Santa María del Naranco una joya del prerrománico asturiano.
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“El reino asturiano se posicionó como un núcleo de resistencia frente al Islam desde el siglo VIII hasta el siglo X. Tres fueron los reyes que protagonizaron ese periodo: Por un lado, Alfonso II el Casto, que impulsó una política de prestigio aliándose con la Iglesia y convirtiendo a Oviedo en la capital del reino; y por otro lado Ramiro I y Alfonso III, que mantuvieron el afán constructivo que convirtió a los reyes asturianos en clientes del arte prerrománico, y de ahí su carácter cortesano y religioso.
Fue en época de Ramiro I cuando se construyó Santa María del Naranco para ser utilizada como residencia (fija o temporal) del rey, su promotor. Formaría parte de un conjunto de edificaciones que permitían al rey retirarse a descansar y disfrutar de la caza. Además, pudo ser escenario de funciones de representación o celebraciones litúrgicas particulares y puntuales. Sin embargo, por su estructura, con el altar en el lado Este y la decoración iconográfica que posee, hubo un tiempo en que se pensó que se debió construir para ser un templo”.
El conjunto monumental se sitúa en la ladera sur del monte Naranco, una elevación de baja altitud ubicada al norte de la ciudad de Oviedo, en el centro del Principado de Asturias (norte de la Península Ibérica). Santa María del Naranco es uno de los hitos del prerrománico asturiano y una de las piezas capitales para entender la arquitectura y el programa monumental de la monarquía asturiana del siglo IX. Forma parte del conjunto patrimonial declarado Patrimonio de la Humanidad dentro de los “Monumentos de Oviedo y el Reino de Asturias”.

La situación geográfica de Santa María del Naranco no es casual: combina control visual, valor simbólico del paisaje, y proximidad al centro del poder regio, convirtiendo el edificio en un referente territorial y político además de artístico.
Desde su emplazamiento se obtiene una amplia visión del antiguo núcleo urbano de Oviedo, lo que refuerza la interpretación del edificio como parte de un conjunto palatino regio, vinculado al poder político más que a una función parroquial rural. El Monte Naranco actúa como frontera natural entre la ciudad y el paisaje rural, integrando arquitectura y naturaleza, un rasgo característico del urbanismo altomedieval asturiano.
La cercanía con San Miguel de Lillo (situada a escasa distancia) confirma la existencia de un complejo monumental planificado, no de edificios aislados. Santa María en un primer momento fue un conjunto palacial, como ya hemos dicho, pero a causa del derrumbamiento de la cabecera de la iglesia de san Miguel de Lillo, fue transformada en iglesia en el siglo XII, como veremos posteriormente, tal y como se narra en la Crónica Silense.

Entre los historiadores se entiende que el edificio fue concebido originariamente como aula regia/pabellón palatino, en donde se celebraban reuniones oficiales y celebraciones cortesanas, aunque hay otras opiniones que afirman que se construyó como pabellón de caza, residencia real, y más recientemente como mausoleo funerario del propio Ramiro I (en el año 2024 se descubrió en el pórtico norte una losa funeraria del siglo IX, lo que ha dado pie a pensar que Ramiro I pudo concebir inicialmente el edificio como mausoleo real y no solo como aula regia o palacio).
El edificio fue construido entre los siglos VIII-IX, momento, sobre todo durante el reinado de Ramiro I, en el que se impulsaron las construcciones con doble función: la política y la religiosa. Las crónicas asturianas son unánimes al atribuir a Ramiro I una importante labor constructiva en el monte Naranco.
En el reinado del sucesor de Ramiro I, Alfonso III el Magno (866-910) el edificio ya tenía uso religioso como iglesia de santa María. La Crónica Silense, redactada tres décadas después, hacia el año 1115, relata que “…el dicho rey fundó una iglesia en memoria de Santa María, en la falda del Monte Naranco, distante de Oviedo dos millas, de admirable belleza y hermosura perfecta, y para no referirme a otras de sus hermosuras, tiene una bóveda apoyada en varios arcos, y está construida solamente con cal y piedra; si alguien quisiera ver un edificio similar a ése, no lo hallará en España…”
El edificio se amplió en la Edad Media y Moderna, aunque en 1930 todos los añadidos que no eran altomedievales se demolieron, labor llevada a cabo por el arquitecto Luis Menéndez Pidal, quedando el monumento tal y como lo vemos hoy en día. La dedicación a santa María deriva de la inscripción del altar que fue recuperado entre la mampostería del retablo-altar existente en el mirador oriental, altar que fue erigido en el año 848 (y que luego veremos).

