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IGLESIA DE SAN ANTONIO DE LOS ALEMANES. MADRID. “Una capilla Sixtina del siglo XVII en el centro de Madrid”.

 

 En las numerosas ocasiones que he visitado Madrid, nunca me había acercado a esta pequeña iglesia situada en el mismo centro de la ciudad, en la confluencia de las calles Corredera Baja de san Pablo y La Puebla, en el popular barrio de Malasaña justo enfrente del Teatro Lara. Por lo general cuando llegas a una ciudad visitas lo más conocido olvidando otros monumentos que contienen verdaderos tesoros artísticos. Este es el caso de esta pequeña iglesia considerada “La capilla Sixtina del siglo XVII madrileño”. Una iglesia en la que en su interior podemos contemplar una serie de frescos realizados por Juan Carreño de Miranda, Francisco Rizi (ambos pertenecientes a la escuela madrileña y pintores reales); y el pintor italiano Luca Giordano, pintor que fue de Carlos II, quien le contrató en 1692 para pintar los frescos del Real Monasterio del Escorial.

 

La iglesia de San Antonio de los Alemanes es una verdadera joya del barroco madrileño, declarada Bien de Interés Cultural en 1973.

 

Fotografía: Google. Os señalo con una estrella roja la ubicación de la iglesia en cuestión.

 

El 16 de abril de 1581 el rey Felipe II fue coronado rey de Portugal, y podemos afirmar que fue un monarca realmente preocupado por el sentimiento portugués. Portugal retuvo su sistema separado del reino de España desde su incorporación en 1580 hasta su independencia en 1640. Para administrar el nuevo territorio se creó un año más tarde el Consejo de Portugal, órgano encargado de comentar al rey los asuntos de los portugueses. Durante el reinado de Felipe III, en el año 1606, a instancias del mencionado Consejo, se fundó la Hermandad de San Antonio de los Portugueses, un hospital al servicio de los lusos que residían en Madrid. En un primer momento existía una capilla, pero entre el año 1624-1632 se construyó la iglesia que hoy en día podemos visitar. Se mantiene que fue diseñada por el jesuita Pedro Sánchez pero replanteada por el entonces maestro mayor de la Villa Juan Gómez de Mora y ejecutada por el maestro de obras Francisco Seseña. La sencilla portada también fue obra de Gómez de Mora, esculpiendo la escultura de San Antonio de Padua el escultor portugués Manuel Pereira.

 

En el año 1668,  la reina regente Doña Mariana de Austria (viuda de Felipe IV), cedió el edificio a los alemanes católicos que habían llegado a Madrid acompañando a Mariana de Neoburgo, futura mujer del rey Carlos II, el Hechizado. En ese momento el Hospital y la iglesia cambiaron de nombre, conociéndose desde entonces como San Antonio de los Alemanes.

 

 A finales de 1698 con el mecenazgo de Mariana de Neoburgo se reformó la iglesia, siendo el responsable de la obra Felipe Sánchez. Decorando totalmente el interior con una serie de frescos realizados por los pintores Juan Carreño de Miranda, Francisco Rizi y Luca Giordano.

 

Posteriormente, en 1702, Felipe V entregó el edificio y todos sus bienes a la Santa, Real y Pontificia Hermandad del Refugio de la Piedad de Madrid (fundada por el padre Bernardino de Antequera en 1615). Hermandad también conocida como “la ronda del pan y huevo”, por su labor con los necesitados, la cual aún hoy en día está al cuidado de la iglesia.

 

Después de traspasar la puerta de entrada y recorrer un atrio pequeño y angosto se entra en el interior de un santuario sobrecogedor. Tu mirada va de un lado a otro sin poder detener la vista en un lugar concreto debido a las numerosas imágenes que están representadas en la superficie de los muros. Es una impresión muy similar a la que percibes caminando por ciudades como Roma, cuando al recorrer sus calles tranquilas y sencillas, al girar  la vista en un determinado momento, puedes encontrarte de repente con la fontana di Trevi o la portada de Santa María de La Paz. Efectos escénicos que se buscaban en el barroco para conseguir embargar a las personas para llegar a los sentimientos religiosos.

 

Estamos ante una iglesia de nave única, una de las pocas iglesias que podemos encontrar en España con planta ovalada, planta típicamente barroca, cuyo ejemplo lo pudo tener en la iglesia de las Bernardas de Alcalá de Henares, obra de 1617 realizada también por el arquitecto Juan Gómez de Mora.

 

Los frescos que cubren casi 1.500 m2 de superficie, los arcos retranqueados que cobijan altares con excelentes lienzos te transportan a otro mundo. Tus ojos van de un lado a otro contemplando una verdadera maravilla.

