y aseguraba que no terminaría el puente, el lugar de Chodes y la iglesia de Illueca, que estaba realizando, si no le pagaban la deuda. En este mismo documento también se identifican a los maestros canteros que estaban trabajando para el puente, y que seguramente también lo hicieron en el lugar de Chodes: Juan Currí y Beltrán Laquedar.

 

Esta obra suscitó profundas diferencias entre el conde y el albañil, por lo que se nombraron visores: Miguel de las Aguas por parte del maestro de obras; y Martín Ortún, por parte de Sanz de Cortés. Finalmente llegaron a un acuerdo que firmaron el 3 de marzo de 1678, en el cual Juan de Marca se comprometía a terminar el puente, la obra de Chodes y la iglesia de la localidad de Illueca; y el conde le abonaría lo que tenía que hacer y lo que le adeudaba.

 

Fotografía: Wikipedia.

 

Si venimos de la localidad de Morata, entramos por la parte meridional de la plaza. Antes de entrar (a la izquierda vemos el portal de acceso), podemos contemplar a la derecha, las edificaciones que se han ido añadiendo a lo largo de los años.

 

La carretera autonómica A-2302 atraviesa dos de las estrechas portadas de la plaza, la del lado sur y la del lado norte (las que vemos en la fotografía, una enfrente de la otra); pasando por en medio de la plaza.  Apudepa, Xalón Vivo y Puyalón están luchando para evitarlo. El asunto está en manos de Cultura y Patrimonio, y de la Dirección General de Movilidad. Aunque parece que hay un proyecto de circunvalación para evitar el paso de camiones de gran tonelaje e incluso de automóviles por los estrechos arcos de esta preciosa plaza declarada Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico desde el 7 de mayo de 2001, habrá que esperar… Como se suele decir: “las cosas de palacio van despacio”.

 

Antiguamente los pasos a la plaza se cubrían con bóvedas de cañón con lunetos. Actualmente solo se conserva la del lado meridional, los otros pasadizos se cubren con techo plano con maderos.

 

El conjunto urbanístico de Chodes tiene gran importancia en la arquitectura barroca aragonesa. Es el ejemplo de un plan perfectamente ordenado, representativo del urbanismo aragonés del siglo XVII. No se conoce otro ejemplo como éste; posteriormente si se construyó, entre 1792-97, la plaza vieja de toros de Tarazona, que pudo tener en Chodes un modelo a seguir. Su trazado está dentro de los nuevos proyectos urbanísticos iniciados en el Renacimiento y propagados en el siglo XVII.

 

Según consta en el contrato, el albañil se comprometía a ejecutar la obra “conforme al diseño y planta que para ello se ha hecho en forma ochavada”. Ajustándose la obra en 2.690 libras jaquesas: 2.500 por las veinticuatro casas que debía construir; 40 por dos “jumentos” que se utilizarían para llevar los materiales; y 150 por las tres portadas que tenía que abrir. Como en toda obra que se precie, el coste subió, por lo que también hubo discusiones entre el noble y el albañil, finalmente el conde tuvo que pagarle más de 8.330 libras.

Otra noticia curiosa que se desprende del contrato es que se estipulaba que la madera tenía que ser traída de Castilla; y que la obra se finalizaría “conforme arte” el 1 de mayo de 1678, siendo revisada por peritos de ambas partes; hecho que, como hemos podido comprobar, no se cumplió.

 

El plano, que fotografié en el cartel explicativo del lugar, fue realizado por el arquitecto Carlos Bressel Echeverría, encargado de rehabilitar, en octubre de 1987, una de las casas para adecuarla como ayuntamiento.

 

Juan de Marca, demuestra con esta obra,  que además de ser un importante albañil, fue también un interesante urbanista. Hasta ese momento no se conoce un ejemplo como el de la plaza de Chodes. Marca proyectó una plaza  en “el sitio que el señor marqués de Villaverde ha señalado y elejido en el termino del lugar de Chodes”, con veinticuatro casas ordenadas de forma circular u ochavada, a la que se accedía por medio de tres puertas y un hueco que se dejaba para posteriormente erigir una iglesia, en el frente correspondiente a la puerta que daba a la huerta: “enfrente de una de dichas portaladas se ha de dejar expacio para hazer otra correspondiente para la Yglesia”.

