Portada de la basílica de Santa Engracia. Zaragoza. Un referente del Renacimiento aragonés.


Exterior del desaparecido monasterio de Santa Engracia.


Los Innumerables Mártires es una de las tradiciones más arraigadas en nuestra ciudad. La historia comienza en el año 303, cuando el emperador Diocleciano promulgó un decreto por el cual se tenía que perseguir a todo aquel que realizara ritos cristianos. Daciano, gobernador romano en España (no documentada su existencia) acató la orden y al menos dieciocho habitantes de Caesaraugusta sufrieron martirio a comienzos del siglo IV, siendo quemados y sus cenizas (Santas Masas) recogidas junto con los restos de Santa Engracia y otros santos en un lugar a extramuros de la ciudad, en donde desde muy antiguo se conoce la existencia de un núcleo cristiano. En este lugar se estableció el culto a los mártires, que se fue extendiendo a través de los tiempos (para ver la historia os remito al trabajo sobre la cripta de la basílica que realicé hace tiempo: https://www.elviajedelalibelula.com/single-post/2019/02/17/El-retablo-de-la-cripta-de-la-bas%C3%ADlica-de-Santa-Engracia-Zaragoza?fbclid=IwAR1wOYGuuZco5tqOqstcA64mE7ICNcGkgpI8VFcddjIm95-QTA9L6A0_6sU)


Sobre esta antigua necrópolis cristiano-romana se erigió una iglesia mozárabe que fue sustituida a finales del siglo XV por el Real Monasterio Jerónimo de Santa Engracia.


Fotografía. Alexandre de Laborde (1820) Voyage pittoresque et historique de l'Espagne, II (segunda parte), París: Imprimerie de Pierre Didot l'ainé.


Ruinas del patio y del costado de la iglesia del monasterio de santa Engracia.

Desgraciadamente durante la Guerra de la Independencia este magnífico monasterio, como otros muchos edificios de la ciudad, fue destruido. Sucedió en la noche del 13 al 14 de agosto de 1808, durante la retirada del ejército francés al mando del general Lefêvre, por la explosión de una mina. Por documentos de la época, en concreto la "Historia de los dos Sitios de Zaragoza" del cronista don Agustín Alcaide Ibieca, la portada quedó en pie, pero muy dañada. Los cuatro mártires y confesores, que pertenecían a la primitiva portada, desaparecieron, y muchos restos fueron llevados al Museo Provincial y partes de las esculturas de la Virgen y san Juan, del Calvario, fueron enviadas al Museo Arqueológico de Madrid, pero se ignora su paradero, nunca se ha sabido que suerte corrieron.

Del magnífico monasterio Jerónimo solo quedó: la portada (en gran parte remodelada), un fragmento con decoración mudéjar que podemos ver en el lateral de la calle Hernando de Aragón, los sarcófagos paleocristianos y el retablo escultórico que hoy se conserva en la cripta (que podéis ver en la segunda fotografía y ya comentado en otro artículo).

La pérdida de ese magnífico edificio fue enorme, acordando restaurar lo que fuera posible. Una vez que se retiraron las tropas francesas en 1813, se comenzó a rehabilitar la cripta, llevando las obras José de Yarza Lafuente, abriéndola al culto el 7 de julio de 1819. En cuanto al templo superior, en cumplimiento del Decreto expedido por las Cortes Constituyentes de Cádiz de 1815, la Reina Regente en nombre de su hijo D. Alfonso XIII, ordenó la reconstrucción del templo de Santa Engracia, con fecha de I6 de julio de 1891. Las obras comenzaron el 1 de noviembre de ese mismo año, según proyecto del arquitecto Mariano López; inaugurándose el templo el 16 de abril de 1899. Por último entre los años 1991 y 1993 el Gobierno de Aragón y la parroquia de Santa Engracia llevaron a cabo la restauración de la fachada de la iglesia.


Cripta de la basílica de Santa Engracia.

Durante el siglo XIV el templo adquirió cada vez más relevancia, sobre todo al descubrirse en 1320 las reliquias de Santa Engracia y los sarcófagos de mármol y de piedra conteniendo las reliquias de los Mártires, que también podemos contemplar en la cripta de la basílica de santa Engracia de Zaragoza. Este hecho trajo consigo la construcción a finales del siglo XIV o principios del siglo XV de una iglesia en estilo gótico-mudéjar sobre el antiguo templo subterráneo; templo que fue donado por el rey Alfonso I el Batallador al obispo de Huesca Esteban, perteneciendo a esta diócesis hasta bien entrado el siglo XX.

Ya en el siglo XV la iglesia de las Santas Masas, como se conocía, se convierte en una de las iglesias más sobresalientes de la ciudad, a la que acudían los zaragozanos en procesión desde La Seo. Hasta tal punto llego la veneración a la santa, que fue declarada patrona de Zaragoza por acuerdo municipal el 26 de abril de 1480 (junto a san Valero, ya nombrado patrón de la ciudad por la nueva iglesia Cesaraugustana tras la conquista de Zaragoza por Alfonso I el Batallador en 1118).


Claustro grande del monasterio jerónimo de Santa Engracia.

Las obras de la nueva iglesia continuaron a lo largo del siglo XV, gracias a la ayuda real y eclesiástica, y más a raíz de que el rey Juan II de Aragón donara el templo y sus posesiones a la Orden de los Jerónimos, orden muy extendida por la península y con gran influencia, siendo apoyada desde siempre por la monarquía. Este hecho fue recogido por los cronistas de la época.

