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La iglesia de san Baudelio de Berlanga. La magia de Soria.

Fotografía de Casillas de Berlanga, actualmente pedanía de Caltojar.

 

Nos encontramos al suroeste de la provincia de Soria, dentro de la comarca denominada Tierras de Berlanga, la Extremadura soriana, que se extiende desde los páramos de Barahona hasta la sierra de Ayllón, y desde el Duero hasta la sierra de Pela. Territorio de castillos, atalayas islámicas, iglesias románicas y: la ermita de san Baudelio de Berlanga.

 

Entre Berlanga de Duero y Caltojar, por la carretera SO-152 se encuentra Casillas de Berlanga y cerca de ella la ermita de San Baudelio, verdadera joya del arte prerrománico soriano.

 

Carretera que conduce a San Baudelio de Berlanga.

 

Ya hemos comentado que Berlanga era tierra fronteriza de conquistas,  en la llamada Marca Media Soriana. San Baudelio se localiza próximo a lugares tan importantes dentro de la conquista de la península como lo fueron Medinaceli, Osma, Atienza, Almazán y Gormaz, en un tiempo de luchas, compromisos y pactos continuos. La primera vez que fue repoblada, sobre todo por mozárabes, esta zona fue en el año 912 reinando García I de León, cambiando de manos (cristianas y musulmanas), hasta 1060 que fue tomada por Fernando I. Pero no fue lugar seguro hasta la conquista de Toledo (1085) por Alfonso VI, rey de León-Castilla; perteneciendo hasta el Concilio de Husillos (1088)  a la sede episcopal de Burgos-Osma.

 

 La ocupación de este territorio y su repoblación fue lenta, acompañada de la reconstrucción o construcción de edificios de culto cristiano, como ocurre también con la iglesia de san Miguel de Gormaz, con la que san Baudelio tiene muchas connotaciones, ya que ambas pertenecían al mismo dueño: a la fortaleza de Berlanga, originariamente perteneciente a la familia Tovar. Es en esta época cuando se comenzó a construir, en una primera fase, la ermita de san Baudelio.

 

A la muerte de Alfonso VI en 1109 algunas plazas en poder de los cristianos fueron recuperadas por los musulmanes, quedando la ermita abandonada. Al rey castellano le sucedió su hija doña Urraca, casada con el aragonés Alfonso I el Batallador. Gracias a este matrimonio el rey aragonés gobernó temporalmente sobre León, Castilla y Toledo desde 1109 a 1114. Alfonso I conquistó nuevamente la zona que nos ocupa, repoblándola para consolidar su dominio. En este momento nombró señor de Berlanga al navarro-aragonés Fortunio Aznárez, el cual realizó una segunda etapa constructiva en san Baudelio: erigió la capilla superior de la tribuna, la escalera de acceso a la misma y la portada superior que se abre en el muro occidental; también en estas obras se abrió el habitáculo del arranque de los nervios de la bóveda, como luego veremos; así como la decoración pictórica de la ermita.

 

Al morir Aznárez, en 1134, Berlanga pasó a pertenecer a la Corona de Castilla y en 1136 a la diócesis de Sigüenza.

 

San Baudelio de Berlanga se sitúa a nueve kilómetros de la localidad soriana de Berlanga, entre Citojar y Casillas de Berlanga. Lo encontramos en el costado norte de un pequeño altozano aislado y cerca del cauce del río Escalote.

 

Aunque documentalmente la existencia de este lugar se conoce desde 1136, época en el que era la iglesia de un pequeño monasterio bajo la advocación de “Sancti Bauduli”, su origen es anterior, quizás de época tardorromana o visigoda, en donde vivía una pequeña comunidad dependiente de la diócesis de Sigüenza.

 

En el interior de la ermita existe en su ángulo sudoeste una gruta, que quizás fue utilizada, en un primer momento, por algún eremita. En esta época no era extraño encontrar ermitaños viviendo en grutas cercanas a manantiales. Al lado de san Baudelio existían dos manantiales, uno de los cuales aún lo podemos ver junto a la ermita. Os lo señalo con una flecha roja.

 

Nada es seguro en la historia de este edificio, bien pudiéramos estar en una iglesia vinculada a un señorío (quizás al de Berlanga), que posteriormente  se utilizó como iglesia monacal. O bien la iglesia fue erigida por un grupo reducido de monjes sobre una gruta eremítica preexistente, y en una zona ya conquistada a los musulmanes; y la iglesia sería el único vestigio existente de ese núcleo monacal. Los historiadores no se ponen de acuerdo.

 

La iglesia fue dedicada a san Baudelio, santo galorromano que vivió en el siglo IV y que fue martirizado en Nimes (Francia). Su culto aparece ya documentado en los pasionarios mozárabes (libros que se utilizaban en la liturgia hispano-mozárabe).

 

El templo es una verdadera joya, que muchos han denominado “Capilla Sixtina del arte mozárabe”, aunque para algunos autores se trata de una iglesia prerrománica con influencia del arte musulmán, como son los arcos de herradura de la portada de entrada, muy similar a la ermita de la Vera Cruz de Maderuelo. Siendo también las pinturas que cubrían sus muros muy similares a las Maderuelo y a las de san Miguel de Gormaz.

 

Es un asunto algo confuso, ya que estamos en una época en la que ya se había introducido la reforma de Cluny; se había dejado de utilizar el rito mozárabe desde 1071, siendo uno de los impulsores del cambio de rito litúrgico el rey Alfonso VI, gran defensor del rito romano en detrimento del mozárabe; y en toda la zona se estaban construyendo edificios con un nuevo estilo: el románico.

