El Calvario, obra del pintor aragonés Juan de la Abadía "El Viejo". Museo de Zaragoza.

"Juan de la Abadía merece un puesto destacado en la escuela aragonesa de influencia entre los mejores pintores cuatrocentistas españoles..." José María Sanz Artibucilla.


En la exposición permanente de arte gótico, en la Galería del Museo de Zaragoza, podemos contemplar este Calvario, adquirido en el año 1928 por el museo zaragozano, que formaba parte del coronamiento de un retablo actualmente no identificado. Por las características de su estilo se ha atribuido al pintor oscense Juan de la Abadía, el Viejo, ya que a falta de documentación que atestigüe su procedencia, la pintura establece analogías con otras obras realizadas por este pintor. Artista que en el año 1941 fue denominado como "Maestro de Almudévar", por el hispanista estadounidense Chandler R. Post, por el retablo de “Santo Domingo de Guzmán”, de la iglesia de san Miguel de la localidad oscense de Almudévar; años más tarde, tras las investigaciones llevadas a cabo por los historiadores Ricardo del Arco y Federico Balaguer permitieron confirmar su verdadera identidad: Juan de la Abadía, el Viejo.


Juan de la Abadía "El Viejo", activo en Huesca entre 1460 y 1498, es conocido con ese sobrenombre para diferenciarlo de su hijo homónimo, también pintor y colaborador en varias obras que realizó al final de su vida; es considerado un pintor con gran personalidad, activo en el último cuarto de siglo XV y los primeros años del siglo XIV, dentro del estilo denominado gótico hispano-flamenco.


Abadía el Viejo fue un gran pintor, pero su obra tuvo un problema añadido, ya que a su reducido ámbito geográfico de creación se unió la dispersión y desmantelación de sus retablos. Su obra se haya desperdigada en colecciones particulares, y en diversos museos nacionales e internacionales. Entre sus obras más conocidas: el ya mencionado retablo de Almudévar; el retablo de “Santa Catalina de Alejandría", para la iglesia de Santa María Magdalena de Huesca (tablas repartidas por distintas colecciones y museos del mundo), ambos realizados en 1490 . Entre las obras conservadas y atribuidas tenemos los retablos de Sorripas, el del Salvador de Broto (hoy en el Museo de Zaragoza); un Calvario, conservado en el Museo de Arte de Cataluña; varias tablas conservadas en el Museo del Prado, parte de un retablo dedicado a San Antonio Abad; también hizo para el monasterio de Sijena un retablo, varias tablas, hoy conservadas en el museo de Bellas Artes de Asturias (donadas por el empresario Plácido Arango). Entre las obras documentadas y desaparecidas nombraremos: el desaparecido retablo mayor (santa Orosia) de la catedral de Jaca de 1473, retablo que le proporcionó fama y numerosos encargos posteriores, como el de san Andrés de Banastás (1474), destruido en 1936; el de san Vicente de Labuerda, y otros en localidades oscenses, como para el Monasterio de Sijena.


Según afirma José María Quadrado en su obra "Recuerdos y bellezas de España", en los libros de fábrica de la catedral de Jaca aparece un Maestro Juan de la Abadía, pintor natural de Huesca y autor del retablo de santa Orosia, por lo que su nacimiento se verificó en la capital oscense. Su etapa de aprendizaje pudo realizarla en Barcelona en el taller del pintor Bernardo Martorell (!455-1460), y con el pintor Pedro García de Benabarre. Para algunos autores (Antonio Durán Gudiol) colaboró con éste último y Miguel Nadal en el retablo de santa Clara y santa Catalina para la catedral de la ciudad Condal; así como en el de los santos Quiricio y Julita (Museo Diocesano, Barcelona), en esta etapa conocería el estilo de Jaime Huguet, quien influyó notablemente en su obra.


