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El monasterio de la Resurrección. Una joya escondida en el centro de Zaragoza.

"Los Canónigos y las Canonesas, surgieron en la Edad Media ante el deseo de algunos cristianos de vivir en comunidad, teniendo una sola alma y un solo corazón dirigidos hacia Dios. Son comunidades que viven y celebran la liturgia pública, es decir, abierta y compartida, atentas a las necesidades de su entorno".


La Orden del Santo Sepulcro llegó a Aragón a causa del testamento de Alfonso I el Batallador, quien en 1134 legaba a las tres Órdenes Militares de Tierra Santa (Sepulcro, Temple y Hospital) todas sus posesiones, ya que no tenía heredero. Todas ellas renunciaron a sus derechos sucesorios, pero a cambio de ello, recibieron múltiples compensaciones territoriales.


La primera casa matriz de la Orden del Sepulcro en la Corona de Aragón fue el Priorato de los Canónigos del Santo Sepulcro de Calatayud, fundado gracias a la donación del conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, quien les entregó un terreno en Calatayud, donde en 1156 fundarían una casa y posteriormente en 1156 una iglesia. En lo que respecta a la rama femenina, Guillermina Gil Tarín, fundó en 1306 una comunidad de mujeres (Casa de san Marcos, muy cerca de la colegiata del Santo Sepulcro) que funcionó como un "beaterio adscrito de manera individual a la Orden sepulcrista", siendo refundada la casa femenina en 1312 por Inés Alfonso, manteniéndose hasta al menos 1504.


En Zaragoza se fundó un monasterio en 1306, pero es un caso totalmente distinto, ya que las canonesas aún hoy en día siguen realizando sus funciones, alejadas del priorato del que dependían las de Calatayud, el priorato masculino del Santo Sepulcro de Calatayud.


Plano de situación del monasterio de las Canonesas y de la iglesia de san Nicolás.


En Zaragoza se construyó en la parte nororiental de la ciudad, junto a la muralla romana Cesaraugustana, de la que aprovechó dos torreones y un lienzo de muralla, y adosada a la iglesia parroquial de san Nicolás de Bari, fundada por Lope Arced Peregrino y su esposa Mayor, señores de Alagón y Sástago, en 1133; que fue cedida, en el siglo XIV, al cenobio, por el arzobispo don Lope Fernández de Luna, asumiendo desde entonces el patronato de la misma, la priora del monasterio.


Vista del monasterio y de la iglesia de san Nicolás, por la parte posterior.


Estamos ante un desconocido monasterio femenino, para muchos zaragozanos, de gran importancia en la arquitectura aragonesa medieval. Fue declarado Monumento Nacional en 1893 e incluido en la lista de Monumentos Mudéjares de Aragón, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2001.

En la fotografía podemos ver la fachada oriental, que utilizó la muralla romana del siglo III d. C., (conocida como muralla del Santo Sepulcro), de la que podemos ver los restos de dos torreones semicirculares y un tramo de lienzo de trece metros de longitud. Solo se conserva de época romana la parte inferior, ya que las murallas fueron recrecidas para construir las diversas dependencias monacales.


Parte posterior del monasterio. Murallas romanas del Santo Sepulcro.


El monasterio zaragozano fue fundado en el año 1276 por doña Marquesa Gil de Rada y López de Haro, hija de don Gil de Rada II, y de doña Marquesa López de Haro. Tanto por línea paterna como por la materna, pertenecía a una familia de gran relevancia tanto en la corte navarra, como en la aragonesa, así como en Vizcaya y en Castilla. Casó hacia 1285 con don Pedro Fernández de Híjar, hijo natural del rey aragonés Jaime I el Conquistador. En 1300 doña Marquesa quedó viuda, comenzando su propósito de fundar un centro religioso femenino de la Orden del Santo Sepulcro, en Híjar, quedando bajo el Prior de la Orden del Santo Sepulcro de Aragón, reservando a su familia el Patronato del pequeño cenobio. El 13 de noviembre, ya como viuda, aparece en un documento donde donaba a la Orden del Sepulcro un olivar: "un olivar et tierra et las casas que son edificadas en el dito olivar para monasterio en termino d'Hixar lugar que es y es dito Campiello". Desconocemos, como dice en su tesis doctoral Gloria López de La Plaza, la causa por la que este cenobio no fue construido. Posteriormente, en su testamento, de fecha 28 de enero de 1304, afirmaba que quería ser enterrada en la iglesia vieja de Santa María de Híjar, pero solo si pasaba a manos de la Orden del Sepulcro, si no fuera así, su cuerpo debía ser trasladado a "la capiella mia de Çaragoça, la qual yo edifique a honor de Dios et de la Orden del Santo Sepulcro" (quizás se está refiriendo a la iglesia adosada a la sala capitular).


Doña Marquesa murió poco después de hacer testamento, ya que en un documento del 15 de marzo del mismo año, figura como difunta. El monasterio en Zaragoza se construyó, como ya hemos comentado, sobre los restos de la muralla romana, al nordeste de la ciudad, cerca del Ebro y junto a la iglesia de san Nicolás; en donde doña Marquesa poseía unas casas, heredadas de su padre.


Religiosa del Santo Sepulcro de Zaragoza. Acuarela de Valentín Carderera.


La fundación canónica del monasterio se llevó a cabo el 13 de mayo de 1306, eligiendo como primera abadesa a Teresa, hermana de la fundadora, siendo seguida por las monjas o "freiras" que acompañaron en los últimos años de vida a doña Marquesa: formando una comunidad de cuatro religiosas: la priora Teresa López de Rada; Urraca López de Rada; Toda Ximénez de Peralta; y Teresa Sánchez del Vayo, todas ellas prestaron obediencia a la Orden, a la regla de san Agustín y a la liturgia de Jerusalén. Con el tiempo el número de religiosas fue aumentando, así como la riqueza patrimonial del monasterio. Es interesante recordar que, en la mayoría de los casos, estos centros religiosos eran la alternativa "al hogar matrimonial para los miembros de las clases privilegiadas".


En la comunidad existían religiosas con voz y voto, que aportaban dote y tenían obligación de realizar todos los rezos diarios, son las llamadas religiosas de coro; las religiosas de obediencia, sin dote, eran las que realizaban los diversos servicios necesarios para la vida del monasterio (limpieza, cocina, etc.); y las novicias.


Actualmente la Comunidad de canonesas se encuentra muy reducida, aunque continúa con su espíritu y su actividad. A la comunidad religiosa se ha añadido un grupo de laicos vinculados al espíritu del monasterio (os he puesto la página web del monasterio en la bibliografía, muy interesante).


