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Calatañazor (Soria). Un lugar de leyenda.

 

Azor, Calatañazor, Juguete.

Tu puerta, ojiva menor, es tan estrecha

Que no entra un moro, jinete. Y a pie, no cabe una flecha.

Descabalga, Almanzor. Huye presto por la barranca brava,

Ay, y como rodaba, juguete, el atambor.

 

En Calatañazor, mayo de 1922. Gerardo Diego.

 

Monumento a Almanzor con el poema que Gerardo Diego escribió al lugar y al personaje que hizo historia en él. Escritores como Antonio Machado, Gustavo Adolfo Bécquer y Gerardo Diego han cantado la belleza de Soria. Soria en la que cabe la alegría, la tristeza, y sobre todo la melancolía. Soria, en donde la vida transcurre como el Duero, con paso firme y tranquilo.

 

Como dice la canción de Gabinete Caligari, Voy camino Soria: ¿Tú hacia dónde vas? Allí me encuentro en la gloria que no sentí jamás.

 

Es la realidad, Soria tiene algo especial, donde el alma se relaja. Muchos de sus pueblecitos tienen un sabor medieval que aún perdura a pesar del paso del tiempo. Uno de ellos se encuentra a unos 30 kilómetros de El Burgo de Osma y a unos 106 de Medinaceli. Os hablo de Calatañazor,  en la comarca de Tierras del Burgo, y donde según cuenta la tradición, Almanzor perdió su “atambor”, no refiriéndose al tambor, sino a su honor, a su alegría, al ser derrotado por los cristianos en el año 1002.

 

La localidad fue declarada Conjunto Histórico Artístico en 1962. Tres años más tarde se rodaría en sus calles alguna de las escenas de la película de Orson Wells, “Campanadas a medianoche”, pasando a ser conocida mundialmente, pero ahí quedo todo. Aunque se ha rehabilitado bastante la villa y algunos valientes han abierto algún negocio turístico en ella, algo más se ha de hacer para que no caiga en el olvido. Según dicen como en Soria no se vive en ningún sitio, pero la realidad es que cada día hay menos habitantes. Es una de las zonas de la "España vaciada". En el año 2010 los habitantes de Calatañazor pueblo eran 70, en el 2018 se cifraban en 51. Es una verdadera pena que el patrimonio popular de las tierras castellano-leonesas se pueda perder. Hay que poner en valor las tradiciones y la cultura de estos lugares tan emblemáticos.

 

Pero volvamos a nuestra historia. El nombre de Calatañazor proviene de la palabra árabe “Qalat al Nasur” o castillo del buitre o de las águilas, pero su origen es anterior a la ocupación musulmana. Los restos más antiguos (de los siglos III-II a. C.,) fueron encontrados en el cerro de enfrente conocido con el nombre de “Cerro de los Castejones”, y donde parece se establecieron los arévacos, pertenecientes a la familia de los celtíberos, fundando el oppidum de Voluce (que significa buitre). Con las invasiones germánicas los habitantes de Voluce se trasladaron al cerro de enfrente, a lo que hoy es Calatañazor. Con la invasión musulmana la localidad se convirtió en un importante enclave militar pero con escasa población, cerca de la cercana calzada romana que unía Osma con el Valle del Ebro. Al final del siglo X comenzaron las correrías de “Al-Mansur” o Almanzor, general del califa cordobés Hisham II, que tomó como centro de operaciones la ciudad de Medinaceli.

 

Desde lo alto del castillo de Calatañazor podemos contemplar el “Valle de la Sangre”.  Valle que, según cuenta la leyenda, fue testigo de la amarga derrota de este caudillo musulmán por las tropas castellanas al mando del conde de Castilla Sancho García en el año 1002, ayudado por Navarra y León. Aunque cuentan que Almanzor murió a causa de las heridas sufridas en esta batalla. El hecho histórico es que regresando ya enfermo de una razzia, en la que destruyó el monasterio de san Millán de la Cogolla, murió el 10 de agosto en Bordecorex (Waldecorai), siendo enterrado en las inmediaciones de Medinaceli; según la tradición local en el “Cuarto Cerrillo”; según los historiadores árabes en el patio del castillo de Medinaceli (Medina Salim).