 

Los frescos se unen a la arquitectura y a la escultura creando un espectacular interior lleno de movimiento y colorido. Estas pinturas se realizaron en varias etapas y por diferentes pintores como ya hemos comentado.

 

 

En el año 1660 se requirió a Ángelo Michele Colonna (activo en España entre 1658 y 1662) que hiciera tres diseños (conservados en la Biblioteca del Palacio Real) para decorar la iglesia. Este proyecto no se llevó a cabo, pero si sirvió como pauta a seguir para su realización a Francisco Rizi (en el Prado se conserva un dibujo de esta cúpula) y a Carreño. No podemos olvidar que Colonna era en ese momento uno de los mejores artistas en pintura al fresco en Italia y que trajo a la Corte madrileña la técnica de las “perspectivas fingidas”. La decoración interior se comenzó en 1662 por la cúpula; pero a pesar de que se tenía intención de pintar la iglesia entera, en 1666 Rizi y Carreño interrumpieron la obra debido a las dificultades económicas, dejando sin decorar los muros.

 

En 1668 Juan Bautista Morelli realizó siete relieves en estuco para adornar el falso tambor de la cúpula, relieves que desaparecieron en la reforma de Luca Giordano.

 

En 1690 una inundación provocó graves daños a la cúpula, será Mariana de Neoburgo, segunda esposa de Carlos II quien hizo posible la restauración, contratando entre 1698-1701 al pintor napolitano Luca Giordano para ello y para terminar la decoración de toda la iglesia. La llegada de Giordano trajo consigo un cambio de estilo en el que las arquitecturas fingidas perdieron importancia, siendo sustituidas por las representaciones figurativas.

 

 Empezaremos nuestro recorrido por la "joya de la Corona” las pinturas de la magnífica cúpula que cubre esta preciosa iglesia, que componen un espectacular rompiente de gloria dedicado a exaltar la entrada en el paraíso de San Antonio de Padua, titular de la iglesia. Los bocetos de los frescos de la misma fueron encargados por Diego de Velázquez a los pintores italianos Ángelo Michelle Colonna y Agostino Mitelli, los cuales estaban decorando el Alcázar y el Palacio del Retiro de Madrid. Ambos eran considerados unos de los mejores pintores al fresco de la época, trayendo desde Italia las técnicas de las arquitecturas falsas y trampantojos que tanto se utilizaban en el barroco italiano. Las pinturas se comenzaron en 1662, llevadas a cabo por Juan Carreño de Miranda y Francisco Rizi.

 

Estamos en un momento en el que está triunfando el ilusionismo barroco, con arquitecturas fingidas y figuras. En esta iglesia Rizi trabajo las arquitecturas ilusionistas; y Carreño la parte figurativa.

 

En el centro de la composición se representa a San Antonio con su hábito de franciscano sobre una nube recibiendo a Jesús de manos de la Virgen María en su advocación de la Inmaculada Concepción (patrona de la Hermandad) que se haya sentada sobre un trono de nubes, rodeada de angelotes. Los diversos grupos de ángeles desbordan el marco arquitectónico. Ya hemos comentado que esta parte figurativa la llevó a cabo Juan Carreño de Miranda.

 

Por debajo de este rompimiento celestial Rizi representó una rica arquitectura fingida a modo de basamento o tambor, en la que se sitúan ocho santos españoles y portugueses: San Dámaso papa, Santa Irene, Santa Sabina, San Gonzalo, San Fructuoso obispo de Braga, Santa Julia, Santa Beatriz de Silva (fundadora de las Concepcionistas de Toledo), y los hermanos San Amadeo y  Silva, todos ellos enmarcados por columnas salomónicas y capiteles jónicos (realizados por Lucas Giordano en 1690  al restaurar la cúpula), y una decoración barroca exuberante a base de ángelotes, frutos, cartelas, volutas, arabescos, y otros motivos barrocos. Por debajo escenas de la vida de cada uno de los santos representados.

 

Las columnas sustentan un friso de róleos, sobre el cual podemos ver tres grandes cartelas doradas (pintadas por Rizi). En la fotografía podemos ver la que representa el escudo de Portugal, rodeada de castillos (reino de Castilla), sustentado por ángeles dorados.

 

A lo largo de los muros encontramos ocho escenas, a modo de tapices (sostenidos por grupos de ángeles), divididas en tres niveles de abajo a arriba. En el superior se representan los milagros de San Antonio; en el intermedio alegorías de las virtudes del santo y las virtudes cardinales; y en el inferior los retratos de reyes o reinas cristianos medievales que fueron canonizados por defender la fe católica (en honor a Mariana de Neoburgo), en un claro deseo de glorificar la monarquía.

 

Estas pinturas realizadas por Giordano tienen una correcta y ágil factura, con el predominio de los tonos grises y azules.