La construcción de este gran monasterio tiene una curiosa historia: en 1459, cuando el rey Juan II , con sesenta años de edad, fue operado por el ilustre médico judío, Rabí don Abiatar Aben-Crexcas, de una doble catarata que le nublaba casi totalmente la vista, prometió que si curaba, al ser tan devoto de Santa Engracia, construiría un monasterio en Zaragoza junto a la iglesia que ya existía dedicada a la santa: "El rey don Iuan el segundo de los de Aragon, padre de nuestro Rey do Fernando el Católico, tenia grande deuocion en la virgen y martyr santa Engracia. Diole una enfermedad muy recia en los ojos estando en Zaragoça el año MCCCLIX. Encomendándose muy de veras a su santa y cobro luego sanidad, y la vista que casi la tenia perdida..., y escriuio una carta, rogandole a la Orden (Jerónimos) encarecidamente, quisiesse recibir la Iglesia de Santa Engracia para monasterio de la Orden, porque tenia intento de hazer alli vn principal monasterio" (según versión del padre José de Sigüenza, ver bibliografía).

Fotografía: Vista del claustro de Santa Engracia, con el edificio del refectorio y la torre de la enfermería. Louis Franpois Leieune, hacia 1808.: 1806-1820, Voyage pittoresque et historique de l'Espagne, tomo II.

Plano del Real Monasterio de Santa Engracia.

Juan II no pudo ver su deseo cumplido, ya que murió el 20 de enero de 1479. Fue su hijo, Fernando el Católico, quien en 1493 continuó la obra que había prometido su padre, convirtiéndose en un mecenas generoso del monasterio. El 16 de abril de ese mismo año, 24 monjes, provenientes de los monasterios jerónimos de Lupiana (Guadalajara), Cotalba (Gandía) y La Murta (Alzira), se instalaron en el monasterio que aún estaba en obras.

También en ese mismo año se reemprendieron las obras, gracias al mecenazgo del rey Católico, respetando lo construido. En 1512 Francesco Guicciardini en su Diario del viaggio in Spagna comentaba: "Èvi uno monasterio di frati intitulato in Santa Angratia...che io non vidi mai più bello convento, che vi è congiunta insieme la magnifi cenzia e la grazia; ora si comincia a edifi care la Chiesa, la quale dicono sarà corrispondente al convento": "Y ví un monasterio de frailes llamado Santa Engracia...,nunca vi un convento más bello, magnificado por gracia y gracia; ahora la iglesia se está construyendo, la cual dicen que corresponderá al convento".

El templo se enriqueció con una magnífica portada plateresca, tal y como comenta en su obra el Padre León Benito Martón, prior del monasterio de santa Engracia en el siglo XVIII: "También la portada se hizo de nuevo: es una fachada hermosíssima todo lo ancho de la iglesia, que son sesenta pies de vara, cinto y cinco pies; es en realidad de verdad, un lindo retablo de alabastro..."

Tampoco la vió terminada don Fernando; será el nieto de éste, el emperador Carlos V, hijo de Juana la Loca y Felipe el Hermoso, quien la finalizó hacia 1526. Con un punto rojo os señalo dónde se ubicaba la portada de la iglesia, flanqueada por las dos torres gemelas.

Fotografía: Descarga nº 10 del siguiente enlace: http://www.bivizar.es/i18n/consulta/registro.do?id=1838

Posible autorretrato de Gil Morlanes el Joven. Portada de la iglesia.

La cuestión de la autoría de esta magnífica portada ha sido controvertida durante años, llegando incluso a adjudicársela al escultor Damián Forment, artista que había realizado alguna obra para este monasterio en la misma época, y al que adjudicó la obra fray Braulio Martínez: "En la faz de la yglesia... se hizo una portada... es un hermoso y rico retablo..., de alabastro blanquisimo... de aquel Formente que podia competir con los famosos escultores Praxiteles y Fidias". Por este motivo algunos autores atribuyeron al gran Damián Forment esta obra.

El primero en atribuir la obra a la familia Morlanes fue el pintor Jusepe Martínez, en su obra: "Discursos practicables del nobilísimo arte de la pintura" (c.1675), que comentaba: "Nuestro Juan de Morlanes tuvo un hijo de gran espíritu y estudio, que superó en mucha parte a su padre, y este acabó la dicha obra". Actualmente, se sabe con certeza que la obra fue encargada hacia 1512 al escultor darocense Gil Morlanes, el Viejo, escultor real de la Corona de Aragón; empezándose hacia 1514, ya que el 11 de noviembre de ese mismo año, el escultor reconoce (documento aportado por Abizanda) haber recibido del prior y frailes del convento de santa Engracia: "ochocientos ducados de oro en oro, a XXII sueldos el ducado, por razón de la capitulación de la portada de la iglesia de Santa Engracia et mas cient ducados que he pedido para acabar la dicha portada que son por todos novecientos ducados... prometo y me obligo de tener todos los obreros que oy tengo en la dicha obra e no parar mano della fasta ser acabada a lo qual… obligo mi persona e bienes…” La portada fue concluida por su hijo Gil Morlanes, "El Joven", esto es corroborado por un documento fechado el 27 de agosto de 1515 en el que se afirma que Morlanes "El Viejo" no estaba en condiciones de proseguir la obra, y su hijo Gil Morlanes "El Joven" se comprometía a terminarla, cosa que hizo en 1517, siendo prior Gabriel de Casellas: "en dias pasados hubiese tomado a destajo la portada de la puerta mayor de la iglesia de Santa Engracia... e por quanto el dicho Gil Morlan, mayor en dias, es constituido en mucha edat y indespusicion de su persona de forma que buenamente no puede cumplir a lo que tenido y obligado a los dichos prior y frayres..., por lo qual dicho Gil Morlan, menor en dias, quiere tomar a su cargo de acabar la dicha hobra..."

