Queda pohibido el uso de fotografías y textos sin permiso del autor.

 

 

© 2023 by The Book Lover. Proudly created with Wix.com

Iglesia de Santa María de las Nieves. Sevilla. Un precioso templo barroco.

El barrio de Santa Cruz de Sevilla es como en la actualidad se conoce a una parte de lo que ocupaba la antigua judería. Cuando en 1248 el rey Fernando III conquistó Isbiliya al emir Axataf, éste le entregó las llaves de la ciudad. Su sucesor Alfonso X el Sabio publicó un privilegio el 5 de agosto de 1252 en el que donaba a la iglesia todas las mezquitas existentes excepto tres (santa Cruz, San Bartolomé y Santa María La Blanca) que se concedieron a la comunidad hebrea. En lo que respecta a la mezquita que ocupaba el solar de la actual iglesia de Santa María La Blanca, fue transformada en sinagoga, convirtiéndose en la sinagoga mayor de la ciudad entre 1248-1391. Esto motivo el cambio de orientación del edificio y una remodelación profunda del mismo. Esta reforma se realizó hacia 1356 en un estilo gótico mudéjar, presentando planta basilical de tres naves y cubierta de madera.

 

Años más tarde, en el año 1391, debido a las predicaciones del arcediano de Écija Ferrand Martínez, se produjo en la ciudad una revuelta contra los judíos, siendo incautados todos sus bienes. Las sinagogas se convirtieron en iglesias cristianas, entre ellas lo que hoy es la iglesia de Santa María La Blanca. Época en la que se abriría la portada gótica que hoy conocemos. En el siglo XVI se realizaron algunos retablos que hoy se conservan en el interior.

 

En el año 1661 el Papa Alejandro VII otorgó una bula reafirmando la doctrina y el culto de la Inmaculada Concepción, lo que motivó un movimiento mariano. Muchas iglesias se reformaron, como en el caso de Santa María La Blanca. Los promotores de esta reforma fueron el párroco de la iglesia don Domingo Velázquez Soriano y el canónigo de la catedral don Justino de Neve y Chaves, personaje de gran relieve en la Sevilla de la época; así como don Manuel Luis de Guzmán y Zúñiga, marqués de Villamanrique; y su esposa doña Ana Dávila Osorio, propietarios del cercano palacio de Altamira y mecenas de esta iglesia.

 

Entre los años 2010-15 los arqueólogos Diego Oliva Alonso y Álvaro Jiménez Sancho, mientras restauraba la iglesia el arquitecto Óscar Gil Delgado, encontraron restos de una antigua mezquita y de la sinagoga que la sustituyó, (algunos autores hablan de que el primer edificio construido en este solar fue una basílica visigoda). Con lo que queda demostrado que este edificio fue ocupado por tres religiones a lo largo de los tiempos: la musulmana, la judía y la cristiana.

 

 En ella se han establecido la Hermandad del Rosario de María Santísima, Nuestra Señora de las Nieves; y la Hermandad del Sagrado Lavatorio de Nuestro Señor Jesucristo, del siglo XVII, que se fusiono con la desaparecida Hermandad Sacramental, actualmente inactiva.

 

La iglesia de Santa María de las Nieves, conocida popularmente como Santa María La blanca, está situada en la calle de su mismo nombre, junto a donde se hallaba la Puerta de La Judería o de la Carne (entre otros nombres que se le dieron); única salida al exterior del barrio de la Judería, puerta que fue demolida en 1864.

 

Exteriormente es una iglesia sencilla que no preludia lo que vamos a contemplar en su interior. Constituye uno de los templos más representativos del barroco hispalense del siglo XVII.

 

La iglesia está dedicada a la Virgen de las Nieves. Está advocación está muy vinculada a la construcción de la basílica de Santa María La Mayor en el monte Esquilino de la ciudad de Roma. Según cuenta la tradición en la noche del 4 de agosto del año 352 la Virgen se apareció al patricio Juan y a su esposa para comunicarles que erigieran un templo en donde había acaecido un hecho milagroso: había nevado en el monte Esquilino en pleno mes de agosto y en una determinada superficie.

 

Presenta dos fachadas: la situada en un lateral orientada al este, en la calle Archeros, hoy cerrada, en la que se conservan capiteles visigóticos. Y la actual portada principal, a los pies del templo, en la calle de Santa María La Blanca (abierta cuando se transformó la sinagoga en templo cristiano). Se trata de una estructura a modo de torre-fachada, compuesta por tres cuerpos diferenciados.