 

No se tiene certeza de la llegada a la zona de personas residentes en Al-Andalus y que trajeran consigo este arte distinto, que no se conocía en esta zona. Pero si podemos pensar que la influencia de la taifa zaragozana pudo tener mucho que ver en ello; así como la repoblación de la zona por mozárabes bien pudiera explicar las características tan especiales de esta iglesia.

 

Esta pequeña edificación es caso aparte, pues, aunque podemos encontrar algún ejemplo similar, como la ermita riojana de Santa María de Arnedillo, obra del siglo XI; ni ésta, está relacionada con una gruta eremita, ni cuenta con la tribuna que podemos ver en san Baudelio. La columna central, que recuerda a una palmera, el coro, la arquería que lo sustenta y la decoración pictórica del interior, todo ello convierten a esta ermita en un edificio singular.

 

Justo al lado del templo, en la parte del ábside, podemos contemplar una necrópolis con más de treinta tumbas. Durante los años 1976-78 se realizaron excavaciones al lado de la iglesia donde encontramos los restos que constatan la existencia de un núcleo de habitación en esa zona, sobre todo en el sector norte, y pueden datar entre la mitad del siglo XI-XII, hasta finales del siglo XV.

 

Son tumbas antropomorfas excavadas en la roca, orientadas de este a oeste, en las que fueron enterrados niños y adultos; Incluso  en los alrededores se han encontrado restos de actividades agrícolas y ganaderas, con lo que se corrobora la existencia de un núcleo de habitación.

 

También, en el lado derecho del templo, ya hemos comentado que brota un manantial, importante para la vida diaria de los habitantes de este antiguo monasterio. Según comentaba Gómez Moreno en su obra sobre las iglesias Mozárabes en 1919: “Ella (se refiere a la iglesia) se funda sobre peña viva, que sirvió además de material para su construcción, y es una caliza basta de color gris. Como a diez pasos, hacia oeste, nace un manantial, y todavía concurre allí la gente de los pueblos inmediatos, en son de romería, el día de San Baudelio, aunque ya nada de ceremonial religioso se celebra en el ermita, y aun estuvo abandonada y sin puerta durante años, según dicen”.

 

Fachada principal.

 

Volviendo a su datación, hoy en día se considera que fue erigida en el reinado de Alfonso VI, rey de León, Castilla y Galicia, entre 1080-1108, momento en el que la zona era segura para poder repoblarla, a pesar de los avatares sucedidos por ser zona fronteriza. En definitiva para la mayoría de historiadores se puede datar a finales del siglo XI y principios del siguiente.

 

El templo está realizado en mampostería sobre una base de grandes sillares, y exteriormente no tiene ningún tipo de decoración, como podemos ver en otras iglesias de del siglo XI como la de san Miguel de Gormaz o Fuentearmegil. San Baudelio consta de dos puertas de acceso, ambas situadas en la nave, la principal en el muro norte, y otra lateral en el lado occidental que da acceso a la parte superior de la tribuna que luego comentaremos. También tiene dos vanos muy estrechos, con derrame interior, uno en el ábside y el otro a la izquierda de la portada principal, por donde penetra la luz exterior.

 

En la parte posterior de la iglesia se ve claramente la estructura formada por dos cuerpos yuxtapuestos y la perfecta adaptación a un terreno irregular. El cuerpo principal, cubierto a cuatro aguas, y el menor, que corresponde al presbiterio, a dos aguas. En la cabecera se abre una estrecha ventana rectangular, que ilumina el presbiterio.

 

Pero volvamos a nuestra historia. El tiempo transcurrió y en el siglo XIII el pequeño cenobio comenzó su declive, extinguiéndose como comunidad monacal, quedando el conjunto al cuidado de ermitaños, desapareciendo toda la estructura del monasterio excepto la iglesia. En el año 1893 pasó a pertenecer al ayuntamiento de Casillas de Berlanga, siendo utilizada por los vecinos de Casillas, Castojar y Berlanga, exclusivamente cada 20 de mayo para ir de romería a celebrar la onomástica de san Baudelio. En 1917 la ermita fue declarada Monumento Nacional, pero esto no impidió que entre 1922-26 las magníficas pinturas que decoraban su interior fueran arrancadas y vendidas, como luego veremos a la hora de explicar el interior.

 

En 1954 la ermita fue adquirida por la Fundación Lázaro Galdiano, donándola dos años más tarde al Estado, constituyendo hoy en día un anexo del Museo Numantino de la Junta de Castilla y León.

 

En la fachada del lado sur se abre una pequeña puerta en arco de medio punto que se piensa que era el lazo de unión con el antiguo monasterio; hoy en día comunica con el coro o parte superior de la tribuna interior.

 

Es un sencillo edificio de mampostería con piedra sillar en las esquinas y en el zócalo. Está compuesto por dos “cubos”, a la izquierda el ábside y a la derecha la nave. En la parte superior derecha se abre una saetera por la que penetra la escasa luz que ilumina su interior.

 

La puerta de entrada se abre en doble arco de herradura. Viendo su sencillo y sobrio exterior, no podemos imaginar lo que vamos a encontrarnos en su interior.

 

Entramos al sector oriental de la nave, enfrente el machón central que sostiene la bóveda; a la izquierda la puerta que da acceso al ábside; y a la derecha la tribuna.

