Georgia O'Keefe, la gran artista moderna americana. Retrospectiva-Museo Thyssen- Bornemisza Madrid




Hacía tanto tiempo que no visitaba Madrid, a causa de la pandemia, que cuando llegué me faltó tiempo para hacer todo lo que tenía planeado. Aunque simplemente el callejear por la ciudad ya cubre todas las expectativas de cualquiera, en realidad fui con la intención de ver alguna exposición de las que alimentan el espíritu. Tenía ganas de empaparme de arte.


Dos exposiciones quería visitar: "Pasiones mitológicas: Tiziano, Veronese, Allori, Rubens, Ribera, Poussin, Van Dyck, Velázquez”, que permanecerá en la sala C del edificio Jerónimos desde el 2 de marzo hasta el 4 de julio en el Museo del Prado; y la de mi museo favorito, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, en donde se puede ver una retrospectiva de Georgia O'Keefe (del 20 de abril al 8 de agosto), la gran pintora americana tan desconocida en nuestro país. Desgraciadamente solo pude ver esta última; magnífica y sorprendente. Me entusiasmó.


Georgia O'Keeffe. 1920-1922. Fotografía realizada por Alfred Stieglitz. Museo Georgia O'Keeffe. Santa Fe.


El Thyssen presenta la primera retrospectiva en España de la pintora norteamericana Georgia O'keeffe (1887-1986). Es la primera vez que se puede conocer la obra de las seis décadas en las que se divide su vida artística. Comenzando por su etapa abstracta de los años 10 del siglo XX; para terminar con la obra de principios de los años 70. O'Keeffe es una de las máximas exponentes del arte norteamericano del siglo XX, considerada "madre del modernismo estadounidense". Incansable exploradora de territorios, en sus numerosos paseos recogía todo lo que encontraba para luego pintarlo. “Fue todo un símbolo de independencia”.


La artista pintando en su coche en Ghost Ranch (Nuevo México). 1937. Fotografía realizada por Ansel Adams.


La pintora nació en una casa de campo cerca de Sun Prairie (Wisconsin), el 15 de noviembre de 1887, hecho que le influyó enormemente, ya que su relación con la naturaleza le siguió en su devenir por Texas, Carolina del Sur, Nueva York y finalmente por Nuevo México.


Desde muy temprana edad mostró su afición por la pintura, aunque la rigidez que imperaba en la época le desmotivó. Ella misma comentaba que nadie le "había enseñado a pintar a su manera". inició su formación artística, junto con sus hermanas Anita e Ida, con una acuarelista local, Sara Mann. Posteriormente estudió en la Escuela del Instituto de Arte de Chicago de 1905 a 1907; y ya, en 1907, en la Liga de Estudiantes de Arte de Nueva York. En 1908 con su obra "Conejo muerto con el crisol de cobre", ganó un premio que le permitió gozar de una beca y asistir a la Escuela de Verano al aire libre de la Liga en Lake George, Nueva York. Ciudad en la que conoció el arte de Rodin, Matisse, Cézanne, Braque y Picasso.


Sala Primera.


La exposición que se presenta en el museo, comisariada por Marta Ruíz del Árbol, conservadora de pintura moderna del Museo, es un recorrido completo por la trayectoria artística de O’Keeffe, desde las obras de la década de 1910 con las que se convirtió en una pionera de la abstracción; pasando por sus famosas flores o sus vistas de Nueva York, gracias a las que fue encumbrada como una de las principales figuras de la modernidad de su país; hasta las pinturas de Nuevo México, fruto de su fascinación con el paisaje y la mezcla de culturas de este remoto territorio.


La muestra consta de 90 obras, 35 provienen del Museo de Georgia O’Keeffe de Santa Fe (Nuevo México), el Estado donde la artista vivió la mayor parte de su vida; cinco del mismo museo Thyssen, fechadas entre 1921 y 1957, y el resto de otros museos y colecciones privadas, en donde podemos contemplar la maravillosa combinación abstracta de formas y colores.


La muestra comienza con las obras de la década de 1910, con las que la artista se convirtió en una pionera de la abstracción orgánica, en un momento en el que en Europa triunfaba el cubismo. En 1911 fue a Nueva York, en donde se pondrá en contacto con las Vanguardias y conoció a dos de las personas que cambiaran su vida: Arthur Wesley Dow, fotógrafo, pintor y grabador americano que le animó a ver la pintura de otra manera. Fue así como O'Keeffe se lanzó, antes que la mayoría, a experimentar con la abstracción. “No puedo vivir como me gustaría, no puedo ir a donde quiero, no puedo hacer lo que me apetece, ni siquiera puedo decir lo que pienso. Así que he decidido que sería muy tonta si al menos no pintase como quiero”. Y al galerista y fotógrafo Alfred Stieglitz, con quien se casará en 1924 y quien tendrá gran importancia en su futuro artístico.