(La fotografía la tomé en el refectorio del monasterio. La fuente original: Biblioteca Nacional de Madrid. Se trata de una acuarela realizada el 5 de junio de 1855. En la parte inferior se lee la siguiente inscripción: "medias azules (parte inferior izquierda); y debajo: "Monjas del S.to Sepulcro de Zaragoza/trahen medias azules, la priora ademas de la + bordada, lleva una + de metal/pendiente, anillo en el dedo"). Valentín Carderera fue un asiduo visitante del monasterio.


Representación de Fray Martín de Alpartir, mecenas del monasterio, de la marquesa Gil de Rada y primeras canonesas.


Las obras se dilataron durante todo el siglo XIV, sobresaliendo como mecenas el rey Pedro IV de Aragón; el arzobispo de Zaragoza, don Lope Fernández de Luna; y, sobre todo, fray Martín de Alpartir, tesorero del arzobispo zaragozano, y canónigo del Santo Sepulcro de Calatayud y comendador de Tobed, Santa Cruz, Nuévalos y Torralba. En su testamento, otorgado el 24 de junio de 1381 (murió en mayo de 1382), describe perfectamente la estructura que debe de tener la sala capitular, donde quiere ser enterrado, y las donaciones que otorga para finalizar el retablo, el sepulcro y la solera de la mencionada sala. Añadiendo otros gastos: "los otros bienes por mi adquiridos que sobrara quiero que se acabe la obra que yo he comenzado en el dito monesterio del Santo Sepulcro de Çaragoça, es a saber, claustra et sia idem feita una bodega et sobre la bodega refitorio e una cocina".


En la fotografía vemos una de las tablas que componían el antiguo retablo mayor del monasterio, pintado por Jaime Serrá y donado por fray Martín de Alpartir, para ser colocado en la sala capitular, donde deseaba y está enterrado. En ella podemos ver a fray Martín de Alpartir, acompañado por la fundadora doña Marquesa Gil de Rada y las primeras canonesas que ocuparon el monasterio (retratos idealizados).


Retablo de Jaime Serrá que ocupaba la sala capitular del monasterio. Hoy en el Museo de Zaragoza.


El retablo costó la cifra de trescientos florines de oro, y fue encargado al pintor de Barcelona, Jaime Serrá, tal y como consta en su testamento: "Item como yo ficiese avinencia con Jaime Serra, pintor de Barcelona de un retablo que debe pintar para el capítulo del Monasterio de las dueñas del dito orden del sant Sepulcro de la Ciudad de Çaragoça por precio de trescientos florines de oro de Aragón, de los cuales tiene el dito Jaime de senyal cient florines por esto quiero e mando como el dito retablo sera acabado de facer, que mis executores infrascriptos lo cobren a su mano e paguen de mis bienes los doszientos florines restantes a pagar de precio de aquel al dito Jaime Serra". Especificando también que debe de traerlo una vez acabado "et assentar en el dito capitol delant de mi sepultura do por mi fue ordenado".


Fray Martín es representado en dos escenas principales del retablo: en la Resurrección de Cristo y en el Juicio Final, en el grupo de los bienaventurados. A mediados del siglo XVI el retablo se retiró y se colocó por varias estancias del monasterio. Finalmente el retablo fue adquirido en 1920 por la Academia de san Luis, pasando al Museo de Zaragoza, lugar en el que podemos admirarlo; aunque faltan las tablas que configuraban el banco, una tabla de la calle lateral izquierda del cuerpo del retablo, muy posiblemente la de la Epifanía; y las polseras o guardapolvo.


Retrato de las Hermanas Tarazona, religiosas en el monasterio en el siglo XVII.


La comunidad estaba sujeta a la jurisdicción del prior del Santo Sepulcro de Calatayud y del Papa, a pesar de lo sucesivos intentos del arzobispado zaragozano para someterlo a su jurisdicción, hasta el 30 de septiembre de 1570 que la Corte de Justicia declaró que el monasterio estaría siempre exento del arzobispado de Zaragoza. Pero un hecho va a cambiar la vida de las religiosas, tras el Concilio de Trento (1563), las monjas fueron obligadas a guardar clausura, pero parte de las canonesas incumplieron la normativa y salieron del monasterio, motivo por el cual las monjas rebeldes fueron excomulgadas. La comunidad estaba dividida entre las observantes, que querían libertad, y las antiguas. El problema era grande y finalmente las canonesas decidieron aceptar las normas, pronunciando el 30 de abril de 1574 los votos de castidad, pobreza y obediencia, empezando a guardar clausura. Pero el asunto no acabó aquí, ya que debido a la presión de las familias de las monjas, de alto poder político y económico, el Papa Clemente VII en el año 1604, les concedió a aquellas que rechazaban la clausura, permiso para salir del monasterio y que sus familiares fueran a visitarlas. Esto trajo consigo la coexistencia en el cenobio de dos comunidades, las que guardaban la clausura; y las que pudieron acogerse a la gracia concedida por el Papa.


Este cuadro se encuentra en el pequeño museo que se puede visitar en el antiguo refectorio mudéjar.


Plaza de san Nicolás. Zaragoza.


Gracias al apoyo de fray Martín, el arzobispo don Lope Fernández de Luna concedió el 28 de agosto de 1361 al monasterio el patronazgo de la iglesia de san Nicolás, contigua al cenobio.


En la Guerra de la Independencia tanto el monasterio como la cercana iglesia de san Nicolás sufrieron graves daños. Durante el Segundo Sitio a la ciudad (1809), siendo priora doña Maria Villella (1808), la comunidad de religiosas abandonó el cenobio, instalándose en casas particulares. El monasterio fue a parar a manos de la administración francesa, pasando a ser utilizado como cuartel; las religiosas no regresaron hasta 1813, siendo priora doña María Teresa Mostalac.


También la Desamortización de 1835 perjudicó al monasterio, así como el acuerdo firmado en 1851 entre el Papa Pío IX y la reina Isabel II, suprimiendo parte de las colegiatas existentes en España. El 30 de enero de 1858, la priora del monasterio, al fallecer el prior del convento del santo Sepulcro de Calatayud, del que dependían las religiosas, pidió al arzobispo de Zaragoza don Manuel María Gómez de las Rivas que tomase bajo su jurisdicción al convento zaragozano, pasando desde entonces a depender del arzobispado de Zaragoza, nombrando como director de la comunidad al presbítero don Mariano Baquero.