Hay que tener en cuenta que la obra ya había sido comenzada antes de tomar las riendas el Morlanes joven, pero sin duda ayudaría a su padre con anterioridad en la labra de esta gran obra. Por ese motivo la portada participa de las nuevas corrientes renacentistas, siendo una de las obras pioneras en ese estilo en Aragón.

Gil Morlanes, el Joven, fue uno de los escultores más importantes del Renacimiento aragonés. No se sabe a ciencia cierta su lugar de nacimiento y se cree que murió en Zaragoza, hacia 1547 (año que realizó su testamento). En la ciudad ocupó un importante puesto en el taller de su padre, en donde trabajaban también el escultor Juan de Palacio y el piedrapiquero Juan de Segura y Domingo Urruzola, que quizás colaboraron en la obra.


Primera Portada del templo (1514-1754).

Tras esta pequeña introducción histórica al tema, vamos a comentar la joya de este monumento: la Portada que da acceso al templo. Su historia es amplia, ya que se conocen tres etapas en la construcción de este gran retablo exterior; y en ella es patente la actuación de dos maestros diferenciados, uno más antiguo y el otro más abierto a las nuevas corrientes artísticas.

Para conocer cómo era en su origen tenemos varias "fuentes de información". Una es la que en el año 1596 nos aporta el manuscrito de fray Braulio Martínez; otra son los escritos del pintor Jusepe Martínez; y la otra es un grabado de fray Ángel de Huesca, según dibujo de Pablo Rabiella, que ilustra la obra que en 1737 escribió fray León Benito Martón: "Historia del subterráneo santuario hoy Real monasterio de Sta. Engracia de Zaragoza", conservado en la Biblioteca Universitaria de Zaragoza, en el que podemos ver cómo pudo ser en origen la portada y os presento en la fotografía.

Fotografía: Captura del libro de M. Abizanda Broto (ver bibliografía): Grabado firmado por Rabiella y fran Ángel de Huesca, que sirve de portada en el libro de Fray Benito Martón, abad del monasterio. 1737: "Historia del subterráneo santuario oy Real Monasterio de Santa Engracia de Zaragoza".


Detalle de esta primera portada.

En el mencionado grabado podemos ver que se estructuraba como un gran arco triunfal, siguiendo un eje vertical, que comenzaba en el parteluz con la desaparecida imagen de Santa Engracia, continuaba por la hornacina ocupada por Santa María de las Santas Masas y terminaba en el Calvario del ático (Santa Engracia intercesora ante la Virgen para alcanzar la Redención con la muerte de Cristo).

En ella se distinguen tres niveles, como hoy en día; en las jambas de la portada de acceso existían ocho nichos, hoy son cuatro. En los laterales se ubicaban los Doctores de la Iglesia, de los cuales solo sigue en su lugar de origen, san Jerónimo (hornacina superior en el lado izquierdo), y varios medallones, de los que desconocemos si pudieran ser los que hoy contemplamos. También podemos observar que la portada tenía parteluz, sobre el que estaba colocada la escultura de Santa Engracia, que según fray Martón fue sustituido por otro parteluz por orden de Felipe II (quién, según cuenta en su crónica el padre Sigüenza, se llevó el original al Escorial). La escultura de la santa, narra Jusepe Martínez: "era con tal magisterio y belleza que si Alberto Durero fuera esculptor la juzgara de su mano", desgraciadamente no se conserva. El primer cuerpo es el que más cambios sufrió si comparamos estos documentos con el estado actual de la fachada. El tímpano, pedestales de columnas y placas de alabastro estaban profusamente decorados, hoy presentan un ornato mucho más comedido. En cuanto a las esculturas representaban a santos, monjes, sacerdotes, mártires y doctores de la Iglesia, pero muchas de ellas presentan diferencias con las que hoy en día podemos contemplar.


Segunda Portada (1759-1808).

En 1746 la iglesia presentaba un aspecto deplorable, así como su portada, que se hundió, tal y como se describe en el "Libro del Real Acuerdo del año 1753", conservado en el Archivo de la Audiencia de Zaragoza: "mas hallándose en el día con la novedad de venirse a tierra la fachada de la Yglesia, la que se adorna de la alaja más preciosa, que es la portada de piedra alabastro (...) lo que es preciso desmontar..." La iglesia comenzó a ser reconstruida con ayuda real, y su fachada fue recolocada, mientras se utilizaba como templo la iglesia subterránea, donde se daba culto a las Santas Masas. Es en este momento cuando se configuró una segunda portada (los restos de la fachada que se había caído se guardaron durante cinco años antes de ser configurada esta segunda portada). Ésta fue la que conoció en su visita a la ciudad el rey Carlos III en su camino a Madrid en 1759, tras proclamarse rey de España, quedando totalmente deslumbrado por esta joya renacentista.

Esta segunda portada la conocemos gracias a la descripción que de ella realizó el erudito viajero Antonio Ponz; quien en 1788 nos describe que "fue reedificada y aún transformada no ha muchos años, añadiendo algo que antes no había". El primer cuerpo de la portada original fue la que más cambios experimentó, por ejemplo el parteluz había desaparecido, así como el decorado tímpano; y algunas otros ornatos y esculturas. Esta segunda fachada tenía el basamento con planchas de alabastro lisas; Sobre el que se alzaban unas placas decoradas con motivos vegetales. Por encima de ellos se conservaron cuatro nichos, dos a cada lado (tabicando los cuatro inferiores, ya que en la fachada original hemos visto que eran ocho). También se tallaron los tondos o medallones inferiores (Numa Pompilius y M. Antonius).

