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El retablo de la cripta de la basílica de Santa Engracia. Zaragoza.

Los Innumerables Mártires es una de las tradiciones más arraigadas en nuestra ciudad. La historia comienza en el año 303, cuando el emperador Diocleciano promulgó un decreto por el cual se tenía que perseguir a todo aquel que realizara ritos cristianos. Daciano, gobernador romano en España (no documentada su existencia) acató la orden y al menos dieciocho habitantes de Caesaraugusta sufrieron martirio a comienzos del siglo IV. Según cuenta la tradición Daciano hizo salir por la Puerta Cinegia (entrada del Tubo) a todos los cristianos, siendo martirizados y quemados. Sus cenizas (las Santas Masas) fueron recogidas y guardadas, junto a los restos de Santa Engracia y otros santos mártires, en un lugar situado a extramuros de la ciudad que tomó el nombre de “iglesia de las Santas Masas”, según relata el poeta Prudencio (h. 348-410) en su obra “Peristephanon”, colección de catorce himnos en los que canta a diversos mártires cristianos.

 

El IV himno está dedicado a Caesaraugusta: “las coronas martiriales a Caesaraugusta, Encratis (Engracia) y los demás mártires” (a sus dieciocho sacrificados, a san Vicente, a Encratis y a otros mártires). Estos himnos son el primer documento escrito que se conserva sobre el tema, ya que hasta el siglo VII no encontramos más textos relatando este hecho. Traducido del latín podemos leer: “Nuestro pueblo guarda en un solo sepulcro las cenizas de dieciocho mártires. Cesaraugusta llamamos a la ciudad que posee tan gran cosa.…” “Aquí también reposan los huesos de Engracia con todas sus virtudes”… (y continúa relatando los suplicios que padeció la santa, nombrando a los que también fueron martirizados, como luego veremos).

 

El lugar donde hoy en día se sitúa la basílica menor de Santa Engracia (título obtenido el 27 de octubre de 1991), desde muy antiguo, tuvo gran importancia. Podemos afirmar que en esta zona estuvo el inicio del cristianismo zaragozano. En ella se estableció un centro de culto a los mártires (basílica paleocristiana subterránea y un baptisterio en la actual calle Joaquín Costa; y una necrópolis romano-cristiana en el mismo sector), establecido con certeza desde el mismo siglo IV, manteniéndose hasta el siglo XV.

 

En época altomedieval se conoce la existencia de una comunidad monástica benedictina en ese lugar, anterior a los jerónimos. Esta iglesia fue también un notable centro cultural en época visigoda, conservando el culto durante la invasión musulmana. En el año 1063 el rey Ramiro I donó la basílica al obispo de Jaca, certificado nuevamente por Sancho Ramírez en 1089. En el siglo XI los zaragozanos temerosos de que las reliquias sagradas, que tanto se veneraban en la ciudad, pudieran salir de ella, las esconden en lo que hoy es sacristía de la cripta, y allí permanecieron hasta que fueron descubiertas en el año 1320. Mientras las reliquias estuvieron desaparecidas la fama de este templo no se apagó, incluso se afianzó su transcendencia tras la conquista en 1118 de Zaragoza por Alfonso I (quien volvió a ratificar la donación del templo al obispado de Huesca); y a lo largo de los siglos XV-XVI.

 

Durante el siglo XIV el templo adquiere cada vez más relevancia, sobre todo al descubrirse en 1320 las reliquias de Santa Engracia y los sarcófagos de mármol y de piedra conteniendo las reliquias de los Mártires, que también podemos contemplar en esta cripta. Este hecho trajo consigo la construcción a finales del siglo XIV o principios del siglo XV de una iglesia en estilo gótico-mudéjar sobre el antiguo templo subterráneo. En esta época la iglesia de las Santas Masas, como se conocía, se convierte en una de las iglesias más sobresalientes de la ciudad, a la que acudían los zaragozanos en procesión desde La Seo. Hasta tal punto llego la veneración a la santa que fue declarada patrona de Zaragoza por acuerdo municipal el 26 de abril de 1480 (junto a san Valero, ya nombrado patrón de la ciudad por la nueva iglesia Cesaraugustana tras la conquista de Zaragoza por Alfonso I el Batallador en 1118).