Es un edificio rectangular de 20 m de longitud, 10 m de achura (6m el cuerpo central y 2 m cada pórtico lateral), y unos 9 m de altura. Tiene dos niveles claramente diferenciados, la planta baja, y la planta noble, con galería porticada sobre columnas. Esta distribución subraya el uso palaciego y la jerarquía espacial.
Presenta cuatro fachadas sobrias y equilibradas, que reflejan su origen palatino, y su cuidada concepción arquitectónica. Cada una de ellas cumple una función estética y simbólica dentro del conjunto.
Todas las fachadas combinan funcionalidad, equilibrio y elegancia. Su diseño refleja la influencia de la arquitectura palatina carolingia adaptada al contexto asturiano, convirtiendo el edificio en una obra única y fundamental del patrimonio histórico español.
El edificio se cubre exteriormente con una cubierta a doble vertiente.

El pórtico oriental constituye uno de los espacios más significativos del edificio por su complejidad estructural y su valor representativo dentro del prerrománico asturiano. Se organiza en dos niveles claramente diferenciados, correspondientes a las dos plantas del edificio. En el nivel superior se abre una logia o mirador mediante tres arcos de medio punto peraltados, apoyados sobre columnas exentas, con fustes sogueados y con capiteles troncopiramidales decorados con relieves de tradición clásica y motivos geométricos. El acceso se realiza a través de una escalinata exterior de piedra, elemento poco frecuente en la arquitectura altomedieval peninsular. El muro presenta aparejo de sillería regular perfectamente escuadrada, lo que denota un alto grado de dominio técnico.

La parte baja exterior de la fachada oriental de Santa María del Naranco corresponde al nivel inferior del edificio, concebido como un espacio funcional y estructural destinado a soportar el piso noble. Se caracteriza por muros de sillería bien escuadrada, y tres vanos en arcos de medio punto, lo que refuerza su carácter sólido y utilitario.
La sobriedad decorativa de este nivel contrasta con la riqueza ornamental del piso superior, estableciendo una clara jerarquización vertical acorde con la diferenciación funcional del edificio.
Desde el punto de vista constructivo, destaca la correspondencia entre los contrafuertes exteriores y los nervios de la bóveda del nivel superior, una solución técnica avanzada que anticipa planteamientos propios del románico. La adaptación de la fachada al desnivel del terreno subraya, además, una planificación arquitectónica integrada en el entorno.

El piso superior de Santa María del Naranco constituye el nivel noble del edificio y concentra su función representativa. Se articula mediante una amplia sala cubierta con bóveda de cañón reforzada por arcos fajones, cuyos empujes se transmiten al exterior a través de contrafuertes claramente visibles. Esta solución evidencia un notable dominio técnico y una concepción racional de la estructura.
En la fachada oriental, el piso superior se abre mediante un pórtico de arcos de medio punto apoyados sobre columnas con fustes sogueados y capiteles decorados, lo que introduce luz y establece una relación directa entre el espacio interior y el paisaje circundante. La mayor riqueza ornamental y la apertura visual de este nivel subrayan su carácter simbólico y ceremonial, reforzando la interpretación del edificio como construcción palatina de la monarquía asturiana del siglo IX.

Los capiteles de Santa María del Naranco constituyen uno de los elementos más destacados de su ornamentación, tanto por su calidad técnica como por la riqueza iconográfica que presentan, reflejando la fusión de tradiciones clásicas y prerrománicas en el arte asturiano del siglo IX. Se encuentran principalmente en la planta superior, sobre las columnas que sostienen los arcos fajones de la bóveda de cañón, y en las columnas de las tribunas o miradores.
En la decoración del edificio encontramos cuatro series de capiteles, sobre fustes helicoidales o sogueados, 32 medallones empotrados en las enjutas de los arcos de los paramentos interiores y exteriores, 16 placas rectangulares situadas en los lados mayores del interior de la sala principal, líneas de imposta y cruces esculpidas en los lados menores.
Las columnas exentas que articulan el pórtico oriental muestran fustes de sección circular, decorados con motivos sogueados helicoidales, un recurso ornamental de tradición tardoantigua y visigoda que en el contexto prerrománico asturiano adquiere un valor simbólico más que estructural.
Los capiteles están decorados con grandes pencas que imitan rudimentariamente los acantos corintios grecorromanos.

