Ermita de San Miguel Arcángel. Gormaz (Soria).


Ermita de san Miguel Arcángel y Fortaleza de Gormaz.


Soria, la gran desconocida. Adentrarse en esta querida tierra es pasear por lugares llenos de historia, arte y entornos naturales preciosos. Soria tiene un fantástico legado medieval. Toda la provincia está repleta de interesantes y sorprendentes muestras de arte románico, ya que en casi todos los pueblecitos que visitamos podemos admirar algún monumento de este estilo.


Uno de esos pueblecitos en el que podemos contemplar una de las joyas más importantes del arte románico, es la pequeña localidad de Gormaz. Está situada al suroeste de Soria, en el margen derecho del majestuoso río Duero; y por su estratégica posición fue muy disputada durante los siglos IX, X y XI entre cristianos y musulmanes. Gormaz es conocida sobre todo por su impresionante fortaleza califal; así como por la ermita de san Miguel Arcángel, uno de los edificios más interesantes del románico castellano-leonés.


También esta ermita es desgraciadamente muy desconocida, fue declarada monumento Histórico-Artístico en el año 1976. Una iglesia que, tras la restauración llevada a cabo entre 1996-2007, se ha convertido en uno de los monumentos más notables del románico peninsular, no solo porque su galería porticada es considerada la más antigua conocida dentro de ese estilo, sino por las interesantes pinturas románicas que en ella se descubrieron.


Hay lugares en los que sientes que la historia y el arte se unen y te envuelven, Gormaz es uno de ellos. Comenzando por la impresionante fortaleza de época califal que se alza en el alto cerro, a orillas del río Duero, cauce que en muchas ocasiones sirvió de frontera entre musulmanes y cristianos. En la ladera sur de este cerro, encontramos esta pequeña ermita dedicada a san Miguel Arcángel, a la que hoy vamos a dedicar nuestro vuelo. Una pequeña iglesia con un gran valor cultural dentro del panorama artístico de la Península Ibérica.


Villa de Gormaz.


La zona de Gormaz, situada en la conocida como "Frontera del Duero", límite entre territorio cristiano y musulmán, tuvo gran relevancia en la Edad Media; incluso en el 912 se le llamaba una de las "Puertas de Castilla"; siendo, a lo largo del siglo X, campo de numerosas batallas. Al ser tomado el castillo de Gormaz en 1060 por el rey Fernando I, quedó como señor de Gormaz, don Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, iniciándose la repoblación del sector, al abrigo de la gran fortaleza. Pero fue, sobre todo tras la conquista de Toledo en 1085 por el rey Alfonso VI, cuando se inició la reorganización del territorio, creándose agrupaciones de villas y aldeas, llamadas "Comunidades de Villa y Tierra". Gormaz se convirtió en cabeza de una de esas Comunidades; y gracias a la importancia estratégica de su fortaleza, la localidad alcanzó gran relevancia.


La localidad medieval estaba situada en la Ruta de la Lana (la Ruta Jacobea de la Lana era uno de los trazados comerciales más antiguos de la Península Ibérica) y en el Camino del Cid; y además de la fortaleza y la ermita de san Miguel, que estamos comentando, en la villa se documentan otras dos iglesias románicas: la de san Juan Bautista 2 (actualmente no se conservan restos románicos, excepto su pila bautismal que se conserva en el atrio de la ermita de san Miguel, como luego veremos); y la de Santiago 1 (hoy cementerio).


Tras la conquista, se restauraron las antiguas diócesis hispano-visigodas. La normalización de la liturgia romana frente a la hispánica comenzó en los dictados del Concilio de Coyanza (1050), en el que se permitió a catedrales y abadías adoptar el Canon Romano. En lo que se refiere a iglesias locales, se siguió realizando el rito Mozárabe o Hispano, hasta que en 1080 Alfonso VI de León y Castilla abolió la liturgia Hispánica, sustituyéndola por la Romana. La Orden que implantó esta liturgia en la península, así como la introducción del arte románico, fue la Orden del Cluny.


Vista de la ermita de san Miguel desde la Fortaleza de Gormaz.


La construcción de la ermita de san Miguel Arcángel de Gormaz se sitúa hacia 1060, momento en el que Fernando I tomó la fortaleza, se comenzaba a repoblar la zona, y antes del cambio de rito litúrgico. Es un edificio, identificado como de estilo mozárabe o "de repoblación", como otras pequeñas iglesia del entorno en la provincia de Soria, como la ermita de la Virgen del Val de la localidad de Pedro; la ermita de Santa María de Castro; y la de san Andrés de Fuentearmegil; y otras de Castilla y León.