 

Lo más interesante es que la plaza se conserva casi igual que en la época en la que se construyó. Solo se modificaron dos viviendas (las que podemos vislumbrar a la izquierda) y se ampliaron alguno de sus vanos.

 

Lado suroeste. Según podemos leer en el documento de capitulación y concordia todas las viviendas debían ir unidas por “paredes valencianas, de tres palmos de ancho, con sus fundamentos de piedra y cal de seis palmos y un ventanaje corrido bajo el alero”.  Hoy en día este “ventanaje” solo es un pequeño vano adintelado.

 

Lado noroeste. A lo largo de los años la plaza en general ha mantenido su esencia, aunque se han abierto vanos nuevos y algunas puertas han sido ampliadas. La portada que comunica con la huerta  (en la fotografía en el centro) termina en un frontón triangular. A la derecha la portada por la que continúa la carretera autonómica A-2302, que conduce al valle del Isuela.

 

Lado norte. En donde encontramos las dos casas que han sido remodeladas, a las que se les ha añadido un solanar.

 

En el lado sureste es donde se dejó el hueco para construir posteriormente la iglesia, de la que luego hablaremos.

 

En el documento se precisa que las tres portadas debían ser como la que estaba realizando en el “palacio de Moratta en el camino que se ba al tejar” (hoy  esta portada comunica la plaza del palacio con la calle Cervantes), pero con la obligación de que por encima de ellas debían de continuarse las viviendas. Estas portadas se abren en arcos de medio punto, con sus jambas de piedra labrada y arcos de ladrillo.

 

La portada de la fotografía es la entrada del lado sur, que comunica con la carretera que conduce a Morata (la A-2302); a la izquierda el ayuntamiento.

 

Fotografía anterior a la rehabilitación del conjunto realizado en 1987.

 

Fotografía: Gobierno de Aragón.

 

Detalle de la casa consistorial ya rehabilitada en el año 1987 por el arquitecto Carlos Bressel Echeverría.

 

Como modelo de vivienda se tomó la casa que el tapiador Julián de Yarza poseía en el lugar de Morata (con alguna variante). Son casas de dos pisos, con balcón, bodegas y corral en la parte trasera, con puerta falsa, y tejados a doble vertiente, unidos entre sí para seguir una línea circular.

 

Portada del lado suroeste, que conduce a la huerta. Enfrente de la cual se ubica la iglesia.

 

Cada vivienda estaba separada de cara al exterior con pilastras toscanas de orden gigante realizadas en ladrillo, con basas y en su parte superior bolas de piedra (motivos decorativos que al maestro albañil le costó cobrar, ya que no figuraban en el contrato).

 

La misma portada antes de la restauración.

 

Fotografía: Gobierno de Aragón.

 

Detalle del reloj solar que se ubica en la parte superior de la portada del lado norte. Se trata de un reloj solar radial en el interior de un marco cuadrado. Las horas las tiene en números arábigos de cinco de la mañana a tres de la tarde pintados en los extremos de las líneas horarias. Barilla de un apoyo. Tiene una inscripción en la parte superior: A SOLIS ORTV / AÑO 37.

 

Otro reloj solar lo encontramos en la vivienda que se sitúa a la izquierda de la iglesia. En donde podemos ver la inscripción: AD OCASSVM SOLIS / AÑO 1914

 

Vista de la iglesia desde la parte posterior de la portada del lado oeste. El paso de esta portada ha perdido la bóveda de cañón con lunetos, al igual que la situada en el lado norte; ahora se cubre con una techumbre de madera.

 

La iglesia se sitúa en el cuarto hueco que el conde había pactado con Juan de Marca para edificar la iglesia. No sabemos con certeza la fecha de su construcción, ni tampoco si fue construida por ese albañil, no olvidemos que el maestro murió en 1678 (su mujer Josefa Gajet, en 1681 cancela una capitulación y concordia que su esposo, ya difunto, había realizado con el conde de Morata el 3 de marzo de 1678). La realidad es que el templo sigue las pautas de una construcción de esa época.

