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La pelirroja con blusa blanca. Henri de Toulouse-Lautrec. Museo Thyssen (Madrid).

Ella llega y me atrae como el imán al hierro
Tiene el aire hechicero
De una adorable pelirroja

Sus cabellos son de oro se diría
Un hermoso relámpago que dura

O esas llamas que se pavonean

En las rosas de té al marchitarse
 

(Poema: “ La linda pelirroja” de Guillaume Apollinaire. Traducción de Octavio Paz, en su libro: “Versiones y diversiones”).

 

 

Este precioso óleo sobre lienzo, está situado en la sala 33a. Pintura europea, siglo XIX. Impresionismo y Postimpresionismo, del Museo Thyssen de Madrid.

 

Quizá no es el cuadro más importante de la sala, pero me encanta, por ese motivo deseo que lo conozcáis; y, sobre todo, espero que os guste.

 

Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec-Monfa, fue uno de los pintores más originales del siglo XIX; y, sin duda, el que mejor plasmó la vida bohemia del Paris decimonónico. Nacido en el seno de una familia aristocrática, su cuerpo deforme supuso para él un sufrimiento tal que cayó en el alcoholismo, enfermedad que le llevaría a la muerte a los 37 años.  Pero ese problema físico no fue obstáculo para integrarse en el ambiente artístico parisino que en aquella época intentaba superar el impresionismo.

 

En el año 1885 se instaló en Montmatre,  comenzando a pintar sobre el Paris nocturno y festivo que le rodeaba. Lautrec siguió su propio rumbo, influido por Degas, y la estampa japonesa. Se convertirá en el pintor de la modernidad, abandonando su estilo convencional para formar parte del neo-impresionismo.

 

En la época en que fue realizado este retrato, Lautrec, estaba fascinado con una humilde lavandera que habitaba en el pintoresco barrio parisino de Montmatre; la cual a la vez que realizaba labores de limpieza, ejercía esporádicamente la prostitución, y posaba para aumentar sus ganancias. Su nombre era Carmen Gaudin,  como modelo empezó en el estudio del pintor Ferdinand Cormon, posando para numerosos artistas del momento, entre ellos Lautrec, que acudían allí para aprender el oficio.

 

 Fue una de las mujeres que más representó el pintor en sus primeras obras parisinas. Carmen le atraía por su aspecto melancólico, pero sobre todo por su cabello cobrizo y su blanca tez. La representó en numerosas poses y actitudes, resaltando el rojo de sus cabellos, pero ocultando su rostro en la mayor parte de sus retratos.

 

La obra la comentó Lautrec en una carta enviada a su madre  (la condesa Adèle de Toulouse-Lautrec) en 1884, en la que le escribía: "estoy pintando a una mujer que tiene la cabeza absolutamente dorada”.

 

Representa a Carmen sobre un fondo muy abocetado, se trata del taller que Lautrec compartía con el también pintor Henri Rachou, en la rue Ganneron de Paris. En la obra se centra exclusivamente en la figura de la joven, resaltando su blanca camisa. El pintor ha querido presentarnos a la muchacha como si hubiera sido fotografiada en un momento de recogimiento interior.

 

Pintada de perfil, con la cabeza inclinada hacia su halda. Lleva el pelo recogido en la nuca, en un desordenado moño, del cual escapan mechones de pelo rebelde que ocultan su blanco rostro. Aunque no vemos su expresión, el cuadro proporciona una clara sensación de melancolía. Lautrec tenía una gran habilidad en captar la psicología de sus personajes.

 

Detalle del fondo abocetado, en realidad es un fondo neutro, sin que podamos discernir que se representa en él, aunque sabemos que se trata del taller del artista. La magistral paleta de Lautrec nos demuestra como con trazos indefinidos puede crear sensación espacial.

 

La postura es totalmente indicada para lo que realmente quería el pintor: resaltar el cabello de la modelo, de un precioso tono rojizo (se sabe que tenía obsesión por las mujeres pelirrojas y de tez blanca). La luz, que proviene de la parte superior izquierda, ilumina el rojizo cabello, el cual está realizado de forma magistral. Da la sensación de ser una obra inacabada, pero con una técnica muy cuidada, a pesar de utilizar una pincelada suelta. Los efectos de la luz sobre el cabello son increíbles.

 

Podemos observar lo buen dibujante que era Lautrec. En este retrato vemos claramente las líneas del rostro de la modelo, y como el pintor ha sabido captar la melancolía y la timidez de la joven, a pesar de no enseñarnos su semblante.

 

En el retrato vemos un recuerdo del impresionismo, en los pequeños toques de pincel y en una “gran espontaneidad en el trazo”, como lo podemos observar en el tratamiento de la camisa que viste.

 

Hasta aquí esta pequeña reseña de una gran obra de arte: la pelirroja con blusa blanca de Henri de Toulouse-Lautrec.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

-Ficha en la colección Thyssen-Bornemisza: http://www.museothyssen.org/thyssen/ficha_obra/976


-“Los retratos de Carmen Gaudin”: http://www5.uva.es/ega/wp-content/uploads/los-retratos-de-carmen.pdf

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