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La iglesia de San Martín y el palacio de Sada. Sos del Rey Católico (Zaragoza)

 

Hoy la Libélula se ha trasladado a la localidad de Sos del Rey Católico,  llamada así porque en ella nació Fernando II de Aragón. Su estratégica posición la convirtió en uno de los recintos fortificados más importantes del territorio en los siglos X y XI. Sos forma parte de la Comarca de las Cinco Villas: Sos, Tauste, Ejea, Sádaba y Uncastillo, una zona situada en el extremo norte de la provincia de Zaragoza, con localidades llenas de un rico patrimonio histórico-artístico.

 

En la fotografía, tomada desde la terraza situada en la torre del homenaje del castillo de Peña Feliciana  (siglo X) en la parte septentrional de la villa, podemos ver los tejados de la localidad, entre los que se alza, a la derecha, la torre de la iglesia del colegio Gil de Jaz (siglo XVIII). Os he señalado con una flecha la ubicación del palacio Sada, y de la iglesia de San Martín, de la que hoy vamos a hablar.

 

Sos nos lleva a un pasado remoto, sus calles conservan el sabor medieval que tuvieron antaño. Subiendo por la calle Madrigal de las Altas Torres (cuna de Isabel la Católica), nos acercamos a la zona meridional de la villa, muy cerca del barrio judío o barrio alto, donde se construyó en el siglo XIII un segundo castillo, al cual se adosó una pequeña iglesia bajo la advocación de San Martín de Tours.

 

Sobre este castillo se levantó en el siglo XV el conocido como Palacio Sada, perteneciente a la familia de origen navarro de los Sada. El templo de San Martín que estaba contiguo al palacio, fue donado por el Concejo de la Villa de Sos a don José de Sada y Secanilla en 1668, pasando a ser capilla privada de esta familia.

 

Este palacio debe su popularidad a que en él, el 10 de marzo de 1452 a las dos del medio día (ratificado por el libro de Actas de la localidad de Alcira), dio a luz doña Juana Enríquez, segunda esposa del rey de Aragón Juan II, al futuro Fernando II de Aragón, conocido como Fernando el Católico. Por ese motivo su padre, Juan II, concedió el 30 de agosto de 1458 el título de infanzones a todos los sosienses.

 

En lo que respecta al nacimiento de Fernando el Católico; éste coincidió con la guerra civil de Navarra entre Juan II y su hijo Carlos, príncipe de Viana (hijo de su primer matrimonio con Blanca de Navarra). Varios cronistas nos hablan de ello: según narra Jerónimo Zurita en los Anales de la Corona de Aragón, el rey don Juan II luchaba contra su hijo, el príncipe de Viana, don Carlos, por el trono pamplonés, que le correspondía por herencia de su madre Blanca de Navarra. La segunda esposa del rey aragonés,Doña Juana, hija de Fadrique Enríquez, almirante de Castilla, residía en ese momento en la localidad navarra de Sangüesa, estaba embarazada y a punto de dar a luz, por ese motivo cuando se  puso de parto se trasladó a Sos, lugar más seguro y porque ella quería que su hijo naciera en el Reino de Aragón. Posteriormente, en el siglo XVII, Argensola, también cronista de Aragón, comentaba en su obra que Fernando nació en la mansión de la familia Sada, lugar que se alojaban los reyes en esos tiempos de guerra, no olvidemos el origen navarro de la familia Sada. Esta noticia fue ratificada por Juan Bautista Labaña, cronista mayor de Portugal, aportando que fue Martín de Sada el miembro de la familia que acogió a la reina. La fecha de su nacimiento se sitúa el 10 de marzo de 1452.

 

Fotografía: Escultura de Fernando el Católico, realizada por el escultor Juan de Ávalos. 1968-69. Plaza de San Francisco. Zaragoza.

 

El palacio Sada es de estilo gótico, pero remodelado en los siglos XVI-XVII. Los Sada fueron sus propietarios hasta mediados del siglo XIX; a lo largo de ese siglo fue pasando de unas manos a otras, hasta que a finales del siglo XIX pasó a ser propiedad del párroco de Sos, Nicomedes Rufas. El 15 de septiembre de 1924 fue declarado monumento histórico-artístico y un año más tarde monumento nacional. En 1929 viendo el estado ruinoso en el que se encontraba fue expropiado por el estado. Su restauración tardaría aún unos años. La del palacio fue llevada a cabo por el arquitecto Teodoro Ríos Balaguer; y en una fase posterior se rehabilitó la iglesia, llevando el proyecto Francisco Pons Sorolla, sobrino del pintor Joaquín Sorolla.  Tras una profunda reforma se abrió en el palacio el “Centro de Interpretación Fernando II de Aragón”.