 

El matrimonio del rey aragonés Alfonso I con Urraca I de León, hija de Alfonso VI de León favoreció la conquista de Soria, y su repoblación, concediendo fueros con objeto de atraer a gentes que contribuyesen a la defensa de ese lugar. En lo que respecta a Calatañazor, el lugar se convirtió en un punto importante en el reino. Los que repoblaron las zonas tomadas a los musulmanes se organizaron en concejos.

 

Soria contó con diversas formas administrativas: villas eximidas, señoríos eclesiásticos o nobiliarios; y las Comunidades de Villa y Tierra. Nos centraremos en esta última: a la población predominante se le llamaba “Villa” y a las pequeñas aldeas circundantes “Tierra”, formando entre todas “Comunidades de Villa y Tierra”. En 1134 se constituyó la Comunidad de Villa y Tierra de Calatañazor, con una extensión aproximada de 250 km, y que englobaba más de una veintena de aldeas, consiguiendo conservar su integridad territorial hasta que se convirtió, en el último cuarto del siglo XIV, en señorío de la familia Padilla, los cuales residieron en el castillo, una vez que lo restauraron.

 

Calatañazor, al ser la villa cabeza de esta comunidad,  alcanzó gran relevancia. En ella dicen que se podían encontrar hasta once iglesias románicas, de las que aún se conservan tres (la de la Soledad, la de san Juan y la de santa María); y una cuarta, hoy convertida en vivienda, en la calle Tirador. La villa fue propiedad de la Corona hasta que en 1376 Enrique II de Castilla  la cedió como señorío a don Juan Fernández de Padilla, pasando en 1622 a manos de don Juan Gómez de Sandoval, primer duque de Medinaceli.

 

El núcleo urbano se sitúa en lo alto de un risco desde el que se pueden contemplar preciosas vistas del río Milanos y muy cerca del pueblo el imponente paisaje del sabinar de Calatañazor que guarda la magia de tiempos pasados.  El urbanismo de la villa tiene forma ovalada, las calles son estrechas e irregulares. Dos calles son las principales: la Calle Real y la calle Tirador que confluyen en la Plaza Mayor.

 

Os he marcado con dos flechas las dos calles en las que se bifurca el núcleo urbano: la de la derecha (1), la Calle Real; la de la izquierda (2) la Calle Tirador; con el nº 3, la iglesia parroquial; con el nº 4, la iglesia de san Juan Bautista; con el nº 5 el rollo jurisdiccional; con el nº 6, el actual ayuntamiento en la Plaza Mayor; con el nº 7 las murallas; y con el nº 8 el Castillo. La fotografía está tomada desde el castillo.

 

La roca sobre la que se levantó el núcleo urbano constituye una muralla natural en la zona sureste, mientras que por la parte noroeste y meridional, se levantó una muralla en el siglo XII.

 

Al fondo, a la izquierda la ermita de san Juan Bautista. Detrás de las casas, en la misma carretera que encontramos la ermita de san Juan se ubica la ermita de la Soledad.

 

La muralla rodeaba toda la villa, y estaba jalonada por ocho torreones semicirculares que servían de vigilancia. El acceso al interior se realizaba a través de dos puertas y dos portillos, de los que únicamente se conserva el arco del Postigo de la Fuente.

 

La muralla fue levantada a principios del siglo XII, en tiempos del rey aragonés Alfonso I el Batallador, casado en aquella época con la reina Urraca I de León, lo que da idea de la importancia estratégica que tuvo en aquella época.

 

La muralla y el castillo fueron rehabilitados y estabilizados en tres fases, la primera en el año 2010, tras diversos desprendimientos producidos en la muralla y en el castillo; a finales del 2011; y últimamente en 2016, año en el que se adjudicó a la empresa Estudio Métodos de la Restauración s.l., las nuevas obras de consolidación y restauración del recinto amurallado de Calatañazor.

 

A extramuros de la villa, en la carretera que lleva a Muriel de la Fuente, y a unos 100 m de la ermita de la Soledad, vemos los restos de la ermita de san Juan Bautista, de la que aún podemos contemplar la portada, parte de los muros y el arranque de la espadaña.

 

Era templo de una única nave. Su portada meridional presenta dos arquivoltas de medio punto separadas por una cenefa con roleos.

