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La Sexta Angustia. Gregorio Fernández. Museo de Escultura Valladolid.

El escultor lucense Gregorio Fernández, representa una de las personalidades más importantes dentro de la escultura barroca española y sobre todo de la Escuela de Valladolid, ciudad a la que llegó en 1605, ya que en ese momento era la capital del reino y en ella se había establecido la corte (desde 1601 hasta 1606). En la ciudad comenzó a trabajar en el taller del escultor Francisco del Rincón; pero muy pronto, hacia 1605, el escultor gallego abrió su propio taller, alcanzando gran fama; siendo solicitado por reyes, nobles, alto clero, órdenes religiosas y cofradías procesionales de Pasión. 

 

En sus primeras obras se puede observar la influencia de Berruguete, el dramatismo de Juan de Juni, y la elegancia del italiano Pompeo Leoni, pero con el tiempo llegó a crear su propio estilo,  lleno de realismo y expresividad.

 

Retrato de Gregorio Fernández, c. 1630, realizado por Diego Valentín Díaz. Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

 

Nos encontramos en el siglo XVII en Valladolid, en donde destacaban las cofradías penitenciales. La más antigua fue la de la Vera Cruz, fundada en el siglo XV; posteriormente en el siglo XVI se constituyeron la Cofradía de la Pasión, la de las Angustias, la de  la Piedad y la de Jesús Nazareno. En un principio tuvieron una misión social y religiosa; es decir, se fundaron con fines benéficos, para ayudar a los necesitados; pero con el tiempo estas cofradías más bien se encargaron de mantener vivo el espíritu religioso en la ciudad.

 

Será en el siglo XVII cuando estas hermandades, en su mayor parte, encargaron a los principales escultores una serie de Pasos procesionales para representar públicamente la Pasión de Cristo en la Semana Santa vallisoletana. Hasta el año 1920 salían independientemente, teniendo numerosos litigios entre ellas. Fue a partir de ese año cuando, gracias el Arzobispo Remigio Gandásegui, ayudado por Juan Agapito y Revilla, historiador vallisoletano, y Francisco de Cossío, entonces director del Museo Provincial de Bellas Artes, se organizó la Procesión del Viernes Santo en la que ya participaron todas las cofradías juntas. 

 

El grupo escultórico que hoy vamos a comentar guarda relación con la Ilustre Cofradía Penitencial de Nuestra Señora de las Angustias. No se tiene la certeza del año de su fundación, pero documentalmente ya aparece en 1536 con sede en un pequeño hospital, en donde los cofrades realizaban su labor caritativa, y en un oratorio situado en lo que hoy es la calle de la Torrecilla.

 

A finales del siglo XVI el oratorio estaba en franca ruina, el mercader don Martín Sánchez de Arazmendi favoreció la construcción de un nuevo templo, bajo la advocación de la Virgen de las Angustias, enfrente del palacio del Almirante de Castilla (hoy donde se ubica el Teatro Calderón). La cofradía alcanzó gran relevancia, pasando a ser cofrades muchos integrantes de la Real Chancillería, y también poderosos mercaderes; estableciéndose  también en el templo el gremio de entalladores (cofradía del Patriarca san José), siendo cofrades de la misma: Juan de Juni, Francisco del Rincón y el mismo Gregorio Fernández.

 

Fotografía: Wikipedia.

 

Ya hemos comentado que el siglo XVII fue la época dorada para los Pasos Procesionales, tanto penitenciales como patronales. Los primeros eran los que representaban la Pasión de Cristo en Semana Santa; los segundos eran sacados en las festividades de los santos más importantes de las iglesias, gremios y cofradías. Estos pasos en un primer momento se realizaban en cartón piedra (llamados de "papelón"), pero con el tiempo se tallaron en madera y se policromaban, encargándolos a los grandes artistas del momento. Valladolid  no solo se había convertido en el centro de la Corte, sino también en el centro de la cultura, en donde se establecieron los artífices más relevantes.

 

El primer paso realizado en madera policromada en la ciudad fue encargado por la Cofradía de Nuestra Señora de la Pasión en 1604 al escultor Francisco del Rincón (maestro de Gregorio Fernández), quien talló el conjunto de la Elevación de la Cruz (hoy en el Museo de Escultura de Valladolid). La obra tuvo tanto éxito que las cofradías comenzaron a encargar nuevos pasos para sus hermandades.