Abstracción temprana. 1915. Carboncillo sobre papel. Milwaukee Art Museum.


A causa de la enfermedad de su madre tuvo que dejar los estudios en Nueva York y ponerse a trabajar, trasladándose con su familia a la localidad de Charlottesville (Virginia), retomando sus estudios en la Universidad de Virginia, impartiendo a partir de 1912 clases de arte en Canyon y Amarillo, localidades de Texas; y desde 1915 en la Universidad de Columbia, Carolina del Sur. Es el momento en el que empezó a dibujar unas composiciones abstractas al carboncillo, de una forma inusual en aquella época, que la convirtieron en una de las artistas estadounidenses pioneras en explorar la abstracción. Obras llenas de originalidad y modernidad.


"Decidí que iba a hacer dibujos e iba a empezar con carboncillo y no iba a usar ningún color hasta que pudiera hacer lo que quería hacer lo que quería hacer con carboncillo o pintura negra". Esto nos demuestra la importancia que tenía para ella el dibujo y la técnica.


Líneas negras. 1916. Acuarela sobre papel. Museo Georgia O'Keeffe. Santa Fe.


Estas obras se las envió a su amiga neoyorquina Anita Pollitzer, quien se las mostró al fotógrafo y galerista Alfred Stieglitz, quedando tan fascinado con ellas que organizó una exposición en la galería de arte que tenía en Manhattan y en la que habían expuesto artistas de la talla de Picasso, Matisse, Arthur Dove, etc.: la Galeria 291. La muestra sorprendió a toda la élite cultural de Nueva York, liderada por este famoso fotógrafo, con quien se casará en 1924. El gran fotógrafo le hizo más de 350 retratos, la mayor parte eróticos. Los mejores que se hicieron en la década de 1910-1920. De ella Stieglitz afirmó: "291 (refiriéndose a su galería de arte) nunca había visto expresarse tan libremente a una mujer sobre el papel".


En estos dibujos en blanco y negro la pintora plasma la influencia del fotógrafo y pintor Arthur Wesley Dow (que incorporó la estética y técnica del arte oriental); y los escritos de Wasili Kandinsky, hasta tal punto que "De lo espiritual en el arte", era su libro de cabecera. Su arte se convirtió en una forma de expresar ideas y sentimientos: "Sentí resonar en mi espíritu lo que para Kandinsky era la pintura: ”el principio de la necesidad interior”.


Serie I, nº 4. 1918. Óleo/cartón. Städtische Galerie im Lenbachhaus und Kunstbau. Munich.


En un primer momento incorporó el color azul, y posteriormente los demás colores. “Descubrí que podía decir cosas con colores y formas que no podía decir de otra manera, cosas para las que no tenía palabras.’


Sala segunda, parte derecha.


En la segunda sala podemos admirar trece abstracciones realizadas entre 1918 y 1927, exceptuando la que lleva el título Desde las llanuras II, que fue realizada en 1954.


O'keeffe fue siempre una incansable viajera, utilizando toda clase de vehículos por su país y alrededor del mundo, pero también a pie, en busca de raíces americanas, de huesos y piedras del pasado indio y de montañas azules. “Hay algo inexplicable en la naturaleza que me hace sentir que el mundo es mucho más grande que mi capacidad de comprenderlo - intentar entenderlo tratando de plasmarlo. Encontrar la sensación de infinito en la línea del horizonte o simplemente en la próxima colina”.


Entre 1910-18 vivió en Texas, en donde pintó varias acuarelas. Es una época en la que destacó por su dominio de esta técnica. Era profesora de arte, y alejada de los núcleos artísticos comenzó a explorar la naturaleza y plasmarla como ella la sentía, con un intenso colorido y horizontes infinitos, realizando también una serie de desnudos femeninos.


En 1915 tomó la gran decisión de su vida: abandonar la imitación de obras de anteriores pintores para comenzar su propia andadura artística. Sus primeros paisajes de Texas y posteriormente de Lake George (Nueva York) muestran su interés en captar la naturaleza y en los que el color y la forma eran los auténticos protagonistas: “Si uno sólo puede reproducir la naturaleza, ¿para qué pintar? Si debo gastar mi vida en imitaciones, prefiero no volver a hacerlo”.


Series Desnudos IX. 1917. Acuarela/papel. Museo Georgia O'Keeffe. Santa Fe.


Las acuarelas de la serie Desnudos son las únicas obras en las que la artista representa la figura humana, y muy cercanas a la técnica que utilizaba Augusto Rodin en sus dibujos. En sus desnudos O'Keeffe utiliza el color sobre la línea, que apenas se vislumbra, dando como resultado una visión mucho más sensual.


Lucero de la tarde nº VI. 1917. Acuarela/papel. Museo Georgia O'Keeffe. Santa Fe.


