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Palacio del Prior Ortal. Zaragoza.

Volvemos a volar sobre la ciudad denominada “La Harta”, una ciudad que en el siglo XVI superaba los 25.000 habitantes, con una prosperidad envidiable. Ciudad volcada en el comercio  y en la industria, y con una desarrollada economía.

 

En el año 1542 el erudito portugués Gaspar de Barreiros ya la describía como una de las ciudades más hermosas: “…Zaragoza deslumbrará al viajero: “Me pareció una de las más nobles y mejores ciudades de España…De sus casas las mejores que en ninguna ciudad de España…” Una ciudad en la que el florecimiento del Arte, la fundación de la Universidad y la aparición de una nueva clase social compuesta por ricos mercaderes o miembros de la nobleza la cambiará totalmente. El caserío medieval fue desapareciendo, siendo sustituido por una serie de palacios (se calcula que unos 200, de los que tan solo restan unos cuantos desgraciadamente)  y edificios que convertirán a Zaragoza en una hermosa ciudad moderna. Dueños de estos edificios fueron los Lanuza, Espés, Funes, Morata, Morlanes, Sástago, Pardo, DonLope, Torrero, Ortal, etc., que formaban parte de un grupo social privilegiado en la sociedad del momento. Muchos de ellos habían abandonado sus residencias del medio rural para establecerse en el centro de la ciudad.

 

Vista de Zaragoza de 1563 por Anton Van der Wyngaerde.

 

El edificio que hoy vamos a estudiar estaba situado en el barrio de Santa Cruz, justamente en el centro de la Zaragoza romana, en la antigua carrera de Santa Cruz, ocupando los nº 5, 7 y 9 (actuales), con fachada también a la calle Jusepe Martínez. Documentalmente a principios del siglo XVI figura como propiedad del prior Ortal, perteneciente a una familia noble. Según el cronista Dormer el primer Ortal que se estableció en nuestra ciudad se llamaba Galcerán, natural de Barcelona, que llegó a Zaragoza en el año 1470; aquí emparentó con otra familia aristocrática, los Cavallería, que también poseían palacio en la parroquia de Santa Cruz. Tuvo un hijo llamado Felipe, el cual casó con Doña Esperanza Ortal, con la que tuvo varios hijos, entre ellos sobresalieron sobre todo: Jerónimo, uno de los escasos aragoneses que participaron en el Descubrimiento de América, conquistador del Orinoco y Gobernador de la Costa del Marañón; y Lupercio (cuyo nacimiento se sitúa entre 1506-1508), sucesor de su  hermano Juan en el priorato de La Seo zaragozana en el año 1548.

 

Se supone que Galcerán Ortal tras su llegada a la ciudad adquirió una casa en el mismo lugar que hoy se eleva este palacio. Posteriormente,  debido al auge constructivo de principios del siglo XVI, la mencionada casa se reformó. Remodelación seguramente llevada a cabo por sus nietos Lupercio y Juan Ortal y Ortal, priores de La Seo, como ya hemos comentado.

 

Desgraciadamente no se conserva ninguna referencia  ni sobre la construcción del edificio, ni de las sucesivas reformas que se llevaron a cabo en él a lo largo de los tiempos. A finales del siglo XIX y principios del XX fue rehabilitado para abrigar en él viviendas de alquiler, tal y como sucedió en numerosos palacios zaragozanos.

 

 El palacio fue un edificio emblemático en el siglo XX. En él se instalaron un buen número de creadores aragoneses de la época, los alquileres eran de renta antigua y eran épocas difíciles para los artistas. Los primeros en llegar fueron el pintor Eduardo Laborda y el decorador Carlos Roldán en 1971, a los que se fueron añadiendo otros  muchos, como el Grupo Forma (Paco Rallo, Marteles, Gimeno, Cortés  Simón), Pilar Burges, Iris Lázaro, Ángel Aransay, al que visité en varias ocasiones, Alejandro Molina... Posteriormente hacia 1975 se instaló el Colectivo Plástico de Zaragoza. En definitiva, el edificio se convirtió en un centro artístico de primer orden, una verdadera residencia de artistas; hasta tal punto que cuando se puso a la venta se podía leer en un cartel la siguiente frase: “Palacio del XVI, antigua residencia de artistas”.

