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La iglesia de San Julián y Santa Basilisa. Bagüés (Zaragoza). Una joya del románico aragonés.

February 25, 2018

 

Aragón, "tierra bravía", posee un patrimonio histórico-artístico magnífico, sorprendente y muchas veces demasiado desconocido y poco valorado. Hoy volamos a la comarca de las Cinco Villas, casi en el límite de las provincias de Zaragoza y Huesca, en busca de uno de esos pueblos pequeños, casi desconocidos, en donde el arte y la historia van de la mano. Estoy hablando de uno de los enclaves importantes dentro de nuestro pasado, de la villa de  Bagüés.

 

En ella encontramos la iglesia de San Julián y santa Basilisa, una de las joyas del románico aragonés. Las pinturas que cubrían sus muros (hoy en el Museo Diocesano de Jaca), datadas hacia 1100, constituyen el programa pictórico más antiguo del románico en Aragón, y uno de los conjuntos más importantes y completos del románico europeo (pinturas que comentaremos en otro artículo dada su importancia).

 

Bagüés está situada en La Canal de Berdún, en una pequeña ladera del valle de Pintano, en el Prepirineo aragonés y rodeada de bosques de robles y pinos. Pertenece al partido judicial de Ejea de los Caballeros (Zaragoza) y desde 1571 a la diócesis de Jaca (Huesca), anteriormente pertenecía al obispado de Huesca.

 

La primera cita documentada de la localidad, según expone el historiador Antonio Ubieto,  la encontramos en el año 928 en el Libro Gótico o Cartulario de San Juan de la Peña (conjunto de 311 documentos del Monasterio de San Juan de la Peña que abarcan la historia del cenobio entre los años 507 y 1064).

 

La iglesia que hoy vamos a comentar se encuentra al sur de la localidad de Bagüés, algo distante del casco urbano, y frente al mismo. Está dedicada a los santos Julián y Basilisa, santos muy venerados durante la Edad Media. No olvidemos que la primera iglesia o iglesia baja del monasterio de San Juan de la Peña, erigida en el siglo X, fue dedicada a San Julián y a Santa Basilisa. Cuando en 1071 Sancho Ramírez donó al Cluny este emblemático lugar, los monjes benedictinos lo dedicaron a San Juan de la Peña (alusión al lugar en donde se construyó, debajo de una gran peña).

 

La advocación de la iglesia de Bagüés viene documentada en una larga cinta de lino que se encontró en el año 1966 cuando se arrancaron las pinturas que cubrían toda la iglesia para pasarlas a lienzo. Esta cinta se hallaba en un hueco del ábside dentro de una “lipsanoteca” (cajita de reliquias) en madera de boj, lacrada y sellada (hoy en el museo Diocesano de Jaca); en donde con letra visigótica (fechable hacia 1100) se puede leer los nombres de los santos a los que estaba dedicada la iglesia: San Miguel Arcángel, San Acisclo, Santa Engracia, santos Julián y Basilisa, y San Cristóbal. Esta “cajita” estaba colocada en el ábside en el lugar donde se pintó la cabeza de Cristo Crucificado, lo que nos demuestra que el maestro que colocó la lipsanoteca conocía ya el esquema que se iba a pintar en el ábside.

 

Aunque hay varias teorías sobre la autenticidad de los documentos del Cartulario de San Juan de la Peña (ver bibliografía) nos vamos a remitir a lo que se ha mantenido desde hace tiempo: que en tiempos del rey Ramiro I (hacia 1042), el abad Blasco, del monasterio de San Juan de la Peña, recibió parte de la villa de Bagüés; y posteriormente, hacia 1071, en tiempos del Abad Aquilino, el rey Sancho Ramírez de Aragón donó también la iglesia de San Julián; convirtiéndose Bagüés en priorato del monasterio pinatense durante toda la Edad Media: “dio ad Sanctum Iohannem la villa de Bagüés”. Fue en este período en el que la iglesia fue decorada en su interior con valiosas pinturas.

