Retablo de san Miguel Arcángel. Iglesia de la Asunción. Abanto (Zaragoza). Atribuido a Juan Soreda.


En noviembre del año 2009 se puso en marcha el proyecto de Escuela Taller “Juan Arnaldín”, programa llevado a cabo por la Diputación de Zaragoza en colaboración con el Instituto Aragonés de Empleo y el Fondo Social Europeo, para restaurar obras de arte de la provincia. Durante catorce años han llevado a cabo la rehabilitación de más de mil obras conservadas en unos ciento cincuenta municipios zaragozanos.


El 11 de abril de 2019 se inauguró en el Palacio de Sástago de Zaragoza la Exposición de "Joyas de un Patrimonio", en la que se exponían obras restauradas en municipios zaragozanos desde el año 2011 al 2019. Con gran interés la visité, y entre las obras que se exhibían me sorprendió gratamente, entre otros, este magnífico retablo de la iglesia parroquial de la Asunción de la Virgen, también conocida con el nombre de San Bernardo, de la localidad zaragozana de Abanto, situada al suroeste de la Sierra de Pardos, en la Comunidad de Calatayud. Retablo bajo la advocación de San Miguel Arcángel acompañado por tres donantes. Una obra desgraciadamente muy desconocida.


En la mencionada exposición este retablo estaba situado al lado del también magnífico retablo de la Visitación de la iglesia de Santa María de Tauste, obra de 1550-1555, de Diego González de San Martín y Francisco Metelín, que veremos en otro momento. No se tiene ningún dato del retablo de Abanto, obra, hecha a "pincel" y fechada en 1520 por Francisco Abbad Ríos. Para algunos autores es anterior al retablo de Santa Librada, que el mismo pintor realizó para la catedral de Sigüenza en los años 1525-28.


Parece ser que la obra "formaba parte de la primera dotación de la iglesia", junto con otras piezas traídas del monasterio de Piedra (entre ellas el retablo mayor), y del deshabitado lugar de Pardos (perteneciente actualmente al municipio de Abanto). Hace unos años el historiador Javier Ibáñez lo relacionó con la escuela toledana; pero últimamente se le atribuye al pintor Juan Soreda, pintor renacentista que trabajó por tierras de Sigüenza, Valladolid y El Burgo de Osma, donde murió en 1537. Como comenta el historiador del arte Javier Ramos Gómez: Soreda fue "un pintor con marcada personalidad que conoció y utilizó el lenguaje que imponían en Castilla Pedro Berruguete, Juan de Borgoña o el enigmático pintor de nombre Santa Cruz. La importancia de Juan Soreda radica en la modernidad de sus fuentes de inspiración formal e iconográfica así como en la influencia que ejercerá en Castilla (desde Valladolid a Zamora pasando por Soria y Segovia) e incluso en la zona occidental de Aragón".


En las primeras obras de Juan Soreda se ve la impronta de modelos cuatrocentistas italianos, tomada indudablemente de las numerosas estampas que en aquella época circulaban por la península, traídas por viajeros, comerciantes, alto clero; tanto italianas ( Nicoletto da Modena, Mantegna, Agostino Veneciano, Marco Dante da Ravenna, Maestro del Dado, Antonio da Trento, y sobre todo de Marcantonio Raimondi, entre otros), como del norte (sobre todo de Albert Durero, de Martín Schongauer y de Luca de Leyde), así como de artistas de su entorno como Juan de Borgoña y Pedro Berruguete. En su obra posterior ya se notan los ecos de Leonardo, Rafael y de Miguel Ángel (como podemos ver en el retablo ya mencionado de Santa Librada), introduciendo la influencia de estos grandes maestros italianos en Castilla y desde aquí, a la Comunidad de Calatayud, especialmente a través de las tierras del arciprestazgo de Ariza, que si bien en aquella época pertenecían a Aragón, estaban adscritas al Obispado de Sigüenza hasta el siglo pasado.


El retablo de Abanto está formado por una predela, de tres calles, sobre la que se apoya el cuerpo principal, con una única escena, rematando el conjunto una venera con el escudo de armas de la familia donante.


Antes de comenzar a comentar este retablo y su iconografía, hay que mencionar la mazonería del mismo, realizada "a lo romano", muy característica del primer Renacimiento, con decoraciones a candelieri, con arcos rebajados que descansan en semicolumnas con capiteles con motivos fantásticos.