 

Planta del templo.

 

Estamos ante una iglesia de plan central con una nave que conforma un espacio rectangular abovedado. Según el historiador  Joan Sureda  Pons en esta iglesia se ha significado con la erección de la gran columna central, el nexo de unión entre el cielo y la tierra. Si leemos el texto de Daniel (IV, 7-9): “…Me parecía ver un árbol en medio de la tierra, de extremada altura. Un árbol grande y robusto, cuya copa tocaba el cielo…”

 

Descripción del plano: 1-Puerta de entrada. 2-Nave. 3-Presbiterio. 4- columna central. 5-Parte inferior de la tribuna. 6-Gruta.

 

Fotografía: wikipedia.

 

Cuando penetras en el interior de la ermita la sorpresa es mayúscula. Nos encontramos con una nave de reducidas proporciones, lugar donde se ubicaban los laicos. Está cubierta por una bóveda deprimida esquifada que apoya en una robusta columna central que asemeja a una palmera. Mide 1 metro de diámetro y 5 metros de alto de la que arrancan ocho “ramas” en forma de arcos de herradura peraltados. Los nervios se juntan formando la mencionada bóveda esquifada dividida en ocho plementos que cubren una nave de planta rectangular, una nave que no encuentra paralelismo en la arquitectura altomedieval hispánica; el único ejemplo comparativo de la misma época pudiera ser la ermita de Santa María de Peñalba en Arnedillo (La Rioja).

 

Al fondo podemos admirar la original tribuna sobre una arquería; y a la izquierda (desde donde he tomado la fotografía) el ábside, al que se accede a través de un arco de herradura.

 

Detalle de los nervios radiales que apoyan en la gruesa columna, de la que emergen ocho arcos de herradura como si se tratara de las hojas de una palmera. Para algunos estudiosos en ello ven una clara influencia del arte cordobés. Estos nervios que sustentan esta bóveda están ornados con una vistosa decoración (desgraciadamente la mayor parte ha desaparecido); y apoyan en las esquinas y en la mitad de los muros perimetrales (influencia califal).

 

Sorprendente es también el pequeño hueco cilíndrico que existe en el machón central, justo encima de la unión de los ocho arcos que soportan la bóveda. Exteriormente aparecen ocho pequeñas hendiduras con forma de lágrima, que desde la parte inferior casi no se observan. Esta pequeña cámara está cubierta por una cupulilla.

 

Os señalo con flechas rojas dos de estos huecos que os he comentado.

 

Unos dicen que este hueco entre los nervios de la columna pudiera haber servido para guardar reliquias (la de san Baudelio, por ejemplo); tesoros... Pero la realidad es que no se sabe a ciencia cierta el uso que se le dio. Como apunta algún historiador en ella podemos encontrar reminiscencias cordobesas y referencias a la arquitectura taifal, e incluso afirman que este pequeño habitáculo, en un primer momento, estuvo abierto, siendo cerrado y decorado en el siglo XII, cuando se pintó toda la iglesia.

 

La cabecera está sobreelevada y separada de la nave por un arco doble de herradura. Dando la sensación de que quisieron jerarquizar los espacios, hecho muy frecuente en los templos prerrománicos y del primer románico.

 

A la derecha podemos ver un pequeño altar lateral. Se supone que en el lado izquierdo también existiría otro, desaparecido. En la parte superior podemos ver las trompas en las que descansas algunos nervios de la bóveda.

 

El acceso a la cabecera de la iglesia se realiza a través de cinco escalones y por un vano abierto en arco de herradura decorado, como luego veremos.

 

El ábside se cubre con una bóveda de cañón. Al fondo vemos el altar de piedra. Su interior estuvo totalmente cubierto de pinturas. Hoy solo podemos admirar algunas pinturas del testero y algún resto en los muros laterales, en su mayoría improntas (huellas de las pinturas originales).

 

Vista de la zona occidental desde el presbiterio.

 

A los pies del templo se ubica una tribuna sostenida por una serie de columnillas con basas cúbicas en las que apoyan arcos de herradura. Este espacio, que bien parece una pequeña “mezquita”, sin ningún antecedente en el arte prerrománico español (aunque recuerda a la tribuna de Santa Cristina de Lena en Asturias), soporta, por medio de bovedillas que existen entre los arcos, una segunda planta que forma una pequeña tribuna, que bien pudo ser utilizada por los monjes que habitaron el antiguo cenobio. Tal y como podemos leer en el canón XVIII del IV Concilio de Toledo del año 633 se recomienda un lugar donde el clero debía colocarse en las iglesias: “Sacerdos et levita ante altare conmunicent, in choro clerus, extra chorum populus”.

 

Vista de la tribuna y el machón central que se sitúa en la nave, detrás de él vemos el sistema de soporte de la capilla superior de la tribuna. Es una construcción rectangular sostenida por cuatro columnas. Ya hemos comentado al inicio de este artículo, que tanto este tramo como la escalera y la puerta superior de la tribuna, junto a la capilla fueron realizadas en una segunda fase constructiva, hacia 1134.

 

En el muro meridional se construyó una escalera adosada al muro, por donde se accedía a la parte superior de la tribuna. Actualmente no está permitido subir.

