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Santiago Ramón y Cajal bajo la mirada del pintor Joaquín Sorolla. Museo Provincial. Zaragoza.

Se ha dicho tantas veces que el problema de España es un problema de cultura. Urge, en efecto, si queremos incorporarnos a los pueblos civilizados, cultivar intensamente los yermos de nuestra tierra y de nuestro cerebro, salvando para prosperidad y enaltecimiento patrios todos los ríos que se pierden en el mar y todos los talentos que se pierden en la ignorancia”.

 

S. Ramón y Cajal / Madrid, 1º de mayo de 1922.

 

 

En uno de mis paseos por el museo de Zaragoza, al que os recomiendo visitar, me sentí fascinada por el retrato que pintó, el valenciano Joaquín Sorolla, a nuestro insigne Premio Nobel Santiago Ramón Y Cajal, un verdadero aragonés de pro.

 

Hijo de Justo Ramón Casasús y Antonia Cajal, naturales de la localidad aragonesa de Larrés. Don Santiago nació el 1 de mayo de 1852 en el pueblecito navarro de Petilla de Aragón, donde su padre ejercía de médico. Siguiendo el relato del propio Santiago Ramón y Cajal en su libro "Mi infancia y juventud": "Nací el 1.º de mayo de 1852 en Petilla de Aragón, humilde lugar de Navarra, enclavado por singular capricho geográfico en medio de la provincia de Zaragoza, no lejos de Sos. Los azares de la profesión médica llevaron a mi padre, Justo Ramón Casasús, aragonés de pura cepa, y modesto cirujano por entonces, a la insignificante aldea donde vi la primera luz, y en la cual trascurrieron los dos primeros años de mi vida".

 

Tal y como nos dice en su relato el propio Cajal, en 1854 volvieron al pueblo de sus padres, Larrés; recorriendo, posteriormente, otros lugares aragoneses como Luna, Valpalmas y cuando la fama paterna fue más reconocida se establecieron en Ayerbe, en donde su padre ejerció su profesión de médico-cirujano.

 

Sabemos que él, se consideraba aragonés por raigambre y afecto, como podemos leer en una de las cartas que se conservan de su puño y letra: “Porque Zaragoza es algo mío muy íntimo que llevo embebido en mi corazón y en mi espíritu y palpita en mi carácter y en mis actos…” (Noticiero, 2 de mayo de 1922).

 

En 1870, toda la familia se estableció en Zaragoza, al obtener don Justo, la plaza de profesor de Dirección y Osteología en la Escuela Libre y Regional de Medicina, llegando a ser uno de los cirujanos más famosos de la ciudad.

 

Santiago tenía un espíritu rebelde; hasta el punto que, en 1865, su padre, debido a su comportamiento y a su bajo rendimiento, le puso a trabajar en el taller de un zapatero de Gurrea de Gállego. Santiago tenía  aficiones que chocaban totalmente con el pensamiento de un padre estricto como era don Justo, quien deseaba que su hijo fuera médico. Su afán tuvo su recompensa, ya que consiguió con su tenacidad que su hijo mayor Santiago llegara a ser uno de los científicos más importantes del siglo XX; y su hijo Pedro, que ayudó en ocasiones a su hermano, fuera también reconocido como un gran ginecólogo y patólogo.

 

 

Estamos ante un aragonés universal, un Premio Nobel formado en la Universidad de Medicina de Zaragoza, a la que consideraba su “venerable alma mater”. Se licenció en medicina en junio de 1873, ejerciendo de profesor en esa misma universidad. En 1874 fue como médico a la Guerra de Cuba, en donde enfermó de malaria, teniendo que regresar a Zaragoza. Durante su convalecencia descubrió la fotografía, afición que no abandonó nunca. Se conservan más de 2.773 elementos fotográficos en el Legado Cajal.

 

Fue un hombre polifacético, ya que además de un gran histólogo, investigador y docente; también mostró gran interés por la gimnasia (apasionado por la musculación del cuerpo), la filosofía, la astronomía, la fotografía (actividad importante en su vida), la literatura, escribiendo obras científicas y relatos tan interesantes, en los que entremezclaba ficción con elementos científicos, como los “Cuentos de Vacaciones”, así como numerosos poemas.

 

 

Ya he comentado que una de sus grandes aficiones fue la fotografía. Es considerado por muchos como uno de los pioneros de la fotografía en España y desde el año 1900 fue presidente de honor de la Real Sociedad Fotográfica de Zaragoza. En Huesca, donde estudiaba el bachillerato, conoció el daguerrotipo y la fotografía al colodión húmedo; también fue uno de los primeros en usar la fotografía a color en España, llegando a escribir un tratado con reglas científicas sobre el tema. Incluso llegó a montar un pequeño laboratorio fotográfico, donde realizaba miles de experimentos.

