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Pinturas góticas (XIII) de la antigua ermita de Santa Lucía de Osia (Huesca). Hoy conservadas en el Museo Diocesano de Jaca.

"Lucía viene de luz. La luz es bella de por sí, y bella resulta, a los ojos que la contemplan…"

 

El Museo Diocesano de Jaca, situado en la catedral de San Pedro, en el lado del evangelio, tiene mucho que mostrar. Ya hemos comentado en otros post la importante colección de obras de arte que se conservan en él. Actualmente es uno de los museos más interesantes con respecto a pintura medieval.

 

En la década 1960-70, en la diócesis de Jaca, se comenzó la tarea de salvaguardar las pinturas de iglesias y ermitas del Pirineo aragonés realizadas al fresco (siglos XII-XVI) y que habían sido recuperadas tras permanecer durante siglos encaladas o cubiertas por retablos, sin conocer su existencia. Para conservar óptimamente estas valiosas pinturas se traspasaron a lienzo, siendo conservadas en el recién inaugurado Museo Diocesano de Jaca (año 2010). Acondicionándose para ello el antiguo refectorio de los canónigos. Entre ellas podemos contemplar los conjuntos murales de Ruesta, Navasa, Susín, Urriés, Ipas, Bagues y Osia.

 

Hoy vamos a hablar de las  pinturas que decoraban el ábside de la ermita de la Virgen del Rosario de Osia (Huesca).

 

Catedral de Jaca, entrada al Museo catedralicio.

 

Osia es una pequeña localidad oscense, situada cerca de San Juan de la Peña.  Documentalmente aparece cuando el rey navarro Sancho Garcés II y la reina Urraca la donan al monasterio de San Juan de la Peña en 992, desde este momento la localidad fue pasando de unas manos a otras, siendo de realengo en 1778.

 

En las afueras del lugar podemos ver la ermita de la Virgen del Rosario, antigua iglesia parroquial dedicada a Santa Lucía, hoy es utilizada como capilla del cementerio de la localidad. Durante el siglo XV-XVI al colocar un retablo bajo la advocación de la Virgen del Rosario, y erigir la nueva iglesia parroquial con la advocación de la misma santa, esta pequeña iglesia pasó a llamarse de la Virgen del Rosario.

 

Fotografía que tomé en el museo de Jaca.

 

El paso del tiempo fue deteriorando nuestra iglesia. En su interior se conservaban pinturas del siglo XVIII; las cuales, en el año 1971, se decidió arrancar para poder conservarlas mejor. La sorpresa fue mayúscula  cuando debajo de ellas aparecieron unas pinturas al temple de la segunda mitad del siglo XIII; pinturas tardorrománicas, dentro de la tradición neobizantina. Desgraciadamente las pinturas dieciochescas se perdieron casi en su totalidad (aún queda algún resto de ellas en la propia iglesia).

 

Las pinturas tardorrománicas estaban bastantes deterioradas, por lo que se procedió a su arranque y traslado a lienzo. Desde entonces se encuentran ubicadas en el Museo Diocesano de Jaca. A pesar de su degradación podemos imaginarnos la riqueza de su colorido original, son pinturas de transición del románico al gótico, con un dibujo de gran calidad.

 

En el ábside aparece la Virgen coronada por su hijo dentro de una mandorla, rodeados por el Tetramorfos o símbolos de los cuatro evangelistas (San Mateo, San Lucas, San Marcos y San Juan), en la parte inferior un apostolado, con diez apóstoles sentados y  en los extremos San Pablo y San Pedro, ambos en pie.

 

Sinopia de la Coronación de la Virgen. Aparece a la izquierda la Virgen sentada junto a su hijo, el cual corona a su madre con toda solemnidad.

 

Se llama sinopia a la técnica usada para marcar un boceto en la superficie en la que se va a pintar un fresco o el propio boceto de la obra mural. Esta técnica era llevada a cabo sobre una plantilla recortada, se perforaban los contornos de las figuras y se colocaban sobre el muro revocado, posteriormente se espolvoreaban las líneas con hollín, ceniza o tierra roja (el más utilizado), para dibujar la plantilla en la pared, para luego ejecutar la obra el pintor (estarcido) y al quitar la plantilla quedaba la impronta.

 

En el arco triunfal se representa el Juicio Final, en el cual vemos la resurrección de los muertos, la selección de los bienaventurados y los pecadores, el infierno y los profetas.

 

Detalle de una de las escenas del Juicio Final, en donde podemos ver a tres profetas portando sus filacterias.

 

Grupo de apóstoles situado en la parte inferior del cascarón del ábside. Es de resaltar los frisos decorativos que separan las escenas, con motivos geométricos y vegetales con precioso colorido, a pesar de estar muy deteriorados.

 

En los muros rectos  y en el semicilindro absidial se narra la vida de Santa Lucía según la Leyenda Dorada de Jacobo de La Vorágine. Lucía nació en Siracusa hacia 283 en una familia acomodada; a temprana edad quedó huérfana de padre y fue educada por su madre Eutiquia en la fe cristiana. Eutiquia enfermó de hemorragias y fue con su hija Lucía a visitar la tumba de Santa Agueda, sanando milagrosamente. Años más tarde, durante la persecución de Decio, Eutiquia fue martirizada en Catania.