Como ya hemos comentado, en esta época realizó una serie de acuarelas representando el paisaje de Texas. Como ella bien expresó: "A menudo nos alejábamos del pueblo al atardecer. No había carreteras asfaltadas ni vallas, ni árboles; parecía el mar, pero era una tierra muy amplia. El lucero de la tarde estaba en lo alto del cielo del atardecer cuando todavía era de día. Esa estrella vespertina me fascinaba... Solo tenía que caminar con ella hacia la nada y hacia el amplio espacio del crepúsculo".


Realizó diez acuarelas con este tema, inspiradas en el paisaje de Canyon, condado de Randall en el estado estadounidense de Texas, donde ella daba clases desde 1916. Son una "explosión de color puro aplicado en pinceladas amplias". En ellas se une la realidad con la abstracción.


Serie I. Desde las llanuras. 1919. Óleo/lienzo. Museo Georgia O'Keeffe. Santa Fe.


En la misma sala presenta dos vistas de Texas. Esta primera del año 1919, y la que veremos en la siguiente fotografía de 1954. Están pintadas en muy diferentes épocas, pero representando el paisaje de Amarillo (Texas), un paisaje que tanto le había fascinado y ambas realizadas, cuando ya no residía allí, sino ya viviendo en Nueva York.


En el año 1918 comenzó a pintar con la técnica del óleo, plasmando en una serie de composiciones que ella tituló: "Desde las llanuras". Todo lo que pinta es su propia experiencia dentro de la naturaleza. La obra que vemos en la fotografía, está realizada tras una impresión auditiva. Tal y como ella comentó, había querido representar la "fascinación que sintió al ver el traslado del ganado por las grandes llanuras en esas áridas tierras, levantando polvo y provocando un ruido ensordecedor". "La pintora ha querido plasmar los mugidos de las vacas en una forma abstracta y con color. Es así como ella va a crear un lenguaje único en la Vanguardia del siglo XX norteamericano".


En la obra presenta un cielo con nubes dentadas (que representan los mugidos de las reses), angulosas con tonos azules, verdes y rojos; y en la parte inferior plasma el polvo que levantaban a su paso las mismas vacas.


Desde las llanuras II. 1954. Óleo/lienzo. Museo Nacional Thyssen-Bornesmisza. Madrid.


La vivencia de Texas perduró en su memoria, hasta el punto que años más tarde, en 1954, realizó otra composición sobre el mismo tema, pero totalmente diferente. En donde nos presenta un horizonte lejano, con una puesta de sol con unos colores vibrantes en tonos amarillos y naranjas. Lo que más le impresionó de Texas fue la luminosidad de la luz, "luz por todas partes".


En esta obra vemos una técnica distinta. La pintura es mucho más plana, la pincelada no es tan empastada como el óleo anterior, pero la composición es muy similar.


Sala segunda, parte izquierda.


En 1918 fue a vivir a Nueva York junto a Stieglitz, dedicándose a su arte tan personal. La naturaleza y el microcosmo de las flores le fascinaban, iniciando algunas obras sobre estos temas. En ellas hay conexión con la música y la fotografía, pero siempre con un toque muy personal.


Entre 1918 y 1923 pintó una serie de abstracciones orgánicas que le hicieron famosa y que constituyen obras muy originales dentro del arte americano y que tienen una lectura algo compleja. En algunas ocasiones hay alegaciones a la música; comentándose incluso, que en ellas se representa la vagina femenina. Este erotismo femenino entronca con el feminismo que estaba cogiendo fuerza a lo largo del siglo XX, hasta tal punto que las feministas consideraron a O'Keeffe la creadora de la "iconografía femenina", aunque ella se negó a tener contacto con el movimiento y no le gustaban esas opiniones.


Serie I. Formas de flores blancas y azules. 1919. Óleo/tabla. Museo Georgia O'keeffe. Santa Fe.


Muchos describieron estas obras que realizó con la representación de la naturaleza femenina. Ella negó que fuera algo intencionado: “Nadie mira una flor, de verdad, son tan pequeñas… No tenemos tiempo y para mirarlas se necesita tiempo, al igual que para tener un amigo necesitamos tiempo. Si pudiese pintar la flor exactamente como la veo, nadie vería lo que yo veo, ya que la pintaría pequeña, porque la flor es pequeña. Así que me dije a mi misma: pintaré lo que veo, lo que la flor es para mí, pero la pintaré grande y la gente se sorprenderá cuando destine tiempo a mirarla. Haré que hasta los neoyorquinos más ocupados se tomen un tiempo para mirar lo que yo veo en las flores. He conseguido que te tomes un tiempo para ver lo que yo he visto pero, cuando te tomas ese tiempo para observar realmente mi flor, le adjudicas tus propias asociaciones sobre las flores, y escribes sobre mi flor como si yo pensase y viese lo que tú piensas y ves en la flor, pero yo no lo veo.”


Serie I, nº 8. 1919. Óleo/lienzo. Städtische Galerie im Lenbachhaus und Kunstbau. Munich.