 

Su parte inferior, realizada en estilo gótico-mudéjar, se abre en arco apuntado abocinado. La rosca de éste está decorada con puntas de diamante realizadas en piedra. Un friso separa este primer cuerpo de los siguientes, en el cual podemos leer la siguiente inscripción: HAC EST DOMVS DEI ET PORTA COELI 1741 (Esta es la casa de Dios y la puerta del cielo), parte del Génesis en el que Jacob sueña con la escalera que conduce al cielo.

 

Sobre este primer cuerpo se levantan dos pisos más. En el primero se abren dos estrechos vanos en arco de medio punto, sobre los que apoya el cuerpo de campanas (espadaña de doble cuerpo), realizado en 1660 por Pedro Sánchez Falconete, con decoraciones de cerámica. Culmina todo el conjunto una veleta con forma de cruz.

 

La remodelación del templo tuvo dos fases: en la primera (en las décadas de 1640-50) llevando el mando de las obras, en primer lugar Diego Gómez, y muerto éste, el arquitecto Pedro Sánchez Falconete (1660). La segunda fase (1662-1665) contó con el arquitecto Juan González y se realizó tras la proclamación de la Bula sobre la Inmaculada Concepción por el Papa Alejandro VII. Este hecho motivó que la decoración del templo fuera dedicada a la exaltación de la Virgen. El nuevo templo fue terminado en el año 1665, siendo inaugurado con todo boato el 5 de agosto de ese mismo año, día de Nuestra Señora de las Nieves, patrona de la iglesia.

 

Presenta planta rectangular con tres naves de seis tramos, separadas por 10 columnas sobre las que apoyan arcos de medio punto (en origen apuntados transformados en la remodelación de 1660) que apoyan en columnas de mármol rojo.

 

El interior impresiona por la abigarrada decoración con yeserías barrocas; y por las obras que se conservan  del pintor sevillano Bartolomé Esteban Murillo, al cual se le encargó la realización de varios lienzos hacia 1662. Dos ocupan los lunetos de la bóveda central, otros dos medios puntos estuvieron colocados en el testero de las naves laterales, y la última Cena realizada para la capilla Sacramental y hoy colocada en el muro del Evangelio (única obra original que actualmente se conserva en la iglesia del insigne pintor, las demás son copias).

 

En el casquete semiesférico podemos ver las yeserías de altorrelieve, con guirnaldas, flores, mascarones, querubines  y el símbolo de la ciudad de Sevilla: la representación de la Giralda sostenida por dos angelitos recostados.

 

La nave central se cubre con una bóveda de cañón con lunetos profusamente decorada con yeserías muy carnosas, a base de altorrelieves y bajorrelieves, con motivos vegetales, figurativos y geométricos sobre fondo dorado. El proyecto de esta decoración se atribuye a Pedro Roldán, y su ejecución a los hermanos Pedro, Pablo y Felipe Borja Machado en el año 1657.

 

Tiene coro en alto a los pies de la nave. En el arco elíptico bajo el coro, podemos leer: “SIN PECADO ORIGINAL EN EL PRIMER INSTANTE DE SV SER”. Hay que recordar que esta iglesia se dedicó a la Virgen.  En la parte inferior de este tramo se abre la capilla del Bautismo.

 

Los arcos de medio punto que separan las naves, apoyan sobre columnas toscanas de mármol rojo, proveniente de las canteras del Torcal de Antequera. El encargado de realizar estas magníficas columnas fue el cantero Gabriel de Mena. En la remodelación del siglo XVII hay que tener en cuenta que no se demolió el edificio sino que se mantuvieron los muros de las naves. Realizándose de nueva factura las bóvedas, la cúpula, se cambiaron las columnas antiguas por unas nuevas de jaspe rojizo,  se redondearon los arcos que apoyaban en éstas y la decoración barroca cubrió todo el templo, cambiando el aspecto de la antigua iglesia-sinagoga.

 

Las paredes de las naves laterales (al fondo de la fotografía) también se decoraron con pinturas murales barrocas en blanco sobre fondo dorado, siguiendo la pauta de las yeserías de las bóvedas y de la cúpula. En ellas podemos ver multitud de querubines, tarjetones con textos ensalzando a la Virgen, guirnaldas, todo relacionado con el tema Mariano, como ya hemos visto en la inscripción del arco bajo el coro. Estas pinturas fueron realizadas por Alonso Pérez entre 1651-1661.