Entre 1469 y 1498 (fecha probable de su fallecimiento) aparece documentado en la ciudad de Huesca, donde abrió uno de los talleres más activos de finales del siglo XV y se comprometió a realizar un retablo para Barbastro. Se sabe que vivía en la parroquia de san Pedro el Viejo, en el Alpargán, que casó con Andrea Ganancia con la que tuvo un hijo: Juan de la Abadía, también pintor, llamado "El Joven", quien se incorporó a su taller hacia 1489. El taller se ubicaba en la calle de la Correría (hoy Ramiro el Monje), donde también trabajaban (al menos a partir de 1490) su hijo Juan de la Abadía "el Joven" (1489-1511), Pablo Reg, Arnault de Aguillón y Francisco Johan Bachet (tomado como aprendiz en abril de 1482).


El testamento de Andrea Ganancia fue firmado en Huesca el 2 de febrero de 1500, y en él pedía ser enterrada en donde yacía su marido, en el claustro de san Juan el Viejo de Huesca; nombrando como albaceas a los discípulos de su marido, a los pintores Johan Baget y Pau Reg, plasmando que Bachet "antiguo discípulo y colaborador de Abadía, custodiaba un arca de nogal dentro de la cual había seis cortinas de pincel y dos tablas de muestras pintadas". Hecho que demuestra que en los talleres importantes existían grabados y modelos pintados por los maestros que utilizaban los colaboradores; motivo por el cual se puede explicar tanto las "similitudes de tipologías o composiciones, como también la ejecución diferente", en las denominadas "obras de taller".


Por aquel entonces a la ciudad de Huesca llegaban mercancías de Flandes, objetos que eran conocidos por los artistas y que plasmaban en sus obras, así como la presencia de artistas flamencos, sobre todo grabadores, que se habían instalado en Zaragoza (Juan de Lovaina, Gil de Bravante, Juan de Flandes...), y que difundieron la obra de los maestros flamencos por Aragón.


Se sabe que Juan de la Abadía el Viejo también hizo uso de estas estampas, ya que su pintura acusa una fuerte influencia de los grabados alemanes y flamencos en particular de los de Martín Schongauer (pintor y grabador de origen alemán cuya actividad se fecha entre 1741-1491). Muestra de ello es que en el testamento del año 1500, de la viuda de Juan de La Abadía, conservado en el Archivo Histórico de Huesca, se menciona: la existencia de "una pequeña caja de pino con papeles de muestras de ymagines de deboxar y otras cosas del oficio de pintor, mueble ubicado en la sala, mientras en el obrador o botiga se recoge una caja grande de nogal con una muestra de pergamino".


En su obra vemos una interpretación muy personal de la pintura hispano flamenca, ya que frente a la rigidez de ésta, él utilizaba fondos, nimbos y ornamentos con relieves dorados. En la fisonomía de los personajes se aprecia una "clara inspiración nórdica", con piel muy blanca, ojos claros, cabellos rubios, como en el caso de la Magdalena y san Juan.


Su dibujo es de "rara perfección, potenciado por un hábil sombreado que proporciona a cabezas y manos una acusada expresividad". En cuanto al colorido, es vivo, aunque combinando también los tonos fríos.


Por sus elementos, como las decoraciones laterales y el remate de la tabla con decoración vegetal; así como la costumbre, en época gótica, de que este tema ocupaba frecuentemente los áticos de los retablos hispanos, hacen pensar, como ya hemos comentado, que estamos ante el remate de un retablo de gran tamaño que no se ha conservado.


La composición es sencilla, abierta, estática y serena, a pesar del gran número de personajes que están representados, de tipo tradicional. Cristo aparece como eje de simetría y el resto de los personajes se disponen a uno y otro lado de la cruz. A la izquierda, el grupo de la Virgen con san Juan Evangelista, acompañados de dos santas mujeres: santa María Cleofás y santa María Salomé; y otro personaje, detrás de las mujeres, fija su mirada hacia Cristo, llevando una lanza en su brazo derecho, y que representa a Longinos.


A la derecha el grupo de soldados romanos, uno de los cuales señala hacia el crucificado.


Cristo está representado muerto clavado en la cruz con tres clavos. Lleva nimbo crucífero dorado con rayos rojizos y perizonium sujeto en el lado izquierdo. De rostro sereno, refleja el sufrimiento vivido. Tiene los ojos cerrados, y la cabeza coronada de espinas, levemente inclinada sobre el hombro derecho. Se observan las heridas de las manos, de los pies y del costado. Vemos un cierto concepto de anatomía. En su cuerpo aparecen marcados los pectorales, el abdomen y las caderas, a base de un modelado claroscuro.