Desde el año 1975 el monasterio de la Resurrección forma parte de la Asociación de Canonesas del Santo Sepulcro, organización que agrupa a todas las canonesas regulares de la Orden del santo Sepulcro del mundo (es en este momento en el que el monasterio del Santo Sepulcro pasó a denominarse monasterio de la Resurrección). Aunque cada cenobio tenía sus normas, existían elementos comunes para todos los monasterios que formaban parte de la organización: "vida canonical en sus tres aspectos: conmunio, cultus, y caritas; el seguimiento de la Regla de san Agustin y la espiritualidad en la Resurrección". (Rincón)


Las nuevas normas por las que se rigen las canonesas fueron aprobadas en 1977. Y como, ya hemos comentado, hoy en día la comunidad, aunque reducida, sigue funcionando, ayudada por un grupo de laicos.


Fachada de la calle Don Teobaldo. Entrada de la nueva portería.


El monasterio fue rehabilitado en varias ocasiones, una de ellas entre 1883-1884, llevada a cabo por el arquitecto municipal Ricardo Magdalena, que levantó toda la fachada de la calle don Teobaldo, bajo un estilo historicista, aunque reutilizando la cerámica de arista de Muel del siglo XVI que se conservaba del antiguo refectorio. Aprovechando esta reforma se expropió a las monjas parte del solar para ampliar la calle de don Teobaldo, ya que la anterior era mucho más estrecha. Poco después, el 10 de agosto de 1893 se declaró al edificio Monumento Nacional.


Otra remodelación, la llevó a cabo Luis de La Figuera, en 1914. Podemos ver el punto en el que continuó la obra, por la diferente tonalidad del ladrillo empleado, a partir de la puerta lateral, de tono más amarillento. En esta rehabilitación se encontraron numerosas ánforas romanas (datadas en el siglo I) en la excavación arqueológica que se realizó en el monasterio. Y, por último, los trabajos de Francisco Íñiguez Almech en 1960, que nos permiten admirar este importante monasterio en todo su esplendor.


El exterior del monasterio es de estilo neomudéjar, realizado en ladrillo. La fachada consta de dos alturas separadas por un friso corrido realizado con cerámica del siglo XVI proveniente del antiguo refectorio. En la parte inferior se abren vanos adintelados cubiertos por trabajo de forja; y en la superior, grandes vanos apuntados, con grandes cruces patriarcales de ladrillo resaltadas en los extremos.


Entrada al Monasterio por la calle Don Teobaldo.


Por ella se accede a la parte que se ha abierto al público en el año 2022. Para visitar la zona de los Pasetes, la antigua cocina y el refectorio renacentista. Para ello hay que concretar cita previa, podéis ver el enlace en la bibliografía.


Estancia al lado del zaguán de la portería de la calle Don Teobaldo.


Conocida como locutorio del Arco, es donde comienza la visita para conocer la zona de la muralla, la cocina y el refectorio del XVI.


Plaza de san Nicolás.


La iglesia de san Nicolás que formó parte del monasterio, desde el siglo XIV, tiene gran relevancia en la vida religiosa de Zaragoza. Ya que es costumbre de los creyentes visitar la iglesia los lunes (según la tradición, si se acude a rezarle tres lunes seguidos al santo, éste te concede el deseo que hayas pedido). También los lunes está abierto el monasterio, por lo que se puede visitar. En la bibliografía os pongo los horarios.


Portada de la iglesia de san Nicolás, y a la derecha, entrada al monasterio.


La construcción de gran parte del monasterio se llevó a cabo en el siglo XIV, gracias a la ayuda económica de fray Martín de Alpartir, aunque también durante los siglos XVI y XVII el cenobio se adecuó a las nuevas normativas impuestas por el Concilio de Trento, durante este periodo trabajaron en el monasterio "alarifes mudéjares", llevando a cabo una serie de trabajos que hacen de este edificio un ejemplo importantísimo en la historia del arte aragonés.


Portada de la antigua portería del monasterio.


Se abre en arco apuntado, y en el tímpano se colocó el relieve del Santo Entierro, de finales del siglo XV, seguramente procedente del mismo monasterio. También podemos ver la cerámica del siglo XVI, proveniente del antiguo refectorio y que, como ya hemos comentado, se colocó en la fachada en 1883, por el arquitecto Ricardo Magdalena.


Detalle del relieve del Santo Entierro del tímpano de la portada.


Este relieve se encontraba en el interior del monasterio, siendo colocado en este lugar, durante la reforma llevada a cabo en 1883 por el arquitecto municipal Ricardo Magdalena.


Zaguán de entrada al monasterio.


Actualmente por esta puerta se inicia la visita al monasterio. Al fondo vemos la antigua puerta reglar y el torno, sobre el que podemos ver el escudo de la Orden del Santo Sepulcro (el mismo que os he puesto en la primera fotografía del estudio).


El torno era una parte importante del monasterio, ya que era el nexo de unión y de comunicación entre la vida contemplativa (clausura) y el mundo exterior. El torno sea quizás el elemento más representativo del convento de clausura, ya que al mismo tiempo, "aísla y permite la comunicación y el intercambio de vivencias y experiencias con el exterior.”


Iglesia del Santo Sepulcro.


A mano izquierda de la portería reglar, accedemos a la pequeña iglesia del monasterio, adosada a la galería del claustro. Estamos en un templo, de estructura muy sencilla, con planta rectangular, de una sola nave de tres tramos, separados por arcos diafragma rebajados, que sostienen un alfarje de madera, con decoración geométrica. En el muro de la derecha se abren tres vanos que dan al claustro (quizás sustituyeron a los originales, del siglo XIV, mucho más pequeños). La iglesia fue remodelada en el siglo XVII enfoscando sus muros y cubriendo el alfarje con una bóveda rebajada, perdiendo su aspecto original. Fue rehabilitada en 1975.


En la parte inferior del altar mayor existe una cripta, en la que durante años estuvo colocado el sepulcro de Cristo, propiedad de la cofradía del Santo Sepulcro, formado por Cristo yacente y los bustos de María, María Magdalena y san Juan, hoy conservado en los pies de la iglesia.


Alfjarje de madera que cubre la nave de la iglesia.


En el siglo XVII se realizaron reformas en el templo. Se cubrió el alfarje con una bóveda rebajada, que salió a la luz, en la rehabilitación llevada a cabo en el año 1975.


Es una techumbre mudéjar con una decoración muy sencilla, con lazo blanco sobre fondo negro y encuadrado por líneas rojas.


Retablo mayor de la iglesia.


Retablo de la Resurrección, realizado en el siglo XVII. Es retablo de tres calles, separado por columnas helicoidales con capiteles compuestos. En la parte central se ubica la imagen de madera policromada de Cristo Resucitado, flanqueado por pinturas relativas a la vida de Jesús: Cena de Emaús y Jesús con la cruz a cuestas (lateral izquierdo); y la Oración en el Huerto y Noli me Tangere (lateral derecho). En el remate, una tabla de la Piedad del siglo XV, cubierta por un frontón partido.


Vista de la nave de la iglesia hacia los pies.