El primer templo de san Miguel se construyó a finales del siglo XI. En origen, la iglesia tenía una sola nave con dos puertas de entrada, la portada principal al sur y otra lateral al oeste. La nave se cubría con una cubierta de madera. La nave estaba separada de la cabecera mediante un arco de herradura, que fue sustituido por uno carpanel en los siglos XV-XVI (en la última rehabilitación se repuso el arco de herradura como estaba en origen). A finales del siglo XII su interior se decoró con una serie de pinturas murales, descubiertas en la última restauración del edificio. De 1081-1100 data la galería porticada que se adosa en el lado meridional de la nave; posteriormente se erigió una espadaña, se cegaron las puertas del pórtico, se encalaron las paredes ocultando las valiosas pinturas románicas, y se ocultó la cabecera con un retablo en época barroca.


Lado meridional de la ermita.


Es un sencillo edificio, construido en mampostería, con sillares en las esquinas; con una sola nave rectangular; cabecera trapezoidal; pórtico en su lado meridional; cubierta a dos aguas; y espadaña a los pies de la nave.


En el lado meridional se erigió, como ya hemos comentado entre 1081-1100 un pórtico, al que se considera el más antiguo construido al sur del Duero, junto con el de la iglesia segoviana de San Salvador de Sepúlveda. Convirtiéndose Gormaz en uno de los centros propulsores del uso de la galería porticada en las iglesias románicas de la zona.


Este pórtico es mucho más tosco que otros ejemplos posteriores realizados en tierras segovianas y sorianas. En vez de columnas se construyeron machones. Hasta la última restauración, este pórtico estaba totalmente cegado y en un deplorable estado de conservación.


En él se abren tres puntos de entrada, dos en el muro sur, enfrentados a las puertas de entrada de la iglesia; y el tercero en el muro oriental. También se abren tres vanos semicirculares.



Muro Occidental de la ermita. Espadaña.


A los pies del templo, se eleva una espadaña con dos vanos de medio punto, que fue construida años más tarde de erigir la primitiva iglesia (siglos XV-XVI).


Vista del lado sureste. En lo alto del cerro vemos la puerta principal de la fortaleza califal.


La cabecera de la ermita es plana, según el estilo hispano-visigodo, en el que se abre un vano aspillerado.


En la cabecera exterior del pórtico, a la izquierda del vano de entrada al mismo, podemos ver una lápida con inscripciones islámicas, que seguramente perteneció a la fortaleza cercana (os lo señalo con una flecha roja).


Vista del lado sureste.


La pequeña iglesia de san Miguel con el tiempo se fue deteriorando y pasó desapercibida para muchos, incluso el profesor Juan Antonio Gaya Nuño en el año 1946, decía de ella: "Esta pobre ermita tiene una mezquina galería porticada con una puerta en arco de herradura tosquisima en el muro de levante", eran los años en los que la ermita estaba casi en ruinas y su interior totalmente encalado, desconociéndose la existencia de las magníficas pinturas que cubrían sus muros.


En el año 1990 el arquitecto José Francisco Yusta y el arqueólogo J.J. Fernández, visitaron el edificio, comprobando su gran deterioro y la existencia de restos de pinturas tras un retablo barroco que había en el testero; pinturas muy similares a las de San Baudelio de Berlanga. Esto motivo la puesta en marcha de una rehabilitación y estudio en profundidad del edificio.


En el año 1996 comenzó el proyecto para restaurar esta pequeña ermita, bajo la dirección del mencionado arquitecto, José Francisco Yusta, en el que un grupo de arquitectos, arqueólogos, restauradores, químicos, historiadores del arte, etc, comenzaron a investigar y "poner en valor" este emblemático edificio. El 31 de octubre de 1997 se notificó públicamente la existencia de estas pinturas, comenzando su rehabilitación, llevada a cabo por la empresa CORESAL, bajo la dirección del restaurador Carlos Tejedor Barrios, del Centro de Restauración de la Junta de Castilla y León en Simancas (Valladolid).


Tras doce años de trabajo, se llegó a la conclusión de que la ermita de san Miguel era uno de los edificios de primera magnitud en el panorama artístico soriano, al ser considerada la primera en utilizar la galería porticada; constituyendo, asimismo, sus pinturas murales, un hito en la historia del románico hispánico.


Este magnífico conjunto de frescos románicos que cubren los muros y cabecera de la ermita, guardan gran semejanza con los de San Baudelio de Berlanga, (ya comentados en otro artículo, ver bibliografía), con los de la iglesia de la Vera Cruz de la localidad segoviana de Maderuelo, y con los de San Martín de Ávila, otros edificios dignos de conocer.


Interior del pórtico.


El pórtico tiene tres entradas, dos en el muro sur, enfrentadas a las puertas de acceso a la iglesia; y la tercera en el muro este.