 

El edificio se construyó a finales del siglo XI. En la fotografía podemos ver el lado oriental, en el que se sitúa el ábside primitivo, y a la izquierda el pequeño ábside de la ampliación del siglo XVI. Como ya hemos comentado la iglesia pasó a ser priorato de San Juan de la Peña, pero con el tiempo se convirtió en iglesia parroquial de la localidad de Bagüés, hasta los años 60 del siglo XX, que se cerró al culto definitivamente.

 

El templo, exento, se encuentra en pleno campo, rodeado de vegetación. Al mismo se accede a través de un sencillo camino de piedras.

 

La iglesia fue realizada hacia 1070-90, dentro de un estilo románico lombardo pero también con detalles decorativos de un románico más avanzado que la vinculan con la catedral de Jaca, como luego veremos.

 

Vista de la fachada occidental, en donde se alza la torre.

 

Es un edificio construido en mampostería. En la fachada norte, a los pies de la iglesia, se abre hoy en día la portada. Según algunos historiadores la portada original de la iglesia se ubicaba donde hoy se encuentra la torre, en la fachada oeste, pero al levantar la torre se cambió al lado en el que podemos verla hoy (perdiéndose todas la pinturas que en ese lado existían).

 

En esta fachada solo se abre una aspillera en la parte superior central, casi imperceptible (os la señalo con una flecha roja).

 

Exteriormente presenta una decoración típica del primer románico o románico lombardo, arquillos ciegos separados por lesenas verticales a modo de contrafuertes. Si nos fijamos en la parte superior de estos arquillos podemos observar un friso con decoración ajedrezada, motivo que nos acerca al segundo románico o románico francés, que nos lleva directamente a la influencia que en este edificio pudo tener la catedral de Jaca. Por este motivo a esta iglesia se la considera un edificio puente entre los dos estilos románicos.

 

Detalle de los arquillos ciegos y sobre ellos el friso decorado con ajedrezado jaqués. Una de las mensulillas presenta la decoración de una cruz.

 

La portada es muy sencilla, con dos arcos dovelados de medio punto. No presentando decoración alguna. 

 

Fachada norte y ábside con decoración lombarda.

 

La iglesia originariamente era de una sola nave con ábside semicilíndrico y cubierta de madera a doble vertiente. En el siglo XVI (para algunos autores sería en el siglo XII-XIII) se le añadió una segunda nave, más corta, adosada al muro meridional que termina en un pequeño ábside. En esta misma ampliación de la iglesia se elevaría la torre.

 

Os pongo el plano que fotografíe en el Museo Diocesano de Jaca, en donde se ve claramente la primitiva nave (1), y los añadidos posteriores [(la segunda nave (2) y la torre (3)]. También se puede observar perfectamente en el plano que en la nave del siglo XI se abrieron dos grandes arcos de medio punto (4), para comunicar las dos naves, lo que motivó la pérdida de parte de las pinturas que cubrían el muro meridional de la nave principal.

 

El ábside está decorado con 4 lesenas que dividen al muro en tres paños, y en la parte superior los típicos arquillos ciegos lombardos que apoyan en pequeñas mensulillas, algunas de ellas decoradas. Tenemos que resaltar que en este punto de la iglesia no se realizó el friso con ajedrezado jaqués que hemos podido ver en la fachada norte, lo que nos pone en evidencia que esta zona de la iglesia puede ser más antigua. En la parte central del ábside se abre un vano que ilumina el presbiterio, es de medio punto con derrame interno (tapiado hasta la última reforma del edificio).

 

Detalle de los arquillos ciegos del ábside, con una serie de mensulillas decoradas con cruces, cabezas, rollos, etc.

 

La ventana estaba tapiada, siendo abierta en la última reforma de la iglesia (2000-2002). Pudiera ser que en el ábside se colocara en algún momento un retablo, motivo por el que se tapió la ventana que iluminaba la cabecera de la iglesia.