La parte central rodeada por una polsera muy decorada. La parte superior está formada por un un friso, flanqueado por pequeñas pilastras. Rematando el conjunto una venera, en cuyo centro vemos el escudo nobiliario de la familia donante, entre flameros. Desconocemos el nombre del entallador que realizó esta magnífica obra, pero por las características y estudios realizados parece que pudiera proceder de artistas de la ciudad episcopal de Sigüenza.


El retablo, de gran calidad técnica, está formado por una predela, flanqueada por dos pedestales decorados con candelieri, en la que se representan tres escenas bajo arcos rebajados, separadas por columnillas. A la izquierda se representa a san Juan Bautista con santa Lucía, en el centro san Martín de Tours partiendo su capa y dándosela a un pobre; y a la derecha santa Bárbara con san Roque. Las tres escenas, aunque con diferentes personajes, están enmarcadas dentro del mismo paisaje, que cubre todo el fondo de la predela. Todo el retablo destaca por el magnífico colorido.


En la escena de la izquierda, ante un cuidado paisaje, vemos a san Juan Bautista, bendiciendo una copa en la que el veneno que le iba destinado sale en forma de serpiente o dragón. El tema iconográfico de «Juan con la copa», carece de fuente bíblica, proviene de una obra apócrifa del siglo II: "los Hechos de Juan", y que fue recogida en la Leyenda Dorada del siglo XIII por Jacopo de la Voragine, en donde narra que Aristodemo, el primer sacerdote del templo de Artemisa en Éfeso, retó al santo a beber una copa que contenía veneno y demostrar que el Dios de san Juan lo salvaría de una muerte segura. Juan se sometió a la prueba, hizo la señal de la cruz sobre la copa y bebió hasta la última gota, sin que el veneno le dañara.


Las figuras de san Juan, santa Lucía son típicamente soredianas, tanto por su diseño como por el colorido.


A la derecha de san Juan, santa Lucía de Siracusa, aparentemente en conversación con el anterior. Está representada como una joven, de fino rostro ovalado, que cubre su largo cabello con un transparente velo, y lleva en su mano derecha la palma de martirio, mientras en su mano izquierda porta, en un platillo, los ojos, que según la tradición le fueron arrancados en su martirio, muriendo días más tarde cuando el procónsul Pascasio mandó cortarle la cabeza, hecho que sucedió durante las persecuciones de Diocleciano a los cristianos en el año 304.


La siguiente escena, más convencional que las otras dos, presenta un pasaje de la vida de san Martín de Tours, en el que el santo, corta su capa para compartirla con un pobre mendigo que se ha encontrado semidesnudo en su camino hacia la ciudad francesa de Amiens, donde se dirigía con las tropas romanas en el año 337.


San Martín era un soldado del ejército romano, el pintor lo ha representado con ropas características del siglo XVI, calzas verdes y dorado jubón con mangas abullonadas, cubriéndose con un elegante sombrero adornado con una pluma de ave. Va montado en su caballo blanco y eleva su brazo derecho, empuñando una larga espada para cortar su capa y entregársela al pobre mendigo que le ha pedido ayuda en un frío día de invierno. Esa misma noche, como cuenta la tradición, el santo vio en sueños a Jesucristo vestido con el medio manto que él había regalado al pobre y oyó que le decía: "Martín, hoy me cubriste con tu manto".


En la última escena vemos, a la izquierda, a Santa Bárbara de Nicomedia, quien fue encerrada en una torre (a su espalda) por su padre, el sátrapa Dióscoro, para evitar que la conocieran los hombres. Bárbara se convirtió al cristianismo, y su propio padre la asesinó, cortándole la cabeza. La santa dirige su mirada hacia la figura situada a la derecha, que no es otro que san Roque, nacido en 1350 en Montpellier, y que se hizo peregrino, dedicándose a cuidar a los infectados por la peste. A su paso por Piacenza se infectó él mismo, siendo cuidado por un perro. Al regresar a la ciudad donde nació lo confundieron con un vagabundo y fue condenado a prisión, donde murió. Viste hábito de peregrino y es atendido por un ángel que le está curando las heridas que le provocó la peste.


Tanto en esta escena como en la primera de san Juan y santa Lucía, podemos afirmar que las figuras femeninas están tratadas con más detenimiento (es de resaltar el lujoso vestido de brocado de Santa Bárbara) y con dibujo más cuidado. Tanto santa Lucía como santa Bárbara recuerdan a otras figuras femeninas que pintó, como la Sibila Samia, que forma parte del conjunto de cuatro tablas con profetas y sibilas conservadas en el Museo de san Gil de Atienza (hacia 1530); y la Verónica de la predela el Museo Lázaro Galdiano de Madrid, fechable hacia 1520.