 

Ya hemos comentado que las representaciones de los santos reyes en la parte inferior son como los pilares que sustentan las imágenes superiores, en donde se narra la vida de San Antonio terminando en la glorificación del mismo. 

 

En la parte izquierda y en el nivel superior se representa a San Antonio de Padua, el cual al fracasar en su evangelización con los cátaros, predicó a los peces de Rimini; en la parte intermedia la Caridad; y bajo ésta, Santa Edita (Edith) de Inglaterra.

 

Santa Edita de Inglaterra, hija ilegítima de Edgar, rey de los Anglos  la cual se consagró a Dios en el monasterio de Wilton.

 

Siguiendo el mismo esquema a la derecha podemos ver el milagro del recién nacido al que el santo le preguntó por el nombre de su padre, ya que a su madre la trataban de adúltera. El niño mirando a su padre pronunció su nombre con lo que salvó la honra de su madre; en el nivel intermedio la Amistad; y en el inferior Santa Cunegunda de Bamberg, de alto linaje lotaringio.

 

Santa Cunegunda de Bamberg era hija de Sigfrido de Luxemburgo, considerado fundador de esa real casa. Se casó con el emperador san Enrique de Baviera, elegido en 1002 rey de Alemania. Ambos fueron coronados emperadores en 1014. Al quedarse viuda se retiró al monasterio de benedictinas de Kaufungen. Murió en 1033 legando todos sus bienes a Jesucristo. Fue canonizada en 1200 por el Papa Inocencio III por su labor a favor de la iglesia.

 

Se la representa como emperatriz, con corona y manto de armiño.

 

En el muro de la derecha podemos contemplar el milagro de la tormenta en Limoges, en la que por intercesión del santo los asistentes a su sermón no se mojaron por una tormenta obra del diablo; bajo este milagro el Deseo y una mujer pisando un monstruo de siete cabezas; y ya en el nivel inferior San Fernando III rey de Castilla y León, y conquistador de Sevilla.

 

Siguiendo por este mismo lado se representa la curación del joven tullido; debajo la Fe Católica y la Caridad; y en la parte inferior san Hermenegildo, hijo del rey visígodo Leovigildo, y hermano de Recaredo. Fue martirizado por su propio padre por haberse convertido al catolicismo.

 

La última pintura que encontramos en el muro del evangelio es la que representa el milagro del falso ciego. Un hombre finge ser ciego y pide al santo que lo cure, por su burla Dios lo deja ciego, pero San Antonio se apiada de él y lo sana, convirtiendo al mismo tiempo a los herejes que se burlaban del santo; en el centro la Imitación o la Contrición; y en la parte inferior San Hemerico, príncipe de Hungría, muy devoto de la Virgen María.

 

Pasando al lado de la Epístola podemos observar el milagro de la resurrección del hijo del labriego por parte de san Antonio; bajo él, la Mansedumbre o la Inocencia; y en la parte inferior San Esteban rey de Hungría, padre del príncipe San Hemerico de Hungría. Este rey estableció el catolicismo en el reino de Hungría.

 

La escena superior representa el milagro del burro que en vez de comer cebada, tras días de ayuno, eligió tomar la hostia, postrándose ante ella; en la parte intermedia la Verdad y la Experiencia; y bajo ellas San Luis, rey de Francia, rey dedicado a la oración y a la penitencia, principal partícipe en la formación de dos cruzadas para liberar el sepulcro de Cristo.

 

En este muro se representa el milagro en el que el santo inserta el pie que un joven se había cortado tras arrepentirse de pegarle a su madre una patada, la madre apenada intercede al santo para que lo sane; separando las dos escenas principales vemoa la representación de la Paz y la Penitencia; y al rey San Enrique, emperador de Alemania, esposo de Santa Cunegunda (vista anteriormente). Ambos donaron sus bienes a Jesucristo.

 

Delante de este muro se ubica el Santo Cristo del Socorro, escultura de la escuela madrileña del siglo XVIII.

 

El retablo mayor es neoclásico, realizado en 1765 durante el reinado de Carlos III. Fue proyectado por el arquitecto Miguel Fernández y el escultor Francisco Gutiérrez. Se trata de un esbelto baldaquino que sustenta una cúpula de cuarto de esfera decorada con una Gloria con cabecitas de ángeles. En la parte superior un ángel sujeta el escudo de España. Cobija la escultura barroca de San Antonio de Padua, obra magnífica realizada por el escultor portugués  Manuel Pereira, encargada el 31 de marzo de 1631, por la que recibió del marqués de Gobea la cantidad de 2.000 reales.

 

El retablo mayor fue restaurado en 2015 por Patrimonio Nacional, a cargo de Marta Fernández de Córdoba y la empresa Altramentum.

