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Dos mujeres dormidas en el centro de Zaragoza.

Parecía dormida
como quien tiene un sosegado sueño.
Como quien descansa.
Tan serena.

 

(Hija del maíz).

 

En muchas ocasiones paseamos por Zaragoza sin darnos cuenta de lo que tenemos a nuestro alrededor. Ese es el caso de dos esculturas, que no distan mucho una de la otra, y que forman parte del paisaje urbano del centro de nuestra ciudad, pero que pasan algo desapercibidas al conjunto de la ciudadanía.

 

Están situadas en el entorno de la Plaza de Basilio Paraíso-Plaza Aragón; una en la bifurcación del Paseo de la Constitución con la Plaza Aragón: la “Mujer Dormida”, a la izquierda de la imagen; y la otra casi en el cruce del Paseo de Sagasta con la Gran Vía: “La Siesta”, a la derecha de la imagen.

 

“La mujer dormida”, es una escultura que nos pasa totalmente desapercibida a la mayoría de los ciudadanos que constantemente transitamos por este importante punto del centro de la ciudad, ya que está cubierta por abundante hiedra y con el ritmo que llevamos de vida no nos fijamos en lo que vamos encontrando a nuestro paso.

 

En el año 1922 el ayuntamiento encargó al escultor José Bueno y Gimeno una escultura llamada “La Tarde” para colocarla en la vía pública. El escultor representó un desnudo femenino, hecho que motivó que una moción municipal impidiera que esta escultura se instalara en la calle. José Bueno cobró por ella 6.000 pesetas, y como agradecimiento al pago de una obra que no iba a ser expuesta, donó otra obra que había realizado en el año 1920: ”La mujer dormida”, que fue colocada cuatro años más tarde en el lugar que hoy la podemos contemplar.


Es una escultura de reducido tamaño, realizada en piedra blanca, y colocada sobre un alto pedestal de piedra gris, cubierto, hoy en día, por abundante hiedra.

 

Vemos el torso de una bella joven, aparentemente desnuda, que dobla su brazo derecho, y apoya su mejilla sobre su mano, en un femenino y elegante gesto. En ella podemos contemplar un fuerte influjo clásico.

 

Su rostro, de bellas facciones, denota una gran serenidad, manteniendo sus ojos cerrados, como si estuviera en un momento de ensoñación.

 

Sus cabellos ondulados están divididos por medio de una raya central y recogidos en la nuca con un sencillo moño, a la forma clásica.

 

En lo que respecta a la otra escultura que vamos a comentar: “La Siesta”, está situada en el comienzo del Paseo de Sagasta, en una ubicación que no favorece su contemplación, ya que está colocada a ras de suelo y pasa también casi desapercibida para el transeúnte.

 

En el año 2015 se daba la voz de alarma por las grietas que se apreciaban en la escultura, debidas a las inclemencias del tiempo y al material frágil con el que está realizada. Si os fijáis en las fotografías las grietas se siguen observando claramente, sobre todo en sus piernas y brazos.

 

En el año 1963 el escultor turolense Enrique Galcerá se presentó con esta escultura a la II Bienal de Pintura y Escultura “Premio Zaragoza”, organizadas por el Ayuntamiento de la ciudad, pasando las obras ganadoras (medalla de oro) a ser propiedad, las pinturas del ayuntamiento; y las esculturas de la Diputación Provincial. La escultura de Enrique Galcerá aunque obtuvo la medalla de plata, fue donada por el autor a la ciudad de Zaragoza. 

 

En un primer momento la escultura estuvo ubicada en el Paseo de la Constitución, pasando en el año 1989 a ocupar el lugar donde hoy la podemos contemplar, en el Paseo de Sagasta.

 

Sobre una base lisa rectangular podemos contemplar la figura de una joven campesina reposando su cabeza, cubierta por un pañuelo, sobre un haz de espigas. Está durmiendo tranquilamente, quizás tras una mañana segando trigo en el campo.

 

Se trata de una escultura neofigurativa, clásica, a pesar de que el escultor ha introducido algún detalle más avanzado, como en el tratamiento de los pliegues de su sencillo vestido, y en la naturalidad al representar a una muchacha en un momento de intimidad, descansando tras una larga jornada de trabajo.

 

Detalle del rostro de la joven campesina. En el tratamiento de la figura vemos una clara influencia de los escultores catalanes Enrique Casanovas y José Clara, representantes del llamado “mediterraneísmo” o movimiento noucentista catalán, que buscaban plasmar en la figura femenina el ideal de belleza. Si nos fijamos en la leve sonrisa de la campesina de la siesta, la pone en consonancia con la obra de Enrique Casanovas, en cuyas figuras femeninas la sonrisa clásica es patente.

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

-MANUEL GARCÍA GUATAS: “Zaragoza monumental: un siglo de escultura en la calle”: http://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/29/58/04garciaguatas.pdf

 

-ANA ARA FERNANDEZ: “Las Bienales de pintura y escultura “Premio Zaragoza (1962-1973), Zaragoza, Revista Artigrama nº 20, 2005: https://www.unizar.es/artigrama/pdf/20/3varia/12.pdf

 

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