Dentro del pórtico, durante la restauración de la ermita, se descubrieron una serie de tumbas antropomorfas de época medieval (al igual que en los alrededores, en los que se encontró una necrópolis). Entre los años 2003-2007 se completó el embaldosado de barro de este atrio, reparando las baldosas antiguas conservadas y ejecutando las que faltaban. Se reajustó todo el enlosado con mortero de cal y dándole una capa de aceite de linaza.


En el pórtico actualmente se abren dos portadas de acceso al interior del templo; y al fondo, en el extremo oeste, se colocó una antigua pila bautismal.


Pila bautismal del Pórtico.


En el extremo occidental del pórtico vemos una interesante pila bautismal, fechada hacia finales del siglo XI, procedente de la iglesia de san Juan Bautista (hoy iglesia parroquial de Gormaz, construida en el siglo XVII). Tiene un fuste cilíndrico y una copa cuadrada, sin decoración, con una línea incisa en el frente. Lo curioso de esta pila es que su interior está formado por una cruz griega.


Las pilas bautismales tienen mucha relación con el Bautismo por inmersión, desde los primeros tiempos hasta el siglo XV, que se impuso, en la iglesia católica, el sistema de infusión, sistema consistente en derramar agua sobre la cabeza del neófito. En la Edad Media ya se comenzaron a construir edificios anejos a las iglesias, llamados baptisterios, para bautizar en ellos, y a colocar dentro de las iglesias pilas más pequeñas. En el románico, la pila de bautizar solía estar junto a la puerta de entrada, en el atrio, o bien, dentro de la iglesia, en un rincón, en el lado del Evangelio.


Detalle de la cruz griega del interior de la poza.


Portada occidental que da acceso al templo.


En el muro meridional del pórtico se abren dos puertas, conservándose la situada en el extremo occidental. Estamos ante una portada en arco de herradura con salmeres redondeados y dovelaje de estilo califal del siglo X. Esta portada fue abierta durante la restauración, anteriormente estaba cegada.


Portada principal de acceso al interior.


En el centro del muro se abre la portada principal (la original, hoy perdida, era de estilo mozárabe). La que podemos ver actualmente, es románica, de los siglos XII-XIII, perteneciente a la desaparecida iglesia románica de Santiago (actualmente el cementerio y en lo alto de la ladera).


La portada está incompleta, ya que ha perdido el arimez. Está formada por cuatro arquivoltas, dos planas, una de baquetón y otra ajedrezada. Las columnas que las sustentan están decoradas con capiteles pertenecientes a otros edificios desaparecidos.


Capiteles de la portada principal.


Los capiteles del lado derecho de la portada principal de la ermita, están decorados con motivos geométricos y gruesos bulbos. Son capiteles reaprovechados de otros edificios. El sillar de la izquierda tiene una inscripción romana o visigoda.


Capitel del lado izquierdo de la portada de entrada.


Decorado con cuadrúpedos afrontados.


Interior del templo.


Entramos en su interior y nos encontramos con una sobria iglesia de una sola nave de planta rectangular, iluminada por tres saeteras, cubierta con armazón de madera. La nave está separada del presbiterio por un arco (para algunos "arco triunfal"), que da paso a la propia cabecera del templo. Tiene planta trapezoidal, con testero plano y cubierta con bóveda de cañón. El suelo de toda la ermita, como en el caso de san Baudelio de Berlanga, es la misma roca.


Lo más interesante de esta ermita es la existencia en los muros sur y norte de la nave y de la cabecera de una serie de pinturas de la cuarta década del siglo XI. En los que se utilizó la técnica del temple, muy relacionadas con los magníficos frescos de san Baudelio de Berlanga (ver el artículo que escribí sobre esta iglesia, enlace en la bibliografía) y de los de la iglesia segoviana de la Vera Cruz de Maderuelo.


Durante los trabajos de restauración del edificio entre 1998 y 1999, se llevaron a cabo trabajos de desencalado (las pinturas estaban cubiertas por una gruesa capa de cal) y consolidación de la superficie pictórica, continuando en los años 2001-2002 la rehabilitación de las pinturas de la nave. Los restauradores descubrieron que no se pintó toda la nave, sino que solo había restos de pinturas en los muros Norte, Sur y Este.


Las pinturas se distribuían en los muros en tres registros horizontales (como era común en la pintura romana, bizantina y medieval), separados por frisos corridos con decoración geométrica. Solo se conservan parte de ellas, la parte inferior se ha perdido casi toda, ya que posteriormente al pintar la iglesia se colocó alrededor de la misma un banco de piedra, lo que provocó su deterioro, como luego veremos. Sí, se descubrieron ocho cruces patadas pintadas en rojo (se cree que en origen eran catorce) en lugares que pueden hacer pensar que pudiera tratarse de un recorrido litúrgico primitivo, al estilo del Vía Crucis (que consta de catorce estaciones), aunque también pudieran ser cruces de consagración del templo, que cumplían la función de bendecir el templo, por lo general eran doce, como los doce apóstoles.