 

En la entrada a la villa, también junto a la carretera que nos conduce a Muriel de la Fuente, y casi enfrente a la ermita anterior, encontramos también la ermita románica de la Soledad. Fue construida hacia el siglo XII y en un primer momento estuvo bajo la advocación de san Nicolás. De la construcción originaria románica se conserva la cabecera y la portada septentrional. En el siglo XVII se reformó la nave. La iglesia fue restaurada a mitad de los años 80 del siglo XX.

 

En el ábside dos semicolumnas lo dividen en paños en los que se abren vanos; fue reformado en el siglo XVI. En el siglo XVII se abrieron dos arcos de medio punto en la parte inferior, que posteriormente fueron cegados. Bajo la cornisa podemos ver una serie de interesantes canecillos figurados, con cabezas humanas y de animales.

 

Entre dos canecillos se incrustó la figura conocida con el nombre “del músico sedente”. El personaje, que bien pudiera tratarse del rey David, está con las piernas cruzadas y tocando el arpa.

 

La portada se sitúa en el lado norte. Se abre en arco de medio punto con tres arquivoltas, la mayor decorada con bifolias.

 

Entramos a la Villa por la calle principal de la misma: la Rua Real. Toda la villa forma un conjunto medieval, en su mayor parte restaurado. Sus calles empedradas con cantos rodados están jalonadas por magnificas casas de entramado de madera.  En 1509 en Castilla se ordenó bajo multa que las calles fueran empedradas, ya que con anterioridad las calles eran de tierra. En Calatañazor se empedraron en 1662.

 

En esta parte de la “Extremadura Castellana”, las casas de entramado de madera, también reciben el nombre de “Casas Pinariegas”.

 

La clave de la utilización del entramado radica en que los edificios están construidos con un armazón de madera suficiente para soportar las cargas del edificio, pero con la gran ventaja de que los espacios que hay entre los maderos, y que conforman los muros, podían rellenarse con materiales muy baratos: cascotes, ramas, adobe, mampostería, barrotillo, o incluso ladrillo.

 

Como dijo Unamuno “Las casas, de trabazón de madera, con sus aleros voladizos, sus salientes y entrantes, las líneas y contornos que a cada paso rompen el perfil de la calleja, dan la sensación de algo orgánico y no mecánico, de algo que se ha hecho por sí, no que lo haya hecho el hombre”.

 

Ya hemos comentado que en la localidad encontramos dos calles principales: la Calle Real y la calle Tirador que concurren en la plaza mayor. La principal es la primera, que bordea la ladera sur de la villa, en la que podemos contemplar la mayoría de las casas más relevantes de la localidad. Estas viviendas son las llamadas “Casas bloque”, es decir son casas que se unen unas con otras, manteniendo las fachadas unidas. Vamos a darnos un paseo por la Calle Real.

 

En las casas pinariegas los travesaños son de madera de sabina. Estamos ante una construcción rústica y sencilla, generalmente de planta baja y bajocubierta, o con dos plantas. En la planta baja se utilizaba la piedra, la mampostería o el sillarejo; en Calatañazor generalmente la segunda. Se utilizaba para proteger el edificio de la humedad del terreno; el entramado se colocaba en la parte superior.

 

Las viviendas culminan con aleros pronunciados, para proteger los muros, generalmente de adobe, de la lluvia que los dañaría. Los vanos son pequeños, la defensa contra el frío clima soriano obligaba a abrir pocas y angostas ventanas.

 

Las puertas eran entabladas, formadas por tablas unidas con elementos transversales clavados, con trancas, cerrojos y cerraduras. Formadas por dos hojas encajadas en un dintel de madera. Algunas más ricas, tienen decoración con clavos semicirculares o planos, también aldabas, tiradores y pomos con más o menos imaginación decorativa. En este caso se trata de una sencilla puerta entablada, con un vano lateral y una sencilla decoración en forja.

 

Se utilizaba el entramado de madera, con colondas y bardas recubiertas de barro. En Calatañazor muchos de los ventanucos se decoran con lindas flores que alegran las fachadas.

 

Las paredes se levantan sobre un pequeño zócalo de piedra sobre el que apoyan los muros realizados con un armazón de madera, relleno de mampostería y adobe, para dar más ligereza a la estructura, como bien podemos ver en la primera casa, que ha perdido el enlucido.

 

La llamada “Casa del Cura”, una de las posadas del lugar.