Por la puerta que podemos ver a la derecha se accede a otras salas del palacio y al corredor que nos permite llegar al interior de la iglesia de San Martín, construido en la reforma comentada anteriormente.

 

La iglesia de San Martín, edificio románico tardío del siglo XIII, constituía la capilla del antiguo castillo; posteriormente, una vez construido el palacio de Los Sada, se convirtió en la capilla privada de esta familia, como ya hemos comentado.

 

Fotografía cedida por J.A. Almería. Al fondo a la derecha, podemos vislumbrar el palacio Sada.

 

Al igual que el palacio, la iglesia, estuvo durante muchos años en un estado ruinoso hasta la reforma llevada a cabo en 1960 por el arquitecto Pons Sorolla, quien también terminó las obras de restauración del palacio, comenzadas por Teodoro Ríos Balaguer.

 

Antigua fotografía de la iglesia antes de la restauración, tomada por Juan Mora Insa (A.H. M.Z.).

 

Se trata de un sencillo templo realizado en piedra sillar, cuya portada meridional  está formada por dos arcos de medio punto sin decoración. Tiene otro acceso en el lado septentrional, pero mucho más sencillo.

 

En su interior presenta una nave rectangular de cinco tramos separados por arcos diafragma apuntados que apoyan sobre pequeñas pilastras adosadas al muro, Estos arcos sustentan una techumbre de madera a dos vertientes, que en origen pudo ser una armadura que se vino abajo por el deterioro del edificio.

 

El pavimento de la cabecera está algo más elevado que el resto de la nave, resultado de la última restauración.

 

El último tramo de la nave se reforzó en el siglo XVI con una columna cuyo capitel, de orden toscano, sirve de apoyo al arco del tramo de los pies. A la derecha podemos ver la puerta que da paso al corredor que comunica la iglesia con el actual Centro de Interpretación del palacio Sada. Y en lo alto la pequeña tribuna donde se colocaba la familia Sada para presenciar los actos religiosos.

 

La columna, con un elegante fuste estriado, apoya en una basa sobre un alto plinto.

 

Fotografía anterior a la reforma del edificio llevada a cabo en los años 60 del siglo XX.

 

Fuente: Revista electrónica de Patrimonio Histórico.

 

La cabecera es recta en la que se abren dos vanos en arco de medio punto. En la reforma realizada por Pons Sorolla en 1960  se descubrieron una serie de pinturas dedicadas a la vida de San Martín. Son escenas basadas en la Leyenda Dorada de Jacobo de La Vorágine. Desgraciadamente, aunque fueron restauradas en 1990, no se pudo recuperar toda la policromía, ya que estaba bastante deteriorada, y en muchos trozos solo se conservaba el dibujo.

 

Son pinturas de la primera mitad del siglo XIV, en estilo gótico lineal,  que podemos relacionar con el taller que decoró el frontal de altar de la capilla de la Virgen del Perdón de la iglesia de San Esteban de la misma localidad.

 

 En el muro podemos ver, en varios niveles superpuestos horizontalmente, escenas que narran la vida de Martín de Tours, santo muy querido en occidente. Su devoción en Sos llegó a través del Camino de Santiago francés.

 

La vida de san Martín la conocemos narrada por su discípulo Sulpicio Severo en la “Vita de S. Martini”; por los cuatro libros escritos por Gregorio de Tours: “Virtutibus S. Martin”; y por la Leyenda Dorada (Legenda Aurea) de Jacobo de La Vorágine. San Martín nació entre 317-326 en Panonia (Hungría). Su padre era tribuno militar en la ciudad italiana de Pavia, y  cuando pasó a ser veterano del ejército tuvo que aportar uno de sus hijos para sustituirlo, según había establecido el emperador Constancio. Por ese motivo Martín, a la edad de 15 años entró al servicio del ejército romano, a pesar de que esa no era su vocación, ya que desde los 12 años quería dedicarse a Dios. Tras unos años en el ejército, lo abandonó en el 356 y tras bautizarse se marchó a Poitiers, donde fue acólito del obispo Hilario y en las afueras de la ciudad fundaron el monasterio de Ligugé. Durante esos años se fue haciendo famoso por sus milagros y su caridad cristiana.