 

En 1459 el rey Juan II de Aragón estaba casi ciego. Su pérdida de visión se debía a unas simples cataratas, enfermedad que en aquellos tiempos era grave. Fue operado por el médico judío Crexcas Abiatar. El rey, gran devoto de Santa Engracia, se encomendó a ella, prometiendo que si se  curaba construiría un monasterio en Zaragoza junto a la iglesia que ya existía dedicada a la santa. La Hermandad elegida para ocupar el monasterio fue la de los Jerónimos; Orden muy extendida por la península y con mucha influencia, siendo apoyada desde siempre por la monarquía.

 

Fotografía: Antiguo monasterio Jerónimo de santa Engracia: Voyage pinttoresque et historique de l’Espagne. Tomo II.

 

Juan II no pudo ver su deseo cumplido, ya que murió el 20 de enero de 1479. Fue su hijo, Fernando el Católico, el que en 1493 comenzó la obra que había prometido su padre. Tampoco la vio terminada el rey Católico; será el nieto de éste, el emperador Carlos V, quien la finalizó.  Ya hemos comentado que la Orden elegida fue la de los Jerónimos, quienes se hicieron cargo de las reliquias de los santos mártires, pero la propiedad siguió siendo de Zaragoza, aunque la iglesia seguía perteneciendo a la diócesis de Huesca, hasta el año 1956 que el obispo de Huesca Lino Rodrigo devolvió Santa Engracia al arzobispo de Zaragoza Casimiro Morcillo (obligado por el Concordato entre la Santa Sede y España por el que todos los enclaves diocesanos que estaban fuera de sus provincias debían revertir a sus diócesis).

 

Fotografía del desaparecido claustro mayor del monasterio jerónimo de santa Engracia: Genaro Pérez Villaamil: España artística y monumental, 1865.

 

Pero retomemos el hilo de nuestra historia: la iglesia fue terminada hacia 1520, pero en 1746 presentaba un aspecto deplorable. Entre 1788-89 se rehabilitó según proyecto de Fray Vicente Bazán. Desgraciadamente durante la Guerra de la Independencia (1808) este magnífico monasterio, como otros muchos edificios de la ciudad, fue destruido. En 1814 el arquitecto José de Yarza redacta el proyecto de reconstrucción de la cripta. Actualmente solo se conserva del vasto conjunto que lo formaba: la magnífica portada que daba acceso a la iglesia (en gran parte restaurada), un fragmento con decoración mudéjar que podemos ver en el lateral de la calle Hernando de Aragón (os lo señalo con una flecha roja), los sarcófagos paleocristianos y el conjunto de esculturas que hoy vamos a comentar.

 

Pasamos al interior de la basílica y a la derecha a través de una puerta encontramos una gran escalera que nos conduce a la cripta. En la parte inferior y en el centro podemos ver la gran escultura de Santa Engracia de Palao, bajo ella los hallazgos arqueológicos del baptisterio de planta hexagonal y la pila bautismal (antiguo basamento de una columna) del siglo IV descubiertos en el año 2008. A la derecha la capilla de las Santas Masas que cobija a la Virgen con el Niño de José Llimona; y a la izquierda la cripta, en donde se conservan los restos de los Mártires y las esculturas que ocupan el altar de la cripta.

 

A la cripta se entra a través de una cancela, sobre la que podemos ver el relieve del martirio de san Lamberto, al fondo el altar mayor.

 

Entrando al interior de esta cripta, reconstruida entre 1814-1819 por el arquitecto José Yarza Lafuente, observamos que tiene planta rectangular con cinco naves separadas por pilares.

 

En el presbiterio y bajo el altar mayor se conserva la urna romana, sin decoración, con los restos de santa Engracia y su tío san Lupercio. A ambos lados del altar los dos magníficos sarcófagos paleocristianos del siglo IV (ambos merecerán un estudio aparte en otro vuelo).