En el siglo XVII se remodeló la iglesia, quitándole un tramo, que sería el que hoy ocupa la portería, y, como ya hemos comentado, se cubrió con una bóveda rebajada el alfarje que hoy podemos contemplar. En el muro de la derecha se abren tres grandes ventanales que serían también remodelados, ya que los originales del siglo XIV eran más pequeños.


Al fondo, a la derecha, podemos ver el conjunto de esculturas que conforman el Santo Sepulcro, con los bustos de la Virgen, san Juan y la Magdalena que acompañan a Cristo yacente (en una urna de cristal). Este conjunto pertenece a la cofradía del Santo Sepulcro y fue trasladado en 1851 desde la cripta que se "encontraba debajo del primer tramo de la iglesia a la nave de la misma", a la nave de la iglesia.


Entrada a la sala capitular.


Al fondo de la nave encontramos la puerta de acceso a la sala capitular, enmarcada con una mazonería del siglo XVII, perteneciente a un retablo que se encontraba en la iglesia con un lienzo de la Huida a Egipto.


Sala capitular.


Desde la iglesia se accede a la sala capitular del monasterio, también conocida como "coro bajo", ya que desde ella, y a través de celosías, la comunidad asistía a las celebraciones llevadas a cabo en la iglesia de san Nicolás, adosada a ella. Se trata de una estancia de planta cuadrada y de gran altura, cubierta con bóveda de crucería simple, cuyos nervios se apoyan en cuatro columnas con capiteles decorados con motivos vegetales (algunos piensan que quizás formaban parte de la mezquita mayor de Zaragoza; para Javier Peña y José M. Pinilla, pudiera ser estancia en origen musulmán y que fuera adaptada, en el siglo XIII, para uso monacal).


Esta sala, ubicada en el ala norte del claustro, era el centro de la vida del monasterio, en ella se reunían las monjas para realizar actos importantes, elecciones, visitas trascendentales, y en ella fueron enterrados dos personajes importantes en la vida del monasterio: fray Martín de Alpartir, y la priora Aldonza de Reus (1602).


La estancia fue comenzada hacia la segunda mitad del siglo XIV y seguramente fue concluida en 1381, fecha en la que fray Martín de Al Partir afirma en su testamento querer ser enterrado en ella: "E primerament slio mi sepultura en el monasterio de las duenyas del Santo Sepulcro de la ciudat de Çaragoça en el capitol de dito monasterio delant del altar de la Sancta Resurrección..."


Capiteles islámicos de la sala capitular.


En las esquinas de la sala capitular podemos observar cuatro columnas monolíticas con capiteles, que algunos atribuyen a una donación del rey Pedro IV, mientras construía La Aljafería (es decir, capiteles de época taifal reutilizados en esta estancia); y otros piensan que son originarios del mismo monasterio, capiteles mudéjares que imitan a los capiteles califales y taifales con decoración de pencas.


El ábaco de estos capiteles tiene decoración pictórica, aunque solo se conserva en dos de ellos.


Bóveda, nervios y paramentos de la sala capitular.


Los nervios de la bóveda son de triple bocel y apean en cuatro columnas monolíticas sin basa, que apoyan directamente sobre el suelo.


Bóveda de crucería simple de la sala capitular.


La estancia se cubre con bóveda de crucería sencilla. En las uniones de los nervios se pueden observar claves decoradas. Así mismo, la bóveda se pintó imitando el despiece del ladrillo, dispuesto a soga y tizón. Los nervios presentan decoración imitando la piedra sillar, perfilados en negro y en rojo.


En el centro de la bóveda vemos que la clave de la misma es un pinjante dorado, del cual parten los nervios de la bóveda decorados, su arranque, con las barras aragonesas y los escudos alternos de la Orden del Santo Sepulcro y las armas del arzobispo don Lope Fernández de Luna.


En lo decorativo esta sala capitular tiene mucho que ver con las iglesias de la zona de Calatayud (Torralba de Ribota, Tobed, Maluenda...), en todas ellas aparece el mecenazgo del Papa Luna, repitiéndose en todas el mismo estilo decorativo, tanto en las bóvedas como en los esgrafiados de los muros.


Muro occidental de la sala capitular.


En él vemos en la parte inferior los restos de una decoración agramilada, como en el resto de la estancia, con una serie de arcos polilobulados entrecruzados, aunque desgraciadamente parte del ornato se ha perdido.


En el centro del muro se abre una pequeña estancia, que comunica con la iglesia de san Nicolás.


Bóveda de la estancia que se abre en el muro occidental.


Se trata de una bóveda de cañón con lunetos, decorada con una representación de la Anunciación en el centro.


Muro noroeste de la Sala Capitular.


En el muro norte encontramos la cripta de la Sala Capitular, excavada en uno de los torreones de la muralla romana.


Muro norte y cripta de la sala capitular.


La decoración de la parte inferior del muro se ha perdido. En él se abre una hornacina a la que se accede bajando unos escalones en la que se venera la imagen de Cristo muerto, fechable a principios del siglo XVI.


Imagen de Cristo yacente.


Se trata de una magnífica imagen en madera policromada del siglo XVI, representando a Cristo muerto, cubierto con el paño de pureza, y reposando su cabeza en dos cojines de madera policromada. La imagen presenta los brazos extendidos y cruzados sobre el bajo vientre.


Detalle del Cristo yacente


Cripta de la sala capitular.


La cripta es un elemento importante de la sala capitular, destaca el revestimiento con azulejería que vemos en ella. Documentalmente sabemos que fray Martín de Alpartir, en su testamento, ordenó que la sala fuera cubierta con azulejos de Manises (Valencia): "Item, no menos quiero et mando que el suelo del dito capitol sia cubierto de aquellos azurios et ragolas pintadas, es a saber, de aquellos azurios o ragoletas que yo fago obrar en el lugar de Manises del reyno de Valencia, por las quales tienen de señal los maestros que aquellas obran trenta florines feito cumplimiento..."


Azulejos de la solera de la cripta de la sala capitular.


Los azulejos del siglo XIV, los que encontramos en la solera de la cripta, están muy desgastados. Son azulejos cuadrados de color blanco, con una estrella de ocho puntas, en el centro, rodeada por flores de lis. Otros azulejos tienen la cruz patriarcal del Santo Sepulcro.


Azulejos muros de la cripta.


En los muros de la cripta encontramos magníficos azulejos de arista, del siglo XVI, representando grifos enfrentados, motivos geométricos y vegetales.


Solera de la sala capitular.


La solería de la estancia está formada por cerámica de los siglos XIV y XVI, entre las que resaltan las lápidas funerarias de fray Martín de Alpartir (1360); y de Aldonza de Reus, abadesa del monasterio, fallecida en 1602.