 

Detalle donde podemos ver la parte inferior la fachada realizada con piedra, mampostería o sillarejo, y la parte superior de adobe y tapial. Sobre la puerta el escudo de los dueños de la casa.

 

Otros ejemplos de casas típicas, en algunas de ellas han abierto tiendas de productos típicos de Soria. Como curiosidad, esta tienda lleva el antiguo nombre de Voluce.

 

En este edificio podemos ver como las piezas verticales y horizontales de madera sirven de apoyo a la carpintería de vanos enmarcados también con madera.

 

Estas edificaciones servían tanto para vivienda como para almacén de uso agrícola y ganadero. Algunas de ellas están puestas a la venta.

 

En alguna casa podemos encontrar portadas más trabajadas, doveladas y con blasones en sus claves, protegidas por tejadillos voladizos, para resguardarlas de las lluvias. 

 

Vista de la calle Real hacia la entrada a la localidad, con el conjunto de casas agrupadas entre medianeras.

 

Otra vista de la calle Real dirección hacia la Plaza Mayor.

 

En algunas viviendas encontramos balcones cubiertos por el alero que da mayor encanto al edificio.

 

A la altura de la iglesia de santa María encontramos un grupo de casas sobre soportales. Éstos  además de proteger de la lluvia y del sol, también podían servir como punto de reunión para comerciar. En algunas casas podemos ver portones con contrapuertas también de madera, para proteger la entrada a la vivienda de la nieve.

 

En la mayoría de los casos, los elementos de los entramados son de madera de sabina, procedente del sabinar cercano al pueblo, que con sus formas retorcidas y nudosas dan un singular aspecto a los edificios.

 

Detalle de la casa porticada anterior, sustentada sobre recios puntales de madera.

 

A través de los soportales podemos ver la entrada al pequeño cementerio de la iglesia parroquial, situado a la derecha.

 

La calle Real nos conduce hasta la iglesia parroquial de Santa María del Castillo en el límite suroeste de la villa. Entrada al cementerio adosado a la iglesia.

 

La construcción de santa María del Castillo se realizó en varias fases: en la primera mitad del siglo XII se erigió un templo románico, sucediendo varias reformas en esa misma época;  posteriormente se remodeló en el siglo XVI, gracias al mecenazgo de la familia Padilla, señores de Calatañazor.

 

Se proyectó una iglesia de estilo gótico; estilo que imperaba en ese momento, elevándose los muros del templo y realizando las bóvedas de crucería;  en el XVII se realzó la capilla mayor, la torre y dos tramos de la nave; y en el siglo XVIII se hicieron el púlpito y la portada de la sacristía.

 

La torre situada en el ángulo noroeste, tiene planta cuadrada y dos cuerpos, en la que existe una inscripción del maestro de obras: Francisco del Molino; y el año de finalización de la obra: 1679.

 

Su portada occidental, de estilo románico, se abre en arco de medio punto con doble arquivolta que descansa sobre columnas con capiteles con decoración figurada.  En esta fachada podemos ver el muro primitivo que terminaba con el óculo (descentrado y con toda seguridad un añadido) y con una sencilla espadaña, que fue cegada en el siglo XVI.

 

En diversas partes del muro podemos ver restos de la fábrica románica, como este relieve del alféizar de la ventana del baptisterio, en el que vemos la escena de las Tres Marías ante el sepulcro de Cristo. En el interior se conservan dos pilas bautismales también románicas.

 

En la portada destaca el alfiz decorado con tallos ondulantes, que nos muestra la permanencia de musulmanes en la villa tras la conquista. La portada es gótica con tres arquivoltas levemente apuntadas, la intermedia más decorada. Sobre ella tres arquillos ciegos, rebajados los laterales y  polilobulado el central, y sobre ellos un gran óculo gótico con dos arquivoltas boceladas. Tanto los arquillos como el óculo son claramente añadidos. Curiosos son los toscos herrajes que podemos ver en la doble hoja de la puerta.

 

Edificio situado enfrente de la iglesia parroquial, en cuya portada podemos ver el escudo de la familia que era propietaria de la vivienda.

 

Puerta de entrada a la conocida “Casa del Queso”, en la calle Real casi llegando a la Plaza Mayor.

 

Siguiendo por la calle Real llegamos a la Plaza Mayor, en donde se sitúa el actual ayuntamiento (edificio de la izquierda) y las casas de las escuelas. Son viviendas totalmente rehabilitadas.