 

El sarcófago de la derecha se conoce como “de la Receptio Anime”. Su autor está muy próximo al artífice que realizó el arco de Constantino en Roma.

 

El de la izquierda, es denominado “Sarcófago Trilogía Petrina”. Su autor está relacionado con el taller del “sarcófago de los Hermanos” del museo Pío Clementino de Roma (340-350).

 

 Vista del presbiterio desde el lateral derecho.

 

En la fotografía realizada por Juan Mora Insa hacia 1920 podemos observar como estaba el altar antes de la última restauración. Estas esculturas pasaron durante muchos años desapercibidas debido a su deteriorado estado de conservación.

 

Fotografía: Juan Mora Insa. A.H.P.Z.

 

Altar mayor de la cripta tras la restauración llevada a cabo en el año 1997 por el arquitecto Heliodoro Dols y el restaurador José Antonio Minguell. En esta intervención se reparó el magnífico conjunto que hoy podemos admirar.

 

En la parte central se sitúa la escultura de alabastro de Santa Engracia, tallada en el siglo XV; y a ambos lados de la santa una serie de personajes que han sido identificados como compañeros de martirio o, más bien, cortesanos medievales, imágenes realizadas en el XVI.

 

Este “retablo”, tras la Guerra de la Independencia y la voladura del monasterio en 1808, sufrió un gran deterioro. En el año 1814, cuando el arquitecto José de Yarza comenzó las obras de desescombro de la cripta, según relata el alcalde de la ciudad don Vicente del Campo Nasarre, se descubrió entre otros objetos: “la estatua de alabastro de Santa Engracia y dos grupos de, cada uno de cinco de sus Santos  compañeros, los mismos que antes ocupaban el altar mayor, sin más lesión que faltar la mano izquierda y la palma de Santa Engracia, dos piernas de las otras estatuas, y haberse hallado separadas varias cabezas, que colocadas en su lugar ajustaban perfectamente. Últimamente se halló un pedestal octógono, también de mármol, en cuyo frente se halla un escudo de armas del Ilmo. Ayuntamiento de esta ciudad, sin duda del mismo tiempo que la estatua de Santa Engracia”…

 

En el centro podemos admirar la escultura de santa Engracia, obra gótica atribuida por M. C. Lacarra a Ans Piet Danso (Hans de Suabia) hacia 1470, escultor que estuvo en la ciudad entre 1467 y 1477 trabajando en el retablo mayor de La Seo. La imagen de la santa es totalmente independiente de los dos grupos que le acompañan, que son posteriores (XVI). Se trata de una talla realizada en alabastro blanco de la zona comprendida entre Fuentes de Ebro y Villafranca de Ebro, al igual que las restantes, a pesar de ser de épocas diferentes.

 

Pero sepamos quien era esta joven a la que Zaragoza nombró su primera patrona: Encratis  era una joven noble cristiana nacida en Bracara Ausgusta (actual ciudad portuguesa de Braga), quien camino de las Galias para contraer matrimonio, pasó por Caesaraugusta en abril del año 303. La joven enterada de las persecuciones que estaban sucediendo en la ciudad, intentó detener la orden del pretor Daciano, pero fue apresada y martirizada. Según cuenta la tradición, Engracia fue atada a una columna donde fue azotada, le cortaron un pecho y rasgaron  su cuerpo con garfios. Posteriormente fue arrastrada por caballos por toda la ciudad. Al no morir a pesar de tales tormentos, le clavaron un clavo en la frente que fue lo que finalmente le causó la muerte.

 

En lo que respecta a los Innumerables Mártires decir que la tradición mantiene que fueron más de diecisiete mil cristianos martirizados. Esta cifra no puede ser cierta, ya que en la ciudad no había tantos habitantes. Si acudimos al himno ya mencionado de Prudencio en él alude a dieciocho mártires, a “la virgen Engracia”, al diácono Vicente, a Cayo y a Clemente.