En lo que respecta al segundo cuerpo presenta la misma disposición que la que tiene actualmente, los Reyes rindiendo pleitesía a la Virgen con el Niño, culminando con el Calvario. Lo único que se modificaron fueron los soldados o Reyes de Armas, que están colocados en los extremos. En el ático se colocó una nueva alegoría de la Iglesia en el lado izquierdo del ático, y quitaron el Águila bicéfala del Escudo de Carlos I, que existía en la portada anterior.

Podemos pensar que el programa iconográfico plasmado en esta portada fuera más profano que religioso. Un programa en el que se comparaba a Fernando el Católico con los héroes clásicos, incluso se llegó a decir que por sus hazañas "superaba a los emperadores romanos". También se exaltaba la monarquía de los Reyee Zaragoza: Fernando Bambrila (1763-1832) Grabado: Juan Gálvez (1774-1846). Impreso en Cádiz, 1813.


Restos del antiguo monasterio de santa Engracia.

Detalle del fragmento con decoración mudéjar de antiguo monasterio de Santa Engracia, situada en el lateral de la calle Hernando de Aragón. Os lo señalo con una flecha roja.


Basílica de Santa Engracia.

Tras esta pequeña introducción sobre la historia de este monumento vamos a comentar la Tercera Portada, la que hoy en día podemos admirar, la que a pesar de los avatares de la Historia y de las remodelaciones y rehabilitaciones que ha sufrido, se la considera una verdadera joya renacentista.

Tras la destrucción del monasterio de Santa Engracia, ya hemos comentado que, la portada quedó en pie, pero muy maltrecha; y la iglesia completamente destruida, siendo nuevamente levantada entre 1891-1899 por los arquitectos Mariano López, Ricardo Magdalena y Julio Bravo; encargando la restauración de la portada renacentista al escultor zaragozano Carlos Palao y Ortubia. Desde el año 1882 es Monumento Nacional; y Bien de Interés Cultural desde 2001.


Fachada de la basílica de Santa Engracia.

La portada constituye una de las más impresionantes obras renacentistas en Aragón, y como la denominaba Felipe II "el altar mayor trasladado a la fachada". En su origen estaba también flanqueada por dos torres gemelas, tal y como lo podemos contemplar en el grabado de la portada de la obra de Fray Martón. Las existentes actualmente, son muy posteriores.


Portada en el siglo XIX.

En la fotografía de Luis Escolá, hacia 1890, podemos observar cómo se encontraba la fachada a finales del siglo XVIII-principios del XIX. El deterioro era visible, faltándole varias esculturas y las que se conservaban estaban mutiladas. El encargado de su rehabilitación fue Carlos Palao, quien restauró las imágenes de san Ambrosio, san Gregorio Magno y san Agustín, que hoy están colocadas en los laterales; y las de san Valero, san Prudencio, san Esteban y san Vicente, en las jambas de la puerta. También rehizo tres querubines de las arquivoltas de la portada. En el ático arregló el Calvario y realizó la estatua sedente de la Iglesia, situada en el extremo izquierdo de la cornisa.

Fotografía: L. Escolá. Colección particular.


Tercera Portada ya restaurada (1899-1999).

Tras todos los avatares por los que pasó el templo y su portada; en 1899 se rehabilitó la "Joya Renacentista" que tanto deslumbró a través de los años. Ya hemos comentado que el encargado fue el escultor Carlos Palao, quien talló diez nuevas y magníficas esculturas y restauró las ya existentes, que estaban deterioradas. Este escultor, nacido en Zaragoza en 1857 y fallecido en la misma ciudad en 1934, fue profesor en la Escuela de Artes y un escultor academicista, al que hay que reivindicar.

El primer cuerpo, ya hemos comentado, fue el que más cambios sufrió con respecto a la portada original. La puerta está enmarcada por dos pares de columnas abalaustradas, entre las que se ubican imágenes de los Doctores de la Iglesia. En las jambas de la puerta se abren hoy en día cuatro hornacinas con esculturas de santos obispos y mártires (recordemos que en origen eran ocho hornacinas). En el segundo nivel, se abren tres vanos avenerados entre pilastras, situándose en los extremos, los Reyes Católicos, acompañados de santos, orando ante Nuestra Señora de las Santas Masas, ubicada en el centro. La portada-retablo culmina con un ático en el que se representa el Calvario, flanqueado por la Iglesia y la Sinagoga.


Basamento.

La portada descansa sobre un alto basamento de alabastro que difiere en gran medida del existente en la fachada original, ya que las placas de alabastro situadas entre los pedestales de las columnas se hallaban decoradas con "relieves de rostros en perfil y otras figuras", ahora están sin decoración, ya que fueron sustituidas cuando fue realizada la segunda portada (1759-1808).


Primer cuerpo de la portada.

Sobre el basamento se eleva el primer cuerpo, flanqueado a izquierda y derecha por dobles columnas abalaustradas, entre las que se cobijan, en hornacinas aveneradas, las esculturas de los Doctores de la iglesia latina (San Agustín, San Ambrosio, San Gregorio Magno y San Jerónimo, proclamados Doctores en el 1298); y medallones con personajes de la Antigüedad, todos enmarcados por coronas de laurel, como reflejando su paso por la historia. Los medallones están relacionados unos con otros, los del lado derecho con los del izquierdo, como iremos viendo a lo largo del estudio.