 

La cofradía de las Angustias poseía un Paso de los llamados de "papelón (de cartón-piedra) que representaba el Descendimiento. En el año 1616 se llega al acuerdo de encargar un nuevo paso al escultor Gregorio Fernández y, como veremos más tarde, vender el paso antiguo.

 

No se tiene constancia documental de la fecha exacta en que fue encargada la obra al escultor, pero sí se tiene la noticia de que el 23 de marzo de 1617 figura el pago de 28 reales a los “hombres que trajeron el paso desde la casa de Gregorio Fernández”, motivo por el que se fija su realización en 1616. La policromía fue realizada en 1617 por el pintor Marcelo Martínez (conservándose documentos de ese año recibiendo varias cantidades por su labor); y los ojos de cristal de las figuras los fabricó el “lapidario” Hervás García.

 

El nuevo paso recibió el nombre del Descendimiento, tal y como podemos saber por el documento fechado el 6 de abril de 1618: "Propuso al dicho cabildo en como esta cofradia el año pasado hiço un paso del Descendimiento de la cruz, que había costado más de mil ducados, en lugar de otro que era de papelón de la misma figura, el qual al presente no es de provecho ni adelante lo podía ser por ser muy antiguo... que mirase el cabildo si convenía bender la hechura del dicho paso o no... acordó el dicho cabildo se bendiese el dicho paso..." (1616-1617).

 

En realidad aunque se le denominó Descendimiento, no lo es, ya que está más próximo a la iconografía de la Piedad o de la Sexta Angustia de María. Según la tradición María tuvo siete Angustias o Dolores, la sexta fue cuando recibió en sus brazos el cuerpo muerto de su Hijo. La representación de la Piedad es de origen medieval centroeuropeo. No es un pasaje que aparezca en los evangelios, sino que proviene "de las ‘Meditaciones’ de Pseudo Buenaventura, en las ‘Revelaciones’ de Santa Brígida de Suecia o en el ‘Planctus Mariae’ del cisterciense Ogiero de Locedio entre otros, en donde se describe el cuerpo de Cristo muerto sobre las rodillas de su Madre y las emociones que ella padece así como su indescriptible dolor como una forma de llegar al corazón de los fieles".

 

El conjunto, que era el paso más "monumental" de los realizados en la época, estaba compuesto por cinco figuras: en la parte posterior las tres cruces, a la izquierda Dimas (derecha de Cristo), en el centro la cruz vacía de Jesús, y a la derecha (izquierda de Cristo), Gestas. En la parte anterior, la Piedad, flanqueada por las imágenes de san Juan Evangelista y María Magdalena (las únicas que se conservan en el lugar de origen: la iglesia de las Angustias).

 

En un principio el Paso, que era sacado en Semana Santa, se ubicó en la capilla del Santo Entierro. En el siglo XVIII el grupo dejó de procesionar y las figuras de san Juan y la Magdalena fueron colocadas en unas hornacinas en la capilla de la Virgen de las Angustias. La Piedad y los dos ladrones continuaron en la capilla del Santo Entierro hasta 1842 que fueron llevadas al Museo Provincial de Bellas Artes, hoy Museo Nacional de Escultura.

 

El paso se montó nuevamente en varias ocasiones,  la última en 1991 en la exposición temporal La Sexta Angustia, desde entonces se le conoce también con ese nombre.

 

La Piedad, que se situaba en el centro, mide 1,75 m de alto. Representa el momento en el que Jesús ha sido bajado de la cruz y entregado a María. El conjunto presenta una disposición triangular rota por la disposición en diagonal del cuerpo de Jesús. María levanta su brazo derecho expresando el gran dolor que siente al ver a su hijo muerto; mientras con su mano izquierda se aferra al cuerpo inerme situado sobre un sudario blanco que cubre las rocas del Calvario.