O'keeffe, como otros muchos artistas, hacía series de un mismo tema, en esta obra vemos el nº 8 de la serie de abstracciones orgánicas, para explorar todas las posibilidades que le podía ofrecer el tema.


Es destacable la utilización de colores puros, y contornos difuminados.


Música azul y verde. 1919/21. Óleo/lienzo. Instituto de Arte. Chicago.


En sus obras la artista investigaba la relación de forma, paisaje, música, color y composición. Cuando realizó esta obra, O'Keeffe estaba interesada en las teorías de Wassily Kandinsky (pintor expresionista alemán), quien promulgaba el unir el color y la música para lograr una espiritualidad mayor en el trabajo a realizar. Siguiendo estas teorías, O'keeffe pintó una serie de obras, entre las que se encuentra Música Azul y Verde, en la que la artista utilizó el color para evocar la música. Las variaciones tonales representan los tonos musicales.


En la sala tercera se presentan una serie de pinturas que la artista realizó en sus estancias en el Lake George y en la ciudad de Nueva York.


Ya hemos comentado que en 1908 O'Keeffe tuvo la oportunidad de asistir a un retiro de verano en las montañas de Adirondack, en Lake George. Años más tarde, de 1918 a 1934, la pintora pasó parte del tiempo, sobre todo en verano, en la finca que la familia de Alfred Stieglitz poseía al norte del Lake George Village, inspirándose en los alrededores. Realizando panorámicas del lago, de las montañas, flores y graneros que le recordaban su infancia en Wisconsin.


En contrapunto con la serie de graneros, en esta misma sala podemos contemplar los rascacielos de la ciudad de Nueva York. Ciudad que le atraía, le llenaba de emociones, ella reconoció: "No se puede pintar Nueva York tal como es, sino tal como uno lo siente". En la gran ciudad vivió con Stieglitz en varios domicilios, hasta que en 1925 se establecieron en el hotel Shelton.


En 1923 Alfred Stieglitz organizó la segunda exposición individual de la que un año más tarde sería su esposa, en la Anderson Galleries, triunfando y posicionándola en un lugar de relevancia dentro del mundo cultural de la época.


Mi cabaña. Lake George. 1922. Óleo/lienzo. Colección Phillips. Washington.


En la obra representa la cabaña, situada en la finca de su marido, que usaba como estudio. Ha plasmado una oscura cabaña, en un fondo también oscuro de cielo nublado, que se ha interpretado como su sentimiento de aislamiento en el lugar, aunque según sus propias palabras: "Tenía en la cabeza colores claros y nítidos, pero un día mientras miraba la madera marrón quemada de la cabaña pensé: -Puedo pintar uno de esos cuadros de colores lúgubres que pintan los hombres-"


Calle de Nueva York con luna. 1925. Óleo/lienzo. 1925. Colección Carmen Thyssen, en depósito en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.


Aunque es una pintora de la naturaleza, Nueva York la deslumbra y comienza a representarla. Ella sabía que al pintar los grandes edificios de Nueva York se estaba metiendo en "terreno de hombres", pero en sus propias palabras "mis Nueva Yorks pondrán el mundo al revés", y realmente así fue.


En esta obra, conservada en el Thyssen, primera de sus vistas de la gran ciudad, nos pone en contacto con una visión precisionista, una visión fotográfica de un instante en Nueva York, de un atardecer cualquiera. Los altos edificios se distinguen sobre un fondo con ocres y azules; los altos edificios nos conducen hacia lo alto, enmarcando lo que realmente quiere remarcar: el cielo, la luna, la naturaleza en definitiva. El reflejo de la farola, y el halo concéntrico que la rodea, y el semáforo rojo, proporciona, al mismo tiempo, un aire misterioso a la pintura y un efecto precisionista, como si fuera una instantánea.


Esta obra ella la quiso presentar en la exposición Seven Americans que su marido Stieglitz organizó en 1925 en las Anderson Galleries, pero él se negó, eligiendo otros cuadros de flores, por considerarlos más femeninos. Ella, no se rindió y al año siguiente, lo expuso en una muestra individual en The Intimate Gallery, su tercera exposición individual, vendiéndolo el primer día por mil doscientos dólares. Ella estaba encantada, comentando. "A partir de entonces, me dejaron pintar Nueva York".


En 1925 está viviendo, junto a su marido, en el Hotel Shelton de Nueva York. O'keeffe realizó veinte obras con vistas de la ciudad; y no era tarea fácil, ella lo sabía, conocía que el pintar esos grandes edificios era complicado. El plasmar la "verticalidad de la gran ciudad", una ciudad que estaba comenzando a despuntar con la construcción de los grandes rascacielos y a ser el centro artístico por antonomasia, era arriesgado, pero a pesar de incluso la recomendación de su esposo de no hacerlo, ya que "ni siquiera a los hombres les había ido demasiado bien" pintando la gran ciudad, asumió el riesgo y triunfó.