En este primer cuerpo se abre la puerta de entrada, en arco de medio punto con arquivoltas decoradas, que descansan en jambas con hornacinas con santos mártires.


Lateral derecho de la portada.

En el lateral derecho podemos ver dos padres de la Iglesia: san Agustín y san Gregorio Magno y varios medallones, con personajes de la antigüedad.


San Agustín.

En la hornacina inferior del lateral derecho se aloja la escultura de San Agustín, hijo de santa Mónica, la que le acercó a Cristo. Vivió entre el año 354 y el 430, convirtiéndose en un gran teológo. Fue nombrado obispo de Hipona (norte de África) en el 391. Es considerado uno de los cuatro Padres de la iglesia occidental. Fue realizado por Palao en 1899, vestido de obispo, portando en sus manos una de sus obras más importantes: "La Ciudad de Dios, o De Civitate Dei". En su mano izquierda lleva el símbolo de los Agustinos, el corazón traspasado por una flecha. Escultura realizada por Carlos Palao en 1899.


La ménsula sobre la que se apoya la escultura de san Agustín fue restaurada por Palao, pero es la original. Presenta un ave con las alas desplegadas, rodeada por hojas de acanto y motivos vegetales.


Medallón de Numa Pompilius.

Tanto en el lateral derecho como en el izquierdo vemos la misma disposición, y una serie de medallones que se corresponden con los del otro lado. Son rostros tallados de perfil que dirigen su mirada hacia el personaje que tienen enfrente y con el que tienen alguna conexión. Los dos tondos del primer piso puede que fueran realizados en la rehabilitación del siglo XVII, son los de Numa Pompilius y Marco Aurelio Antoninus (para otros de Marco Antonio).

El medallón de la fotografía, sobre la hornacina en la que se cobija la escultura de san Agustín, presenta la efigie de Numa Pompilio, tal y como podemos ver en la inscripción: "NVMA.PON PILIVS". Estamos ante el segundo monarca de Roma, organizador de las principales instituciones religiosas y civiles, reverenciado por los romanos por su sabiduría y su piedad. En el medallón de la parte contraria se representa a Marco Aurelio Antoninus, que luego comentaremos.


San Gregorio Magno.

Sobre el medallón de Pompilio, se abre la hornacina con San Gregorio Magno, que en algunas ocasiones se ha identificado como san Ambrosio. San Gregorio fue el sexagésimo cuarto Papa de la Iglesia Católica, también nombrado San Gregorio Magno o Gregorio I. Es uno de los cuatro Padres de la Iglesia latina. Está representado con las vestiduras papales y un libro en su mano izquierda. También fue realizada por Palao en 1899.


San Hermenegildo o el rey etrusco Lars Porsena.

Los dos medallones situados en la parte superior de los laterales son considerados como originales de la portada renacentista.

Sobre la escultura de Gregorio Magno encontramos este medallón, que suscita polémica a la hora de identificarlo, al igual que el del lado izquierdo. Para el investigador Javier Ibáñez, se trata del rey etrusco Lars Porsena, quien ayudó al último rey de Roma, Tarquinio el Soberbio en el año 509 a. C., para mantenerse en el trono romano, sin conseguirlo. Su contrario, sería el medallón de la izquierda, que, también según el mismo autor, representaría al héroe romano Mucio Scévola, que se enfrentó a Porsena.

Carmén Gómez Urdáñez, también ha investigado en el tema y ha llegado a la conclusión que los personajes no son los que Ibáñez propone, sino que se trataría de san Hermenegildo, coronado, hijo del rey arriano Leovigildo y hermano de Recadero, que fue decapitado por su propio padre al hacerse cristiano. El personaje porta corona real y lleva una cinta anudada detrás de la cabeza, vistiendo un manto que sujeta en el hombro con un gran broche. Y en contrapunto en el medallón de la izquierda, se presentaría la efigie del moro Musa ibn Musa, considerado un traidor, que renegó del cristianismo, así como un personaje carente de moral, de quien luego hablaremos.


Tondos con efigies personajes laureados.

Tras las columnas abalaustradas de los laterales casi quedan ocultos cuatro pequeños tondos, rodeados de decoración renacentista (dos a la derecha y dos a la izquierda), que se desconoce realmente a quien representan.


En este lado derecho, podemos vislumbrar un joven coronado de laureles y vestido "a la romana", identificado como Augusto, fundador de Cesaraugusta en el año 14 a. C. (por la inscripción que lleva en su túnica: CE...AR). Enfrentado a éste, vemos un personaje adulto, con gesto adusto, y también coronado de laureles, identificado como Vespasiano, por su parecido físico con este emperador, fundador de la dinastía Flavia, y que gobernó desde el año 69 hasta el 96.


Lateral izquierdo de la portada.

El lateral izquierdo sigue la misma estructura que el derecho, dos hornacinas aveneradas, con las esculturas de san Ambrosio y san Jerónimo, separadas por medallones, que se relacionan con los medallones del lado opuesto, como ya hemos comentado.


San Ambrosio.

En la parte inferior, san Ambrosio; santo que vivió entre el 340 y el 397, falleciendo siendo obispo de Milán. La escultura realizada en 1899 por Palao nos lo muestra con vestiduras de obispo, portando un libro en su mano derecha, señalando su condición de teólogo. En la parte inferior un enjambre de abejas, ya que es el patrono de los apicultores, pues decían que de su boca salían abejas cuando hablaba, de lo dulce que era en sus pláticas.