Estos azulejos también fueron mencionados en el testamento de fray Martín: "Item est no menos quiero e mando que el suelo del dito capitol sea cubierto de azureios o régolas pintadas, es a saber, de aquellos azureios o regoletas que yo fago obrar en el lugar de Manizes del Regno de Valencia...", azulejos que le costaron unos cien florines.


A finales del siglo XVI-principios del XVII se remodeló la solera de la estancia, con azulejos de cartabón verdes y blancos, formando una decoración geométrica, siendo "parcheada" posteriormente con cerámica de arista procedente del antiguo refectorio.


El sepulcro fue encargado por Alpartir, pagando dos mil sueldos para la conclusión del mismo.


Detalle de la Solera de la sala capitular.


El suelo de azulejos de Manises fue sustituido, excepto en la zona de la cripta y en donde estaba colocado el retablo encargado por Alpartir, por azulejos verdes y blancos de cartabón, y azulejos de cuenca o arista, parecidos a los que se colocaron en el refectorio mudéjar, en el siglo XVI (como luego veremos).


Detalle de la sepultura de Fray Martín de Alpartir. Sala capitular.


En el suelo de la sala capitular podemos ver dos laudas, la de la abadesa doña Aldonza de Reus, y la de fray Martín de Alpartir, gran mecenas del monasterio. La losa que cubre su sepultura es de granito, en la que está tallada la figura del difunto. Éste aparece yacente, rodeado con motivos decorativos góticos. Está ataviado con vestiduras canonicales, llevando la cruz patriarcal sobre el pecho, su cabeza está flanqueada por dos cruces patriarcales. Rodeando la imagen se lee la siguiente inscripción: "ESTA SEPULTURA ES DEL HONRADO E RELIGIOSO DON FRAY MARTÍN DE ALPARTIR CALONGE DE HIERUSALEN: COMENDADOR DE NUEVALOS E TORRALBA E TESORERO DEL S. DON LOPE, ARÇOBISPO DE ÇARAGOÇA: A CUYA SUPPLICA E RUEGO DIO LA YGLESIA DE SANT NICHOLAS A ESTE ILUSTRE MONASTERIO: FINO SUS DIAS... DEL MES DE... DE MCCCL: AYA DEL ANIMA DIOS NASCIDA EN SU SANTA GLORIA. AMEN".


Sepultura de doña Aldonza de Reus. Sala capitular.


A la izquierda de la sepultura de fray Martín, se halla la de la abadesa doña Aldonza, priora que fue del monasterio desde el año 1595 al 1602. Estamos ante una losa de jaspe, en cuya parte superior podemos ver una cruz patriarcal rodeada de la siguiente inscripción: "ESTA SEPULTURA ES DE DOÑA ALDONÇA DE REUS PRIORA DESTA SANTA CASA. MURIO EN ONZE DE FEBRERO DE 1602".


Muro lateral occidental de la sala capitular.


Ya hemos comentado que los muros de esta sala están decorados con "esgrafiados que recuerdan los adamascados orientales". Son una serie de arquerías polibuladas que forman una serie de rombos decorados en tonos verdes, rojos, ocres, etc. En este lado oeste podemos ver en el centro de varios rombos, los restos de una decoración pictórica, en realidad son los restos de los escudos de personajes importantes en el monasterio.


Escudos muro occidental de la sala capitular.


Estos escudos son, de izquierda a derecha: el del Papa Benedicto XIII (don Pedro de Luna y Gotor), representado en campo rojo, una media luna roja, no lleva tiara papal, lo cual significa que aún no era Papa en el momento en el que lo pintaron; en el centro, el de la Orden del Santo Sepulcro (cruz de doble travesaño sobre fondo blanco); y a la derecha, el escudo con las barras de Aragón (alusivo al rey Pedro IV).


Capitel islámico, situado en el muro suroeste de la sala capitular.


El ábaco de estos capiteles tiene decoración pictórica (solo se conserva en dos de ellos). En el que se ubica en la esquina suroeste podemos ver una inscripción con caracteres cúficos, que reproduce la shahada: "NO HAY MÁS DIOS QUE ALLAH". El que vemos en la fotografía, situado en la esquina noroeste, está decorado con bandas verticales de colores.


Puerta de salida al claustro desde la sala capitular.


El acceso en la actualidad a la sala capitular se realiza a través de la iglesia del monasterio, que ya hemos comentado, pero la entrada original se verificaba desde el claustro por el muro occidental, siguiendo la tradición cisterciense, a través de una portada en arco apuntado, flanqueada por dos vanos geminados y en arco de medio punto, decorados con tracería gótica; y otro en la parte superior, que se abre a una de las crujías del claustro alto.


El claustro visto desde la sala capitular.


Entrada a la sala capitular desde el claustro.


Al claustro se accede a través de un vano de arco apuntado, flanqueado por dos ventanas que se abren en arco de medio punto. Son vanos ajimezados que presentan una bella decoración gótica, con dos vanos polilobulados decorados con florones y en la clave un rosetón trilobulado, en la de la derecha; y cuadrifoliado, en la de la izquierda; que apoyan en columnas pareadas con capiteles geométricos.


Capitel de la puerta de entrada a la sala capitular.


La portada en arco apuntado que apoya en capiteles dobles, decorados con motivos vegetales, que apoyan en columnas pareadas.


Claustro.


Estamos ante el único ejemplo de claustro mudéjar que se conserva en Zaragoza, y uno de los pocos que quedan en Aragón. Fue sufragado, como ya hemos comentado, por fray Martín y el arzobispo Lope de Luna.


Realizado en ladrillo, su planta es rectangular, con seis tramos abovedados con crucería sencilla en los lados largos, y cinco en los cortos. Presenta tres pisos en altura. El inferior, lo conforma el claustro bajo, que se abre al jardín a través de grandes arcos apuntados, separados por robustos contrafuertes rectangulares; el intermedio o claustro alto, con vanos apuntados; y el último con vanos adintelados, construidos en 1960 por el arquitecto Manuel Lorente.


Solo hemos podido visitar el claustro bajo, el claustro alto o "sobreclaustra", tiene tres de sus pandas cubiertas con techumbre parecida a la iglesia del Santo Sepulcro, se abre al patio con vanos apuntados con vidrieras emplomadas. Desde él se accede al antiguo dormitorio y al refectorio nuevo (siglo XVI). El último piso del claustro fue recrecido para ubicar las celdas de las religiosas.


Pandas del claustro.


El claustro era y es el eje de la vida de la comunidad, sirve de zona de meditación y lectura, pero también sirve para estructurar la vida de los monjes y comunicar las diferentes estancias del monasterio: la sala capitular y la capilla en el lado oeste; y el refectorio, la cocina y la bodega en el este.