Los capiteles, de tipología troncopiramidal, se caracterizan por una talla esquemática y poco profunda, con predominio de motivos vegetales estilizados y formas geométricas. Esta simplificación formal responde a un lenguaje artístico propio del siglo IX, alejado del naturalismo clásico y orientado hacia una expresión simbólica y abstracta, en consonancia con la función palatina del edificio.

En las enjutas de los arcos se disponen discos decorativos labrados en relieve, uno de los elementos más singulares del conjunto. Estos discos, de iconografía no plenamente consensuada, se han interpretado como símbolos de poder y autoridad regia, integrados en un programa ornamental unitario que refuerza la monumentalidad y el valor político de la fachada. En conjunto, columnas, capiteles y discos contribuyen a definir un espacio de transición entre interior y exterior, donde la arquitectura se convierte en instrumento de representación del poder monárquico.

Los discos decorativos de las fachadas oriental y occidental de Santa María del Naranco son un elemento ornamental en relieve, de carácter geométrico y ejecución esquemática, propio del prerrománico asturiano del siglo IX. Situados sobre los arcos del pórtico superior, cumplen una función simbólica vinculada a la representación del poder y se integra en el programa decorativo palatino del edificio.
Estos medallones remiten a tradiciones romanas tardías, visigodas y bizantinas, reinterpretadas en el reino de Asturias. Las figuras enfrentadas se suelen interpretar como símbolos de poder, protección o victoria.

También encontramos inscripciones que se integran plenamente en el conjunto ornamental de la fachada, actuando como complemento visual y simbólico de los elementos arquitectónicos y decorativos, reflejando la estrecha relación entre poder político y religión en el contexto del reino asturiano del siglo IX.
En diversos puntos del edificio aparecen cruces talladas en relieve plano, derivan de la Cruz de la Victoria, símbolo del Reino de Asturias. El alfa y omega acompañan a la cruz, simbolizan a Cristo, como principio y fin de todas las cosas.
La decoración con cruces, alfa y omega, y aspas en Santa María del Naranco tiene un fuerte valor simbólico cristiano y regio, de tradición tardoantigua, y se caracteriza por su esquematismo y función protectora, propia del prerrománico asturiano.

Por encima de la arquería de la zona central se abre un ventanal de esquema tripartito, que solo tiene acceso directo desde el interior con ayuda de una escalera. Se trata de un vano compuesto por arcos de medio punto apoyados en columnas sogueadas geminadas, dos exentas y dos entregas, con capiteles sencillos, típicos del prerrománico asturiano; siendo el central ligeramente más grande que los laterales. Este ventanal superior funciona como remate compositivo, reforzando la verticalidad y simetría del edificio.

La fachada occidental repite en gran medida el esquema de la oriental, manteniendo la armonía del conjunto y reforzando el eje longitudinal del edificio. Tradicionalmente, en la arquitectura prerrománica asturiana, la fachada oriental solía ser la principal (por la luz del amanecer y simbolismo religioso), mientras que la occidental era más sencilla y funcional. En este caso son las dos similares.
Presenta también dos plantas, la inferior (soporte o almacenamiento) y la planta noble (nivel superior o salón principal). Sin embargo, en la occidental, los vanos son más discretos y menos decorativos. En la parte baja se ha sustituido los vanos que veíamos en la fachada oriental, por una puerta en arco de medio punto que permite el acceso a una de las estancias que se desconoce su uso.

La arquería superior de la planta noble existe, pero es más pequeña y menos elaborada que la oriental. Esta repetición formal responde a un diseño unitario y racional del edificio, poco común en la arquitectura de su tiempo. En ambas fachadas se aprecia el uso sistemático del arco de medio punto como elemento estructural y compositivo.

Las columnas sobre las que se apoyan los capiteles son de fuste estriado en forma de cuerda o sogueado, un sello característico del prerrománico asturiano., que realza la verticalidad y esbeltez del conjunto.