Muro occidental de la iglesia.


En esta iglesia varios temas quedan pendientes. Uno de ellos es el motivo por el cual la parte Occidental de la nave no fue decorada, solo la zona que está más cerca del testero y la propia cabecera. La hipótesis que se baraja es que en la nave se distribuyeron dos espacios diferentes, separados por cortinajes. Esta conjetura también explicaría la existencia de dos puertas, una a los pies de la nave, la que se abre en arco de herradura; y la principal, que es la antigua puerta románica de la iglesia de Santiago.


Es decir, la iglesia contaría con tres ámbitos, el presbiterio, con el altar, espacio sagrado; la parte oriental de la nave, para los bautizados, distribuidos, los hombres en el lado del Evangelio y las mujeres, en el de la Epístola; y la parte occidental, sin decoración, para los no bautizados.


Al fondo, a los pies de la iglesia, en el siglo XIII se construyó un gran arco apuntado, quizás con intención de ampliar el templo hacia poniente, obra que no se llevó a cabo; o para solucionar algún problema por el peso de la espadaña que se levanta sobre este espacio. En la parte inferior de esta zona se puede ver, en el suelo, un hueco rectangular, con las esquinas redondeadas, que bien pudiera ser una pila de bautismo por inmersión (os lo señalo con una flecha roja).


Capitel derecho de la columna adosada en el muro occidental.


El gran arco situado a los pies de la iglesia se apoya en dos esbeltas columnas adosadas a los muros laterales. El capitel del lado derecho está decorado con figuras antropomórficas.


Capitel izquierdo de la columna adosada en el muro occidental, decorado con motivos vegetales.


Detalle de la pila por inmersión situada a los pies de la iglesia.


Es un hueco rectangular de unos 90 x 70 cm. y 50 cm. de profundidad, por lo que algunos arqueólogos consideran que se trata de una pila de bautismo por inmersión, aunque algunos historiadores tampoco descartan que puede tener algo que ver con el lavatorio funerario previo a la inhumación (no olvidemos la necrópolis cercana y los enterramientos que se encontraron en el atrio).


Muro Sur de la nave.


En la iglesia original los muros estaban en blanco; será en el primer tercio del siglo XII cuando se decoraron varias partes del templo. En la nave se pintaron al temple escenas del Antiguo y Nuevo Testamento, así como escenas de temática no religiosa, como luego veremos. La pintura forma una parte importante de la enseñanza a los fieles de las Sagradas Escrituras, no debemos olvidar que en la época que nos ocupa el pueblo llano no sabía leer, las pinturas eran un modo de divulgar la doctrina cristiana, y más en una época de "reforma eclesiástica".


Ya hemos dicho que los muros se pintaron en tres registros. Desgraciadamente el inferior ha desaparecido casi completamente en todo el perímetro de la iglesia. Fijándonos en el tipo de decoración de las iglesias de Berlanga y Maderuelo; incluso en la iglesia de santa Mª de Taüll en el Valle de Bohí (Lérida); como en éstas, los registros inferiores se decorarían con cortinajes y tondos enmarcando a aves con las alas deplegadas o leones, todo ornado con otros motivos vegetales y geométricos. En el Románico era muy común pintar la zona inferior de los muros con ese tipo de motivos decorativos para imitar las iglesias bizantinas que cubrían los zócalos de las naves con ricas telas bordadas.


Muro Norte de la nave.


Los artífices de la obra con seguridad pertenecieron a algún taller que trabajó por la zona norte del Sistema Central a lo largo del siglo XII (iglesias de san Miguel, y san Baudelio de Berlanga; las de Maderuelo en Segovia y san Martín en Ávila). También guardan relación con los conjuntos pictóricos que en ese momento se estaban realizando en el norte de la Corona de Aragón, como en Santa María de Tahüll (Lérida); Roda de Isábena (Huesca); y la iglesia de los santos Julián y Basilisa de la localidad zaragozana de Bagüés. En todas ellas vemos similares figuras humanas, motivos decorativos y animalísticos. Son una serie de artistas que siguen la corriente Ítalo-bizantina que penetró en España por Cataluña y Aragón.


La curiosidad viene en que en Gormaz, al contrario que en Berlanga, solo se utilizó la técnica del temple al huevo sobre una capa de cal pura. La pintura está realizada con líneas firmes y gran solemnidad. La paleta utilizada es más pobre que en san Baudelio y Maderuelo, ya que los luminosos verdes de éstas en Gormaz no aparecen; utilizando los ocres, el bermellón, el negro, el blanco y el rojo.