El Hotel Shelton con manchas de sol. Nueva York. 1926. Óleo/lienzo. The Art Institute of Chicago.


O'Keeffe y Stieglitz se mudaron al hotel Shelton en 1925, poco después de que se inaugurara este hotel, considerado en esa época el más alto del mundo. En un primer momento ocuparon una suite en el piso 28, y poco después en el piso 30, donde tenía también su estudio, trabajando desde 1925 a 1929.


Aunque pintaba en el estudio del hotel, sus paseos por la Gran Manzana fueron numerosos, tomando apuntes, en los que incluía los colores que tenía que utilizar para cada detalle. Una de las obras que sobresalen de este periodo es ésta, en la que pintó el famoso rascacielos a contraluz, de la misma forma que se plasmaría en una fotografía. En ella vemos el destello del sol sobre el acero, una ilusión óptica que O'keeffe contempló desde la parte inferior del edificio.


En esta obra la autora reconoció que la pintura era "quizás un híbrido moderno: una fusión del color cubista, las líneas de fuerza del precisionismo y el lenguaje de la lente fotográfica".


En la sala cuarta, la sala central, podemos admirar su relación con las flores y el mundo natural.


O'Keeffe consiguió su madurez artística en los años 20 del siglo XX, convirtiéndose en una de las artistas más cotizadas del momento y una de las principales representantes de la modernidad que comenzaba a despuntar en Norteamérica. En sus obras vemos una amalgama de figuración, simbolismo, abstracción y técnicas fotográficas. De esta etapa son sus famosas flores de gran formato (estramonios, lirios, amapolas, etc). El gran tamaño de sus flores lo explica ella misma: "La mayor parte de la gente en la ciudad corre tanto, que no tiene tiempo de mirar flores. Quiero que las miren, lo quieran o no".


Amapolas orientales. 1927. Óleo/lienzo. Colección del Frederick R. Weisman Art Museum at the University of Minnesota. Mineápolis.


Los cuadros de flores son la obra más conocida de O'Keeffe. "Todo el mundo establece muchas asociaciones con una flor... Pero rara vez se toma el tiempo necesario para ver realmente una flor. He pintado lo que cada flor significa para mi y las he pintado suficientemente grandes para que otros vean lo que yo veo..."


Hojas de otoño. 1924. Lake George, Nueva York. Óleo/lienzo. Museo de Arte. Columbius.


Realizó una serie de "naturalezas muertas", con frutas, verduras y hojas de diferentes tamaños, que encontró en sus estancias en Lake George. En estas obras su deseo era crear una composición en la que los elementos formales, el color y la forma, fueran los auténticos protagonistas.


Lirio blanco n.7. 1930. Óleo/lienzo. Virginia Museum of Fine Arts. Richmond.


Las flores de O'Keeffe están pintadas de frente, destacando los órganos reproductivos de las mismas, lo que suscitó interpretaciones sexuales de numerosos críticos, hecho que ella siempre negó, como ya hemos comentado. Parece ser que el interés por representar estas flores le vino del recuerdo de una profesora que sostuvo una flor en alto y les explicó detenidamente su forma: "tal vez (esa profesora) hizo que empezara a mirar las cosas, a mirar los detalles con mucho cuidado". Sus flores están pintadas con gran minuciosidad, jugando con un realismo hasta llegar a la abstracción.


Estramonio. Flor blanca. 1. 1932. Crystal Bridges Museum of American Art. Bentonville. Arkansas.


La flor del estramonio era una de las favoritas de la pintora. Es una flor que se abre por la noche y vive muy pocas horas, muy utilizada por los indios por ser una planta venenosa. O'Keffee cultivó la planta en su casa de Abiquiú, hasta que se enteró que era venenosa. Algunos críticos entienden que encarna la comunión entre la vida y la muerte por el contraste entre la belleza de la flor y su letalidad.


En el año 1937 la célebre empresaria de cosmética Elizabeth Arden le encargó un cuadro con la representación de la flor de estramonio para decorar el gimnasio de su salón de belleza de Nueva York.


Estramonio es la obra más cotizada de la historia del arte pintada por una mujer, ya que fue vendida en el año 2014 por la Casa de Subastas Sotheby’s alcanzando la cifra de 44,4 millones de dólares (35'8 millones de euros).


En la exposición una imagen quedó en mi retina. Un grupo de niños franceses atendiendo la explicación de una guía, profesora o familiar, lo desconozco. Eran jovencitos pero a lo largo de toda la exposición demostraron tanto interés y respeto que me emocionó profundamente. Aún queda la esperanza de que las nuevas generaciones vean más allá de los móviles y los ipad. La cultura tiene mucho que ofrecer y realmente emociona ver que no está todo perdido.


Almeja y mejillón. 1926. Óleo/lienzo. Museo Georgia O'Keeffe. Santa Fe.


