Mañana será otro día.


Observaba la lluvia a través de la ventana, el día favorecía su estado de ánimo; estaba atravesando por un impasse, una sensación de vacío inexplicable, esperando pacientemente que sucediera algo, sin saber en realidad lo que aguardaba. Le preguntaban dónde estaba su sonrisa y buen humor, dónde su luz y vital alegría. Decían que era el cambio de estación: “no te preocupes, la primavera produce este tipo de sensaciones, el verano está a la vuelta de la esquina, y el calorcito y el sol traerá consigo vitalidad y ánimo”.

Sí, pero no. Ella sabía que la causa era ese vacío tan familiar que a veces le visitaba, abandonándole sin previo aviso, pero siempre dejando una pequeña herida en el alma.

Era encontrarse y no ubicarse; el me parece que, pero no; el me gustaría, pero tampoco es eso. Últimamente se sentía algo perdida en un mundo de espera permanente. Si por lo menos supiera con certeza lo que tanto deseaba.

Hacía varios días que el olor a sulfuro de Dimetilo, conocido por “olor a mar”, había llegado a su hogar, ella desconocía quien le enviaba todos los años ese aroma tan añorado, pero intuía que la llamada del mar había comenzado, quizás la espera llegaría a su fin; con razón su signo era piscis, y el agua era un elemento imprescindible en su vida (para lo bueno y para lo malo).

Si, pensaba, el verano está a la vuelta de la esquina, a pesar de los duros tiempos que corrían, los recuerdos, sensaciones y vivencias pasadas, que cada año la visitaban, le ayudarían a encontrar el camino para salir del oscuro impasse en el que se veía envuelta. En su fuero interno, sabía que los recuerdos servían de trampolín no de sofá, y apoyándose en ellos podría saltar y reinventar el presente, su presente.

Tomorrow's another day

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