Muro del lado norte de la nave.


Volvemos a recordar que las pinturas se estructuraron en tres registros superpuestos. En la parte superior se representan pasajes de la infancia de Jesús; y en la parte inferior, a la izquierda, y enfrente de la puerta de entrada, un personaje, vestido con vestiduras talares. Este misma figura aparece en el derrame de la bóveda del testero, y se ha identificado como el arcángel san Miguel. Quizás se trate de él, ya que la iglesia está dedicada a este arcángel, y es la primera figura que se ve al entrar en el templo, ocupando un lugar principal; para otros autores se trataría de san Agustín, al ir vestido con ropajes eclesiásticos y sostener un posible báculo. A continuación un combate de caballeros; terminando este friso con la representación de las tres Marías (Visitatio sepulchri) portando botes de perfumes, símbolo de la Resurrección de Cristo, escena que en parte se ha perdido.


Reconstrucción infográfica del muro del lado norte de la nave.


En la fotografía que tomé en la misma ermita, podemos ver una reconstrucción infográfica, gracias a la cual podemos hacernos una idea de como estaba pintado en origen el muro del lado norte. Se ve claramente los tres registros de los que os he hablado, los temas y la terminación con cortinajes.


Parte superior del lado norte de la nave.


En el muro septentrional, en la parte superior se representaron pasajes de la infancia de Jesús, de izquierda a derecha, la Anunciación, con las figuras de María y el arcángel san Gabriel, muy deterioradas, solo podemos apreciar la cabeza nimbada del arcángel, a la derecha, y algunos trazos de la Virgen, a la izquierda. Están representados de pie, María levanta su mano izquierda como sorprendida por la aparición del arcángel.


La Visitación, en la que vemos el abrazo de María y su prima Isabel, ante la presencia de Zacarías, esposo de santa Isabel; la siguiente es el Anuncio a los Pastores; y el Nacimiento de Jesús. Estas dos últimas escenas se conservan en mejor estado.



Anuncio a los Pastores. Muro norte de la nave.


En la parte central de la pared, vemos el Anuncio a los pastores, en el que vemos claramente al ángel que porta un largo bastón e indica con su mano, a dos personajes, entre un árbol y una palmera seca (presente en el pasaje del Nacimiento de Jesús en el Corán), que vuelven la cabeza hacia él, en donde se encuentra el Niño recién nacido. Uno de ellos va vestido con una especie de capa con capucha muy puntiaguda; el otro tocado con una especie de turbante.


Nacimiento de Jesús. Muro norte de la nave.


La siguiente escena presenta a María, rodeada de una mandorla lobulada y acostada junto al Niño, totalmente fajado y en el pesebre, situado en una posición totalmente oblicua con respecto a su madre; entre ambos se vislumbra una estructura circular, que pudiera ser la pila del Baño del Niño Jesús; cerrando este registro, san José pensativo bajo un gran arco sustentado por dos bellas columnas, y aislado de la escena donde se representa el Nacimiento. Todas estos pasajes están rodeados por una orla decorativa con motivos geométricos, en la parte superior; y un friso con cuadrados y ovas en la inferior.


Hay que comentar que es extraño que no se conserven escenas tan importantes en la infancia de Jesús, como son la Epifanía y la Presentación en el Templo, con toda la seguridad estarían pintados en el testero de la nave, hoy en día sin decoración.


Parte inferior del muro norte de la nave.


Bajo estos pasajes de la Natividad de Jesús, se representa una escena totalmente diferente. En el centro se desarrolla un combate de diez jinetes, cinco a cada lado, vestidos con casco y cofia de malla; flanqueando esta escena central vemos a la izquierda un soldado, que se apoya en una torre (símbolo de una ciudad, en la que se ven cabecitas de los habitantes que están refugiados) quien con una ballesta apunta hacia los caballeros que están luchando; y a la derecha otro personaje subido en otra torre, con la misma simbología, que hace sonar un enorme olifante. Para algunos se representa la lucha entre musulmanes (algunos tocados con lo que pudieran ser turbantes), y cristianos. Otras opiniones comentan que, siguiendo a san Agustín (motivo por el cual pudiera representar a san Agustín el personaje vestido de eclesiástico representado en la parte inferior del muro norte), las dos torres pudieran representar a la civitas Diaboli o Babilonia y a la Civitas Dei, ante las que están librando batalla los ejércitos del del Bien y del Mal.


Curiosa es la representación de la perspectiva, pintando el cuerpo de los tres caballeros más próximos al espectador, mientras los otros dos solo son representadas sus cabezas que asoman sobre las otras tres.


Muro sur de la nave.