 

Se ubica en el lado este. La fachada es muy estrecha, adecuándose al hueco  que se dejó para construir posteriormente la iglesia.

 

Se trata de una fachada-torre muy sencilla, realizada en ladrillo.  Se divide en tres cuerpos, el inferior en donde se ubica la entrada, por encima se abre un óculo, y sobre él la torre con dos pisos, en los que se abren dos vanos por altura; en el último se ubican las campanas, rematando con un pequeño frontón triangular.

 

En el centro del primer cuerpo de esta portada-torre se abre una hornacina en la que se cobija la esculturilla del arcángel San Miguel, a la que va dedicado el templo.

 

La puerta de entrada es muy sencilla, en arco de medio punto. Está situada a los pies de la iglesia. En ella vemos una decoración muy austera, con juego de dos pilastras y contrapilastras laterales.

 

Es un templo de planta de cruz latina, con una sola nave de tres tramos, falso crucero, cabecera recta y coro alto en los pies.

 

La iglesia fue rehabilitada y pintada por la Escuela-taller del INEM “Damián Forment” con la colaboración de la Diputación Provincial de Zaragoza y del Fondo Europeo en el año 2001.

 

Vista de la nave hacia los pies. A ambos lados vemos las capillas que se abren en la nave y al fondo, en alto, el coro.

 

Capillas situadas en el lado del evangelio. Se abren en arco de medio punto, son capillas poco profundas. En este lado se abren dos, en el lado derecho solo una. En ellas podemos ver retablos barrocos. Algunos de ellos provienen de la iglesia de Villanueva de Jalón, villa abandonada y cuya iglesia, con torre mudéjar, está en peligro de desaparecer.

 

Capilla situada en el lado de la epístola. En ella se guarda la escultura procesional de San Miguel. Es la que se saca en procesión en las fiestas de la localidad.

 

Retablos en el lado izquierdo del falso crucero.

 

Retablos en el lado derecho del crucero

 

La nave se cubre con bóveda de cañón con lunetos.

 

Sobre el crucero una airosa cúpula sobre pechinas.

 

En las pechinas y en el centro de la cúpula el escudo de Francisco Sanz de Cortes, conde de Morata.

 

El retablo Mayor fue atribuido por Abbad Ríos una obra realizada por el entorno de Pablo Raviella. En 2015, la Diputación Provincial de Zaragoza realizó una restauración del retablo, bajo la dirección de José Ignacio Calvo Ruata. La empresa encargada de la misma fue Huset, siendo la responsable la restauradora Christine Larsen. Tras las investigaciones se descubrió que el lienzo es posterior a la mazonería del retablo, que es del siglo XVII (estudiado por Rebeca Carretero). Se desconoce  el paradero y lo que había representado en el lienzo original de este retablo barroco.

 

San Miguel Arcángel  derrotando a los demonios.

 

La autoría del lienzo restaurado fue documentada gracias al hallazgo en el Archivo Histórico Provincial de Zaragoza, en donde se encuentra en depósito el archivo de los condes de Morata, de una anotación, realizada el 20 de marzo de 1772 por don Miguel López de Ansó, administrador del conde de Morata, en la que afirma el pago de 16 libras jaquesas “por pintar un quadro grande de San Miguel para el retablo mayor de la iglesia de Chodes” y el de 1 libra, 10 sueldos, y 12 dineros “por seis varas de lienzo crudo de Flandes para dicho quadro”. Ese mismo día el procurador de la Cartuja de Nuestra Señora de las Fuentes de Sariñena, don Miguel Ribera,  extendió un recibo por esa misma cantidad por “el quadro que pintó el hermano Manuel Bayeu”. Este documento nos demuestra que el lienzo de San Miguel fue realizado por fray Manuel Bayeu, el hermano pequeño de los Bayeu, y cuñado de Francisco de Goya, residente en esa época en la Cartuja de las Fuentes.

 

En él se representa a un arcángel San Miguel, ataviado a la romana, blandiendo con su mano derecha su espada con una gran expresividad, mientras con la izquierda sujeta un escudo en el que podemos ver la inscripción: Q.S.U.D. Destaca el colorido, dentro de un barroco con toques rococós. A sus pies los demonios representados con forma humana,  intentan defenderse del ataque del arcángel, el cual está acompañado de angelotes regordetes.