 

En la fotografía, la imagen de Santa Lucía (enfrente justo de la imagen de Santa Águeda que luego veremos en el muro de la derecha), y la visita de madre e hija a la tumba de santa Águeda.

 

Lucía y su madre fueron a la tumba de Santa Águeda, y tras oír misa se postraron ante su cenotafio, Lucía se quedó dormida y soñó que la santa le comunicaba que su madre estaba ya curada: “Quiero que sepas, que por el mérito de tu fe, tu madre ya está curada”.

 

Detalle de Santa Lucía y su madre Eutiquia ante la tumba de Santa Águeda. En donde vemos a Lucía dormida y soñando con santa Águeda.

 

Lucía rogó a su madre que no le obligara a casarse con un joven noble con el que estaba comprometida, y que le permitiera dar su dote de boda  y todos sus bienes a los pobres. Así lo hicieron ambas, vendieron todo lo que tenían, entregando la ganancia a los necesitados. El novio viendo volar su dinero denunció a Lucía ante el cónsul Pascasio, acusándola de ejercer la fe cristiana. Lucía contestó al cónsul que podía hacer con ella lo que quisiera pero no renunciaría a su fe. Pascasio la condenó a vivir en un lupanar, pidiendo a sus ayudantes que la llevaran allí. Pero Lucía no pudo ser movida del lugar en el que había sido juzgada ni arrastrándola mil hombres al mismo tiempo (algo exagerado creo yo).

 

Detalle del cilindro absidial, a la izquierda se representa el momento en el que la santa es denunciada por su prometido ante el cónsul Pascasio; a continuación Lucía es atada. La escena se interrumpe por la ventana absidial, continuando la historia al otro lado de la misma. En la parte inferior, a modo de zócalo, vemos el friso que separa las escenas superiores e inferiores, decorado con motivos vegetales, y líneas verticales en negro y blanco, bajo ellas se imitan sillares con juntas dobles de color rojo en horizontal y vertical.

 

En este paño vemos a Lucía atada a unos bueyes, pues ya que con mil hombres no habían podido moverla del sitio, Pascasio hizo atar a la santa a mil parejas de bueyes, los que tampoco lo lograron. Por ello el cónsul hizo venir a unos magos, los cuales con su magia tampoco consiguieron moverla; la siguieron martirizando prendiéndole fuego. Mientras Lucía vaticinó a Pascasio su detención (por saquear la provincia) y su muerte. Finalmente uno de los guardianes le traspasó con la espada, pero ni aún con esas pudieron con la vida de la santa.

 

En la fotografía la escena de los bueyes y el momento en el que traspasan a Lucía con espadas. En la parte inferior un momento de la Misa.

 

Lucía siguió viva hasta que unos “sacerdotes” le dieron la comunión, entonces expiró entregando su alma a Dios. En la parte superior el entierro de Santa Lucía, mientras dos ángeles elevan el alma de la mártir hacia el cielo. En la parte inferior un clérigo lavándose las manos; y a la derecha en una hornacina fingida, Santa Águeda.

 

Es curioso el hecho que en el relato no aparezca cuando la Santa se arranca los ojos (Santa Lucía es la patrona de la vista). Pero esta creencia no surgió hasta el siglo XIV, debido a que etimológicamente Lucía significa  “la que lleva  luz”, por ese motivo se la relacionó con la vista.

 

Detalle del entierro de Santa Lucía. En la parte superior el espíritu de Santa Lucía subiendo hacia el cielo ayudada por dos ángeles.

 

En esta escena vemos a un clérigo lavándose las manos. Para terminar hay que resaltar los preciosos frisos que separan las diferentes escenas. Curiosa también es la representación de la ciudad que se vislumbra a la izquierda. A pesar del deterioro de las pinturas, se pueden ver perfectamente las líneas que perfilan las figuras, cuyo dibujo es de gran calidad.

 

 

Podemos imaginar lo que sintieron los fieles al contemplar estas magníficas pinturas en Osia en todo su esplendor. Fueron publicadas por vez primera en 1965 por Laura Aznárez Callavé.

 

Espero que os haya interesado este tema, y también deseo encontraros en mi próximo vuelo. Un saludo a todos-as.

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

 

-GARCÍA OMEDES, Antonio. :http://www.romanicoaragones.com/0-Jacetania/77-Osia.htm

 

-MUSEO DIOCESANO DE JACA: http://www.diocesisdejaca.org/index.php/pieza-del-mes/1823-febrero-2016-pinturas-murales-de-la-ermita-del-rosario-de-osia-hues

 

-http://www.patrimoniodehuesca.es/osia-huesca-ermita-de-la-virgen-del-rosario-antes-de-santa-lucia-pintura-mural-museo-diocesano-de-jaca-s-xiii/

 

-JACOPO DELLA VORAGINE: “La Leyenda Dorada”, vol I, Madrid, Alianza editorial, 1982, pp. 43-46.

 

-AZNÁREZ CALLAVÉ, Laura: Las pinturas románicas de Osia (Huesca).

 

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