La Magdalena penitente. Pedro de Mena. Museo Nacional de Escultura de Valladolid.


Pedro de Mena y Medrano, es uno de los escultores más sobresalientes de la llamada Escuela Andaluza del barroco español. Nació en Granada en 1628, muriendo en Málaga en 1688. Su infancia se desarrolló en un ambiente de artistas, ya que su padre, el también escultor Alonso de Mena y Escalante, poseía un gran taller de escultura en Granada, iniciándole allí en el trabajo de la madera. En 1652 pasó al taller del gran maestro Alonso Cano, que había abierto en Granada, donde su estilo fue cambiando. En 1658 había abierto taller propio en Málaga, ya que le habían encargado terminar los sitiales del coro de la catedral, obra que le abrió las puertas de la Corte, y en donde vemos que su estilo había evolucionado hacia un naturalismo que es patente en todas sus obras futuras, dejando atrás la idealización que aprendió al lado del maestro Alonso Cano.


En uno de los viajes que Mena realizó a la Corte, para ampliar sus contactos y conocer la escultura que en aquellos momentos se estaba realizando en Madrid, recibió el encargo, en 1664, por parte de los Jesuitas, de esculpir una imagen de la Magdalena arrepentida de sus pecados, para colocarla en la desaparecida Casa Profesa que los jesuitas tenían en Madrid. Mena trabajó en numerosas ocasiones para la Compañía de Jesús, institución a la que le unieron estrechos lazos, pues su hijo mayor Alonso, ingresó en aquella orden religiosa. Actualmente la escultura se encuentra cedida por el Museo del Prado en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid, donde la podemos admirar. Fue restaurada en 1988.

La escultura conserva su peana original, que aparece recorrida en tres de sus caras por una inscripción que informa de su autor y fecha de ejecución: “Faciebat Anno 1664 / Petrus D Mena y Medrano / Granatensis, Malace”.

Estamos ante una de las creaciones más personales de este artista. Representando a la Magdalena, prototipo de mujer arrepentida y penitente. El escultor supo, con maestría inigualable, presentar a una de las figuras más controvertidas de la Biblia, y provocar en los fieles un sentimiento profundamente religioso. Nos podemos imaginar el impacto que causaría en los jesuitas, lo que la imagen reflejaba: el arrepentimiento, la tensión contemplativa, el ascetismo y el dolor.

Es una imagen de madera policromada y encarnada que representa a la Magdalena penitente, vestida con un rígido vestido de hoja de palma entrecruzada, símbolo de sus años de penitencia en el desierto, que oculta su anatomía, y está atado a la cintura con una soga, alarde de talla naturalista.

Tal fue el éxito de la escultura que se solicitaron copias y reproducciones de la misma; difundiéndose este tema de la Magdalena arrepentida y penitente por buena parte de la península. El prototipo que Mena presentó a los jesuitas ya había sido utilizado años antes (entre 1620-29), en la Magdalena del monasterio de las Descalzas Reales de Madrid, atribuida al gran escultor Gregorio Fernández (obra que con toda la seguridad conoció Mena en su viaje a Madrid en 1663). Pero la escultura que talló el maestro Mena tiene unas características que la hacen única, y, en realidad, es la obra que estableció una iconografía que imitaron numerosos artistas.

Recordemos que estamos en un momento en el que arte, siguiendo las normas del Concilio de Trento (1545-1563) y de la Contrarreforma, había adquirido un fuerte espíritu religioso y era el vehículo ideal para transmitirlo a los fieles. En este caso la escultura está orientada para exaltar la penitencia y el amor místico.

La figura de santa María Magdalena es todo un misterio, ya desde fechas tempranas la tradición cristiana de Occidente fundió en una sola persona a tres mujeres distintas que formaron parte de la vida de Jesús, según los Evangelios. La primera, era María, llamada la Magdalena de la que Jesús expulsó siete demonios que llevaba en su interior (Lc 8, 1-3), la que asistió a la crucifixión (Juan 19,25); la que estaba presente ante la sepultura de Jesús (Marcos 15,47); y cuando éste se presentó resucitado a las santas mujeres (Juan 20, 1-2). La segunda, es María de Betania, hermana de Lázaro, a la que también se la ha asociado con la Magdalena. Y la tercera es la pecadora, la que derramó perfume a los pies de Jesús cuando éste comía en casa de Simón el fariseo (Lucas 7, 36-50).


En el año 591 el Papa Gregorio Magno declaró que María Magdalena, la Apóstol de Apóstoles (Juan 20,18); María de Betania; la pecadora de la que habla Lucas (Lc 8,1-3); y a la que Jesús sacó siete demonios eran la misma persona: “la mujer descrita por Lucas como pecadora, llamada María por Juan, es la misma que Marcos atestigua que fue liberada por Jesús de siete demonios. Por lo tanto estos tres personajes son la misma persona: María Magdalena”.

Esto se mantuvo hasta que Pablo VI en 1969 reivindicó la importancia de la figura de Magdalena en la reforma Litúrgica Novus Ordo, señalando que no es la pecadora que afirmaba el Papa Gregorio Magno.

Hacia 1276 Jacopo de la Vorágine escribió la Leyenda Áurea sobre la vida de los santos, relatando que María Magdalena, tras una serie de avatares, llegó a Francia y se retiró a la cueva de La Sainte-Baume, en la Provenza francesa, donde pasó los treinta y tres últimos años de su vida, dedicada a la penitencia y a la contemplación. Esta cueva sigue siendo lugar de peregrinación hoy en día.