O'Keeffe desde su infancia tenía fascinación por las conchas: "Cuando era pequeña...cogía una concha... y me la ponía cerca de la oreja. Me habían dicho que lo que se oía era el sonido del mar".


En la década de 1920, ya hemos comentado, que O'Keeffe y Stieglitz vivían entre Nueva York, en el invierno y primavera; y en el Lago George, al Norte de Nueva York, el resto del año. O'Keeffe aunque en el Lago George tenía su estudio, los numerosos visitantes que acudían a su casa le dificultaban el pintar, por ese motivo se escapaba a la costa de Maine donde recogía las conchas que luego plasmaba en sus cuadros. Al igual que en sus cuadros de grandes flores, las conchas inundan el lienzo. Representó composiciones con formas naturales, realistas pero abstrayéndolas.


Abstracción negra. 1927. Óleo/lienzo. The Metropolitan Museum of Art. Nueva York.


Sus trabajos estuvieron siempre entre la figuración y la abstracción, un claro ejemplo es esta obra, que plasma lo que sintió al ser operada de un tumor benigno en el seno, en el verano de 1927 en el Hospital Monte Sinaí de Nueva York. Ella lo expresa de esta forma: "Estaba en una camilla en una habitación grande, dos enfermeras se cernían sobre mí, una claraboya muy grande sobre mí. Había decidido estar consciente el mayor tiempo posible. Escuché al doctor lavarse las manos. La claraboya comenzó a girar y lentamente se hizo más y más pequeño en un espacio negro. Levanté mi brazo derecho por encima y lo dejé caer. Cuando la claraboya se convirtió en un pequeño punto blanco en una habitación negra, levanté mi brazo izquierdo sobre mi cabeza. Cuando comenzó a caer y el punto blanco se hizo muy pequeño, me fui ". Semanas más tarde su experiencia se convirtió en esta obra, en la que ha utilizado tonalidades negras y grises. El negro utilizado es suave y aterciopelado. Es impresionante.


En las salas quinta y sexta se presentan 25 obras fechadas entre 1929 y 1946, en las que muestra sus primeros pasos por Nuevo México. Un descubrimiento que le cambió su vida personal y artística.


En 1929, pasando por una crisis en su matrimonio, viajó junto a su amiga Rebeca Strand, invitada por Mabel Dodge Luhan, una rica mecenas, a Taos, un pueblecito de Nuevo México. Hasta tal punto quedó prendada de la luz del desierto, de los acantilados multicolores, de las diversas culturas nativas y de la herencia hispana, que adquirió una hacienda, el Ghost Ranch, al norte de Santa Fe, donde pasó largas temporadas para pintar y explorar ese amplio territorio, unas veces acompañada y otras en soledad.


En este desierto realizó sus paisajes más famosos (las montañas Black Mesa, el Cerro Pedernal, el arroyo Rito del Yeso, los fósiles que encontraba en el desierto): "Lo inexplicable de la naturaleza es que me hace sentir que el mundo es inabarcable, más allá de mi comprensión y para entenderlo trato de de darle forma a través de mis pinceles. Busco encontrar la sensación de infinito en la línea del horizonte o justo sobre la siguiente colina".


Colinas (cabeza de carnero y malva real blanca. Nuevo México). 1935. Óleo/lienzo. Museo Brooklyn.


La pintora coleccionaba calaveras, cuernos y restos óseos que encontraba en sus largos paseos por el desierto. Para ella representaban el desierto que tanto amaba: "Quería pintar el desierto y no sabía como..., así que me traje a casa los huesos blanqueados como símbolos del desierto. Me parecen tan bellos como cualquier otro objeto..." Para ella los huesos representaban el ciclo vital, la muerte y la renovación de la vida que se repite en la naturaleza.


En esta obra ha representado el cráneo de un carnero, adornado con una malva blanca (símbolo de las flores artificiales que los hispanos adornaban sus tumbas).


Paisaje de Black Mesa, Nuevo México. Desde la casa de Marie II. 1930. Óleo/lienzo. Museo Georgia O'Keeffe. Santa Fe.


La montaña de Black Mesa, en territorio navajo, le impactó en su primera visita a Nuevo México (1929): "Cuando llegué a Nuevo México: encontré lo mío. En cuanto lo vi: ese era mi país. Nunca antes había visto algo así, pero encajaba perfectamente conmigo". Esta obra fue el inicio de una nueva etapa en la pintora, con mayor enfoque en los trazos simples, en el color y en el contorno de las formas. O'Keeffe pintó la misma vista en diferentes ocasiones y épocas.


Kachinas.


Interesantes son sus encantadoras Kachinas, espíritus ancestrales indígenas que mediaban entre los dioses y el hombre. Muñecos de madera pintada de los indios Hopi y Zuñi, del suroeste de los Estados Unidos, que se utilizaban para enseñar a los niños. Entre 1931 y 1945, realizó diecisiete dibujos y pinturas de las "muñecas kachina".