 

Fotografía del Archivo histórico Provincial de Zaragoza, en el que vemos el estado en el que se encontraba el edificio en los años 70-80 del siglo XX. Patio central.

 

En el año 1982, la propiedad recaía en dos partes, una en María Pilar Paulina García Peinado; y la otra repartida en seis partes entre los hermanos García Loscertales. En ese año el edificio fue declarado en ruina, aunque en él vivían siete inquilinos. Entre 1991 y 1992 el edificio fue completamente rehabilitado para viviendas, restaurante y galería de arte por el arquitecto José Antonio Lorente Fernández. En el año 1993 se realizó una remodelación del local, abriéndose el café Prior Ortal, realizada por el estudio Miret arquitectos (Carlos Miret). El 16 de diciembre de 2002 el edificio fue declarado Bien Catalogado del Patrimonio Cultural Aragonés.

 

Fotografía del Archivo histórico Provincial de Zaragoza, en el que vemos el estado en el que se encontraba el edificio en los años 70-80 del siglo XX. Galería superior del patio, en el que vemos los vanos tabicados.

 

Aunque estamos ante un edificio prototipo de la arquitectura civil aragonesa del siglo XVI, hay algunas diferencias, ya que presenta planta baja y tres alturas. Es decir, tiene un piso más que el esquema típico renacentista. Por ese motivo se supone que se añadió una planta al edificio original.

 

Construido totalmente en ladrillo, aunque durante muchos años estuvo revocado. Presenta planta baja y tres alturas coronadas por un rafe de madera. En la parte derecha del edificio podemos ver un lienzo de muro adosado que descentra y desequilibra el conjunto, ya que el lienzo de la derecha es ostensiblemente más bajo y desalineado con el resto de la fachada.

 

En la planta baja se abren dos portadas, la de la derecha es la que da acceso a la casa actual de viviendas; y la de la izquierda es la que permite el acceso a la actual cantina Borago, y al patio de columnas que se encuentra en el centro del mismo restaurante.

 

En la planta noble y en el segundo piso se abren balcones que disminuyen de tamaño conforme ganan en altura. Este segundo piso es el que se añadió sin poder precisar la fecha. El último piso está formado por la característica galería de arquillos de medio punto (reforma del año 1992, ya que anteriormente se abrían vanos adintelados). Interesante era el rafe, muy reformado también en la última remodelación del edificio. Antes de esta rehabilitación estaba muy deteriorado, pero aún se podía vislumbrar una decoración de tradición gótico-mudéjar, del estilo de los palacios cercanos de los Pardo, y de Tarín.

 

Puerta de entrada a la cantina Borago, acceso que nos conduce al antiguo patio interior de columnas, en donde se ubica el restaurante.

 

El patio hoy en día tiene planta cuadrada  (originalmente era más rectangular), lo único original son las cuatro columnas anilladas, pero colocadas sin respetar su ubicación original. Estas columnas son iguales dos a dos; las paralelas a la fachada son de orden toscano, mientras que las otras dos son de orden jónico (éstas, antes de la última rehabilitación, estaban empotradas dentro de un muro que se levantó en las reformas realizadas en los siglos XIX y XX).

 

Otra vista del patio y la disposición actual de las columnas.

 

Las  columnas de orden toscano se elevan sobre una basa formada por plinto y toro, su fuste es liso y anillado. En este caso el anillado se sitúa desplazado hacia el tercio superior del fuste. Los anillos están formados por tres toros, más resaltado el central, los demás con decoración sogueada. El capitel está separado del fuste por un baquetón con apófisis, y consta de collarino acanalado, equino decorado con ovas y dardos; y ábaco con listel superior.

 

Detalle de la segunda columna con capitel toscano. En este caso vemos el anillado en el centro del fuste, por lo demás sigue el modelo de la anterior.

 

Una de las columnas con capitel jónico. Su fuste es liso en el tercio inferior y estriado, con acanaladuras, en el tercio superior. En cuanto al anillado es muy diferente a los otros dos ya vistos. En el caso de estas dos columnas jónicas, el anillado aparenta ser el basamento de la columna.