En el cuerpo central del retablo aparece san Miguel arcángel venciendo al demonio, flanqueado por tres donantes, que no se han identificado. La escena se desarrolla sobre un paisaje de tono muy "italianizante", con la línea del horizonte muy alta. Como ya hemos comentado en la obra destaca el exquisito cromatismo y el cuidado dibujo del que el artista hace gala en este retablo.


Centra la escena el arcángel san Miguel Arcángel, representado en un marcado contraposto; quien con gran energía alza en su mano derecha una gran espada; mientras con su mano izquierda sostiene la balanza de la Psicostasis (pesaje de las almas).


El término Psicostasis proviene del griego y significa el peso del espíritu o la lucha del alma. Esto es, el procedimiento por el cual se determina la condenación o salvación eterna. En el cristianismo sucederá al final de los tiempos, cuando se produzca el Juicio Final y San Miguel pese en una balanza las buenas y malas acciones de cada uno. En este proceso también interviene el diablo, quien utiliza artimañas para inclinar la balanza a su favor y llevarse el alma al infierno.


San Miguel es uno de los tres arcángeles (Miguel, Rafael y Gabriel) que la iglesia católica reconoce. Su culto fue aprobado en el año 745 por el Concilio de Letrán. Y su fiesta se celebra el 29 de septiembre. Era un ángel intercesor, al que rezan reyes, nobles y caballeros. Durante el gótico fue uno de los santos más venerados (su devoción se extendió en la segunda mitad del siglo XIII mediante la Leyenda Áurea de Jacopo della Voragine), ya no sólo como combatiente contra las fuerzas del mal y los enemigos de la iglesia, sino también, como hemos comentado, por su función como conductor de almas (psicopompo).


San Miguel desempeñaba un papel importantísimo en el Juicio Final, ya que como en otras religiones (Anubis en Egipto, Hermes en Grecia, Mercurio en Roma), era el encargado de pesar las acciones buenas y malas de los difuntos, y conducirlos hacia la vida o hacia el castigo eterno.


Una variante, que no es estrictamente una escena de Psicostasis, se produce cuando el arcángel sujeta la balanza y a su vez con una lanza o espada ataca al diablo; produciéndose un sincretismo entre dos temas propios de su iconografía: el Pesaje de las almas y su lucha con el demonio. Este es el caso de esta obra, en la que el arcángel sujeta con su mano izquierda la balanza, mientras en su mano derecha porta la espada que va a clavar al maligno, al que está pisoteando.


San Miguel está representado como un bello joven, de fino rostro ovalado, con larga melena sujeta con una guirnalda de flores, en cuyo centro lleva un broche. Sus grandes alas desplegadas reflejan su naturaleza de arcángel. En la obra vemos gran interés en representar los detalles de la armadura de cuero de color rosada, cuya plasmación de la anatomía convierte a la coraza en una segunda piel. Alrededor de la cintura lleva un cinturón de querubines y camafeos. Se cubre con una amplia capa granate que ondea al viento. Sus antebrazos y sus piernas están cubiertas con relucientes brazales y grebas negras, calzando zapatos de cuero rojo, que destacan encima del cuerpo monstruoso del demonio que ha caído vencido en el suelo.


El hermoso rostro del arcángel, algo andrógino, recuerda al de Santa Librada de Sigüenza y al de la Virgen con el Niño conservada en el Museo de Bellas Artes de Dijon, realizada hacia 1520.


San Miguel porta en su mano izquierda la balanza con dos platillos, en los que vemos a dos pequeñas figuras desnudas (hombre y mujer), en actitud orante, que están siendo pesados, mientras el demonio tirado en el suelo intenta desestabilizar la balanza.


El demonio es concebido como un monstruo, como un engendro híbrido o zoomorfo, velludo y de tono oscuro, que contrasta con la blanca tez del arcángel, que se relaciona con la pureza y la virtud. Satanás es sobre todo, feo y oscuro La fealdad y la oscuridad, ya desde la Edad Media, se identifica con lo monstruoso y, por lo tanto, con lo malvado. Tiene grandes orejas y manos y pies con largas uñas negras, más bien garras. Sus rodillas son fauces de monstruos. Como curiosidad apuntar que se le ha representado con pechos claramente femeninos. El mismo Aristóteles consideraba a la mujer como ser imperfecto e inferior al hombre, y el apologista cristiano Tertuliano afirmaba que el cuerpo femenino era el símbolo del mal. La demonización de la mujer en el arte aparece a finales de la Edad Media; identificando el pecado con el sexo femenino, de ahí que en algunas obras el demonio tenga atributos femeninos.