En el muro sur continua el ciclo narrativo sobre la infancia de Jesús, siguiendo la misma estructura. Tres registros, en el superior, de izquierda a derecha: a los Reyes Magos, vestidos con amplios mantos de colores, se encaminan con sus caballos hacia Belén. La siguiente escena presenta al rey Herodes, que está dialogando con ellos. El último pasaje es la Matanza de los Inocentes, que el rey Herodes ordenó tras hablar con los Magos, la escena está bastante deteriorada.


En el registro inferior se ha representado una Psicostasis, en la que el personaje principal es el santo Arcángel san Miguel, al que va dedicada la iglesia. El término Psicostasis proviene del griego y significa el peso del espíritu o la lucha del alma; esto es, el procedimiento por el cual se determina la condenación o salvación eterna. En el cristianismo sucederá al final de los tiempos, cuando se produzca el Juicio Final y el arcángel San Miguel pese en una balanza las buenas y malas acciones de cada alma. En este proceso también interviene el diablo, quien utiliza artimañas para inclinar la balanza a su favor y llevarse el ánima al infierno.


Reconstrucción infográfica del muro del lado norte de la nave.


En la fotografía, podemos ver una reconstrucción infográfica, gracias a la cual podemos hacernos una idea de como estaba pintado en origen el muro del lado sur. Se ve claramente los tres registros de los que os he hablado, los temas y la terminación con cortinajes.


Reyes Magos y Herodes. Parte superior muro del lado norte de la nave.


En este registro superior continua el ciclo de la Navidad, con los pasajes de los tres Reyes Magos ante Herodes y la Matanza de los Inocentes (ésta muy deteriorada).


De izquierda a derecha se presentan los tres Reyes Magos montados en caballos de distintas formas. Los Magos portan coronas y son figuras poco esbeltas, adaptándose al registro. Sus ademanes indican que están dialogando con el rey Herodes, con ademanes que demuestran su poca disposición en decirle donde está el Niño ("Averiguad exactamente qué hay de ese niño y, cuando lo encontréis, avisadme para ir yo también a rendirle homenaje”. Los Reyes tras ver al Niño regresaron a sus tierras por otro camino, ya que por la noche tuvieron un sueño que les avisaba de que el rey Herodes quería matar al Niño. Mt 2, 1-12). Herodes aparece tras una columna que separa las escenas. Tras ella comienza la Matanza de los Inocentes, en el que aparecen personajes con espadas en las manos degollando a los niños (escena casi perdida).


El Seno de Abraham. Muro sur de la nave.


En el registro intermedio se encuentran pasajes de la vida después de la muerte: el Seno de Abraham, la Psicostasis y el infierno.


En el mundo invisible de los muertos, los Justos estaban separados por un "muro o abismo" del lugar donde estaban las almas de los pecadores (llamado Gehenna). Los Justos estaban en el Paraíso o "Seno de Abraham ". También se nombra el "Seno de Abraham", en la parábola del hombre rico y Lázaro (Lucas, 16, 19-31), en la que se relata que un hombre pobre, Lázaro, murió y fue llevado por los ángeles al "Seno de Abraham". El rico, llamado Epulón, también murió y llevado al Ghenna o infierno, en medio de los tormentos levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él, compartiendo el reposo y la felicidad de Abraham, "el padre de los fieles".


De izquierda a derecha, vemos, en primer lugar la figura de Abraham, sentado y personificado como un anciano de cabellos y barba blanca, y amplio nimbo, y sobre una serie de protuberancias que simbolizan rocas. Viste túnica rojiza sobre la que lleva un manto negro, en el que acoge las almas de los Justos, representados por cabecitas que sobresalen de su manto. El Patriarca está flanqueado por dos árboles con hojas y frutos, simbolizando el Paraíso, a la derecha; separando la siguiente escena, una torre, que encarna a la Jerusalén Celestial. Sobre ella se abre uno de los vanos que se abren en la iglesia, decorado con motivos vegetales y geométricos.


El Seno de los Justos. Isaac y Jacob. Muro sur de la nave.


La escena continúa tras la torre, en la que aparecen en idéntica postura Isaac y Jacob, llevando en sus "lienzos psicopómpicos", a las almas que han sido salvadas del infierno. Como ya hemos visto en el pasaje de Abraham, los justos son representados como cabecitas que sobresalen de los mantos que portan los Patriarcas, quienes están ubicados en el Paraíso, tal y como podemos vislumbrar por las dos palmeras que flanquean a los ancianos, y los árboles frutales que los separa. Estos árboles y palmeras esquemáticas son del mismo estilo que encontramos en Maderuelo y Berlanga.


Pseudopsicostasis e infierno. Muro sur de la nave.