O'keffee poseía varias kachinas, a las que llamaba "gente menuda". Las pintó a lo largo de los años treinta y cuarenta.


La kachina de Paul. 1931. Óleo/tabla. Museo Georgia O'Keeffe. Santa Fe.


De la mano de Tony Luhan indigena hopi y marido de su amiga Mabel Dodge, conoció lugares y culturas indias, quedando fascinada por las danzas ceremoniales.


Esta Kachina se la regaló su amigo el fotógrafo Paul Strand, quien también visitó los pueblos fantasmas del viejo Oeste. Es amarilla con los ojos diferentes, es una de las primeras que pintó, de ella comentó: "la pequeña kachina con su graciosa pluma chata en la cabeza y los ojos saltones, tiene una curiosa quietud viva".


Siguiendo en la quinta sala, podemos ver que además de los asombrosamente hermosos paisajes de Nuevo México que O'Keeffe pintó, también se inspiró para realizar algunas de las iglesias, cruces y arte popular de la zona, así como temas de los nativos americanos.


Gris, azul y negro. Círculo rosa. 1929. Óleo/lienzo. Museo de Arte. Dallas.


Esta obra es el resultado de sus experiencias en su primera estancia en Nuevo México cuando presenció varias danzas ceremoniales nativas, describiéndolas así: "Tocas y cada una de sus fibras parecían restallar como el fuego, y cómo lo disfrutaba. Casi me muero, y no era solo la danza, era el aspecto humano, la transformación y el placer que había en ella..."


La parte central de esta obra recuerda el "tocado de los Hopi, y la espirales de color circundantes amplifican el movimiento sugerido de la danza y los ritmos del universo".


En la parte derecha de la sala quinta, podemos admirar una serie de paisajes de la serie de colinas grises, realizadas en los años 30-40, y otros paisajes de Nuevo México, así como dos ejemplos de su serie de pelvis.


Cuando vivía en Nuevo México se sacó el carnet de conducir y se compró un Ford A, con el que recorría el desierto recogiendo todo lo que encontraba y le parecía interesante. Como comentó en 1976: "He recogido flores allí donde las he encontrado. He recogido conchas y rocas y trozos de madera. Cuando en el desierto encontré los hermosos huesos blancos, los recogí y me los llevé a casa también". También tomaba apuntes de las rocas, del paisaje (acantilados, formaciones rocosas). En esta etapa vemos un lenguaje que está entre la abstracción de sus inicios y una vuelta a la figuración, pero siempre dentro de un estilo muy personal, en el que nos presenta paisajes y la fuerte herencia cultural que existe de las antiguos nativos americanos.


Durante los años 40 pasaba los veranos en Nuevo México y los inviernos en Nueva York con Stieglitz.


Pelvis con la distancia. 1943. Óleo/lienzo. Museo de arte. Newfields. Indianápolis.


En la década de los 40 realizó la serie Pelvis. Ella en uno de sus paseos se encontró una pelvis y alzándola miró hacia el cielo y pintó lo que vio. La vista a través del agujero del hueso es un cielo azul brillante, que contrasta en gran manera con la blancura del hueso.


Estas obras son consideradas un llamamiento a la paz, eran momentos duros, con la Segunda Guerra Mundial. Su fondo azul, inspirado en Kandinsky, resalta los agujeros del hueso de la pelvis: "los agujeros de los huesos, lo que veía a través de ellos... Eran especialmente maravillosos contra el azul, ese azul que siempre estará ahí como lo está ahora que toda la destrucción del hombre ha terminado".


A pesar del carácter metafísico de muchos de estos paisajes, y de que algunos críticos los relacionaron con el surrealismo, ella siempre negó que estas obras tuvieran relación con este movimiento, aunque los propios surrealistas la consideraban de los suyos.


Black Place I. 1944. Óleo/lienzo. Museo de Arte Moderno. San Francisco.


Durante las décadas de 1930 y 1940 Nuevo México se convirtió en su refugio, mientras su fama crecía. Le encantaba explorar los rincones del desierto, tenía sus lugares preferidos, entre ellos "White Place y Black Place", de los que realizó numerosos estudios (algunos los podemos ver en la parte izquierda de la sala quinta).


Este Lugar lo descubrió en 1937, quedando fascinada, acampando en él en numerosas ocasiones. De estas colinas realizó una serie de obras en las que muestra la profunda hendidura que separaba las dos colinas que la formaban, cada vez dentro de un arte más abstracto.


En la sala sexta encontramos obras de su última etapa, donde se despoja más aún de las formas y la síntesis es más pura. En 1945 se compró una segunda vivienda, un rancho abandonado en Abiquiu, en donde aunque era visitada por algunas amistades, era en realidad una mujer solitaria, que en su última etapa vivió en la tierra que amaba, plasmándola en su obra.