 

En 370 aunque fue elegido por aclamación popular obispo de Tours, siempre vivió modestamente. Se retiró a las afueras de la ciudad, en el monasterio de Marmoutier, que el mismo había fundado. Murió en Candes, en 397. Su vida estuvo llena de sacrificios, caridad y realizando numerosos milagros. Todo ello lo convirtieron en un santo muy influyente en toda la espiritualidad medieval. En la ciudad de Tours se erigió una gran iglesia donde se enterraron sus restos, a la que acudían numerosos peregrinos a lo largo de toda la Edad Media, casi del mismo modo que se peregrinaba a Santiago de Compostela. Es el santo patrón de los soldados, de los jinetes, de los sastres, vendedores de paños y de los pobres.

 

Pero volvamos a las pinturas de la cabecera de la iglesia de san Martín. En el nivel inferior de la parte central, entre las dos ventanas que se abren en ella, se narra el nombramiento de Martín como obispo de Tours. Aparece el santo vestido de pontifical, con el alba o vestidura interior blanca sobre la que lleva la casulla rojiza. En su mano izquierda sujeta el báculo, mientras levanta la diestra en actitud de bendecir. Desgraciadamente ha desaparecido el rostro.

A sus pies, una pareja de donantes arrodillados en actitud de oración. A la izquierda un religioso le muestra un libro abierto para que lea los textos rituales de su ordenación episcopal, mientras a su derecha otro personaje levanta su mano derecha, mientras con su izquierda sujeta otro libro. En los extremos dos jóvenes portan dos largas velas encendidas.

 

En La Leyenda Aurea se narra este episodio: Martín no quería ser nombrado obispo de Tours, pero ante la insistencia del pueblo se inició la ceremonia, al haber polémica entre la jerarquía por ese nombramiento no había sido elegido un lector para recitar los textos adecuados para el ritual. Por ese motivo un espontáneo cogió el libro y empezó a leer el primer salmo que encontró: era el Octavo, versículo 3, que dice: “Por la boca de los niños y de los lactantes te hiciste una alabanza frente a tus enemigos, para destruir al enemigo y al defensor”. Este salmo confirió fuerza a su nombramiento, siendo aclamado finalmente por todos.

 

El personaje situado a la derecha viste saya y sobre ella una túnica. Con rostro serio, casi afeminado, mira al frente, elevando su mano derecha, mientras con la izquierda sujeta un libro abierto, dando la impresión de estar recitando.

 

A los pies de San Martín, las dos figuras donantes, la dama a la izquierda levanta sus manos unidas hacia el santo como implorando. Su vestimenta es la típica del siglo XIV, con saya y túnica, y cubriendo su cabeza una toca blanca. A la derecha, un hombre barbado junta sus manos en actitud de orar.

 

Detalle del donante masculino vestido con una sencilla túnica.

 

En este mismo nivel inferior, pero a la izquierda, debajo de la ventana, hay una escena que no podemos identificar, ya que está muy deteriorada.

 

En el extremo izquierdo de este primer nivel se observa la Misa de San Martín o “Segunda Caridad de San Martín”. Conocida a través de los textos de la Leyenda Dorada. Un día de fiesta Martín acudía presuroso a celebrar la santa misa acompañado por un archidiácono, por el camino se encontró a un mendigo que casi desnudo pedía caridad.  Martín le dijo a su ayudante que fuera a comprar ropa para el pobre, a lo que protestando el hombre fue, pero ante la tardanza, el santo obispo se quitó sus propias ropas y vistió con ellas al pobre, recogiendo los harapos de éste y poniéndoselos él. Con ellos celebró la santa misa, pero cuando estaba en el momento del Ofertorio, un gran globo de fuego, símbolo de su ardiente caridad, apareció encima del altar y surgió un ángel llevando en sus manos unas mangas de oro y piedras preciosas que se las puso en los brazos desnudos (estos puños o mangas se conservaron en Tours hasta 1562, en que fueron destruidos por los hugonetes).

 

En este tramo vemos al santo obispo en el momento en el que levanta la Sagrada Forma y un ángel surge para ponerle las mangas de oro. Detrás de Martín, un acólito  sostiene una larga vela encendida. Encima del altar podemos ver objetos litúrgicos, como un cáliz, una cruz, un cirio y la mitra del obispo.

 

En la parte superior de la escena de la Misa de San Martín se representan dos personajes que sujetan con sus manos unas cintas. El de la izquierda es una mujer con toca y túnica (como la donante que hemos visto en la elección de Martín como obispo) que une sus manos mirando hacia enfrente donde se halla un segundo personaje, en este caso masculino, quizás un ángel, que a su vez une sus manos sosteniendo el otro extremo de la cinta. La escena está rodeada por una inscripción casi toda borrada, aunque aún se distinguen algunas palabras: García b…, justo encima de la cabeza del personaje masculino.