 

Detalle de la escalera por la que se accedía al coro desde la nave (véase el cartel de la prohibición de subir a la parte superior). No se tiene certeza si esta escalera fue realizada en el primer momento de la construcción de la iglesia o posteriormente. Quizás en un primer momento, para subir a la tribuna, se utilizaba una escalera de madera. Si que se tiene por cierto que la escalera ya existía cuando se realizaron las pinturas.

 

En la parte superior se construyó un pequeño habitáculo cuadrado, una pequeña capilla, a la que se accede a través de un arco de herradura. Se cubre con una bóveda de cañón. Pudiera ser un pequeño altar existente en la parte superior de la tribuna.

 

Al fondo, y en la parte inferior, podemos vislumbrar la entrada al presbiterio.

Fotografía: Wikipedia.

 

En la zona inferior de esta tribuna encontramos dos naves transversales de cinco tramos cada una. Las columnillas que están al lado del muro se apoyan directamente en un podio que se eleva alrededor de la iglesia; las restantes se apoyan en altos basamentos cúbicos.

 

Al fondo, en el ángulo suroeste de la iglesia, podemos ver la entrada a la gruta.

 

Según la tradición la gruta excavada en la roca junto a una fuente fue el primer núcleo de habitación de algún eremita. Posteriormente sobre ella se construiría un pequeño cenobio. Hoy la podemos ver, como ya os he comentado, en el ángulo suroeste del templo.

 

En realidad no se está seguro de cuál era su función, si era solo un lugar donde se refugiaban los ermitaños o en realidad era un lugar de culto. Si que se han encontrado orificios que se usaban para colocar las lucernas para iluminar el recinto.

 

Detalle de la parte inferior de la tribuna desde el interior de la gruta.

 

La gruta, excavada en la roca, tiene dos pequeñas galerías en ángulo. La fotografía no es muy clara, pero os la pongo para que os hagáis una idea de la forma del recinto.

 

Plano de la iglesia donde os pongo la situación de las pinturas:

 

Ya hemos comentado la parte estructural del edificio, ahora hablaremos de la decoración pictórica del mismo. Toda la superficie interior del edificio estaba cubierta con bellas pinturas realizadas al fresco.

 

En la restauración llevada a cabo por el IPHE (Instituto del Patrimonio Histórico Español) se ha llegado a la siguiente conclusión, según nos dice Margarita González: “En resumen, podemos decir que, sobre el enlucido de cal –todavía húmedo– se ejecutó al fresco tanto el dibujo preparatorio, como los fondos y las primeras manchas de color de las escenas; no obstante, algunas de estas capas pudieron ser mezcladas con cal (fresco a la cal). Luego, sobre este estrato seco –o bien en fase de secado–, se acabó la pintura con pigmentos mezclados con cal (pintura a la cal) o bien aglutinados con un ligante orgánico a base de aceite y proteína".

 

En un primer momento la iglesia se enlució en blanco sin decoración pictórica, realizándose la decoración entre 1129-1134, según parece, ya que su cronología sigue siendo complicada. Las últimas teorías, entre las cuales destaca la de Milagros Guardia, hablan de una unidad del conjunto pictórico, influido por “modelos de origen diverso, de tradición clásica y musulmana”. Sus investigaciones han dado un vuelco a todo lo, que hasta el año 1982, se tenía como posible. Guardia mantiene que las pinturas, que hasta ese momento se consideraban parte mozárabe y parte románica, se realizaron en un mismo periodo de tiempo, en un mismo taller, pero llevadas a cabo por artistas diferentes. Taller que trabajaba entre Castilla y Aragón, de donde trajo las influencias que en la obra se observan del mausoleo de Centcelles en Tarragona  y de santa María de Taüll, en Lérida.

 

 En el conjunto podemos distinguir tres partes diferenciadas: las pinturas del ábside, la nave o cuerpo de la iglesia, y la tribuna.

 

Distribución de las pinturas en el plano y en la iglesia:

 

1-Cabecera (in situ), menos san Nicolás y el ave que algunos identifican con un Ibi o una garza (Cincinnati). 2-Noli me Tangere (Cincinnati). 3-Mano de Dios (in situ). 4-Halconero (Cincinnati). 5-Parte inferior: Cacería de Liebres (Prado); parte superior: La Última Cena (Boston). 6-Parte inferior: la caza del Ciervo (Prado); parte superior: Entrada a Jerusalen (Indianápoli). 7: Tentaciones de Jesús (Claustros). 8: Bodas de Caná (Indianápolis). 9: Capilla de la tribuna con la Epifanía (in situ). 10: Curación del Ciego y Resurrección Lázaro (Claustros). 11: Parte inferior: bueyes afrontados (in situ); parte superior: Las Tres Marías (Boston). 12: Motivos decorativos (Prado). 13: Dromedario (Claustros). 14: Perros rampantes (Claustros). 15: Guerrero (Prado). 16: Elefante (Prado). 17: Oso (Prado).

 

Fotografía del plano: wikipedia.

 

Reconstrucción de la iglesia y sus pinturas. Muro norte, a la derecha la entrada al presbiterio. Las pinturas de la parte superior de la nave representan escenas del Nuevo Testamento, en la parte inferior escenas de caza (que luego veremos).