Generalmente la decoración combina formas vegetales con motivos geométricos. Los capiteles son un claro ejemplo de cómo el prerrománico asturiano adopta elementos clásicos (como el capitel corintio), y los transforma, integrándolos en un programa decorativo que combina la tradición local con las referencias bizantinas o tardoantiguas.
En resumen: los capiteles de la fachada occidental, como los del edificio en general, son piezas prismáticas con decoración de sogueado, motivos vegetales y figuras simbólicas, que combinan tradición clásica y oriental con un lenguaje artístico propio del prerrománico asturiano.

Las mismas tipologías decorativas se repiten en los medallones y paneles que acompañan a las arquerías, integrando así todo el programa escultórico de la fachada occidental en un conjunto coherente.

Los medallones son circulares tallados en relieve, encajados dentro de un marco pétreo. Estos discos o medallones se decoran con figuras humanas o animales enfrentados, de carácter esquemático. Las figuras son rígidas, y con escaso naturalismo.

Al igual que en la fachada oriental, en la parte superior de la galería noble se abre una ventana trifora, cuyos vanos están separados por columnillas esbeltas que sostienen arcos de medio punto, las columnillas, geminadas y sogueadas, rematan con capiteles de inspiración corintia, muy estilizados y esquematizados, con decoración vegetal y geométrica propia del arte asturiano. Su función, era para permitir la entrada de luz interior al piso superior.

Las fachadas norte y sur son más sencillas y más macizas, pero no por ello carentes de interés. En ambas se abren vanos alargados y estrechos que iluminan el interior, rematados por arcos de medio punto.
Estos muros laterales muestran claramente el uso de sillares bien trabajados y la ausencia de una decoración excesiva, rasgos característicos del prerrománico asturiano. Incorporando contrafuertes prismáticos adosados, que refuerzan estructuralmente las bóvedas de cañón interiores y contribuyen al ritmo exterior del edificio. La ausencia de decoración superflua subraya el carácter funcional y estructural de estos alzados.
Como es habitual en la arquitectura prerrománica asturiana, las fachadas laterales tenían un carácter más funcional que decorativo, aunque mantenían armonía con el conjunto. Al igual que en las otras dos fachada se distinguen dos plantas, la baja, como soporte o para almacenamiento; y la planta noble, donde estaba el salón principal o espacio de representación palatina.
En el centro se ubica una doble escalera de piedra que da acceso a la planta superior desde el exterior.

Vemos las dos portadas que dan acceso a las dos plantas del edificio.

Al igual que la norte, su función principal es estructural y de cierre del edificio, pero también incluye ventanas que iluminan la planta noble. A diferencia de la norte, la fachada sur no tiene escalera exterior, ya que el acceso principal a la planta noble se hacía por la escalera norte o interior.
Esto refuerza la idea de que la fachada sur estaba pensada más para vistas y luz que para circulación.

El interior de Santa María del Naranco se caracteriza por una concepción espacial unitaria, racional y de gran calidad técnica, acorde con su función original como edificio palatino del siglo IX. La organización interna responde a un planteamiento arquitectónico avanzado para su época, basado en la claridad estructural y en el equilibrio entre función y representación.

El edificio se articula en dos plantas superpuestas. La planta inferior, de carácter funcional, presenta una nave longitudinal cubierta con bóveda de cañón reforzada por arcos fajones transversales que descansan directamente sobre el muro (al igual que ocurre en la Cámara Santa de Oviedo). Este espacio se interpreta generalmente como cripta o zona de servicio, con una iluminación reducida a través de vanos estrechos, lo que refuerza su carácter secundario y estructural. También se ha comentado que pudiera tratarse de una estancia donde se recibiese audiencia (apoyada esta teoría por la bancada que recorre las paredes).
La flanquean dos cámaras laterales con cubierta de madera, una de ellas, la oriental, conserva una piscina o aljibe y conducciones de agua y se abre al exterior mediante tres vanos, quizás se tratara de una sala de baños; la otra, la occidental, tiene puerta exterior, pero incomunicada con la estancia central, quizás se tratara de un cuerpo de guardia.

La planta superior constituye el espacio principal y más representativo. Se trata de una sala rectangular única, cubierta igualmente por una bóveda de cañón, apoyada sobre un sistema de arcos fajones que descansan en columnas adosadas a los muros laterales. Estas columnas, con fuste sogueado, presentan capiteles tronco-piramidales decorados con relieves de inspiración clásica y motivos geométricos, evidenciando la pervivencia de modelos tardoantiguos. La continuidad de la bóveda y la ausencia de compartimentación generan un espacio diáfano y solemne.
En este espacio es donde se desarrolla una interesante decoración llena de simbología, reflejada en los relieves escultóricos de los capiteles, bandas y medallones, un programa original y unitario en el que se representan figuras de animales, criaturas fantásticas, figuras humanas, y cruces con el Alfa y el Omega.