 

En la misma Plaza Mayor encontramos el rollo medieval del siglo XV. Se trata de una columna de piedra que acaba con una bola y una cruz. Se erigía solo en los villazgos que tenían plena jurisdicción, indicando si era señorío real, concejil, eclesiástico o monástico. Así mismo marcaba el límite territorial e incluso servía para castigar a los malhechores.

 

Al lado del rollo medieval, podemos contemplar la conocida “Piedra del Abanico”. Se trata de un gran fósil de hojas de palmera.

 

Detalle de la piedra del abanico. El fósil tiene entre 10 y 25 millones de años de antigüedad.

 

El castillo se sitúa al sur de la localidad, al lado de la Plaza Mayor y en lo más alto del promontorio donde se ubica el caserío. Desde él se divisa todo el valle de la Sangre. Su construcción se fecha en el siglo XII, cuando fue repoblada la zona por el rey aragonés Alfonso I el Batallador. En el siglo XIV fue rehabilitado por el infante don Pedro para defender el lugar en un momento de enemistad con los infantes de la Cerda, hijos del infante Fernando de La Cerda, heredero del rey de Castilla Alfonso X el Sabio.

 

El amurallamiento del pueblo fue construido en el XII cuando fue repoblada por Alfonso el Batallador. El castillo fue propiedad de la reina María de Molina (siglo XIII), adelantada Mayor de Castilla, y más tarde cedido en el último cuarto del siglo XIV, por Enrique II de Castilla, a la familia Fernández Padilla, quienes realizaron obras en el siglo XV y lo convirtieron en su residencia solariega. Posteriormente pasó a pertenecer a los duques de Medinaceli hasta el siglo XIX.

 

El conjunto tiene planta irregular, ya que se adapta al terreno abrupto. Del castillo solo se conservan algunos muros y parte de la torre del homenaje.

 

En un principio el recinto solo tenía torres cuadradas en las esquinas y la torre del homenaje. Posteriormente se le añadieron las torres circulares de la fachada sur y las semicirculares que flanquean la puerta principal.

 

El castillo está muy deteriorado como podemos ver en los restos que aún se conservan de las torres que jalonaban su contorno.

 

Otro detalle de los restos que se conservan.

 

El conjunto amurallado estaba rodeado por un foso artificial que se salvaba por un puente levadizo.

 

La torre del homenaje es rectangular, realizada en mampostería, con las esquinas reforzadas con sillería, puede que sea anterior a todo el conjunto, ya que se han encontrado algunas piedras trabajadas al modo árabe. Era la parte más destacada del castillo, cuando el edificio perdió su función de castillo defensivo, fue rehabilitada por la familia Padilla en el siglo XIV como palacio señorial. El acceso a la misma es elevado. A la derecha se construyó un cuerpo doméstico, del que actualmente solo se conserva un muro.

 

En abril de 2019 la Comisión Territorial de Patrimonio Cultural de la Junta de Castilla y León informó que se van a realizar obras de consolidación en la Torre del Homenaje.

 

Ventana gótica que se abre en el muro occidental de la torre del homenaje.

 

El interior se distribuía en tres pisos. Hace unos años se rehabilitó y se puede acceder a ella. La parte baja pudo servir como almacén, mientras las plantas superiores albergaban la residencia señorial.

 

Hoy el castillo está medio en ruinas, conservando parte de la torre del homenaje y parte de las murallas. Debajo del castillo se encontró una necrópolis visigoda del siglo X, en la que se pueden contemplar tres tumbas antropomorfas (os las señalo con una flecha roja).

 

Las tumbas que se conservan son dos antropomorfas y una de bañera con forma ovalada. Aparecen excavadas en un bloque de piedra caliza en la parte inferior del castillo. Pueden datarse en el siglo X-XII. Pudieron pertenecer al cementerio de la desaparecida iglesia de santa Coloma, antigua parroquia de la localidad en la Alta Edad Media. Están colocadas para que los difuntos estuvieran orientados hacia el este, hacia Tierra Santa.

 

Tras visitar el castillo volvemos hacia la Plaza Mayor y bajamos por la calle de la izquierda, llamada Tirador, en la que también encontramos una interesante arquitectura popular.