Se sabe, como ya hemos comentado, que en 1381 ya había sido comenzada su construcción, gracias al testamento de fray Martín de Alpartir, ya que en él disponía que se terminaran las obras comenzadas: "Et cumplido aquest mi present testament et todas las cosas en el contenidas por mis executores infrascriptos, de los bienes por mi adquiridos que sobraran, quiero que se acabe la obra que yo he començado en dito monasterio del Sant Sepulcre de Çaragoça. Es a saber, la claustra et sobreclaustra..."


Las obras estaban finalizadas en 1393, siendo el maestro de obras Mahoma Calahorra (artífice también de iglesias como la de santa María de Tobed), con un coste de 5.400 sueldos.


En la fotografía el claustro bajo, con grandes arcos apuntados, cuatro en las naves norte y sur; y tres en las, este y oeste. Estos arcos están separados por robustos contrafuertes rectangulares. Los nervios de las bóvedas, apoyan en la parte interior en ménsulas lisas, algunas sin decoración; y en la parte exterior en capiteles corridos con decoración. Algunos autores consideran probable que estos arcos apuntados estuvieran decorados con tracerías góticas, al estilo de las que se conservan en las ventanas de la sala capitular.


Durante la reforma llevada a cabo en el siglo XIX por el arquitecto Magdalena, los arcos del claustro bajo se cerraron, desmontándose también los capiteles (que fueron guardados celosamente por las religiosas, y hoy en día los podemos contemplar en varias zonas del claustro). Será en la década de los 60 cuando el arquitecto Manuel Lorente Junquera los volvió a abrir.


Bóvedas del claustro.


El claustro está formado por cuatro pandas o crujías, cubiertas con bóvedas de crucería simple, y, como ya hemos comentado, todas ellas pintadas con ornamentación mudéjar, imitando el despiece de ladrillo, formado por la alternancia de hiladas a soga con hiladas a soga y tizón. Las claves decoradas con rosas de metal muy oxidadas. Toda esta decoración está muy deteriorada, esperemos que pronto se restauren y podamos contemplar toda la belleza que hoy en día está oculta.


Ménsula del claustro bajo.


Ya hemos comentado que los nervios de las bóvedas del claustro se apoyan, en el muro interior, en ménsulas. Unas son de alabastro y otras de piedra. Solo presentan decoración las de la panda occidental; las demás son lisas, sin ninguna decoración.


Ménsula decorada muro oeste.


En ella se presentan dos ángeles sosteniendo el escudo con la Cruz Patriarcal de la Orden del Santo Sepulcro.


Ménsula del muro occidental.


Representa a un profeta barbado portando una filacteria.


Capiteles corridos lado sureste.


En el ángulo noreste del claustro, enfrente del Cristo, encontramos estos tres capiteles corridos, con restos de policromía, que representan, a la izquierda el escudo de armas de don Pedro Fernández de Luna; en el centro la cruz patriarcal de la Orden del Sepulcro; y a la derecha, el Señal de Aragón.


Capiteles conservados en el claustro.


Los capiteles que fueron arrancados en la rehabilitación llevada a cabo por Ricardo Magdalena, actualmente se pueden contemplar en una de la pandas y en la capilla de san José del claustro.


En el que podemos ver en la fotografía, presenta en el centro el escudo del arzobispo don Lope Fernández de Luna, flanqueado por cabezas femeninas.


Crujía de la sala capitular.


En la fotografía, a la derecha el muro de la sala capitular, al fondo la zona realizada en el barroco, que da acceso al locutorio y al claustro alto.


Crujía de la sala capitular antes de la reforma del siglo XX.


En el año 1883 Magdalena realizó una rehabilitación del monasterio, debido al hundimiento parcial del dormitorio de las religiosas. Este arquitecto reformó el exterior del monasterio y el claustro, cerrando los arcos de la parte inferior del mismo, construyendo muros en los que se abrieron ventanas de madera en cuya parte superior se abrieron, a su vez, una serie de óculos, con lo que el claustro inferior quedó cerrado.


Años más tarde, en la década de los 60 del siglo XX, el arquitecto Manuel Lorente Junquera, conservador de la Zona 30 Vasco Aragonesa, fue el encargado de realizar una restauración del claustro. Derribando los muros y abriendo los arcos al jardín, tal y como los vemos hoy en día.


En la antigua fotografía de Juan Mora Insa (Archivo Histórico Zaragoza), podemos ver como se encontraba la crujía antes de esta última rehabilitación.


Crujía de la oración, ángulo noroeste.


Es la panda que comunica con el locutorio, en la parte superior, y con el claustro alto. Fue remodelada en estilo barroco. A la derecha el muro donde se conservan inscripciones árabes.


Inscripción árabe.


En el muro de la escalera que conduce al antiguo locutorio podemos ver una inscripción árabe con caracteres cúficos, que repite la shahada “NO HAY MAS DIOS QUE ALLAH”.


Crujía sur.


Al fondo, la crujía del refectorio. En la parte superior del muro del fondo vemos la campana o "Campanico del Te Deum", fundido hacia 1450. Según tradición del monasterio, la campana se había hecho con una de las treinta monedas de Judas. Lleva la inscripción "te deum laudamus tu rex glo..." tanto en el tercio como en la propia asa.


Crujía del refectorio.


Al fondo vemos el llamado "Campanico del Te Deum", a la izquierda existía una sala donde se guardaban las arcas de las canonesas, y a la derecha en primer término la puerta que da acceso al refectorio mudéjar.


Nave claustral.


Al fondo el Cristo del claustro y la puerta que da acceso a la clausura.


Ángulo sureste del claustro.


En ella se ubica el Cristo del claustro, escultura del siglo XVI. Realizado en madera tallada, policromada, con cruz latina y cartela con INRI, sostenido con tres clavos y perizonium o paño de pureza corto. Aparece ya fallecido, con la cabeza caída y los ojos cerrados.


A la derecha un tenebrario. Candelabro de forma triangular que se utilizaba en el Oficio de Tinieblas (Officium tenebrarum), durante el servicio de maitines y laúdes de los últimos tres días de la Semana Santa, conmemorando la muerte de Jesucristo y los tres días y las tres noches que su cuerpo permaneció en el sepulcro antes de su Resurrección.


Durante ese Oficio se oraba y se recitaban una serie de salmos y lamentaciones del profeta Jeremías, cuando se terminaba la lectura de cada uno se apagaba una vela gradualmente y de forma alterna a cada lado del candelabro, comenzando por la inferior del lado derecho hasta que solo quedaba encendida la superior.