Los paramentos de esta sala lucen arquerías ciegas que se apoyan en capiteles tronco-piramidales invertidos sobre columnas adosadas al muro.
En los extremos oriental y occidental de la sala superior se abren tribunas o miradores, configurados mediante arquerías de medio punto que conectan visualmente el interior con el paisaje exterior. Estos elementos refuerzan la función palatina del edificio y aportan una iluminación natural controlada, creando un juego de luces y sombras que realza la volumetría interior.
Los muros interiores están construidos con sillería regular, dejando la piedra vista como principal recurso expresivo. La decoración escultórica es sobria pero significativa, concentrándose en capiteles, impostas y relieves murales, entre los que destacan los medallones y motivos simbólicos de posible carácter político o ideológico.
En conjunto, el interior de Santa María del Naranco destaca por su coherencia estructural, depuración formal y sentido monumental, constituyendo uno de los ejemplos más avanzados del prerrománico europeo y un referente fundamental en la evolución de la arquitectura medieval occidental.

El paso de la nave central de la planta superior a los miradores se realiza a través de tres puertas con arcos de medio punto. En la parte superior se abre un único vano.

Una bóveda de cañón continua cubre el gran salón longitudinal del piso superior, es una de las bóvedas de piedra más avanzadas de la alta Edad Media Europea. La bóveda está articulada por arcos fajones transversales que dividen el espacio en tramos regulares. Los arcos fajones descansan sobre columnas adosadas con capiteles decorados.
Estos arcos fajones recogen el empuje de la bóveda y lo transmiten a los muros permitiendo, mayor estabilidad, una altura considerable y los muros más articulados y aligerados.

Está formada por un enlosado sobre el que se superpone un lecho de cantos y un “opus signium”, de baja calidad.

Las columnas de esta gran sala, son semejantes a las de Santa Cristina de Lena, están pareadas con fustes sogueados. Los capiteles interiores han pasado a ser de tipo corintio esquematizado, como hemos visto en el exterior, a ser troncopiramidales, con collarinos y aristas decorados con sogueados, que conforman espacios triangulares donde se representan animales confrontados, y figuras humanas.
En conjunto, los capiteles de Santa María del Naranco representan un ejemplo sobresaliente de escultura arquitectónica prerrománica, donde la geometría, la simbología y la técnica se integran plenamente en la arquitectura, reforzando la monumentalidad del edificio y su carácter palatino.
En este capitel aparece el árbol de la vida flanqueado por leones, que en la parte superior le dan guardia y en la inferior comen de él. A los lados, vemos figuras humanas en triángulos, quizá identificadas simbólicamente con los leones, portando báculos o espadas, como obispos o guerreros.

Como el anterior capitel, en este, situado en la arquería mural ciega, se representan leones enfrentados, volviendo las cabezas, en la parte superior; mientras que en la parte inferior se tallaron cuadrúpedos que se dan la espalda y levantan sus cabezas.

En este, en el lateral, se representan una serie de personajes esquemáticos, con bastones, hieráticos, de proporciones poco realistas, interpretados como personajes simbólicos, posiblemente guardianes, o figuras de autoridad. Derivan de tradiciones romanas, visigodas y orientales.

En las enjutas de los arcos se colocaron discos conformados por dobles sogueados, tallos y figuras de animales. Por encima de estos discos, se tallaron frisos rectangulares de orientación vertical cuyos relieves muestran arcos que cobijan guerreros a caballo, aves y cuadrúpedos enfrentados.
Se trata de relieves muy planos, de gran esquematismo y geometrización. Su estilo e iconografía se relaciona con el mundo anglosajón, celta, arte persa y bizantino.

Medallón con animal pasante hacia la izquierda, situado en la parte interior del mirador oriental.

En este caso lo encontramos en los muros de la sala principal del edificio, con función simbólica cristiana y regia.