En cuanto a los tres personajes que aparecen junto al arcángel, podemos pensar que son miembros de una misma familia, y que fueron los donantes de este retablo, en cuyo ático podemos ver el escudo que representa de perfil y pasante a una vaca dorada sobre campo azur, quizás el escudo nobiliario de su apellido.


A la derecha aparecen arrodillados, ante el arcángel, dos de ellos: un hombre y una mujer, que unen las manos orando por sus almas.


A la izquierda vemos un clérigo, con sotana negra sobre la que lleva un roquete casi transparente, que arrodillado junta sus manos en actitud de oración.


Interesante es el delicioso paisaje del fondo, utilizando un claro efecto de perspectiva aérea, disminuyendo la intensidad del cromatismo y la definición de los objetos en la lejanía, técnica utilizada por Rafael y Leonardo Da Vinci. Al mismo tiempo, como deja patente en su estudio sobre esta obra Jesús Criado Mainar: Soreda "consigue una bella ambientación espacial a la flamenca", con arquitecturas y una serie de detalles que entroncan con la miniatura. Soreda ha representado una ciudad idílica, amurallada; en cuyo primer término vemos un río en donde dos personajes navegan en una barcaza, pudiendo contemplar al fondo un puente y un conjunto de árboles que proporcionan perspectiva a la obra y a una serie de personajes que muestran la vida cotidiana de esa ciudad. En el paisaje se pone en evidencia su conocimiento del arte "del Norte", y de Italia.


El retablo de san Miguel Arcángel de Abanto es una importante obra dentro del primer Renacimiento conservada en Aragón. Su autor ha sido considerado como el punto de unión de dos generaciones de artistas: una formada con pintores como fueron Pedro Berruguete, Juan de Flandes y Pablo de San Leocadio; y otra con Alonso Berruguete, Pedro Machuca, Vicente Maçip y Pedro Fernández. Su producción está marcada por las influencias de finales del Quattrocento y del pleno Renacimiento italiano. Como conclusión decir que hay que poner en valor la importancia del pintor Juan Soreda en la "introducción del arte de Rafael en las tierras de Guadalajara y Zaragoza, entre los territorios diocesanos de Sigüenza y Tarazona", como comenta el historiador Javier Criado Mainar.



Espero qué os haya gustado esta preciosa obra, que actualmente podéis visitar en la iglesia parroquial de la Asunción de Abanto. Un bonito lugar para visitar.


Hasta el próximo vuelo.




BIBLIOGRAFÍA:


-Abbad Ríos, Francisco, Catálogo Monumental de España. Zaragoza, Madrid, Instituto «Diego Velázquez» del C.S.I.C., t. I, pp. 495-496.


-ÁVILA, Ana: El pintor Joan Soreda. Estudio de su obra. Revista Goya. Revista de arte, nº 153, 1979, pp. 136-145.


-ÁVILA, Ana: Influencia de la estampa en la obra de Juan Soreda. Boletín del Museo e Instituto Camón Aznar, nº 6-7, 1981, pp. 81-93.


- Ibáñez Fernández, Javier, «Nuevas pinturas de escuela toledana en la Comarca de Calatayud», Actas del VII Encuentro de Estudios Bilbilitanos, Calatayud, Centro de Estudios Bilbilitanos, 2008, pp. 500-501.


-CORTES PERRUCA, José Luis: Los bienes dispersos del Monasterio de Piedra: Problemáticas de identificación y estudio: https://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/38/12/23cortes.pdf


-RAMOS GÓMEZ, F.: "Juan Soreda y las tablas del retablo de Luzón (Guadalajara)":

https://www.academia.edu/40851571/_Juan_Soreda_y_las_tablas_del_retablo_de_Luz%C3%B3n_Guadalajara_


-VV.AA.: https://www.academia.edu/43374900/Joyas_de_un_Patrimonio_V_Restauraciones_de_la_Diputaci%C3%B3n_Provincial_de_Zaragoza_2011_2019


-LAURA RODRÍGUEZ PEINADO: “La Piscostasis”: https://www.ucm.es/data/cont/docs/621-2013-11-21-4.%20Psicostasis.pdf


-CARLES SÁNCHEZ MÁRQUEZ: “La iconografía de la Psicostasis a partir de un ejemplo hispano: la portada sur de San Miguel de Biota”: file:///C:/Users/Usuario/Downloads/Dialnet-LaIconografiaDeLaPsicostasisAPartirDeUnEjemploHisp-3579952.pdf


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