 

En 1890 realizó este autorretrato, casi un selfi como lo llamamos hoy en día, en el que lo vemos con su mujer Silveria Fañanás, con la que se casó en 1879, y cuatro de los seis hijos, que tuvieron: Luis, Pilar, Paula Vicenta, Enriqueta, Jorge y Fé. Entre 1875-1884 vivieron en Valencia, donde había obtenido la cátedra de Anatomía en la Universidad valenciana; trasladándose en 1887 a Barcelona, al ganar una cátedra en esa universidad. Se instaló en un modesto piso del Raval barcelonés, en el núm 7 de la calle Notariat, donde montó un Laboratorio de Histología. Fue allí, en esta casa, donde formuló su teoría de la “Doctrina de la neurona”, que le valdría años más tarde el Premio Nobel, otorgado por el Real Instituto Carolino de Estocolmo. 

 

Su teoría fue un verdadero hito mundial en las investigaciones del cerebro humano y su funcionamiento. Descubrió que el sistema nervioso central estaba compuesto por células individuales, llamadas neuronas, que a pesar de interactuar entre ellas, en realidad eran unidades independientes (teoría neuronal). Gracias a sus investigaciones es considerado mundialmente como uno de los padres de la neurociencia.

 

Fotografía realizada por Ramón y Cajal: Legado Cajal-CSIC (fotografía realizada en la Exposición del Paraninfo).
 

Fotografía del científico en su laboratorio biológico entre sus colaboradores. Enciclopedia aragonesa.

 

Desde 1892 ocupó una cátedra en la Universidad Central de Madrid, y en 1901 logró que el gobierno creara el Laboratorio de Investigaciones Biológicas, en el que trabajó hasta que se jubiló en 1922. Todo su esfuerzo se vio recompensado en 1906 al recibir el Premio Nobel (compartido con Camillo Golgi), siendo uno de los pocos españoles en conseguirlo y más en unos tiempos de gran dificultad para los investigadores (bueno, en realidad, en España siempre lo ha sido). Santiago siguió investigando en el Instituto Cajal hasta su muerte en 1934, a la edad de ochenta y dos años de edad. Fue un gran hombre, reconocido como “insigne sabio español, gloria universal y gran patriota”.

 

En cuanto al pintor Joaquín Sorolla, del que ya hemos hablado en otros artículos (a los que os remito), fue también un magnífico retratista. Muchos personajes ilustres de la sociedad española de la época fueron reflejados por sus pinceles con fidelidad absoluta, y entre ellos, no podía faltar, don Santiago Ramón y Cajal.

 

La obra, como escribe el mismo Sorolla a su amigo y marchante Pedro Gil Moreno de Mora, fue pintada en 1906, cuando ya le habían concedido el premio Nobel, con lo que podemos considerar esta obra como el retrato oficial del nuevo Premio Nobel.

 

El cuadro fue presentado en la Exposición que Sorolla realizó en la Galería Georges Petit de Paris, y adquirido por el mencionado Pedro Gil, por la cantidad de cinco mil pesetas. Años más tarde cayó en manos de la colección del doctor Puigvert de Barcelona. Ya en 2014 figura como propiedad de la Diputación General de Aragón, durante un tiempo estuvo en el despacho del presidente del Gobierno de Aragón, don Javier Lambán. Posteriormente, tras la exposición  “Sorolla en Paris”, en 2016 pasó a ser expuesta en el Museo Provincial de Zaragoza, al lado mismo de otro retrato también realizado por Sorolla del pintor Portillo y enfrente de la escultura de bronce realizada en 1914 por Mariano Benlliure del insigne científico.

 

Actualmente, este retrato, lo podéis admirar en la exposición que desde el mes de octubre hasta el 11 de enero de 2020 se exhibe en el Paraninfo de Zaragoza, con el título “Santiago Ramón y Cajal, 150 años en la Universidad de Zaragoza”, en donde se pueden ver 324 piezas relacionadas con el científico, entre ellas este magnífico retrato. Una vez terminada la exposición, el lienzo volverá a su lugar: el Museo zaragozano (muchísimas gracias quiero dar, por su amabilidad e información, a doña Marisa Arguis Rey, conservadora del Museo Provincial de Zaragoza.

 

Estamos ante uno de los retratos realizados por Sorolla más sobrios y austeros. Se muestra a Ramón y Cajal en su estudio, de cuerpo entero, mirando directamente hacia el espectador, y recostado en un sillón, vestido de riguroso negro y envuelto en una elegante capa, en concordancia con la elegancia del personaje, tan admirado por el propio pintor. En el lado derecho, sobre una estantería vemos apilados una serie de libros de vivos colores. En el resto de la composición dominan los tonos oscuros, con un foco de luz que viene del lado derecho.