En medio del Paraíso y el infierno se colocó la parte más importante de la muerte, el Juicio de las almas, el pesaje de las buenas y malas acciones de los difuntos, por parte del encargado de llevarlo a cabo: el arcángel san Miguel. Éste separará a los Justos de los pecadores, los primeros situados en la parte izquierda del registro; los segundos en la parte derecha.


Pseudopsicostasis.


A la izquierda el arcángel san Miguel, en postura algo forzada, y acompañado por el demonio, sostiene la balanza de la Psicostasis, pero los platillos están vacíos, por eso es más bien una "Pseudopsicostasis", ya que no están pesando las almas, sino sus buenas o malas acciones (es una variante de la psicostasis en sentido estricto). En la parte inferior del platillo de la izquierda se puede leer "MIHE" (MIKE), palabra de origen hebreo que se relaciona con el nombre de Miguel. A la derecha, un demonio grisaceo intenta inclinar a su favor la balanza que porta el arcángel.


El Infierno. Muro sur de la nave.


A la derecha de la escena anterior y sobre un fondo negro, nos adentramos en el infierno, simbolizado por una gran serpiente-dragón grisacea enroscada, formando un semicírculo. Presenta una enorme cabeza, sobre la que cabalga un diablo de color rojo que intenta coger a una mujer rodeada de serpientes. De la boca de este gran monstruo salen las piernas de un condenado que ha sido engullido por la bestia.


En el centro del círculo que forma esta serpiente vemos un figura de tono ocre, comiéndose a un condenado. Este demonio, al que unas serpientes le están mordiendo los pezones, está encadenado a un palo vertical (al que según el Apocalipsis 20:1:10, el demonio tenía que estar atado cada mil años: "Vi a un ángel que bajaba del cielo con la llave del abismo sin fondo y una pesada cadena en la mano. Sujetó con fuerza al dragón, la serpiente antigua -quien es el diablo, Satanás- y lo condenó por mil años. El ángel lo lanzó al abismo sin fondo y lo encerró con llave para que Satanás no pudiera engañar más a las naciones hasta que se cumplieran los mil años".


Este palo, al que está encadenado el demonio, junto con el círculo que forma la gran serpiente, conforman la letra D Capital, inicial de Diabolus o Demonio. Toda la escena del Infierno guarda estrecha relación con la iluminación de códices de esa época.


En el infierno también vemos otras bestias y demonios atormentando a los pecadores. Varias criaturas monstruosas intentan capturar y devorar a varias ánimas. Vemos a un demonio que lleva dentro de un caldero varias almas destinadas al martirio eterno.


Hay una clara diferencia en la tranquilidad que se respira en el Paraíso o "Seno de Abraham"; con el desorden y el caos del infierno. Un claro deseo de plasmar los horrores del pecado a todo aquel que contemplara las escenas.


Arco de herradura que separa la nave de la cabecera.


La nave está separada de la cabecera, como ya hemos comentado, por un doble arco de herradura, que separaba la nave del espacio más sagrado de la iglesia, la cabecera, lugar en el que únicamente podían entrar los que celebraban el rito. Tiene planta cuadrada con el testero plano, en el que se abre un estrecho vano, y cubierta con bóveda de medio cañón.


La nave y la cabecera están separadas por un arco de herradura, que fue sustituido en el siglo XV por uno carpanel. Entre 1998 y 1999 se construyó un nuevo arco de herradura entre la nave y el presbiterio, a imitación del que encontramos en la iglesia de san Baudelio de Berlanga.


En esta zona no se conservan rstos de pinturas, aunque Nuño González, afirma que pudo estar decorada con pasajes de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.


Traspasando este arco nos adentramos en el sacnta sanctorum de la ermita, en donde se ha plasmado un programa iconográfico que podemos esbozar y que luego comentaremos: En él se plasma el Misterio de la Santísima Trinidad; y el principio y el fin de los tiempos (desde la creación de Adán, hasta el Juicio Final).


Muro occidental del presbiterio.


La cabecera, símbolo de la cabeza de Cristo, es un lugar sagrado, desde donde se oficia la liturgia. La parte más elevada, la bóveda, se reserva a Cristo, rodeado por personajes importantes dentro de la Historia Sagrada. En el presbiterio se relatan dos pasajes de las Sagradas Escrituras: el Libro del Génesis y el Apocalipsis de san Juan. Las pinturas de esta parte de la iglesia también están relacionadas con las de san Baudelio de Berlanga y con la Vera Cruz de Maderuelo.


Creación de Adán y Eva. Muro Occidental del presbiterio.


La pintura de este muro casi ha desaparecido por completo, solo se conserva en la parte superior del arco de la puerta de ingreso el pasaje sobre la creación de Adán y Eva (como podemos ver en la iglesia de Maderuelo). Estas escenas del Génesis se oponen, a las pintadas en el testero, en el arco de entrada se presenta el principio de los tiempos; y en el testero, el final, con el Juicio de Dios Padre.