 

El ábside añadido en el siglo XVI está reforzado con gruesos contrafuertes. Interiormente se cubre con bóveda de lunetos.

 

En el muro sur se construyó, como ya hemos comentado, una nueva nave que interiormente se comunica con la principal a través de dos arcos de medio punto que afectaron a las pinturas murales de este lado. Exteriormente se construyeron robustos contrafuertes. En el muro se abren dos pequeños vanos en arcos de medio punto.

 

Parte del muro románico con arquillos ciegos y friso ajedrezado; y a la derecha el añadido posterior del siglo XVI, que cubrió parte de esta decoración románica.

 

Vista suroeste de la iglesia. En donde podemos ver el añadido del XVI con los robustos contrafuertes. También podemos observar que la parte superior de la torre es posterior a la parte inferior.

 

En cuanto a la torre se sitúa a los pies de la iglesia y también hay controversia sobre su datación. Para algunos historiadores fue realizada a finales del siglo XII o inicios del siglo XIII, la parte inferior, elevándola en el XVI y añadiendo el cuerpo de campanas. Para otros autores es obra del siglo XVI.

 

Está realizada en piedra sillar y tiene planta cuadrada. Quizá en este lugar se abriría la puerta principal que se sacrificó al elevar la torre, así como todo el conjunto pictórico que cubría este lado.

 

El ábside está cubierto con bóveda de cuarto de esfera. En los años 40 del siglo XX, el obispo de Jaca, José María Bueno Monreal visitó la iglesia, y revisando la iglesia se subió a una escalera en la zona absidial, y rascando la superficie del muro se dió cuenta que tras el revoque se veía la existencia de pinturas. Veinte años más tarde, mientras se estaba realizando una reforma en la iglesia, se descubrió que toda ella estaba cubierta con magníficas pinturas románicas, que se dataron en el segundo cuarto del siglo XII. Pinturas que narraban de forma didáctica y expresiva la historia de la humanidad.

 

En el año 2009 la empresa Restauro, gracias al académico de Bellas Artes de San Luis don Rafael de Miguel, encontró pinturas inéditas situadas en la parte alta del presbiterio, encima de la estructura de madera que sujetaba el techo de la nave (ver fotografía). Un año más tarde la iglesia fue declarada Bien de Interés Cultural, en la categoría de monumento.

 

Fotografía: Archivo del Gobierno de Aragón.

 

En la fotografía que realicé en el tablón del Museo Diocesano de Jaca, podemos ver el interior de la iglesia. La nave primitiva y el añadido del siglo XVI que motivó la desaparición de parte de las pinturas existentes en esa zona al abrir arcos de medio punto que podemos ver a la derecha. También podemos observar la ventana absidial aún tapiada.

 

En julio de 1966 se arrancaron las pinturas y las trasladaron a lienzo, el encargado fue Ramón Gudiol. Hoy casi todas las pinturas están conservadas, junto a la galería septentrional del claustro de la catedral, actual Museo Diocesano de Jaca.

 

En la fotografía la entrada a la galería donde se representa la nave de la iglesia de Bagüés en el Museo de Jaca.

 

En la magnífica puesta en escena que el Museo Diocesano de Jaca nos brinda podemos conocer cómo era un templo románico totalmente decorado con escenas bíblicas. Bagüés constituye uno de los conjuntos de pintura románica más importantes que se conserva en Europa.

 

El pintar los templos tenía una intención didáctica, servían para enseñar a los fieles, que no sabían leer, “la historia de la humanidad, desde la Creación, el pecado y la Redención a través de la muerte de Cristo y su Resurrección”. En el muro de los pies, en donde han desaparecido todas las pinturas con toda seguridad se representaría el Juicio Final.

 

Hasta aquí el estudio de esta preciosa iglesia de Bagüés. Sus pinturas las comentaré en un próximo vuelo, ya que su importancia merece un estudio aparte.

 

Hasta el próximo vuelo.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

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