Tras el Concilio de Trento en 1563, se dieron una serie de consignas para la representación de los santos. En lo que respecta a María Magdalena, se cambió su iconografía y ya no la representaron con ricos vestidos como si fuera una cortesana, ni tampoco como pecadora. Ya que pensaban que una obra de arte representando a una María Magdalena arrepentida y penitente era más útil que en su papel de pecadora o cortesana. Durante el siglo XVII, la representación del tema de la Magdalena fue muy común, ya que personificaba el arrepentimiento cristiano, teniendo sobre todo gran aceptación en Castilla en los siglos XVII-XVIII.

Verdaderamente María Magdalena es una figura controvertida. Pero lo que podemos decir con seguridad es que es uno de los personajes bíblicos más importantes que ha "existido", no solo estudiada por el mundo cristiano, sino también por otras religiones y filosofías del mundo. Desde junio de 2016, por deseo del Papa Francisco, se celebra su fiesta litúrgica el 22 de julio.

A pesar de la simplicidad de sus formas, Pedro de Mena sabe plasmar el momento dramático de la escena, de una forma muy realista. Magdalena, vestida de forma austera con un sencillo traje tejido con hoja de palma, está de pie, acentuando el dramatismo con la postura que adopta, al adelantar su pierna izquierda con un ademán de caminar, flexionando ligeramente el torso hacia adelante y con el contrapunto de los brazos, uno extendido y el otro pegado al cuerpo.

Presenta largos y sueltos cabellos que le caen simétricamente por el pecho y por la espalda. Sus largos mechones enmarcan su rostro doliente que dirige hacia el crucifijo que sostiene en su mano izquierda, mientras la derecha la posa delicadamente sobre el pecho con gesto contenido, pero expresando a la vez todo el dolor y el arrepentimiento que siente al contemplar a Jesús en la cruz. Realmente es una obra que emociona.

Representada con fina policromía; las líneas faciales del rostro están delineadas con gran dulzura. Como era frecuente en la época a las esculturas se les añadían postizos, por ejemplo los ojos son de cristal y los dientes de hueso; también tuvo pestañas, aunque no quedan restos.

En su rostro se refleja un momento de intenso dolor contemplando el crucifijo que lleva en su mano izquierda.

María Magdalena tiene un bello rostro de frente amplia y despejada, nariz recta y fina, labios finos y mirada ausente, reflejando la pena que en esos momentos está sintiendo.


Las manos con dedos delgados, están talladas con gran finura y delicadeza. Rodeando su cintura vemos la cuerda hecha de palma maravillosamente tallada.


Los pies aparecen descalzos, el izquierdo lo presenta adelantado, para dar sensación de movimiento. También podemos ver en detalle la talla en madera de la basta túnica que representa un vestido hecho con hoja de palma entrecruzada, subrayando su alejamiento de este mundo, como una eremita del desierto.


Vista de la parte posterior, en donde sus cabellos le llegan más abajo de la cintura formando onduladas guedejas compactas.

Estos largos mechones fueron realizados con hilos de mimbre trenzados y recubiertos de yeso. Posteriormente una vez hechos se sujetaban a la cabeza de la escultura y eran pintados.

La iconografía de la Magdalena penitente está acompañada por múltiples atributos, la calavera, un libro y el crucifijo. En este caso Magdalena lleva en su mano izquierda un crucifijo, que ya solo éste, es una obra de arte.


La escultura permaneció en la Casa Profesa de Madrid hasta que los jesuitas fueron expulsados en 1767, pasando al Oratorio de san Felipe Neri de Madrid, en donde permaneció hasta 1836 que fue trasladada al convento de la Visitación de las Salesas reales hasta su exclaustración. En 1870 pasó al Museo de la Trinidad hasta que fue clausurado en 1872, llevando todas las obras allí conservadas al Museo del Prado, cediéndola el Museo hasta 1921 al convento de las Salesas. Finalmente en 1933 pasó a formar parte del Museo de Escultura de Valladolid, cedido por el Museo del Prado, reclamándola en 1988. Finalmente, tras una profunda restauración, regresó a Valladolid en 2008, en donde podemos contemplarla en todo su esplendor.



Hasta aquí el pequeño estudio sobre una de las obras cumbre de la imaginería barroca española: la maravillosa Magdalena Penitente, de Pascual de Mena, una obra cargada de emoción y religiosidad. Espero que os haya gustado.


Hasta el próximo vuelo.




BIBLIOGRAFÍA:

-GILA MEDINA, Lázaro: Pedro de Mena. Escultor 1628-1688. Madrid, Ars Hispánica, 2007.

-GILA MEDINA, Lázaro: Pedro de Mena. Precisiones y novedades. En: El triunfo del barroco en la escultura andaluza e hispanoamericana. Granada, Universidad, 2018, pp. 71-134.

-BRAY, Xavier; y ROMERO TORRES, José Luis: Pedro de Mena, el Bernini español. Hannibal,

-DELENDA, Odile: La Magdalena en el arte. Un argumento de la Contrarreforma en la pintura española y mejicana del siglo XVII: https://www.upo.es/depa/webdhuma/areas/arte/actas/3cibi/documentos/021f.pdf

-DEL AMO HORGA, Luz María: María Magdalena, la "Apostola apostolorum": https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2825169.pdf


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