 

Encima del presbiterio se levanta una gran cúpula sobre pechinas, decoradas con angelotes, en la que se abren óculos laterales por donde penetra la luz natural. Bajo ella, y en los laterales, podemos contemplar los dos grandes lunetos pintados por Bartolomé Esteban Murillo.

 

Las naves laterales se cubren con bóvedas de arista, también decoradas con yeserías pero menos turgentes, más planas. Los falsos lunetos se decoran con la Giralda y jarrones con flores, y escudo del Cabildo de la catedral hispalense, de la que dependía la iglesia.

 

En el testero de la nave lateral del lado del Evangelio se representa la Inmaculada Concepción, copia de la obra que originalmente pintó Murillo.

 

La nave lateral del lado de la epístola tiene las mismas características que la nave del evangelio. En el testero Murillo pintó el Triunfo de la Eucaristía.

 

En el año 1662 encargaron a Murillo el ornato de la iglesia, el pintor realizó 4 medios puntos y un lienzo, siendo colocados antes del día de la inauguración de la nueva iglesia. El programa iconográfico representado por Murillo era una exaltación a la Virgen María, narrando el origen de la advocación de Santa María de las Nieves de Roma. El tema fue elegido por el párroco de la iglesia, don Domingo Velázquez Soriano, y por el ya mencionado Justino de Neve. En los laterales de la nave central, en los lunetos bajo la cúpula, se colocaron dos medios puntos, iluminados por las claraboyas de la cúpula. En ellos se narra el milagro de la Virgen de las Nieves en Roma.

 

Todos estos lienzos permanecieron en los lugares donde fueron concebidos hasta la Guerra de la Independencia, cuando fueron arrancados de los muros por orden del mariscal francés Nicolas Jean-de-Dieu Soult en 1810, tras la ocupación francesa de la ciudad de Sevilla. El mariscal donó los dos medios puntos de la nave central al museo Napoleón en 1813 siendo enmarcados. Ambos fueron devueltos a España el 30 de julio de 1816, siendo depositados en la Academia de San Fernando de Madrid, pasando a formar parte del Museo del Prado en 1901 (durante la Guerra Civil fueron llevados a Suiza, junto con otras obras, para protegerlas, regresando en 1941).

 

Hacia 1970 el arquitecto Rafael Manzano Martos propuso que se realizaran copias de los cuadros originales de Murillo para colocarlos en el lugar en donde fueron ideados. Se le encargaron al escultor-pintor Antonio Martínez Olalla las dos copias que hoy podemos contemplar.

 

En el lado izquierdo Murillo narra la fundación milagrosa de la iglesia romana de Santa María de las Nieves (nombre que también tiene esta iglesia que estamos visitando). Según cuenta la leyenda al patricio romano Juan y a su mujer se les apareció la Virgen en sueños y les comunicó que debían erigir en el monte Esquilino una iglesia cuya planta tenía que tener la misma superficie que había ocupado la nevada milagrosa que había caído en ese monte.

 

Murillo plasma la historia en el interior del hogar del patricio. En ella vemos un tenebrismo en el que la luz incide en los objetos que el pintor quiere destacar: el cesto de la ropa, el perrito dormido hecho un ovillo, los personajes dormidos.  La atmósfera es serena, sencilla, y envuelve la escena. En la parte superior un rompimiento de cielo por donde aparece la imagen de María con el Niño entre sus brazos, que señala hacia el extremo izquierdo en donde se puede vislumbrar el paisaje nevado donde tienen que levantar el templo.  La técnica es fluida, ligera y magistral nos presenta al mismo tiempo una escena íntima pero mágica.

 

Para el historiador del arte Teodoro Falcón el patricio Juan y su esposa son en realidad los retratos de los marqueses de Manrique, don Manuel Luis de Guzmán y Zúñiga; y su esposa Ana Dávila, patronos del templo.

 

Fotografía: Medio punto original, realizado por Murillo. Hoy conservado en el Museo del Prado. Wikipedia.

 

Una nota curiosa es que detrás de estos lienzos de la nave central, en el muro de la iglesia, se pueden ver los arquillos con pequeñas saeteras que pertenecieron a la antigua sinagoga mudéjar.

 

Fotografía: GIL DELGADO, Óscar: Una sinagoga desvelada en Sevilla (ver bibliografía).

 

Enfrente del medio punto que hemos comentado anteriormente, encontramos su pareja. En el que se representa el momento en el que el matrimonio acude ante el Papa para comentarle el mensaje de la Virgen.