Su uso parece ser que se remonta al siglo VII. En 1912 se comenzó a utilizar quince velas amarillas, representativas de los once apóstoles, las tres Marías y la Virgen María; su forma de triangulo simbolizaba la Santísima Trinidad y la Vela más alta que quedaba encendida era Cristo. Este Oficio de las Tinieblas ya no se utiliza, desde el Concilio Vaticano II en 1962.


Decoración pictórica del claustro.


Todo el claustro, muros y bóvedas, estaban pintados. La parte inferior de los muros, imitando el despiece de sillares, y en la parte superior, como ya hemos comentado al hablar de las bóvedas, se imitaba el despiece de ladrillo, y en algunas zonas bandas con dragones, flores, lobos y palmetas y con inscripciones en las que se lee: "Miserere" y "Ave María".


Según las investigaciones llevadas a cabo por Antonio Olmo y Carmen Rallo se sabe que se contrató a Lop de Rami para pintar el claustro, tal y como consta en el codicilo del catalán, afincado en Zaragoza, Beltrán Coscón: “Que yo, Lop de Rami, moro, habitante de la ciudad de Zaragoza, prometo e me obligo a lavar de alienz todo el claustro … e meter la clau e desparar el andamio e cerrar las fendedura del lavatorio”.


En la crujía sureste, en donde encontramos el Cristo del claustro, hay una bóveda decorada con escudos heráldicos (de los Martínez Luna, de los Gurrea, del arzobispo don Lope Fernández de Luna, y la señal de Aragón) y medallones con los tetramorfos. Estas pinturas, que rompen con el estilo decorativo del resto de claustro, han sido atribuidas por la Doctora Carmen Lacarra al mismo taller que habría realizado el retablo de san Julián y santa Lucía (taller de los Serra) en una fecha aproximada a 1384 y 1386.


Crujía occidental.


Al fondo podemos vislumbrar la capilla de san José, en la que se conserva una pila bautismal románica, procedente de la ermita de san Martín de Terraza, en la Ribagorza. En esta capilla se conservan restos de los capiteles del claustro, así como en los bancos de madera de la parte izquierda de la panda.


Jardín del Claustro.


Al fondo el muro del refectorio. En el ángulo de la izquierda es donde parece que se ubicaba el desaparecido lavatorio. Generalmente éste se ubicaba frente al refectorio.


Zona donde se situaba el lavatorio.


Una construcción característica de los claustros del cister es el templete o lavatorio, que cubría una fuente o pila de agua, que servía para que las monjas o monjes se lavaran las manos o cara antes de entrar en el refectorio.


En el monasterio de la Resurrección no se conserva este templete ni la pila de agua, pero si podemos ver los restos de las zapatas en donde apoyaban los arcos de la bóveda que lo cubría. Apoyando esta teoría están las investigaciones llevadas a cabo por Antonio Olmo y Carmen Rallo sobre el revestimiento mudéjar de la capilla del castillo de Mozota, presentado en el XI Simposio Internacional de Mudejarismo de 2009. En dicho estudio han documentado la existencia de este lavatorio, según consta, como ya hemos comentado al hablar de la pintura del claustro, Beltrán Coscón, en su testamento hace mención a este lavatorio: “Que yo, Lop de Rami, moro, habitante de la ciudad de Zaragoza, prometo e me obligo a lavar de alienz todo el claustro … e meter la clau e desparar el andamio e cerrar las fendedura del lavatorio”.


Os indico con flechas rojas las ménsulas donde se apoyaban los arcos de la bóveda del templete.


Refectorio mudéjar.


El refectorio mudéjar se sitúa en la panda sureste del claustro y fue realizado hacia 1393, construido sobre una bodega subterránea. Tiene planta rectangular dividida en tres tramos, y se cubre con bóvedas de crucería simple, en cuyas claves podemos ver las armas del Santo Sepulcro, de Don Lope Fernández de Luna, y del rey de Aragón. Fue restaurado en 1560, bajo el priorado de Catalina de Ansa, momento en el que se construyó el refectorio nuevo, situado en la "sobreclaustra".


En los muros, en origen, debían abrirse arcos apuntados. Actualmente hay pequeñas ventanas adinteladas.


En el muro oeste se descubrió, en una de las reformas llevadas a cabo en el año 2010, un vano estrecho que daba acceso a la escalera que subía al púlpito donde se colocaba la canonesa que leía al resto de la comunidad mientras las demás comían.


Refectorio mudéjar.


La estancia estaba totalmente decorada. En las bóvedas se imita el despiece de ladrillo y en la pare inferior, como luego veremos, decoración a base de arquillos entrecruzados. Por debajo de éstos, la parte inferior de los muros del refectorio, estaba cubierta con magníficos azulejos de Muel, que fueron sustituidos por paneles de madera.


En la estancia se ha montado un pequeño museo, en el que podemos ver fotografías antiguas, un singular órgano portátil, esculturas, las bolas blancas y negras que se usaban en las votaciones para elegir priora, restos de artesonados, cosas curiosas que nos muestran la vida de las religiosas.


Restos de arrimaderos del refectorio mudéjar.


La estancia, en su parte inferior, estaba ornada con un magnífico arrimadero corrido de azulejos de cerámica de arista de Muel, colocado a finales del siglo XVI. Solo se conserva en el lateral interno de la puerta de entrada una pequeña muestra. Gran parte de los azulejos que cubrían esta sala los utilizó el arquitecto Magdalena para decorar la fachada exterior del monasterio de la calle Don Teobaldo.


Decoración de los muros del refectorio mudéjar.


En 1560 se colocó alrededor de la estancia la siguiente inscripción: "CONGREMANINI AD COENAM DOMINI. ALLELVIA.INDIE ILLA ERIT RADIX IESSE QVI STAT IN SIGNV ET ERIT SEPVLCHRVM EIVS GLORIOSUM ESAIAE II. ANNO. 1560 IN SILENTIO ET SPE. ESA. 30. RESVRREXIT PTER IVSTIFICATIONEM NRAM ROMA.4 SIVE MANDVCATIS. SIVE BIBITIS VEL ALIUD QVID FACITIS OMNIA IN GLORIAM DEI FACITE I CHORIN. 10 1560 15 MART".


En el año 2010 se llevaron a cabo obras en la cabecera del refectorio, y en el muro oriental se descubrieron, bajo el enlucido de la pared, una serie de decoraciones de tipo mudéjar. Son arquerías muy similares a las que ya hemos visto en la sala capitular.


Interior de la muralla del monasterio de la Resurrección. Los "Pasetes".


En el año 2022 se rehabilitó este espacio, que las monjas denominaban "Las ruinas", y hoy se conoce como "los Pasetes".