 

 Durante el siglo XIX, tras la Desamortización de Mendizabal, la ermita pasó a manos de doce vecinos de Casillas de Berlanga. En 1917 el templo fue declarado Monumento Nacional. En 1922 un anticuario judío afincado en Barcelona, Leone Leví, mostró gran interés en comprar las pinturas de san Baudelio, por encargo del coleccionista de arte Gabriel Dereppe, quien trabajaba a su vez para el anticuario internacional J. Demotte. Las autoridades civiles, eclesiásticas e intelectuales españoles lucharon para evitar este expolio. La lucha duró cuatro años, con juicio incluido, y cuando el Tribunal Supremo en 1925 dio luz verde a la venta, las pinturas fueron vendidas por la cifra de 65.000 pesetas.

 

 Los encargados del arranque de los frescos fueron  expertos italianos. Éstos utilizaron la técnica del “strappo”, extrayendo solo una capa superficial dejando parte del dibujo en el muro, estos vestigios que quedaronn en los muros se conocen como “improntas”. Como decía nuestro erudito José Camón Aznar: “Contemplar estos muros es presenciar las sombras, los espectros de lo que allí hubo pintado...”

 

Los frescos fueron trasladados a lienzos, un total de 23 que en un primer momento llegaron a Londres y después fueron enviados a Estados Unidos. En 1927 el Museo de Boston compró la Santa Cena-el Friso de Meandros y las Tres Marías ante el Sepulcro. El resto pasaron a ser propiedad de particulares (H.G.C. Clowes y M. Martindale), quienes años más tarde las donaron a diversos museos norteamericanos: Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, sección de los Claustros; al de Indianápolis; y al de Cincinnati. Solamente en 1957 el Museo Metropolitano prestó, en calidad de depósito, al Museo del Prado, seis lienzos: el Oso, el Guerrero, Motivos decorativos, el Elefante, la Caza del Ciervo y la Cacería de Liebres, a cambio se les cedió las pinturas del ábside románico de la iglesia de San Martín de Fuentidueña (Segovia).

 

En el año 2002 el templo fue rehabilitado por el Instituto del Patrimonio Histórico Español y se pudo recuperar algunos fragmentos pictóricos y restaurar lo que no había sido arrancado.

 

Fotografía: http://arqui-2.blogspot.com/2014/12/san-baudelio-de-berlanga-el-pequeno.html.

 

La entrada al ábside, ya hemos comentado, que se realiza a través de un arco doble de herradura con decoración vegetal y geométrica. En la clave la Mano de Dios (Dextera Domini) bendiciendo, inscrita en un círculo sostenido por dos ángeles. En la parte posterior el anagrama de Cristo.

 

Detalle del intradós del arco, en el que se representan una serie de aves, quizás grullas, que doblan sus largos cuellos hacia sus patas, algunos autores las identifican con ibis.

 

El presbiterio tiene la cabecera plana con un único vano aspillerado orientado en dirección este-oeste, por donde penetra la luz del exterior. Dentro de este espacio, que más bien parece una pequeña capilla, podemos contemplar los restos de las pinturas que lo decoraban. Hay que tener en cuenta que el presbiterio, al igual que toda la iglesia, estaba totalmente pintado, incluso la bóveda de medio cañón. Desgraciadamente no se ha conservado ningún resto en ésta última.

 

En cuanto a la cabecera vemos en ella tres niveles diferenciados. En la parte inferior, al colocar el altar de piedra, se perdió gran parte de su decoración; ornada a base de motivos geométricos. En la parte intermedia se representan a los santos que tuvieron algo que ver con esta iglesia; y en la parte superior otro pasaje que luego comentaremos.

 

En la parte superior del testero, se pintaron temas relacionados con la Redención, anunciada por Abel y Melquisedec, dos prefiguras de Cristo. Vislumbramos , en la clave, el Agnus Dei con la cruz inscrito en un medallón, símbolo de Cristo Salvador, flanqueado por las figuras de Melquisedec con un cáliz, a la derecha; y la de Abel, a la izquierda, portando un cordero. En resumen se representan una serie de temas relacionados con la Redención, anunciada por Abel y Melquisedec, dos prefiguras de Cristo.

 

En la zona intermedia podemos identificar a san Baudelio y san Nicolás (algunos autores consideran que alguna reliquia pudo guardarse en esta iglesia de este último santo nacido en Asia Menor, de ahí que se le representara también).  En el centro se abre la saetera que ilumina la cabecera, y por debajo de ella la representación de un ave (hoy conservada en el Museo de Arte de Cincinnati), la misma que hemos visto en el intradós del arco de entrada.

 

Detalle del vano de la cabecera, en el que vemos al Espíritu Santo descendiendo hacia la tierra.

 

Flanqueando la ventana se sitúan dos santos de gran veneración en aquel tiempo, a la derecha san Baudelio. Aún podemos distinguir la inscripción: “BAV/DILI” (Baudilius). San Baudelio vivió en el siglo IV d.C., fue un diácono que según cuenta la leyenda durante un ritual dedicado a Júpiter, cerca de la ciudad francesa de Nimes, impidió un sacrificio humano, ofreciéndose  en el lugar del que iban a matar. Allí mismo fue decapitado con un hacha. En la cabecera de la ermita es representado sentado portando un libro en su mano izquierda y un báculo, terminado en flor de lis.

 

A la izquierda san Nicolás vestido con amplias vestiduras y portando el báculo de obispo. Nicolás vivió en el siglo IV y fue uno de los santos más venerados de la Edad Media. La pintura original está conservada en el Museo de Arte de Cincinnati.

 

En el resto de los muros no se sabe con certeza las escenas que se pintarían, ya que se han perdido.  Si se tiene la certeza que la decoración se estructuraba en tres niveles, como en la cabecera, en la parte inferior motivos ornamentales, en la zona intermedia escenas de la vida de Cristo, y en la parte superior, quizás personajes bíblicos.