 

Detalle de la segunda columna jónica.

 

El capitel jónico está separado del fuste por un baquetón con apófisis, presentando un collarino adornado con triglifos y metopas, equino con ovas y dardos, y sobre éste, las volutas están seccionadas lateralmente para darles forma de candelabros.

 

En el piso superior se sitúa una galería con tres de arcos de medio punto en cada lado sustentados por finas columnitas jónicas. Esta galería fue rehabilitada totalmente, ya que su estado era ruinoso y lo vanos estaban casi todos tapiados.

 

Detalle de las columnitas que sustentan los arcos de medio punto. Están compuestas de basa, con fuste liso y capitel jónico. Estas columnillas no son las originales, alguna de las cuales veremos más tarde decorando el patio de entrada en la zona de viviendas.

 

Cubierta del patio y galería de columnillas del segundo piso.     

 

Puerta de entrada al edificio de viviendas. El interior de este edificio está totalmente renovado. En esta parte del edificio no queda nada del antiguo palacio, excepto algunos elementos decorativos reutilizados.

 

Patio de entrada al nuevo edificio. En frente vemos la puerta tras la cual se ubica el patio que hemos visto antes.

 

Vista del patio de entrada en el cual se ubicaron restos encontrados en el edificio.

 

Detalle de alguno de los restos encontrados.

 

Otro de los elementos decorativos que se hallaron en el edificio. Se trata de una pieza de piedra, que como bien dice Carmen Urdáñez pudiera haber pertenecido al arco de un portal que no se ha conservado, bien de este mismo edificio o de algún otro palacio desaparecido.

 

El patio tiene dos alturas. En la que conduce a los ascensores vemos unas columnas jónicas, que bien pudieran ser las correspondientes a la galería superior del patio que hoy ocupa el restaurante.

 

Decoración de la entrada de un piso.

 

Hasta aquí nuestro recuerdo a uno de los palacios que jalonaban nuestra preciosa ciudad, y que, a pesar de los pesares, podemos contemplar, aunque sea tan transformado.

Hasta el próximo vuelo.

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

-DORMER, Diego José: Anales de Aragón, Zaragoza, Herederos de Diego Dormer, 1697, p. 572.

 

-LATASSA Y ORTIN, Félix: Biblioteca Nueva de los escritores aragoneses que florecieron desde el año 1500 hasta 1599. Tomo I, Pamplona, Oficina de Joaquín de Domingo, 1798.


-ALMERÍA GARCIA, J.A.: Informe presentado a la Diputación General de Aragón: Zaragoza Casa-Palacio del Prior Ortal para la declaración de monumento histórico-artístico (Inédito), Octubre 1984 (al que doy las gracias por su generosidad).

 

- GÓMEZ URDÁÑEZ, CARMEN: Zaragoza en el siglo XVI. Los palacios y la ciudad, Alcañiz, actas de las IV jornadas del estado actual de los estudios sobre Aragón, 1981.

 

-GÓMEZ URDÁÑEZ, CARMEN. Las últimas pérdidas de arquitectura civil de los siglos XV-XVI en Zaragoza, en Revista Artigrama nº 10, Zaragoza, 1993.

 

-LABORDA YNEVA, J. Zaragoza. Guía de Arquitectura, Caja de Ahorros de la Inmaculada, Zaragoza, 1995.

 

-IBÁÑEZ FERNÁNDEZ, Javier: Arquitectura aragonesa del siglo XVI, Zaragoza, Diputación “Institución Fernando el Católico”, 2005.

 

- Guía histórico-artística de Zaragoza, Zaragoza, Excmo ayuntamiento, 2008.

 

-LUCEA VALERO, Beatriz: El palacio de Santa Cruz, la última bohemia zaragozana, en: Arte en el espacio público: barrios artísticos y revitalización urbana. Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza. 2009.

 

-Frase de Gaspar Barreiros: LOMBA, C; y RÚJULA, Pedro: Historia de la Universidad, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2016. Pág. 44.

 

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