 

Se trata de una escultura exenta, de bulto redondo, pero con su parte posterior trabajada para poder adosarla al muro. Está vestida con amplios y lujosos ropajes medievales. Viste túnica ceñida bajo el pecho mediante una cinta y se cubre con un manto. Está tallada con gran detalle, quizás utilizando la técnica del dorado. Las orlas del manto están en relieve, decorado con motivos a modo de perlas. Sobre sus largos y ondulados cabellos porta corona de plata real. En su mano izquierda sostiene una palma de martirio, mientras en la derecha sujeta un libro.

 

Hay que tener en cuenta que Engracia fue la santa más importante en la Zaragoza medieval, anterior al culto a Santa María del Pilar, siendo la primera patrona de la ciudad. Su tumba fue objeto de gran respeto y a ella llegaban peregrinos para venerar sus restos. La Virgen del Pilar fue nombrada patrona de la ciudad en 1642, tras el Milagro de Calanda (en el que a Miguel Pellicer, gracias a la intervención de la Virgen del Pilar, le creció la pierna que le habían amputado).

 

El rostro de la imagen tiene un marcado carácter germánico. Obra muy naturalista, en la que la santa esboza una tenue sonrisa, a pesar de que sobre su frente presenta el clavo de su martirio. M. C. Lacarra comenta que “su dulce fisonomía reproduce los rasgos juveniles de la Virgen María en la escena de la Epifanía del retablo mayor de La Seo”.

 

En el pedestal, de forma poligonal y con restos de policromía, sobre el que se sitúa la santa,  podemos ver el escudo de la ciudad, con el león rampante coronado. Lo que demuestra la intervención en esta obra del concejo de la ciudad. Este escudo es la iconografía más antigua, hasta ahora conocida, sobre el escudo de Zaragoza.

 

Prudencio en su himno enumera a los mártires que acompañan a Engracia: Optato, Lupercio, Suceso, Marcial, Urbano, Julia, Quintiliano, Publio, Frontonio, Félix, Ceciliano, Evencio, Primitivo y Apodemio; más los llamados “Saturninos”, que algunos identifican con Casiano, Januario, Matutino y Fausto (según san Eugenio de Toledo). En los dos grupos laterales que en el altar de la cripta acompañan a Santa Engracia, aunque tradicionalmente se ha venido afirmando que se trataba de los compañeros de la santa en su martirio; en realidad se trata de diez figuras, cinco a cada lado, vestidos siguiendo la moda de la Corte de Carlos V entre 1518-1530. Cada grupo está esculpido en un único bloque de alabastro; con toda la seguridad fueron reutilizadas para acompañar a la escultura de la santa, que como hemos visto es de época anterior.

 

Ambos grupos fueron ideados para colocarlos en hornacinas, ya que la parte posterior no está trabajada. En su origen estuvieron policromadas, conservando el dorado en algunos mantos. Una curiosidad es que en ellas, tras la restauración, se descubrieron las huellas de las sogas o cadenas que se utilizaron para colocarlas en el lugar para el que fueron en origen ideadas, bien en la cripta o en otro lugar del antiguo monasterio jerónimo.

 

Apenas tenemos noticias sobre estas esculturas. Sí que se sabe que en el siglo XVII ya estaban en el monasterio, ya que se conserva un óleo con muy parecida disposición, como veremos posteriormente. En 1717 ya estaban ubicadas en el altar mayor de la cripta, según relata Fray Pablo San Nicolás en su obra: Antigüedades Eclesiásticas de España: “Sovre vna grada están las efigies de Santa Engracia y sus compañeros, de alabastro finísimo que se trasparentea; y detrás están los tres sepulchros de Santa Engracis, san Lupercio, y los diez y siete santos Martyres… Este es el Altar principal de esta Basilica subterranea”.

 

Se desconoce el autor del proyecto, pero tal y como comenta Carmen Morte no hay que olvidar que por aquella época trabajaba en Aragón uno de los grandes escultores del momento: Damián Forment; y la misma autora pone en evidencia la similitud existente entre estas imágenes con figuras del retablo mayor de la catedral de Huesca. Pudiendo realizar el insigne escultor estas tallas hacia 1529, cuando ya había terminado el retablo de Poblet y estaba finalizando el de la catedral de Huesca.