 

A la izquierda aparecen el patricio Juan y a su esposa ante el Papa Liberio contándole el hecho del que han sido testigos. El Papa, que ha tenido la misma visión, los escucha atentamente. En los tratamientos de las vestimentas de estos personajes Murillo recuerda al arte veneciano. La escena se desarrolla bajo una arquitectura clásica, en donde podemos ver un fuerte contraluz.

 

 Tras la conversación, el Papa reúne al clero y feligreses y se dirigen en procesión al monte Esquilino en donde contemplan la nevada milagrosa (parte derecha del lienzo).

 

Fotografía: Medio punto original, realizado por Murillo. Hoy conservado en el Museo del Prado. Wikipedia.

 

En el testero de la nave lateral del lado del Evangelio Murillo pintó a la Inmaculada Concepción, muy relacionada con el otro tema pintado en el testero de la nave lateral del lado de la epístola: la Eucaristía. María en la Edad Media era considerada como el primer tabernáculo portador del cuerpo de Cristo, su hijo. Como ya hemos comentado los temas debieron ser sugeridos por los dos personajes tan importantes en esta iglesia como fueron don Justino de Neve y el párroco del templo Velázquez Soriano. Este lienzo también fue robado por los franceses durante la Guerra de la Independencia. El original se conserva hoy en día en el Museo del Louvre.

 

En el año 2016 el profesor de la facultad de Bellas Artes de Sevilla don Enrique Valdivieso para concluir la restauración de la iglesia de Santa María, realizó un estudio sobre estas obras. Tras ello fueron encargadas dos réplicas al óleo de los medios puntos que se ubicaban en los testeros de las naves laterales. Los encargados de pintarlos fueron Fernando García y Juan Luis Coto. Esto pudo ser posible gracias a la colaboración de la Fundación Endesa, Fundación Cajasol, Real Maestranza de Caballería de Sevilla, Asociación de Guías turísticos de Sevilla y particulares que aportaron sus donativos. En este año de 2018 han sido colocados en sus lugares originales con motivo de la celebración del año de Murillo en Sevilla.

 

Al fondo la capilla de San Juan Nepomuceno, antigua capilla del Sacramental (para la capilla que fue realizada la Última Cena que luego veremos).

 

El conjunto pictórico realizado por Murillo en esta iglesia comienza con esta obra que representa a la Virgen tal y como narra el  Apocalipsis (12,1), que dice: "Apareció en el cielo una gran señal: una mujer envuelta en el sol como en un vestido, con LA LUNA BAJO SUS PIES y una corona de doce estrellas en la cabeza".

 

Así aparece María, representada como una mujer joven y bella, con su figura ondulante sobre un cielo anaranjado, vestida con túnica blanca y manto azul, con las manos juntas y ademán de recogimiento, suspendida en plateadas nubes, con la luna a sus pies.

 

A su alrededor revolotean ángeles y querubines, los de la parte derecha portan una filacteria con el lema: “IN PRINCIPIO DILEXIT EAM” (En el principio [Dios] la amó), texto formando con las primeras palabras del Génesis y un versículo del Libro de la Sabiduría (VIII, 3). A la izquierda un grupo de personajes mira embelesado a la aparición de María. Al fondo San Joaquín y Santa Ana, y en primer término personajes importantes sevillanos y relacionados con el templo (entre ellos quizás Justino de Neve). Están plasmados con gran realismo, algunos rostros son verdaderos retratos.

 

En el testero de la nave lateral del lado de la epístola pintó el artista el Triunfo de la Eucaristía. Este cuadro, como los anteriormente comentados, son copias. Éste también fue realizado por Fernando García y Juan Luis Coto. El original fue vendido en Paris en 1865, hoy se conserva en el Buscot Park. Faringdon. Colección Faringdon Trust.

 

El tema elegido iba muy en consonancia con el lugar en el que estaba ubicado, ya que la capilla que se sitúa en este tramo es la del Sacramental, en donde se hallaba el lienzo de la Última Cena de Murillo, que luego comentaremos.

 

La figura femenina que representa a la iglesia, para otros la Fe, sostiene en su mano derecha un cáliz del que surge una Forma, sobre la que vuela el Espíritu Santo, mientras de su mano izquierda, que apoya en el libro sagrado que sostiene sobre su rodilla izquierda, cuelgan las llaves de la iglesia. A la izquierda un ángel sujeta una filacteria con la siguiente inscripción: “IN FINEM DILEXIT EOS” (los amó hasta el extremo, Juan cap. XIII). A la derecha, un grupo de personajes también relacionados con esta iglesia, adoran al Sacramento, representan la Fe.