 

San Antonio, en madera policromada, está representado como un joven imberbe con una amplia tonsura monacal, con el hábito marrón de los franciscanos y con el cordón de tres nudos, que es símbolo de obediencia, pobreza y castidad. Está de pié sosteniendo al Niño Jesús, desnudo y sentado sobre un libro cerrado (la Sagrada Escritura) que porta el santo en su mano izquierda, mientras en la mano derecha lleva un lirio, símbolo de pureza. Sobre su cabeza el resplandor o aureola que recuerda la santidad de Antonio. El niño porta la bola del mundo en su mano izquierda (símbolo de su poder en el mundo), mientras levanta su brazo derecho hacia el santo en una tierna conversación entre ambos. Excelente talla llena de naturalidad.

 

Muro del Evangelio. Tanto en este muro como en el de la Epístola se abren seis altares que albergan retablos barrocos realizados en madera imitando mármol. Cada lienzo se cobija bajo arcos de medio punto en cuyas claves se ubican seis óvalos con retratos de reyes, obras del pintor vizcaíno Nicolás de La Cuadra (1702), menos el situado en la puerta de entrada al templo que fue realizado por Francisco Ignacio Ruíz de la Iglesia.

 

Ya hemos aludido que en los muros de la iglesia se abren una serie de altares colocados debajo de arcos hundidos en el muro, en cuyas claves podemos ver una serie de medallones con los retratos de monarcas españoles, según Tormo realizados por el pintor Ruiz de la Iglesia, y según Pastor y Arránz por el pintor vizcaíno Nicolás de la Cuadra. Sobre cada uno de estos altares se abren unos balconcillos con doradas celosías. En la fotografía el altar de la Crucifixión, magnífica obra realizada por Luca Giordano. Sobre ella en el óvalo el retrato de Mª Luisa Gabriela de Saboya, mujer de Felipe V.

 

Altar de la Familia de la Virgen, obra también de Luca Giordano. En el óvalo superior el retrato de María Ana Neoburgo (mujer de Carlos II el Hechizado).

 

Altar de Santa Engracia, obra realizada por el pintor Eugenio Cajés en 1631. En cuyo óvalo superior vemos a un joven Felipe IV con e Toisón de Oro.

 

 Muro de la Epístola.

 

 Altar de la Santísima Trinidad con la Inmaculada Concepción. Sobre él, el retrato de Felipe V.

 

Altar de San Carlos Borromeo, realizado por Luca Giordano. En el óvalo superior el busto de Carlos II.

 

Altar con Santa Isabel de Portugal repartiendo limosna, al igual que el de Santa Isabel lienzo realizado por Eugenio Cajés en 1631. En el óvalo el retrato de Felipe III.

 

  

Como colofón decir que el aspecto actual que presenta el templo se debe a la restauración llevada a cabo por los arquitectos Amparo Belinches Acín y José M. Merino de Cáceres, iniciada en 1974; la cúpula también fue rehabilitada por Patrimonio Histórico Español en el año 1999; así como los frescos realizados por Giordano restaurados por Patrimonio Histórico Español y dirigidos por Antonio Sánchez Barriga.

 

Quiero dar las gracias al sacristán de la iglesia: Ignacio, que tan amablemente me atendió. Y a todos vosotros-as recomendaros la visita a esta excepcional iglesia, que os aseguro que merece la pena.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

-https://artedemadrid.wordpress.com/2010/02/03/la-iglesia-de-san-antonio-de-los-portugueses/

 

-https://inversapatrimonio.wordpress.com/2015/12/09/al-fresco-la-pintura-mural-de-san-antonio-de-los-alemanes/

 

-URREA, Jesús: Introducción a la escuela madrileña. Manuel Pereira: file:///C:/Users/Usuario/Downloads/Dialnet-ManuelPereira-2691476.pdf

 

-AGULLÓ Y COBO, Mercedes: Manuel Pereira: aportación documental: file:///C:/Users/Usuario/Downloads/Dialnet-ManuelPereira-2691247.pdf

 

-Dibujo conservado en el Museo del Prado realizado por Francisco Rizi: https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/estudio-para-la-decoracion-de-la-cupula-de-san/90a357bc-1034-46b3-a519-f25b48fd1cec

 

-VV.AA.: Nicolás de la Cuadra, autor de los retratos reales de San Antonio de los Portugueses de Madrid (1702):

http://hedatuz.euskomedia.org/297/1/19471480.pdf

 

-Restauración del retablo de la iglesia: http://www.mecd.gob.es/prensa-mecd/ca/actualidad/2015/03/20150304-aleman.html

 

-Vista de la iglesia en 3D:

https://www.google.com/maps/@40.4224495,-3.7037099,3a,90y,226.15h,130.7t/data=!3m7!1e1!3m5!1sL8FFnSIkh_gAAAQfCQINuA!2e0!3e11!7i10000!8i5000

 

 

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