 

Sorolla se adentró en el alma de Cajal, representando la clara mirada de un hombre sabio, con un talento excepcional y su firme voluntad en todo lo que hacía. En la sobriedad del retratado nos trae el recuerdo de la obra del Greco. Observamos una clara pincelada impresionista en algunas zonas; destacando el rostro del protagonista dulce y amable, en cierto modo, triste, en un verdadero estudio psicológico del sabio aragonés; que mira de frente al espectador, con una mirada en la que denota su gran personalidad.

 

 Su mano derecha se apoya en el reverso de su elegante capa.

 

Su mano izquierda, realizada con una serie de pinceladas sonrosadas y azules.

 

Como decoración, vemos en la parte posterior una serie de libros en una estantería. Cajal fue también un gran escritor, no solo en lo que refiere a sus investigaciones científicas, que en realidad no fueron tomadas muy en cuenta por la sociedad científica española de la época, incluso tuvo que autoeditarse sus estudios científicos, hasta que llegaron al conocimiento de científicos alemanes que se quedaron sorprendidos por sus teorías.

 

También fue escritor de novelas y relatos de ciencia ficción. Aficionado a la literatura de Julio Verne, Daniel Defoe; escribió a su vez una serie de libros en los que combinaba su rigor científico con elementos fantásticos.

 

Ramón y Cajal era además de un apasionado por los misterios del cerebro y un científico extraordinario, fue el prototipo de hombre polifacético: un artista, un extraordinario fotógrafo y un dibujante excepcional. Su trabajo lo realizaba con el microscopio y plasmaba lo que veía en numerosos apuntes que se conservan. Como decía el propio Cajal: “El buen dibujo, como la buena preparación microscópica, son pedazos de la realidad”.

 

Sorolla ha plasmado en la pared del estudio, el dibujo de la corteza del cerebelo (“un corte transversal semi-esquemático de una circunvolución cerebelosa de mamífero”), dibujo realizado por el propio Cajal (conservado en el Instituto de Neurobiología “Ramón y Cajal” del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid). Un detalle para plasmar simbólicamente el premio Nobel que le había sido concedido gracias a sus estudios sobre el sistema nervioso.

 

La técnica utilizada por Cajal, en sus investigaciones, era trasladar al papel, dibujando con lápiz, tinta china y acuarela blanca, lo que observaba a través del microscopio monocular, técnica ya utilizada en 1873 por Camilo Golgi, pero mejorada por Cajal. Es decir unía la neurociencia y el dibujo; la ciencia y el arte. Representaba: “los laberintos tortuosos por los que circulan a la velocidad de la luz los impulsos en los que consiste nuestra inteligencia y que dan forma visible para nosotros al universo y a las cosas”.

 

La pintura está firmada en el ángulo inferior izquierdo: “D. Cajal a mi querido amigo P Gil J Sorolla Bastida 1906”.

 

Tengo la sensación de que ,muchos de nuestros ilustres paisanos, que tanto han dado por nuestra tierra, no son del todo valorados. Estamos ante un verdadero sabio, un hombre que es reconocido como uno de los fundadores de la neurociencia contemporánea. El eminente psiquiatra italiano Ernesto Lugaro dice de él: “En el campo de la morfología nerviosa, se puede decir que Cajal, por sí solo, ha producido más que todos los otros neurólogos juntos”.

 

En la mirada de Cajal, joven y anciano, vemos curiosidad, tristeza, pero sobre todo firmeza y sabiduría. En palabras de Emilia Pardo Bazán: "Fue el primer sabio popular de España". Pero como siempre uno de tantos personajes ilustres abandonados en la memoria de muchos.

 

Santiago Ramón y Cajal bien merece un mayor reconocimiento que el que ahora tiene. Es doloroso ver el trato que se da a la memoria de aquellos que son un verdadero orgullo para Aragón y para el mundo.


Autorretrato fechado en 1920. Legado Cajal-CSIC (fotografía realizada en la Exposición del Paraninfo).

Hasta aquí este estudio sobre una magnífica obra de arte que enmarca un homenaje a un gran aragonés.

 

Hasta el próximo vuelo.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

-COLLADO-VÁZQUEZ, Susana; y CARRILLO, Jesús María: Cuentos de Vacaciones. La literatura de ficción de Santiago Ramón y Cajal: https://metode.es/revistas-metode/monograficos/cuentos-de-vacaciones.html

 

-Monográfico sobre SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL, en la Gran Enciclopedia Aragonesa.

 

-DE FELIPE, Javier: Cajal y sus dibujos: Ciencia y arte, 2005: https://digital.csic.es/bitstream/10261/12879/3/Cajal_Art.pdf

 

-RAMON Y CAJAL, Santiago:  Centro Virtual Cervantes. https://cvc.cervantes.es/ciencia/cajal/default.htm

 

-Tesis doctoral sobre la biografía y obra de Sorolla por M. Lorente Boyer, 2015:http://dspace.umh.es/bitstream/11000/2439/3/03%202a%20Parte.pdf

 

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