En la parte inferior se pintaron cuatro ancianos del Apocalípsis, dos a cada lado del arco de herradura; y bajo ellos cortinajes, como ya hemos visto en las infografías, pero que desgraciadamente no se conserva ningún resto.


Bóveda de cañón de la cabecera.


La cabecera se cubre con una bóveda de cañón totalmente decorada, en su parte central el Maiestas Domini, en la parte inferior el Agnus Dei, y bajo él, en el único vano que se abre en la cabecera, el Espíritu Santo. Todo rodeado de personajes alados y personajes de las Sagradas Escrituras.


El programa planteado en la cabecera de san Miguel, es una iconografía de la Santísima Trinidad. Dios Padre está representado en lo alto de la bóveda como el Juez Supremo y Creador del mundo; en el luneto del muro occidental, Dios Hijo, simbolizado por el cordero que porta la Cruz en la que redimió el Pecado Original (que como ya hemos comentado está representado justo enfrente de este muro); y en la parte inferior y en el único punto de luz de la cabecera al Espíritu Santo, en forma de paloma. Alrededor los Cuatro Vivientes o Evangelistas, acompañados por los Espíritus Angélicos y los Veinticuatro Ancianos del Apocalipsis, todos ellos alabando y adorando a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.


Reconstrucción infográfica de la bóveda del presbiterio.


En la fotografía, podemos ver una reconstrucción infográfica, gracias a la cual podemos hacernos una idea de como estaba pintada en origen.



Maiestas Domini. Bóveda presbiterio.


En el centro de la bóveda se representa a Cristo Juez, quien al Final de los Días vendrá para impartir justicia. Rodeado por una mandorla tricolor (similar a la de Maderuelo), Cristo está sentado en un trono, solemne y majestuoso, en frontalidad absoluta, vestido con túnica roja de amplias mangas, sobre la que lleva un manto azul. Su cabeza está rodeada de un nimbo dorado y bendiciendo con su mano derecha. En la mandorla se han representado una serie de copas, que simbolizan las siete copas de la cólera divina, cuyo contenido es derramado como siete plagas sobre la tierra, como leemos en el Ap 16:1: "Oí una gran voz que decía desde el templo a los siete ángeles: Id y derramad sobre la tierra las siete copas de la ira de Dios." Para otros autores se representan los siete candeleros del Libro de la Revelación, símbolos de las siete Iglesias.


Los Cuatro Vivientes y Espíritus Angélicos. Derrame lado sur de la bóveda.


Los derrames de la bóveda, tanto el derecho como el izquierdo están ocupados por los llamados Cuatro Vivientes o Evangelistas y los Espíritus Angélicos. ocho personajes nimbados y alados, cuatro a cada lado, "perpendiculares al eje de la mandorla que rodea a Dios Padre", en los que podemos vislumbrar, en los extremos a dos Evangelistas (portando libros), el arcángel san Gabriel acompañado por un querubín. Todos ellos conforman los "Cuatro Vivientes y el coro celestial", del que habla san Juan en el Apocalipsis V, 11-12: "Y en la visión oí la voz de una multitud de ángeles alrededor del trono, de los Vivientes y de los Ancianos... Y decían con fuerte voz: digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza".


Los Cuatro Vivientes y Espíritus Angélicos. Derrame lado norte de la bóveda.


Sigue la misma pauta que el derrame meridional. En este caso vemos al arcángel san Gabriel, portando en su mano la vara con azucenas, acompañado por serafín, y flanqueado por otros dos Evangelistas.

Agnus Dei. Testero de la iglesia.


Sobre este vano, como en Maderuelo y en Berlanga, podemos contemplar a una cruz griega y sobre ella el Agnus Dei o Cordero Místico, inscrito en un círculo, rodeado por dos bandas una roja y otra blanca, y sustentado por dos ángeles, flanqueados por Abel y Melquisedec, arrodillados y presentando sus ofrendas, personajes del Antiguo Testamento, y prefiguras de Cristo. (pasaje que también podemos ver en Maderuelo y en Berlanga) Toda esta parte está muy deteriorada.


Desde los orígenes del cristianismo se ha asimilado al cordero con la figura de Cristo. El simbolismo del cordero procede de la figura del cordero de Isaías, como prefiguración de Cristo, que ha de morir.


Espíritu Santo. Testero de la iglesia.


En el testero, bajo el Agnus Dei y en el vano que ilumina la estancia se pintó el símbolo del Espíritu Santo, una paloma blanca, dentro de una aureola elíptica, que mira hacia la parte superior donde se ubican El Cordero Místico y Dios Padre. Es muy similar la disposición a Maderuelo y a Berlanga (aunque en este caso la paloma está en posición descendente).