Peana.

En la peana sobre la que apoya la escultura de san Ambrosio, Palao esculpió una máscara humana cubierta de vegetación, de gran impacto visual.


Medallón con Marco Aurelio Antonino.

Separando las dos hornacinas con los santos mencionados (san Ambrosio y san Jerónimo), en el lateral izquierdo, sobre la escultura de san Ambrosio, se talló el medallón con la figura de Marco Aurelio Antonino, "MARCVS ANOTNIVS", tal y como podemos leer en la inscripción que rodea la efigie del famoso emperador romano, rodeado por una corona de laurel. Algunos lo han identificado como Marco Antonio, pero éste nunca fue representado con barba; y comparando el retrato del medallón con antiguas medallas del emperador Marco Aurelio, su parecido es evidente.

Marco Aurelio, de estirpe hispana, era famoso por su franqueza e inteligencia. Fue nombrado César en 139. Durante su mandato el Imperio se vio sacudido por revueltas, guerras y calamidades, afrontadas por Marco Aurelio con serenidad y fuerza moral. Este emperador era muy elogiado por el cronista italiano de Fernando el Católico, Lucio Marineo.


San Jerónimo.

La segunda escultura de este lateral izquierdo es san Jerónimo, traductor de la Biblia al latín (Biblia Vulgata), y doctor de la iglesia, vivió entre el 342 y el 420. Aunque nunca fue cardenal, está representado como príncipe de la iglesia, título concedido por el Papa Dámaso I. En su mano izquierda lleva un libro abierto, como Padre de la Iglesia occidental. A sus pies, descansa uno de sus símbolos: el león, al que el santo extrajo una espina de una pata y se quedó a vivir junto a él. La escultura es original, siendo restaurada por Palao en 1899; lo único tallado por el escultor fue el león mencionado, que sustituyó al anterior que apoyaba sus patas en las rodillas del santo.


Medallón con Musa Ibn Musa o Mucio Escévola.

Sobre san Jerónimo vemos otro medallón, del que ya hemos comentado al hablar de su contrario, y que también suscita cierta controversia. Se trata de un hombre joven que porta yelmo alado, trabajado con gran minuciosidad. Para Javier Ibáñez estamos ante el héroe romano Mucio Escévola; poniéndolo en relación con el medallón situado en el otro lateral, también el la parte superior, en el que identifica al rey etrusco Porsena, como ya hemos comentado.


También en este caso, la historiadora Carmen Gómez disiente de esta atribución, ya que ella le identifica con Muza o Musa Ibn Musa (vemos que en el medallón hay una inscripción: MUSA), caudillo musulmán que participó en la invasión de la península ibérica y fue gobernador de gran parte de la Marca Superior; en contraposición con el medallón de enfrente, que Gómez Urdáñez reconoce al virtuoso Hermenegildo.

En realidad sean quienes sean los representados, estamos ante un programa iconográfico basado en la antigüedad clásica, y en el que el escultor ha querido plasmar el valor y la virtud, pero dentro de una iconografía histórica, no religiosa.


Tondos con retrato femenino y posible autorretrato de Gil Morlanes el Joven.

También detrás de las columnas abalaustradas del lateral izquierdo, se esculpieron dos medallones que pasan desapercibidos al espectador, al igual que los del lado derecho. En el que ocupa el lado izquierdo parece el retrato de una mujer joven, peinada y vestida "a la antigua"; y a la derecha el posible retrato de Gil Morlanes, el Joven, autor de la portada, muy al estilo de las efigies que Damián Forment tallaba en sus retablos (basílica del Pilar de Zaragoza, retablo de la catedral de Huesca). Es un tema algo controvertido, ya que para algunos estos tondos podrían haber sido realizados en la restauración de 1754-59, momento en el que se pensaba que la portada había sido realizada por Damián Forment y por ello se tallaron los retratos de Damián Forment y su esposa o una de sus hijas, pero no se puede afirmar, ya que no se conservan documentos que lo corroboren. Lo más probable es que se trate del escultor autor de la portada: Gil Morlanes el Joven, acompañado de su esposa, Isabel Aymerich, con la que se casó en 1514.


Cuerpo central del arco de entrada.

En la parte inferior central se abre la puerta de acceso al templo, en arco de medio punto, con dos arquivoltas, en cuyas jambas se alojan cuatro esculturas de obispos y santos mártires, dos por cada lado (en la original en número de ocho, dos arriba y dos abajo. Las hornacinas de la parte inferior se taparon en la obra de la segunda portada). En el de la izquierda, podemos ver a la izquierda a san Prudencio, y a san Lamberto; y en el de la derecha, a san Esteban y a san Valero, todos santos aragoneses.


Arquivoltas del arco de entrada.

Sobre la puerta de acceso se abren dos arquivoltas decoradas con cabezas de querubines con seis alas, tal y como se describe en la profecía de Isaías 6:2: "Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas..." Algunas de estas cabecitas fueron rehabilitadas por Palao, dado su pésimo estado de conservación.


Escudos en las enjutas de la puerta.