 

En el lado del Evangelio podemos ver la impronta de la escena que se ha identificado con un Noli me tangere (la pintura pasada a lienzo se conserva en Cincinnati Art Museum). La escena  relatada en la Vulgata (versículo 17 del capítulo 20 del evangelio de san Juan), representa a Jesús resucitado que se encuentra con María Magdalena y le dirige esas palabras: Noli me tangere,  que podemos traducir como “no me retengas”, más que como algunos dicen “no me toques”.

Reconstrucción pictórico-infográfica: Félix González (Flas), de cómo era el interior de la iglesia vista desde el presbiterio. Podéis ver cómo estaba decorado el templo y la situación en la que se encuentra hoy en día, si pasáis a la siguiente imagen.

 

Pero antes de comentar las pinturas de la nave de la ermita hay que constatar que los historiadores no se ponen de acuerdo en cuanto a la cronología y a la autoría de estas magníficas pinturas. La historiografía ha separado las pinturas inferiores de las superiores, tanto por su estilo, por su temática y por su cronología. Unos afirman que las inferiores son anteriores, relacionándolas con el arte califal omeya; entroncando las superiores dentro del románico, comparándolas con las de santa María de Taúll y Maderuelo.

 

Las últimas investigaciones, llevadas a cabo por Milagros Guardia (2003) establece una unidad en el conjunto, realizadas en la misma época y taller, aunque por diferentes artistas. Reafirmando las relaciones existentes con las pinturas de Taüll, Bagües, y Maderuelo.

 

Estado actual de las pinturas en la nave y en el frente de la tribuna del templo. Los restos que se conservan en ellas se han restaurado hace unos años, pero aún con todo el expolio fue tremendo.

 

En la parte superior del lado derecho de la nave se representan escenas de caza (arte cinegético) con sentido religioso. En estas escenas aparecen sobre un fondo rojo las figuras pintadas en blanco.

 

 Milagros Guardia comenta que a partir del siglo XI los “motivos animalísticos”, de caza o representando a animales se extiende en el arte religioso al lado de escenas del Antiguo o del Nuevo Testamento. Ejemplos tenemos en iglesias astures, leridanas y burgalesas, quizás como representación del bien y el mal (el hombre y la bestia). La cacería, tanto en el mundo cristiano como en el musulmán tuvo gran importancia en la Edad Media.

 

En la imagen la cacería de liebres, cuyo original es conserva en el Museo del Prado de Madrid. En ella un hombre a caballo con un tridente y acompañado de tres perros persigue a dos liebres que huyen (las liebres representan la fragilidad del alma).

 

En el muro oriental de la nave, a la izquierda, encontramos otra impronta con el tema del “halconero” (el original conservado en el museo de Cincinatti). La cetrería fue una actividad muy importante en el Medioevo, tanto en el mundo cristiano como en el musulmán. Las pinturas que representan escenas de caza son de hechura sencilla, realizadas con colores primarios y las figuras son casi planas, presentadas de perfil; siendo más dinámicas que las que se pintaron en la parte superior, en las que los personajes aparecen más estáticos.

 

 En la parte inferior vemos una cruz roja patada. Estas cruces se relacionan con ceremonias de consagración del edificio (encontramos otra cruz en la entrada de la gruta).

 

El original se conserva en el Museo de Cincinatti. En las pinturas de caza se utilizó un fondo rojo, mientras las figuras se pintaban en blanco. Son escenas  sencillas, realizadas con colores primarios, las figuras casi planas, representadas de perfil, siendo más dinámicas que las que se pintaron en la parte superior, en las que los personajes aparecen más estáticos.

 

Fotografía: wikipedia.

 

En la zona inferior de la nave, existía un friso con representación de cortinajes decorados y roleos vegetales. En el muro sur  encontramos una de las pocas pinturas que se conservan in situ. Se trata de dos bueyes afrontados. Esta escena, oculta por un encalado, fue descubierta por el técnico J. Ballester Espí en 1971, en el momento de la restauración de la ermita llevada a cabo por el Instituto de Patrimonio Histórico Español.

 

Detalle de los bueyes. Los colores utilizados en san Baudelio son muy variados: verde, ocre, marrón, y el color rojo sacado del óxido de hierro.

 

La parte superior de los muros de la nave se decoraron con escenas de la Vida de Cristo. En la iglesia, se conservan las improntas pero casi no se distinguen. Entre ellas la Última Cena, las tres Marías ante el sepulcro (las originales en el Museo de Bellas Artes de Boston); la curación del ciego y la resurrección de Lázaro y las tentaciones de Cristo (las tres en el Museo de Claustros de Nueva York); Las bodas de Caná, la entrada de Jesús en Jerusalén (conservadas en el Museo de Arte de Indianápolis).

 

Vamos a comentar alguna de las escenas que se conservan en los diferentes Museos que ya hemos nombrado. En el ángulo sudeste, en la parte superior del muro, se pintó la escena de la curación del ciego y la resurrección de Lázaro. Actualmente en el Museo de los Claustros de Nueva York. En ella se representan dos escenas, a la izquierda la curación del ciego, donde aparece Cristo tocando los ojos al invidente bajo un arco triangular; y a la derecha Jesús ante su amigo Lázaro que ha muerto en su ausencia. Ambas aluden al poder de Jesús sobre la vida y la muerte. En ellas podemos ver el entronque con las pinturas de Maderuelo y Taüll.