 

En la zona derecha de la cabecera, debajo del vano, casi se han perdido las pinturas. Aunque aún se pueden vislumbrar a dos personajes que alzan sus manos hacia lo alto, en donde pudiera haber representado un árbol.

 

Se trata de otro milagro de San Martín. La acción sucede en Turena, en un lugar llamado Arbepiniëre, en donde había un templo pagano. San Martín lo destruyó, y cuando también quería talar un pino que se encontraba cerca y que según el santo había sido dedicado al demonio, los infieles se negaron a que lo hiciera. Se entabló una dura disputa, hasta que llegaron al acuerdo de que si ellos cortaban el árbol y el santo se ponía debajo y no le dañaba en la caída reconocerían a su Dios como el verdadero. Y así ocurrió, el árbol caía hacia donde se encontraba el santo, pero cuando hizo la señal de la cruz, y el pino, milagrosamente, cambió su trayectoria, con lo cual todos creyeron que Cristo era el verdadero dios y había protegido a su representante: Martín.

 

 Detalle de la escena anterior. En ella vemos a dos personajes, que elevan sus brazos hacia lo alto. El de la izquierda con nimbo de santidad, representaría a San Martín.

 

En la zona superior de la parte central de la cabecera (entre las dos ventanas) casi ha desaparecido la pintura. Está dividida en dos registros: en el inferior se vislumbran tres arcos sobre los que se cobijan una dama, y dos religiosos. A la derecha se desarrolla la escena de San Martín bajando por la escalera del diablo.

 

Por encima de la anterior y muy deteriorada: la Caridad de Martín en Amiens, que luego veremos.

 

En este registro inferior, y bajo tres arcos de medio punto, se alojan tres personajes, el primero de la izquierda es una mujer, que representaría a la Virgen María, que mira a la derecha donde se encuentra un religioso con nimbo de santidad, suponemos que se trata de San Martín, que mirando a la Virgen señala con su mano diestra hacia la derecha como indicándole que algo está sucediendo. A su izquierda, otro religioso dirige su mirada hacia donde indica san Martín.

 

Puede ser la representación de la aparición en sueños de la Virgen María, Santa Inés y Santa Tecla a san Martín (ambas santas desaparecidas por la mala conservación de las pinturas).

 

A la derecha de la secuencia anterior vemos  el milagro de la escalera: San Martín está bajando por la escalera en la que el demonio le ha puesto guijarros o cáscaras de nuez para que se caiga. El santo cae de la escalera y malherido  es curado por un ángel con el ungüento que la Virgen María le ha entregado para curarle.

 

Registro superior de la parte central en el que ha desaparecido casi por completo la decoración pictórica. Aún se puede vislumbrar la escena más conocida en la vida del santo. En la que montado en su caballo y vestido de militar, le dio la mitad de su capa al mendigo de Amiens.

 

Estando acuartelado en 337 en la ciudad de Amiens, Martín iba paseando en  su caballo y cuando pasaba por la puerta de entrada de la ciudad vio  a un mendigo casi desnudo que temblaba de frío y pedía limosna, Nadie le hacía caso, y lleno de piedad hacia él Martín cogió su espada y cortó en dos su capa, dando al pobre la mitad. Esa misma noche soñó que ese mendigo era Cristo, que le decía: “Martín, aunque no eres catecúmeno, me cubriste con tu manto”.

 

 

Hasta aquí el pequeño estudio de una de las iglesias que podemos visitar en la villa de Sos del rey Católico, una de las localidades más bonitas de España.

 

Hasta el próximo vuelo.

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

-Voz, Sos del Rey Católico. Gran Enciclopedia Aragonesa.

 

-SAN VICENTE, A; LACARRA, M.C; y AZPEITIA, A: Arte religioso en Sos del rey Católico, Zaragoza, “Institución Fernando el Católico”, 1978.

 

-ZURITA Jerónimo: Anales de la Corona de Aragón, Volumen 7. p.38, Institución Fernando el Católico, 1988.

 

-LACARRA DUCAY, Mª del Carmen: Pinturas murales góticas en las iglesias de Sos del Rey Católico, Zaragoza, Diputación “Institución Fernando el Católico”, 2016.

 

-ABELLA, Juan: El nacimiento de Fernando el Católico y la villa de Sos.

 

-LA VORAGINE; Jacobo: La leyenda Dorada, vol. 2, Madrid, Alianza Editorial, 1982.

 

-REAU, Luis: Iconografía del arte cristiano, Tomo 2, vol.4, Barcelona, Ed. Del Serbal, 1957.

 

-ALMERÍA GARCÍA, J.A.; y varios: El patrimonio artístico en la comarca de las Cinco Villas. Centro de Estudios de las Cinco Villas, 1998.

 

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