 

 

Para terminar comentar dos curiosidades de esta localidad:

En el año 1985 se rodó en esta misma plaza la película “Requiem por un campesino español”, dirigida por  Francesc  Betriu, e interpretada por Antonio Banderas, Antonio Ferrandis, José Antonio Labordeta y Fernando Fernán Gómez.

 

Fotografía: Veza María Fernández Ramos: La trascripción de símbolos en la adaptación al cine de Réquiem por un campesino español.

 

Y por último, en ella se celebra todos los años, el último domingo de septiembre o el primero de octubre, coincidiendo con las fiestas de San Miguel, el “campeonato mundial de carreras pedestres”. El circuito es la misma plaza de España, a la que se dan ciento veinte vueltas, que supone una distancia de 11km.

 

Antiguamente el premio que se daba a los ganadores eran pollos, al ganador tres, al segundo dos, y al tercero uno (de ahí el nombre de carreras de pollos), al último clasificado se le daba una cebolla. En los años 20 del siglo XX los premios eran de 75, 50 y 25 pesetas; en el año 2007 se repartían más de 3.000 €. En el Mundial de Chodes han participado entre otros: Mariano Haro y el bicampeón mundial de maratón Abel Antón, que acudió en varias ocasiones. A ver quién se anima este año.

 

Fotografía: http://aragonia-pedestrismo.blogspot.com

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

-BORRÁS GUALIS, G., «La plaza ochavada de Chodes (Zaragoza). Contribución al urbanismo del siglo XVII», ADOR, n º 17, La Almunia de Doña Godina,  2012, pp. 239-248.

 

-MAÑAS BALLESTÍN, F.,  Valdejalón: descubriendo una comarca, Asociación Cultural L'Albada, Zaragoza, 2005.

 

-GÓMEZ ZORRAQUINO, José Ignacio: Zaragoza y el capital comercial. La burguesía mercantil en el Aragón de la segunda mitad del siglo XVII. Zaragoza, Excmo. Ayuntamiento, 1987.

 

-CALVO RUATA, Ignacio: Fran Manuel Bayeu. Cartujo, pintor y testigo de su tiempo, Huesca, Diputación Provincial, 2018.

 

-Área de Cultura y patrimonio. Diputación Provincial de Zaragoza.

 

-MARÍN PADILLA, Encarnación: La Villa de Arándiga, del señorío de los Martínez de Luna, en el siglo XV: sus judíos. Madrid, Sefarad, vol. 57, fasc. 1, 1997.

 

-MARÍN PADILLA, Encarnación: La Villa de Illueca, del señorío de los Martínez de Luna, en el siglo XV: sus judíos. Madrid, Sefarad, vol. 56, 1996.

 

-ALMERÍA GARCÍA, J. Antonio; y otros: Las artes en Zaragoza en el último tercio del siglo XVII (1676-1696), Zaragoza, Diputación Provincial “Institución Fernando el Católico”,  1983.

 

-BRUÑÉN IBÁÑEZ, Ana I.: Las artes en Zaragoza en el tercer cuarto del siglo XVII (1655-1675), Zaragoza, Diputación Provincial “Institución Fernando el Católico”,  1987.

 

-CASTILLO GENZOR, A.: El escudo de Illueca. Según la historia de la Villa desde 1263 a 1823, Zaragoza 1961.

 

-OSTÁRIZ CHUECA, José Antonio: Chodes: el pueblo de las veinticuatro casas, Vivelibro, 2013.

 

-CATALÁN GARZARÁN, Susana: Cultura material y prestigio social. El caso de una familia aragonesa del siglo XVII a través de la documentación. Ed. Máximo García Fernández, III Encuentro de Jóvenes Investigadores en Historia Moderna. Valladolid 2 y 3 de julio de 2015. Familia, Cultural material y formas de poder en la España Moderna.

 

Please reload

Artículos recomendados

Santiago Ramón y Cajal bajo la mirada del pintor Joaquín Sorolla. Museo Provincial. Zaragoza.

November 30, 2019

1/10
Please reload