 

Fotografía: Wikipedia.

 

 Al lado de la anterior, ya en la tribuna, las Bodas de Caná, conservada en el Museo de Arte de Indianápolis. Tema muy representado en los ciclos sobre la vida de Cristo. En el pasaje bíblico dice que la Virgen y Jesús fueron invitados a una boda en Caná (Galilea), y María se dio cuenta de que se había acabado el vino, comentándoselo a su hijo. Jesús mandó a los sirvientes que llenaran las tinajas vacías de agua, y convirtió el agua en vino. Eses es el momento que se reproduce en la escena. Vemos dos arcos de medio punto bajo los que se sitúan los personajes, a la izquierda los sirvientes con las tinajas, y a la derecha el banquete de bodas, con Jesús, el novio y María.

 

Fotografía: Wikipedia.

 

La última escena que os voy a poner de las pinturas que se encuentran en Museos fuera de España es la Entrada de Jesús en Jerusalén, actualmente en el Museo de Arte de Indianápolis; y que se ubicaba en la parte superior del muro oeste. En la escena nos presenta a la derecha la ciudad con sus murallas y puertas en un tamaño mucho menor que las figuras que representan a Jesús y sus discípulos situados a la izquierda, es una primitiva perspectiva, para indicar la lejanía de las arquitecturas. Los habitantes de la ciudad portan ramos de olivo reciben a Jesús que aparece subido en un pollino, acompañado por los discípulos.

 

Fotografía: Wikipedia.

 

En el frente de la tribuna se conservan las improntas más conocidas de las pinturas que allí había; casi todas se conservan en el Museo del Prado de Madrid.

 

A la izquierda, en el pretil de la tribuna, vemos las improntas de la decoración (que recuerdan tejidos) a base de motivos geométricos, círculos, en los que se insertaron águilas con las alas desplegadas (que recuerdan los marfiles cordobeses). Los originales están conservados en el Museo del Prado.

 

El águila es un animal, según el texto del Fisiólogo (texto medieval sobre el simbolismo animal), que está asociado a Cristo, ya que por su elevado vuelo llegan hasta “el sol de justicia que Él representa”.

 

Una de las pinturas más conocidas de este magnífico conjunto pictórico es el dromedario, hoy conservada en el Metropolitan Museum of Art, Los Claustros. Nueva York. En san Baudelio podemos ver la huella que dejó la pintura original, ocupa el lado exterior izquierdo de la capillita que se abre en lo alto de la tribuna.

 

El dromedario es un animal, al igual que el elefante que también se representó en san Baudelio, que no pertenece a la fauna de la zona. Es muy probable que el artista no hubiera visto nunca uno por ello nos da una sensación de caricatura. san Agustín identificaba a este animal con la docilidad y la humildad.

 

Parte exterior derecha de la capilla de la tribuna.

 

Detalle de la impronta del Guerrero (hoy en el Museo del Prado de Madrid), situada sobre el pretil norte de la tribuna. Aunque se la ha asociado esta representación con un soldado musulmán, hay que tener en cuenta que viste como lo haría cualquier soldado de la Edad Media, con ropa talar y escudo.

 

Os pongo una fotografía de la pintura del Guerrero conservada en el Museo del Prado, para que veáis la diferencia entre el original y la impronta que ha quedado en el muro de la iglesia.

 

Lo más característico del personaje, que puede ser un guerrero o un cazador, es su gran escudo redondo que lleva en su mano izquierda. Este escudo está decorado con en su parte central con tiras y borlas. Es similar a las adargas medievales, realizadas en cuero y decoradas con borlas e inscripciones. Las adargas tienen su origen en Marruecos y desde el siglo XI llegaban Al -Ándalus. En su mano derecha, nuestro personaje, porta una lanza muy fina.

 

 El Elefante, es otra pintura emblemática de esta iglesia, actualmente también se conserva en el Museo del Prado de Madrid. El elefante está relacionado con la figura de Cristo, y simboliza la humildad. En la pintura vemos al elefante que lleva encima de su lomo un castillo, que según el texto del Fisiólogo (donde explica el simbolismo animal), representa las miserias del hombre. Se puede tomar como Cristo que lleva sobre él los pecados de la humanidad.

 

Fotografía: Wikipedia.

 

En el frente derecho de la tribuna está otra de las pinturas famosas de esta ermita: el oso (el original en el Museo del Prado). Este es un animal que no es muy habitual representarlo en los bestiarios, aunque sí lo es en los mosaicos antiguos y en los Beatos, así como en alguna obra del románico asturiano.

 

El oso era una animal temido, se le ha asociado con la oscuridad (al vivir en las grutas) y con la gula. Quizás, al estar cerca de la entrada al templo, era una advertencia para que todos los que entraban a la ermita y vieran su figura, recordaran que tenían que combatir los vicios, como la pereza y la gula.

 

En la parte superior de la tribuna encontramos la pequeña capilla, a la que se accede por medio de un vano de herradura y se cubre con bóveda de cañón. En la cabecera de la capilla se pintó una Epifanía; el intradós del arco de herradura se decora con medallones en los que están inscritas águilas; y la bóveda se decora con la "Dextera Domini", flanqueado por san Miguel y el dragón.