Su popularidad fue creciendo. En 1946 fue la primera mujer que expuso una retrospectiva en el MOMA de Nueva York. En ese mismo año, estando ella en Nuevo México, su esposo murió en Nueva York de una trombosis cerebral, trasladándose a la gran ciudad, en donde se quedó durante tres años, volviendo a Nuevo México, su verdadero hogar, en 1949.


-Puerta negra con rojo. 1954. Chrysler Museum of Art. Norfolk. Virginia.


-Mi última puerta. 1952-1954. Óleo/lienzo. Museo Georgia O'Keeffe, Santa Fe.


Al final de su vida, su arte fue virando hacia el minimalismo, que triunfaría en los años 60 en Estados Unidos. Entre 1946 a 1960 realizó una veintena de lienzos representando la puerta de la casa de Abiquiú, a la que se trasladó en 1940. "Esta puerta es la razón por la que compré esta casa", comentaba ella en 1963; y su obsesión por pintarla tenía un motivo: "Siempre estoy intentando pintar esa puerta y nunca lo consigo".


La serie que realizó sobre la puerta de su casa es el anticipo del arte minimalista americano de los años sesenta.


Óleos realizados en sus viajes entre 1959-1960. De izquierda a derecha:

-Era amarillo y rosa II. 1959. Óleo/lienzo. Museo de Arte. Cleveland.

-Rosa y Verde. 1960. Óleo/lienzo. Museo Georgia O'Keeffe. Santa Fe.

-Verde, amarillo y naranja. 1960. Óleo/lienzo. Museo de Brooklyn. Nueva York.


O`Keeffe era un ser inquieto y pasó la década de 1950 viajando por el mundo. Su primera escala fue Francia, luego España (donde conoció la obra de Goya que le maravilló), y posteriormente realizó un viaje de tres meses a la India, Asia Oriental, el sureste asiático, Oriente Medio y Roma (que le decepcionó). También captó las montañas de Perú, el monte Fuhi de Japón, etc. En todos estos países conoció el arte de épocas anteriores y de su época, pero realmente no dejó huella en ella, salvo alguna excepción. Pero sí lo harán las vistas aéreas que veía desde la ventanilla de los numerosos aviones que tuvo que tomar. Asombrada por la belleza del mundo desde las alturas, tomaba notas, con las que pintó una serie de trabajos en los que podemos vislumbrar senderos, riachuelos, carreteras, en una técnica minimalista, gestual, con planos de color y luz tamizada, que entronca con su primera obra abstracta.


En esa época el movimiento feminista la erigió como "iconografía femenina", pero ella rechazó esta nominación, así como el formar parte de la exposición en los Ángeles titulada Mujeres artistas: 1550 a 1950, diciendo que ella no era pintora, sino una de los mejores pintores. En 1962 fue nombrada nº 50 de la Academia americana de Artes y Letras; y en 1966 miembro de la Academia Americana de las Artes y las Ciencias. Sucediéndose los premios y galardones en todos estos años, hasta fue condecorada con la Medalla Presidencial de la Libertad, el más alto honor otorgado a los ciudadanos americanos.


Carretera de invierno. 1963. Óleo/lienzo. Galería Nacional de Arte. Washington.


En este óleo O'Keeffe ha representado la carretera que veía desde la ventana de su dormitorio. En esta ocasión en invierno, rodeada de la nieve que ha caído. El trazo ondulado y estilizado está cerca de la caligrafía japonesa, en una composición minimalista. Esta obra está muy relacionada con los cuadros que realizó tras sus numerosos viajes reproduciendo lo que veía desde lo alto de los aviones en los que viajaba.


Cielo sobre nubes. Horizonte amarillo y nubes. 1976-1977. Óleo/lienzo. Museo Georgia O'Keeffe. Santa Fe.


El cielo fue siempre importante para ella, ya en su primera época en una carta al que sería su marido le hablaba así: "el maravilloso y enorme cielo; me dan ganas de respirar tan profundamente que parece que me voy a romper. Es tan grande que necesito salir".


Ya lo hemos podido advertir en numerosas de sus pinturas, los cielos de Nueva York, de Nuevo México, el cielo de sus numerosos viajes: "El cielo debajo era de un blanco sólido muy hermoso... Al fondo era de un azul claro. Era tan maravilloso que ansiaba llegar a casa para pintarlo". Sobre este tema pinto varios cuadros, uno de ellos es el que os pongo, pintado con noventa años, casi ciega, con ayuda de sus asistentes, entre los que destaca el ceramista John Bruce Hamilton. Pintaba de memoria. En él vemos el cielo reducido a franjas de colores: blanco, amarillo y azul, dentro de una técnica totalmente minimalista.


A pesar de su edad ella siguió viajando y realizando exposiciones, siendo considerada una de las últimas representantes de una generación pionera de pintores modernistas.


Estudio en Abiquiú con vistas al valle de Chama. 1960. Fotografía realizada por Laura Gilpin. Museo Amon Carter. Fort Worth.


La última sala está dedicada al taller de la pintora, donde se pueden