Es por donde las monjas accedían desde el refectorio mudéjar a la cocina y a la bodega. Esta zona, interior de la muralla romana, resultó muy deteriorada durante la Guerra de la Independencia, por ese motivo quedó como almacén, y las religiosas desde entonces la denominaban "Las Ruinas", por el estado deplorable en el que se encontraba. A través de este tramo, hoy llamado los Pasetes, se accede, como ya hemos comentado, a la cocina y a la bodega.


Entrada a la cocina.


A través del corredor llamado los "Pasetes", accedemos a la antigua cocina.


Cocina del monasterio.


Esta estancia era la cocina, que posteriormente fue utilizada como carpintería del monasterio. Algunos historiadores la datan en el siglo XVI. Aprovechando la rehabilitación llevada a cabo en el monasterio para arreglar el tejado de la iglesia de san Nicolás, se acondicionó esta antigua cocina.


Fogón y chimenea de la cocina.


En el frente encontramos el hogar, formado por un fogón bajo, donde se ponía la leña y ramas para hacer fuego; y el fogón alto, donde se echaban las brasas y poniendo trébedes se cocinaba en pucheros de barro y zinc, pudiendo hacerlo varias religiosas al mismo tiempo.


Fogón de la cocina.


Todos los utensilios se encontraban en el monasterio, y fueron utilizados a través de los tiempos.


Detalle del fogón de la cocina.


En el fogón superior, vemos a la izquierda unos agujeros en los que se ponían las ollas para que con el fuego que había en la parte inferior, la comida se mantuviera caliente (una especie de microondas medieval).


Escalera que comunica la cocina y refectorio mudéjar con la clausura (refectorio alto, dormitorios y claustro alto), y el último piso. Esta escalera parte junto a la entrada del refectorio antiguo.


Refectorio alto.


También conocido como refectorio renacentista, ya que se construyó a mediados del siglo XVI. Es una amplia sala de gran altura, de planta rectangular, cubierta con techumbre de madera con bovedillas de revoltón. En el centro una esbelta columna anillada, tan típica del arte renacentista aragonés formada por basa ática, con el tercio inferior liso, anillo decorado con ovas y triglifos, y la parte superior del fuste estriada, terminando con un capitel decorado también con ovas y triglifos.


Tanto las mesas, que apoyan en patas de madera con zapatas renacentistas decoradas; como los bancos, son los originales. En la cabecera de la sala vemos una gran cruz de madera, con pinturas relativas a la Pasión, que en tiempos estuvo colocada en el dormitorio de las canonesas.


Chimenea del refectorio alto.


Hasta hace unos años era el comedor utilizado por la comunidad. Enfrente de donde se sitúan las mesas donde comían las religiosas se dispone una gran chimenea con tiro rectangular. Decorada con un arquitrabe de piedra decorado con triglifos y metopas lisos, sobre el que descansa una movida cornisa, sustentado todo por dos volutas laterales.



Al no poder acceder a las dependencias de clausura, no pude hacer fotografías del dormitorio ni de los claustros superiores. Pero no quiero terminar este pequeño trabajo sin poneros una de las joyas que conserva este monasterio. Estoy hablando de la llamada "Puerta Mudéjar" (siglo XIV), que se sitúa en el dormitorio de las religiosas. Según comentaba sobre esta portadita (ver bibliografía), el arquitecto Luis de La Figuera: "En este dormitorio -que en su día ,recordaría al de Poblet y análogos- hay una puerta pequeña, cuyo dintel es una curiosa tracería árabe que da acceso a una escalera de caracol en ladrillo, que, sin duda, sería la de ascensión a algún minarete de Ia mezquita que allí habría".


Realmente la portada por la que se comunica con la iglesia de San Nicolás, a través de una escalera de caracol, es preciosa. Respecto a la decoración de la puerta, en palabras de Rincón, "está tallada en yeso, se abre en arco conopial muy rebajado cuya cabecera está recuadrada por una moldura que cumple la función de alfiz, encuadrando el arco y que se cruza en el centro en forma de X y después de trazar un doble lazo en los ángulos superiores, vuelve perpendicularmente al lugar de origen mediante un nudo en cada lado. Los huecos interiores se decoran con líneas de rombos que encuadran temas florales".


Para finalizar informaros que actualmente se puede visitar el monasterio de varias formas: visita sin guía, los lunes por la mañana"; visita guiada: el monasterio mudéjar; visita guiada:¡Hasta la cocina!, visitando los Pasetes, cocina y refectorios; visita guiada a la muralla interior; y por último también se puede visitar la iglesia de san Nicolás, anexa al monasterio, los lunes (ver enlace de visitas en la bibliografía).



Hasta aquí la visita a este magnífico y desconocido monasterio en el centro de Zaragoza. Os recomiendo su visita, no os defraudará. Espero qué os haya gustado.


Hasta el próximo vuelo.



BIBLIOGRAFÍA:


-FIGUERA LEZCANO, L. (1927), “El Monasterio del Santo Sepulcro de Zaragoza”, Arquitectura: órgano de la Sociedad Central de Arquitectos, nº. 95, pp. 83-90: https://www.coam.org/media/Default%20Files/fundacion/biblioteca/revista-arquitectura-100/1918-1931/docs/revista-articulos/revista-arquitectura-1927-n95-pag83-90.pdf


-TOLOSA, José Antonio: Monasterio de la Resurrección de las Canonesas del santo Sepulcro (Zaragoza): https://www.aragonmudejar.com/zaragoza/pag_sepulcro/sepulcro_45.htm


-RINCÓN GARCÍA, Wifredo: El monasterio de la Resurrección de Zaragoza. Canonesas regulares del santo Sepulcro. Zaragoza, Centro de Estudios de la Orden del Santo Sepulcro, 2010.


-RINCÓN GARCÍA, Wifredo: Aspectos históricos convento Santo Sepulcro en el siglo XIX: https://digital.csic.es/bitstream/10261/227352/4/Aspectos_hist%C3%B3ricos_art%C3%ADsticos_convento_Santo_Sepulcro.pdf


-Página del Monasterio: https://santo-sepulcro.com/


-Horario visitas al monasterio: https://santo-sepulcro.com/visitas-culturales/


-Plano del [casco histórico] de Zaragoza. Dionisio Casañal. 1911 (por manzanas y casas)


-NOTIVOL RIVED, Alfredo: Proyecto de Gestión Cultural en el Monasterio de la Resurrección de Zaragoza. Trabajo fin de máster: https://core.ac.uk/download/pdf/324148873.pdf


- LÓPEZ DE LA PLAZA, Gloria: Las mujeres en una Orden Canonical: Las religiosas del Santo Sepulcro de Zaragoza (1300-1615).Tesis doctoral: https://eprints.ucm.es/id/eprint/9581/1/TESIS_2009.pdf






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