 

Ya para terminar comentaremos la bóveda. La cual, presenta la decoración original pero muy deteriorada. Estas pinturas no fueron vendidas, pero fueron arrancadas en el año 1965 por el Instituto Central de Restauración de Obras de Arte. En el año 2002 han sido restauradas por el Departamento de Pintura Mural del IPHE (Instituto Patrimonio Histórico Español); llevándose a cabo también su reubicación en la bóveda.

 

En los plementos de la bóveda se pintaron episodios de la infancia de Cristo desde la Anunciación hasta la Huida a Egipto. En la escena de la fotografía: la Matanza de los Inocentes.

 

Los nervios de la bóveda, así como ella misma, estaban profusamente decorados. Algunos nervios apoyan sobre ménsulas, otros directamente en los muros. En ellos vemos una decoración a base de motivos geométricos (ajedrezados, cenefas) influidos por los beatos y bestiarios.

 

En los plementos aún se conservan restos de las pinturas. En esta imagen vemos los del lado de la Epístola de la tribuna, en la que podemos vislumbrar, en la parte superior de la bóveda los Reyes Magos (se pueden distinguir las patas de los caballos); y en la parte inferior la impronta de la Curación del Ciego y Resurrección de Lázaro.

 

Detalle de la decoración de uno de los nervios de la bóveda; y parte de la escena de la Presentación en el Templo.

 

Para terminar el pequeño estudio sobre este lugar mágico, deciros que hoy en día podemos contemplar la ermita totalmente restaurada. Y a pesar de que faltan sus pinturas originales, no te deja indiferente.

 

Hasta aquí este pequeño estudio sobre san Baudelio, un lugar mágico, como toda Soria. Os recomiendo su visita, os pongo el horiario que he sacado por internet:


Del 1 Octubre al 31 Marzo: abierta de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 18:00 horas
Del 1 Abril al 30 Septiembre: abierta de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00 horas
Domingos y festivos: abierta de 10:00 a 14:00 horas
Lunes y martes: Cerrado

 

 

Hasta el próximo vuelo.

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

-GARNELO, José: Descripción de las pinturas murales que decoran la ermita de san Baudelio en Casilla de Berlanga (Soria). Madrid, Fototipia de Hauser y Ment, 1924.: http://www.amigosdelromanico.org/actualidad/act_san%20baudelio%20de%20berlanga.pdf

 

-GUARDIA PONS, Milagros: San Baudelio de Berlanga, una encrucijada. Ed. Universidad de Barcelona, 2011.

http://publicacions.uab.es/pdf_llibres/MAR0010.pdf

 

-GARCÍA CEBARCOS, María: Las copias de pinturas murales de Elías de Segura como restaurador-conservador de obras de arte del Ministerio (1920-1927): http://www.man.es/man/dms/man/estudio/publicaciones/boletin-man/MAN-Bol-2017/MAN-Bol-2017-36-22-GCabarcos.pdf

 

-GONZÁLEZ PASCUAL, Margarita: San Baudelio de Berlanga (Soria): la reposición de las pinturas murales de la “palmera”: http://www.casillasdeberlanga.com/old/San_Baudelio.pdf

 

-ESCOLANO BENITO, Agustín: San Baudelio de Berlanga. Guía y complementarios. Almazán, Necodisne Ediciones, 2005

 

-ALONSO MATTHIAS, F.; CABALLERO ZOREDA, L., y RODRÍGUEZ TROBAJO, E.: “Cronología constructiva de la iglesia mozárabe de S.Baudelio de Berlanga (Soria): primeros resultados de dendrocronología y carbono-14”, Boletín de Arqueología Medieval, nº 11, 1997, pp. 249-263.

 

-GAYA NUÑO. J. A.: «Casillas de Berlanga y Maderuelo», La pintura románica en Castilla, CSIC, Madrid, 1954, pp. 15-37

 

-GÓMEZ-MORENO, M.: Iglesias mozárabes. Arte español de los siglos IX al XI, Centro de Estudios Medievales Históricos, Granada 1998.

 

-COOK, W. W. S.: “Las pinturas románicas de San Baudelio de Berlanga”, Revista Goya nº 7, 1955, pp. 1-11.

 

-CAMÓN AZNAR, J.: “Pinturas mozárabes de San Baudelio de Berlanga”, Revista Goya, 26, 1958, pp. 76-80.

 

-CAMÓN AZNAR, J.: “San Baudelio de Berlanga-2, Revista Goya, nº 109, 1972, p. 64

 

-ÁLVAREZ, M. A.; y MÉLIDA, J. R. (1907): “La ermita de San Baudelio en término de Casillas de Berlanga (provincia de Soria)”, Bol. Soc. Esp. Exc., XV, 1907, pp. 144-155.

 

-ANDRIO GONZALO, J.; y LOYOLA PEREA, E. (1989): «Necrópolis medieval de San Baudelio de Casillas de Berlanga», en Actas II Symposium de Arqueología Soriana, Soria, pp. 1069-1086

 

-https://www.museodelprado.es/coleccion/obras-de-arte?search=San%20Baudelio%20de%20Berlanga

 

-http://viajarconelarte.blogspot.com/2013/07/la-historia-y-la-arquitectura-de-san.html

 

-https://www.domestika.org/es/projects/133099-reconstruccion-pictorica-de-la-ermita-de-san-baudelio-en-berlanga-de-duero-soria

 

-https://guiadesoria.es/patrimonio/monumentos-de-soria/788-casillas-de-berlanga-ermita-de-san-baudelio.html

 

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