 

Cristo descansa sobre el regazo de su madre y a pesar de que ésta le sujeta con su mano izquierda, el cuerpo da la sensación de deslizarse hacia el suelo. Forma una diagonal que proporciona al conjunto una marcada asimetría, que rompe con el modelo piramidal impuesto por Miguel Ángel en la Piedad del Vaticano.

 

En este caso sigue la estructura fijada por Antonio Allegri da Correggio desde 1522 y que fue difundida por Europa, gracias a los grabados de Annibale Carracci. En ella Jesús se sitúa en el suelo, apoyando parte de su cuerpo en el regazo de María, formando una composición asimétrica diagonal, como ya hemos comentado.

 

María sostiene el cuerpo de su hijo, pero sin tocarlo directamente, ya que apoya su mano en el sudario sobre el que éste descansa; y eleva su rostro hacia lo alto, en un gesto de gran amargura. Las figuras, policromadas con colores sobrios, adoptan actitudes tranquilas pero llenas de dramatismo. El escultor emplea postizos (ojos de cristal, dientes de marfil, uñas de asta, trozos de corcho para simular heridas etc.) para reforzar el naturalismo. Las telas realizadas con grandes pliegues que están tallados con un modelado profundo para crear efectos de claroscuro, dando la sensación de acartonamiento. Las vestiduras son sencillas, se han eliminado los elementos de lujo como brocados, solo se imitaban telas de paño de colores planos y uniformes, a veces decorados con cenefas doradas, realizadas a punta de pincel.

 

María tiene ladeada su cabeza y entreabre su boca lanzando un gemido de dolor. Es una representación teatral de una escena de la Pasión de Cristo, para despertar en los fieles la compasión y los sentimientos religiosos, tal y como pedía la Contrarreforma.

 

A partir del Concilio de Trento (1545-1563) el arte se convirtió en un instrumento que la iglesia va a utilizar para propagar sus enseñanzas. Se convirtió en un arte emotivo, teatral, con el propósito de estimular la pena y la devoción de los fieles.

 

La Virgen viste toca de viuda, túnica roja sobre la que lleva un gran manto azul ribeteado con filigrana dorada. Los ojos de cristal ayudan a expresar la angustia que la aflige. Su rostro ya no es el de una imagen idealizada, sino que representa la realidad, el dolor que en ese momento está sintiendo, consiguiendo transmitir sus sentimientos al espectador.

 

Jesús muerto sigue las pautas de los Cristos yacentes de Fernández. Gran realismo en la ejecución de los músculos, del cabello ondulado, el rostro y las manos. La talla del cabello y de la barba, acabada en dos puntas, nos muestra un gran virtuosismo, realizado con gran detalle.

 

La imagen de Cristo descansa sobre un blanco sudario ribeteado con motivos dorados, cuyos pliegues están tallados con fuerte contraste, dando la apariencia de papel arrugado. El cuerpo, con una policromía grisácea y mate, presenta una leve curva; su brazo derecho se extiende paralelo al muslo. Está desnudo, solo semicubierto con amplio paño de pureza, ya que no cubre totalmente su cadera. Estamos ante un hombre joven, delgado. En su cuerpo se pueden ver las heridas infringidas, que nos muestran el sufrimiento padecido.

 

Su brazo izquierdo cae inerte sobre el manto de su madre, mientras el derecho lo tiene pegado al cuerpo. Son de destacar los amplios pliegues quebrados y rígidos del manto de la Virgen, tan típicos de este insigne artista. Para algunos, herencia de modelos flamencos del siglo XV.

 

El rostro de Cristo, de gran expresividad y patetismo, se representa con los párpados entornados, ofreciendo una imagen impactante de la muerte. Su boca entreabierta nos muestra los dientes realizados en marfil. Las heridas producidas por la corona de espinas, que le han quitado, son de gran realismo pero sin caer en la exageración.

 

El conjunto se completaba, como hemos comentado anteriormente, con las esculturas de san Juan Evangelista y María Magdalena, las únicas que permanecen en su lugar de origen: la iglesia de las Angustias (en la capilla de las Angustias en dos hornacinas). Se cree que María Magdalena miraba llorosa hacia el grupo de la Piedad, llevando en sus manos el pomo de perfumes; mientras san Juan observaba la cruz vacía, portando en su mano derecha la corona de espinas.