En el fondo, dando cierta profundidad a la escena, vemos la ciudad amurallada de Jerusalén, pintada de forma naturalista.


Grupo de san Juan, la Virgen y las Santas Mujeres.


En las figuras de la Virgen y san Juan destaca la calidad de ejecución de sus ropajes, de amplios pliegues acanalados, semejantes a la escultura, y con vivo colorido.


María aparece casi desfallecida, con los ojos semicerrados, y sostenida por san Juan, situado a la izquierda, y una de las santas mujeres. Ambos reflejan en sus rostros su tristeza.


Las Santas Mujeres se sitúan detrás de María, sus caras ovaladas de finos rasgos y tez muy pálida, reflejan su estado de ánimo. Las miradas perdidas, como ensimismadas en sus tristes pensamientos; todos los personajes de la derecha, excepto el que se sitúa detrás de las mujeres, llevan nimbo dorado de santidad.


Al fondo a la derecha vemos a Longinos de Cesárea, que según la tradición cristiana fue el soldado romano que traspasó el costado del cuerpo de Jesús con su lanza (la Santa Lanza), y que exclamó "en verdad este era el Hijo de Dios"; su historia y conversión al cristianismo se originó en la Edad Media. En su rostro y en su turbación notamos el arrepentimiento por haber herido a Jesús, al que mira con un gesto de incredulidad y contrición.


A los pies de la cruz y abrazada a ella, aparece María Magdalena vestida con un vistoso traje y con clara representación de su dolor, elevando sus ojos hacia el crucificado.


En el grupo de la derecha vemos una serie de figuras vestidas con trajes de corte oriental y turbantes, otros con yelmos y lanzas. La vestimenta es la típica de la época del pintor, tal y como podemos ver en los hábitos de las santas mujeres, o en las de los soldados romanos, vestidos con yelmos, corpiños, calzas y turbantes.


Gran realismo y detallismo en las carnaciones y en los cabellos, el colorido vivo y el plegado de los paños muy característico del gótico hispanoflamenco.


La obra fue restaurada en el año 2019 gracias al CRDO (Consejo regulador Dominación de Origen vitivinícola) Campo de Borja.


Hasta aquí el nuevo vuelo por el Museo de Zaragoza, un lugar que a la Libélula Viajera le gusta perderse. Espero qué os haya gustado.


Hasta el próximo vuelo.




BIBLIOGRAFÍA:

-ALAGÓN, Alejandro: Juan de La Abadía el Viejo, representante de la pintura hispano-flamenca: https://www.academia.edu/41194717/CONFERENCIA_PRESENTACI%C3%93N_SOBRE_JUAN_DE_LA_ABAD%C3%8DA_EL_VIEJO


-ALAGÓN, Alejandro: Los enigmas de Juan de la Abadía el Viejo: https://www.academia.edu/40905588/LOS_ENIGMAS_DE_JUAN_DE_LA_ABAD%C3%8DA_EL_VIEJO


-MORTE, Carmen: Del Gótico al Renacimiento en los retablos de pintura aragonesa durante el reinado de Fernando el Católico, pág. 355: https://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/26Z/75/_ebook.pdf


-CIENFUEGOS-JOVELLANOS, Teresa: La pintura del siglo XV en el Museo Arqueológico Nacional, pág: 207: http://www.man.es/man/dam/jcr:d13b3ea2-4170-4ef8-942d-ff35a3545ec4/man-bol-1997-cienfuegos-jovellanos.pdf


- LACARRA DUCAY, Mª del Carmen: La pintura gótica durante el siglo XV en tierras de Aragón y en otros territorios peninsulares: https://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/26/75/_ebook.pdf


-LACARRA DUCAY, Mª del Carmen: Influencia de Martín Schongauer en la pintura gótica aragonesa, nuevas reflexiones: https://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/26/75/_ebook.pdf

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