En el mirador oriental se ubicaba el altar. La pieza original fue recuperada y recompuesta cuando se desmontó el altar barroco de la iglesia en 1883, de cuyo macizo de mampostería formaba parte y, a iniciativa de la Comisión Provincial de Monumentos, ingresó en el Museo Arqueológico de Asturias, donde hoy se puede ver.
El ara se alza sobre un podio de forma prismática construido a base de sillares. La mesa presenta en su parte inferior una cavidad para guardar las posibles reliquias y lleva en el reborde una franja decorativa a base de hojas de hiedra.

El mirador oriental acogía el altar con la inscripción realizada por Ramiro I y su esposa Paterna:
“Cristo, Hijo de Dios, que entraste en el vientre de la Virgen Santa María sin concepción humana y saliste sin corrupción; que mediante tu siervo Ramiro príncipe glorioso con la reina cónyuge Paterna renovaste esta morada consumida por la mucha antigüedad, y por medio de ellos edificaste este ara de bendición a la gloriosa Santa María en este lugar elevado; óyelos desde tu morada de los cielos y perdona sus pecados. Que vives y reinas por los infinitos siglos de los siglos. Amén. Día noveno de las kalendas de julio de la Era 886” (23 de junio de 848). (Traducción: César García de Castro).

Os señalo con una flecha roja, la losa del ara original que se conserva en el Museo Arqueológico de Oviedo.
En la larga inscripción que os he puesto en la fotografía anterior, Ramiro I de Asturias pide perdón a Dios por sus pecados, a la que vez que le ofrece el edificio que hoy conocemos como Santa María. Detrás de esta petición se esconde un pacto político: Ramiro I alude al golpe de estado y a la guerra que emprendió para llegar al trono a la muerte de Alfonso II, que no tuvo descendencia. En realidad, con esta súplica buscaba evitar que el grupo derrotado excluyera a su hijo Ordoño y garantizar así su sucesión. Y tuvo éxito: su hijo le sucedió pacíficamente.
Este tipo de piezas nos permite comprender las tensiones políticas y sociales de la época, así como la forma en que los reyes intentaban mantener la legitimidad y el apoyo de la nobleza. La inscripción del altar nos conecta con un momento decisivo de la historia asturiana (opinión del arqueólogo del museo arqueológico, César García de Castro Valdés).

El interior de los pórticos es la parte más bella de la estructura arquitectónica.

Las columnas tienen fustes con decoración sogueada y capiteles de grandes pencas, que como ya hemos comentado, imitan rudimentariamente los acanto corintios grecorromanos.

En la parte superior se dispuso, tanto en el pórtico oriental como en el occidental, un vano de triple arco, que permite la iluminación interior de dichos pórticos.
En resumen Santa María del Naranco es una construcción única, de excelente calidad, uno de los primeros y más interesantes antecedentes del románico europeo. Es, junto con el resto del prerrománico asturiano, un reflejo de cómo la sociedad europea se consiguió unir utilizando un lenguaje común: el lenguaje artístico.
Hasta aquí nuestro vuelo por este magnífico edificio. Espero que os haya gustado. Hasta el próximo vuelo.
BIBLIOGRAFÍA:
-ROLLÁN ORTIZ, Jaime Federico: Iglesias del arte asturiano. Madrid, Everest, 1979.
- Santa María del Naranco:
-VICENTE SÁNCHEZ, Diego: La recuperación de un símbolo :
-Palacio del Naranco: https://www.estudiogeneraldehumanidades.es/aedis-iberica/historia-en-el-arte/palacio-del-naranco.html
-Ara de santa María del Naranco. Museo Arqueológico de Oviedo: https://www.instagram.com/reel/DRwjlfAjyEs/?hl=es
-CUENCA BUSTO, Cosme: artículos sobre restauración del patrimonio asturiano, en la intervención en la arquitectura prerrománica asturiana.
-GARCÍA DE CASTRO VALDÉS, César: Arte prerrománico en Asturias: https://es.scribd.com/document/843219806/Arte-prerromanico-en-Asturias
-ARIAS PARAMO, Lorenzo: Prerrománico asturiano. El arte de la Monarquía Asturiana. Gijón, Ed. Trea, 1993.
-GONZÁLEZ MONTAÑÉS, JL: Drama e iconografía en el arte medieval peninsular (Siglos XI-XV): https://s7c2544f157bee7c3.jimcontent.com/download/version/1585397517/module/11333573794/name/Drama_e_iconografia_en_el_arte_medieval.pdf





















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