 

En el centro del muro del Evangelio vemos la única obra original de Murillo que hoy se conserva en la iglesia: la Última Cena. A su izquierda se ubica el retablo de la Piedad, obra  realizada en 1564 por Luis de Vargas, obra encargada por Francisco Ortiz Alemán y su esposa Melchora de Maldonado.

 

El zócalo cerámico que rodea toda la iglesia fue realizado  por Diego de Sepúlveda.

 

La Última Cena que Murillo pintó se colocó en la antigua capilla Sacramental, actualmente llamada capilla de san Pedro, en la nave de la Epístola. Años más tarde se reubicó en el muro del Evangelio, donde hoy la podemos contemplar.

 

Fue realizada en 1650 gracias al mecenazgo del racionero de la catedral don Mateo Coello de Vicuña. Murillo se inspiró para hacer esta obra  en la Última Cena de  Rubens (de la Pinacoteca Brera de Milán), a través de una estampa de Boetius A. Bolswert.

 

 

La escena se desarrolla en un interior oscuro, iluminado por las velas que se sitúan sobre la mesa y en el techo. La luz incide en el grupo cercano a Cristo, quien está consagrando el pan, mientras los apóstoles fijan en él sus miradas, excepto Judas Iscariote que se vuelve hacia el espectador. En la obra vemos un gran naturalismo en los rostros de los personajes. Algunos autores han identificado al mismo pintor en la figura de San Juan, a la derecha de Cristo, y al racionero Coello de Vicuña en Pedro, situado a la izquierda del Maestro.

 

Murillo trata el tema de la Eucaristía con gran respeto. Ha prescindido de todo ornato, sobre la mesa, en la que resalta la luminosidad del mantel blanco, sobre el que se observa un sencillo cáliz y la vela que ilumina la escena principal, todo lo demás queda en penumbra.

 

Esta obra no fue muy valorada en su momento, la Hermandad Sacramental de Santa María la Blanca la intentó vender en 1743 y 1758, e incluso el mariscal Soult la desestimó a la hora del expolio que realizó en esta iglesia.

 

El presbiterio se cubre con una bóveda de cañón con lunetos. El 31 de agosto de 1657 contrataron al maestro ensamblador Martín Moreno para realizar el retablo mayor. Es un retablo barroco, con decoración a base de temas florales. En la parte central se erige la imagen de la Virgen de las Nieves, obra de Juan o Gabriel de Astorga (1832), enmarcada por dos columnas salomónicas (este retablo es uno de los primeros en el que se emplearon este tipo de columnas en Sevilla).

 

Hasta aquí este recorrido por una de las iglesias con más encanto de Sevilla, que os recomiendo visitar.

 

Hasta el próximo vuelo.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

-Exposición de Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682). Madrid, Ministerio de Cultura, 1982.

 

-FALCÓN MÁRQUEZ, Teodoro: Retablos y esculturas de la iglesia de Santa María la Blanca de Sevilla. Laboratorio de Arte 25, 2013, pp.201-320.

 

-FALCÓN MÁRQUEZ, Teodoro: Santa María La Blanca, un milagro barroco. Contribución de Murillo y Neve a su patrimonio monumental y artístico, en: Cartografía Murillesca. Año de Murillo MMXVII, Los Pasos Contados.

 

-FALCÓN MÁRQUEZ, Teodoro: La iglesia de Santa María La Blanca, Laboratorio de Arte, I, 1988.

 

-ANTIGÜEDAD DEL CASTILLO-OLIVARES, Mª Dolores: De Sevilla al Museo: difusión y dispersión de la pintura de Bartolomé Esteban Murillo, en: Cartografía Murillesca. Año de Murillo MMXVII, Los Pasos Contados.

 

- IÑÍGUEZ, Angulo: Las pinturas de Murillo, de Santa María la Blanca, Archivo Español de Arte 42/165 (enero-marzo), 13. 1969.

 

-GIL DELGADO, Óscar: Una sinagoga desvelada en Sevilla: estudio arquitectónico. Sefarad, revista de estudios hebraicos y sefardíes, vol. 73:1, enero-junio 2013, pp. 69-96

 

Please reload

Artículos recomendados

Relieves de la Confederación Hidrográfica del Ebro. Félix Burriel. 1942.

November 16, 2019

1/10
Please reload