 

En la misma calle Tirador se sitúa esta casa realizada en mampostería, cuya portada nos muestra que se trata de un edificio singular. Hoy es vivienda particular, pero en épocas pasadas pudiera haber sido la iglesia románica de san Miguel, fijándonos en su portada y el relieve que se sitúa sobre ella.

 

Estamos ante una portada románica (siglo XII) con dos arquivoltas de medio punto; sobre ella un relieve en el que podemos vislumbrar a San Miguel empuñando su espada mientras pisotea al demonio.

 

Detalle del relieve que podemos ver sobre la portada del edificio.

 

Calle Tirador, al fondo podemos vislumbrar la plaza Mayor y restos del castillo.

 

Otro magnífico ejemplo de la arquitectura popular de Calatañazor.

 

Calle Tirador. Al fondo la Plaza Mayor y el Castillo. Estas dos casas hacen esquina con la calle que une las dos calles principales de la localidad.

 

Vivienda ubicada entre la calle Tirador y la calleja que une las dos calles principales y la zona norte de la muralla.

 

A la derecha de la casa anterior se puede acceder a la parte lateral norte de la muralla.

 

Volviendo a la calle Tirador, seguimos viendo las típicas casas de entramado de madera.

 

Casi al final de la calle Tirador, a la derecha, encontramos la conocida “Casa Palomar”, hoy convertida en restaurante. Es un edificio fechado en el año 1765.

 

Se trata de un antiguo palomar rehabilitado. Los palomares eran un elemento muy característico del paisaje rural castellano, junto con las chozas, corrales y apriscos. Es un edificio realizado en mampostería.

 

Rincón del antiguo palomar. El edificio se rehabilitó manteniendo toda la estructura original, con los materiales como la piedra caliza, la madera de sabina y de pino y las tejas árabes. Es un lugar digno de visitar.

 

Jardín  del Palomar, en el que podemos ver algún árbol centenario.

 

Otro precioso rincón de Calatañazor.

 

Vista de la calle Tirado.

 

Casa Rural de la Villa. En ella podemos ver una curiosa inscripción en el dintel de una de las ventanas (os la señalo con una flecha).

 

Inscripción de la ventana de la vivienda anterior: SOI DE / DON AL / FONSO / GARZIA, decorado con el sol, una estrella y la luna. Sobre la estrella: AÑO, y bajo ella: 1765.

 

Una de las características de la casa pinariega es la chimenea en forma de campana cónica que asoma por el tejado y remata con tres piezas de madera o teja. Son las llamadas “Chimeneas encestadas”. Se situaba en la cocina, que era la estancia más importante de la vivienda. Tenía estructura redonda o cuadrada en la base y cónica en el remate.

 

Estas chimeneas, de tamaño considerable, tenían una estructura a base de bardas de enebro recubiertas de barro y cal por el interior. Se situaban en la cocina y solían atravesar la planta superior para asomarse al exterior. Esta parte estaba realizada con trozos de teja que formaba una estructura cónica, cubierta con una pieza formada por cuatro tablas de madera verticales (llamada contera) y terminada con una pieza de metal llamada chipitel.

 

Con la vista de los tejados de Calatañazor y sus típicas chimeneas cónicas nos despedimos de esta preciosa villa medieval. Espero que os haya gustado.

 

Hasta el próximo vuelo.

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

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-RODRÍGUEZ-PICAVEA MANTILLA, Enrique: Nobleza y sociedad en la Castilla bajomedieval. El linaje Padilla en los siglos XIV-XV.

 

- “EVALUACIÓN, INTERVENCIÓN Y GESTIÓN DEL PATRIMONIO RURAL. CALATAÑAZOR, EN UN RINCÓN DE LA HISTORIA: ”https://uvadoc.uva.es/bitstream/10324/8176/1/TFM-J5.pdf

 

-CAUCE, Carlos; y MURILLO, José Ignacio: La iglesia de Nuestra Señora del Castillo (Calatañazor, Soria ). Un gran edificio moderno de compleja secuencia medieval: http://arqarqt.revistas.csic.es/index.php/arqarqt/article/view/172/210.

 

-VV.AA.: Arquitectura popular de Soria: https://repositorio.uam.es/bitstream/handle/10486/7975/43834_2.pdf?sequence=1

 

- Obras de restauración del recinto amurallado de Calatañazor: https://sobredos.com/consolidacion-y-restauracion-del-recinto-amurallado-de-calatanazor/

 

 

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