 

La misma autora Identifica el autorretrato de Forment en la figura central del grupo de la izquierda (cabeza que fue encontrada separada del cuerpo entre los escombros de la cripta tras el bombardeo en 1808). Vemos a un hombre barbado, que mira hacia el espectador,  cubierto con un sombrero muy similar al que le hemos visto en otros autorretratos (retablo mayor de Huesca).

 

El grupo de la derecha está también compuesto por cinco figuras, todas ellas ataviadas con lujosas indumentarias, siguiendo la moda imperante en el siglo XV.

 

Los personajes portan collares de grandes eslabones, jubones, sayones cortos,  mangas abullonadas, capas, gorras, bonetes; y alguno de ellos lucen en sus dedos anillos que denotan su categoría social, más cercana a la Corte del Emperador Carlos que a unos pobres mártires cristianos.

 

Siguiendo la opinión de Carmen Morte el rostro de la figura situada en este grupo de la derecha, con barba corta y portando espada, recuerda al de Carlos V. No hay que olvidar que el Emperador estuvo en el monasterio de santa Engracia en la Semana Santa de 1529 de camino a Barcelona.

 

Como curiosidad comentaros que en las dependencias parroquiales se conserva un Óleo sobre lienzo de finales del s. XVII, de autor anónimo. El pintor se basó para pintarlo en el grupo escultórico de alabastro que acabamos de comentar. Este hecho nos demuestra que en el siglo XVII, este grupo ya estaba formado, a pesar de no pertenecer a la misma época.

 

Fotografía.https://www.basilicasantaengracia.es/wp-content/uploads/2015/06/PINTURA.pdf

 

 

Hasta aquí este pequeño estudio de uno de los grandes tesoros, muy desconocido, que guarda la cripta de una de las iglesias con más historia de Zaragoza, donde se conservan los restos de la primera patrona de nuestra ciudad.

 

¡¡¡Hasta el próximo vuelo!!!

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

-  DE NICOLÁS, Fray Pablo: Antigüedades eclesiásticas de España en los quatro primero siglos de la Iglesia…, Madrid, Imprenta de Juan Ariztia, 1725, pág. 336.

 

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-CÍA BLASCO, Javier: Precedentes y orígenes del Monasterio Jerónimo de Santa Engracia de Zaragoza. Zaragoza, Rev. Zurita, 1976-77, pp. 7-90. https://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/24/79/1cia.pdf

 

-DE LASALA CLAVER, Fernando J.: La cripta de los Mártires de Zaragoza. Zaragoza, Diputación Provincial, “Instituto Fernando el católico”, 1978.

 

-BURRIEL RODRIGO, Mariano: La Cripta de las Santas Masas de la iglesia parroquial de Santa Engracia de Zaragoza. Zaragoza, 1979.

 

- FATAS, G.; “Caesaraugusta christiana”, en I Concilio Caesaraugustano. MDC aniversario, Institución Fernando el Católico,  Zaragoza, 1980.

 

-FATAS CABEZA, Guillermo: De Zaragoza, Zaragoza, Diputación Provincial “Institución Fernando el Católico”, 1990.

 

- Aragonia Sacra al tema. Llevaba por título "Santa Engracia, espacio diocesano" y comprendía los números VII-VIII, correspondientes a los años 1992-1993.

 

-VV.AA.: Las artes en Aragón durante el reinado de Fernando el Católico (1479-1516). Zaragoza, Diputación Provincial, “Instituto Fernando el Católico”, 1993.

 

-MOSTALAC CARRILLO, Antonio: Los sarcófagos romano-cristianos de la provincia de Zaragoza. Análisis iconográfico e iconológico. Zaragoza, Cajalón, 1994.

 

-LACARRA, C.: "Notas sobre la iglesia de Santa Engracia o santuario de las Santas Masas en el siglo XV (1421-1464)". Zaragoza, Aragón en la Edad Media, nº 16, 2000.

 

-VV.AA.: Santa Engracia. Nuevas aportaciones para la historia del monasterio y la basílica. Zaragoza, Ayuntamiento, 2002.

 

 

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