En las enjutas se observan dos escudos reales, pertenecientes a Fernando el Católico, ya que aparece en el escudo incorporado el reino de Navarra, por lo que la datación de la portada ha de situarse a partir de 1512, fecha en la que Navarra fue anexionada a la Corona de Aragón. Tenemos que decir que en la época que se realizó la portada, Isabel la Católica ya había fallecido (su muerte se produjo en el 26 de noviembre de 1504 en Medina del Campo), y Fernando el Católico estaba ya ,casado con su segunda esposa Germana de Foix (enlace que se produjo el 19 de octubre de 1505). Muriendo el rey católico el 23 de enero de 1516, un año más tarde de comenzar la portada, en la localidad de Madrigalejo, Cáceres.


San Esteban y san Valero, esculturas de las jambas del lado derecho.

En las hornacinas de las jambas del lado derecho podemos ver a san Esteban, considerado el primer mártir de la iglesia, y uno de los primeros diáconos nombrados por los mismos apóstoles. Está vestido de diácono, con la dalmática, y portando en ella las piedras con las que le lapidaron; Palao tomó como modelo la escultura original de san Esteban que se conserva en el Museo Provincial de Zaragoza. A su lado, san Valero, patrón y obispo de Zaragoza, escultura que está muy próxima a la realizada por Palao para la capilla de Santiago del Pilar de Zaragoza.

San Prudencio y san Vicente, esculturas de las jambas del lado izquierdo.

En las jambas del lado izquierdo, Palao talló a san Prudencio, obispo que fue de Tarazona; y a san Vicente, diácono y discípulo de san Valero, que murió en Valencia hacia 304 martirizado por Diocleciano. Aquí le representa con el símbolo de su martirio: la rueda de molino con la que fue arrojado al mar.

Durante la rehabilitación del siglo XVIII, en la parte inferior de las jambas, donde se abrían hornacinas para cobijar a santos mártires, éstas se taparon colocando una serie de placas decoradas con motivos vegetales y candelieri.

Segundo cuerpo de la portada.

En el segundo cuerpo se encuentran los mecenas de esta portada, los Reyes Católicos, flanqueando a Santa María de las Santas Masas, y santos y personajes que les acompañan. Los reyes que habían sido reconocidos por el Papa Borja Alejandro VI en 1493 y 1496 como "verdaderos reyes y príncipes católicos", son representados como verdaderos defensores de la fe de Cristo y su expansión.


Situados a ambos lados de la Virgen con el Niño, es la plasmación de los Reyes en su aspiración de la salvación eterna, por mediación de Santa María, y de la muerte de Cristo (Calvario del ático), rodeados de santos y mártires que serán también intermediarios para lograrlo.

Este segundo cuerpo fue comentado por el teórico y pintor Jusepe Martínez, quien comentaba: "Estos retratos estan hechos por manera más moderna y noble que todo lo demás, con ser excelente", luego comenta que "Nuestro Juan Morlanes tuvo un hijo de grande espíritu y estudio, que superó en mucha parte a su padre, y éste acabó la dicha obra".


Soldados o "Reyes de Armas". Soldado alegre.

En los extremos se sitúan dos imágenes curiosas, son los llamados por Martón "Reyes de Armas", son los que custodian este segundo cuerpo. El cargo de rey de armas estaba muy relacionado con el protocolo; y eran fedatarios de la nobleza y linaje de los nobles. El cargo tuvo muchas prerrogativas y gran importancia en su momento.

Ambos están armados con alabardas y tocados con yelmos alados. El soldado de la derecha sonríe, del mismo modo que el rostro que está representado en su escudo. Hay que comentar que en la escultura original, la escultura que sonreía, tenía el rostro del escudo con una mueca triste, pero en la rehabilitación de la portada entre 1754-59 se cambiaron los escudos, así como los brazos que los portaban, de ahí la postura forzada de las esculturas. La orla de su vestimenta tiene una inscripción: "TANTO MONTA" (tanto monta, monta tanto Isabel como Fernando), y en el cuello: 1410.

Soldado triste.


El soldado de la izquierda tiene el rostro triste, al igual que el escudo. En su cuello se puede leer: "NO TEMAS", y en el borde de su túnica: "TANTO MONTA".


San Lamberto.

En el lado derecho, al lado del soldado alegre, y flanqueando la hornacina de Isabel la Católica, se colocó otro santo aragonés: san Lamberto, que fue decapitado por un soldado romano cuando venía de trabajar la tierra, y cogiendo él mismo su cabeza se dirigió hasta donde estaban los mártires de Santa Engracia y saltó al pozo para ser enterrado junto a ellos.


San Lupercio.

En el lado izquierdo, junto al soldado triste y flanqueando la hornacina de Fernando el Católico , san Lupercio, tío de santa Engracia, que fue martirizado junto a los 18 mártires zaragozanos en el año 303, bajo el prefecto imperial Daciano, el gran perseguidor de los cristianos hispanos en tiempos de Diocleciano.


Parte central del segundo cuerpo.

En el centro de este segundo cuerpo podemos ver tres hornacinas, en las que se ubican los Reyes que rinden pleitesía a Nuestra Señora de las Santas Masas. Para la historiadora del arte Carmen Morte los modelos pudieran pertenecer a Gil Morlanes el Viejo. Las figuras de los reyes son casi figuras de bulto redondo, talladas con más minuciosidad, al igual que santa Catalina.

Como comenta Carmen Morte puede ser que la iconografía de las dos imágenes orantes de los Reyes Católicos, estuviera fijada antes de morir la soberana, ya hemos comentado que falleció en 1504, o bien que los asesores de Fernando de Aragón, o su nieto Carlos I, que terminó la obra en 1519, colocaran las esculturas reales por razones políticas.

