Mediterráneo
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Hay algo en su calma antigua, en esa manera de abrazar la costa con paciencia, que me hace sentir en casa. El olor a sal, el sonido suave de las olas al caer sobre las rocas, la luz dorada de los atardeceres… todo permanece dentro de mí como un recuerdo que nunca se apaga.
A veces extraño el mar como se extraña a una persona querida. Me hace falta mirarlo en silencio, perder la vista en el horizonte y sentir que el tiempo se detiene por un instante. El Mediterráneo tiene esa magia: no necesita hablar para decirlo todo.
Me gusta porque cambia cada día y, al mismo tiempo, siempre es el mismo. Puede ser tranquilo y brillante al amanecer, intenso y profundo cuando sopla el viento, o melancólico al caer la tarde. Y en cada una de sus formas encuentro algo mío, algo que me calma y me devuelve a recuerdos felices.
Quizá por eso siempre termino volviendo a él, aunque sea con la memoria. Porque el Mediterráneo no es solo un mar: es una forma de sentir, de recordar y de añorar.
¡¡¡¡Feliz verano a todos!!!!





















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