 

En la fotografía de Wikipedia, podemos ver las esculturas de san Juan y la Magdalena en la iglesia de las Angustias en Semana Santa (os las señalo con una flecha roja).

 

También formaban parte del grupo, los dos ladrones en la cruz, conservados al lado de la Piedad en el Museo de Escultura de Valladolid. Gestas y Dimas, son los dos ajusticiados que acompañaron a Jesús en el Calvario, muriendo también en la cruz. Sus nombres los conocemos gracias a los Evangelios Apócrifos, en realidad por el de Nicodemo, datado en el siglo XI. El cual afirma que Dimas era el Buen ladrón; y Gestas el mal ladrón. Según el evangelio de san Lucas el Mal ladrón insultó a Jesús mientras estaban en la cruz, y no se arrepintió de sus pecados; en cambio el Buen Ladrón si lo hizo, y por ello obtuvo la promesa de Jesús de entrar con él en el paraíso ese mismo día.   

 

Ambos ladrones están en sendas cruces, cubiertos con paños de pureza. El tratamiento de sus cuerpos desnudos es un verdadero estudio anatómico. Así mismo, el escultor ha representado el Bien y el Mal en los gestos y actitudes de los dos personajes. A Dimas, el buen ladrón, podemos verlo en el momento en que acaba de morir; sus ojos están cerrados y presenta una relativa paz, reflejo de su arrepentimiento y el perdón recibido. Las piernas las tiene entrecruzadas y los pies clavados con dos clavos. Sus pies si reflejan el dolor padecido al tenerlos retorcidos. En el muslo derecho presenta una herida, pero sus piernas no han sido quebradas, ya que según relata en el Evangelio san Juan, a los dos ladrones les quebraron las piernas, mientras a Jesús le clavaron en su costado una lanza. Dimas inclina su cabeza suavemente hacia donde se encuentran Jesús y María, como contemplando la escena central.

 

Según cuenta la leyenda el escultor representó la cara del Duque de Lerma en Dimas, ya que el duque le debía algún dinero y no se lo pagaba.

 

Gestas, considerado el Mal Ladrón, tensa su cuerpo pues aún no ha expirado. Abre su boca y saca la lengua, volviendo su cabeza hacia el lado opuesto en donde se encuentran Madre e Hijo. Su cabello encrespado denota su agitación antes de morir.

 

La representación anatómica de ambos ladrones es impecable y admirable, fueron realizados con elegancia y proporción.

 

 

 

El conjunto de la Sexta Agonía o la Piedad es un verdadero hito en la trayectoria del escultor Gregorio Fernández, en donde podemos ver las características de su personal e inconfundible estilo. Fue uno de los más importantes representantes de la escuela castellana de escultura y uno de los escultores que mejor plasmaron el arte de la contrarreforma en España.

 

A su muerte, se continuó empleando los mismos tipos iconográficos que de su mano salieron, no solo en Castilla, sino también fuera de ella. Hasta bien entrado en el siglo XVIII, en gran parte, la escultura castellana girará en torno a la obra de este gran maestro: Gregorio Fernández.

 

Espero que os haya gustado. Hasta el próximo vuelo.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

-MARTÍN GONZÁLEZ, J.J.: El escultor Gregorio  Fernández. Madrid, Ministerio de Cultura, 1980.

 

-MARTÍN GONZÁLEZ, J.J.: Escultura barroca en España: 1600-1700. Manuales de Arte Cátedra, 1998, pp. 42-68.

 

-MARTÍN GONZÁLEZ,J.J.: Escultura barroca castellana, Madrid, Fundación Lázaro Galdiano, 1971.

 

- Guía Museo Nacional de Escultura. 2009.

 

- AGAPITO Y REVILLA, Juan: Los grupos de La Piedad de Gregorio Fernández…, Boletín del Museo Provincial de Bellas Artes de Valladolid, Valladolid, 1930, nº 21, pp. 98-99.

 

-JUÁREZ, F.J.: Escultor Gregorio Fernández (1576-1636), 2008.

 

-Web de la cofradía de las Angustias: www.cofradiadelasangustias.org.

 

-La Piedad en el Arte.

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