Si en vida de la reina la fama de los Reyes Católicos como defensores de la fe cristiana se vio favorecida, a partir de la muerte de la reina en 1504 y el viaje del rey a Nápoles, en donde hizo su entrada triunfal el 1 de noviembre de 1506, su imagen, tal y como afirma Carmen Morte, deviene en un "nuevo imperator christianus". Su fama como buen rey, pacificador y protector de la cristiandad fue en ascenso, convirtiéndose en el nuevo Augusto.


Isabel la Católica junto a santa Paula y santa Catalina de Alejandría.

En el espacio de la derecha se presenta a la reina Isabel la Católica arrodillada sobre un gran almohadón, ante un reclinatorio, fijando su mirada hacia el frente donde se ubica la Virgen con el Niño. A su espalda, santa Catalina de Alejandría, santa asociada a la corona de Castilla. A la derecha, santa Paula, nacida en el año 347, fundadora de la rama femenina de los jerónimos.


Detalle del grupo escultórico de Isabel la Católica.

Santa Catalina está representada como una dulce doncella con corona y portando un libro en su mano derecha, demostración de su sabiduría, mientras en su izquierda lleva una espada, a sus pies podemos ver la rueda de su martirio y la cabeza del emperador Magencio, que fue quien ordenó su muerte.


La reina se presenta en actitud orante, con un gran rosario entre sus manos enguantadas. Su rostro es bello y sereno, pero mostrando su carácter y su fuerza, fijando su mirada hacia el frente, donde se halla la hornacina en la que se cobija Santa María de las Santas Masas. Isabel se cubre con una amplia capa, y oculta sus cabellos con una cofia y por encima una toca casi transparente que dejaba entrever el pelo, sobre la que se alza la corona real.


A la izquierda y mirando al espectador, casi con arrogancia, se sitúa santa Paula, compañera de fatigas de san Jerónimo. Ambos santos fundadores de la Orden de los Jerónimos, Orden a la que iba dedicado el monasterio.


Fernando el Católico, junto a san Jerónimo y san Juan Bautista.

En el casetón de la izquierda se identifica a Fernando el Católico, flanqueado, a la derecha por san Jerónimo, en equivalencia con santa Paula, que hemos visto se situaba al lado de la reina; y a la izquierda por san Juan Bautista, santo también adscrito a la corona de Castilla.


Detalle del grupo escultórico de Fernando el Católico.

San Jerónimo, al igual que santa Paula, estaban mirando hacia el espectador; aunque la cabeza del santo fue girada en la restauración de Palao. Está representado como eremita, con larga barba, y acompañado del león, que asoma por debajo de las telas del reclinatorio delante del cual aparece el rey Católico, en igual actitud que su regia esposa.

Don Fernando está arrodillado sobre un gran cojín y orando: "Pietas Regis"; es el ser defensor de la fe cristiana. Ataviado con ricas vestiduras y pesado collar de oro de grandes eslabones que apoya en el hombro (son los collares denominados: "collares de hombro"), que "tuvieron el carácter de joya de Estado al asociarse a los signos de poder y magnificencia". Junta sus manos en las que lleva un rosario de grandes cuentas. Esta representado, como su esposa, como donante.

Tras él, la figura de san Juan Bautista, cubierto por una piel de camello, y llevando en su mano izquierda un libro sobre el que lleva un Cordero, como Precursor de Cristo.


Santa María de las Santas Masas.

En el centro de este segundo cuerpo aparece la Virgen de las Santas Masas, patrona de los mártires de la cripta. Se le ha representado sentada en un trono, como si fuera una matrona italiana. Tiene al Niño de pie en su halda, flanqueados por ángeles que tañen instrumentos, mientras en la parte superior dos ángeles volando sostienen sobre la cabeza de la Virgen una rica corona.


Detalle de Santa María de las Santas Masas.


En el conjunto se notan varias manos, en algunos ángeles y en el Niño, que tienen menor calidad.



Calvario.

Culmina esta portada-retablo con un Calvario magnífico, pero desgraciadamente, la escultura de la Virgen y de san Juan fueron mutiladas, partiéndolas por la mitad. Las partes superiores desaparecieron, siendo remozadas por Carlos Palao. El Cristo fue restaurado por este mismo escultor.


La Sinagoga.

Finalmente comentar las alegorías que se sitúan en los extremos de este tercer cuerpo. A la derecha podemos ver a la Sinagoga, simbolizada como una mujer joven sentada, con los ojos tapados y con una corona que está a punto de caer de su cabeza. En su mano izquierda porta las Tablas de la Ley de Moisés.


La Iglesia.

A la izquierda la Iglesia, también tallada como una joven con la melena suelta, sentada y llevando en su mano una antorcha encendida. Esta fue realizada por Carlos Palao, ya que la original se perdió.


Esta magnífica portada de alabastro supuso para la Zaragoza del siglo XVI un revulsivo en el panorama artístico, porque aunque el diseño partiera de Gil Morlanes el Viejo, en un lenguaje del gótico final, y no podemos atribuir a un escultor en concreto (Morlanes padre o hijo), en algunas de las diversas esculturas que se conservan, se ven influencias italianizantes que nos introducen en el nuevo estilo que se vislumbraba: el Renacimiento.



Hasta aquí el pequeño estudio sobre esta magnífica portada, que tras la restauración realizada entre 1992-1993, llevada a cabo bajo la dirección técnica de Ana Laborde Marqueza, y por un equipo del Instituto Central de Restauración de Bienes Culturales de Madrid (I.C.R.B.C.), luce en todo su esplendor.

Hasta el próximo vuelo, cuidaros todos.



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