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La Encajera de Caspar Netscher.

-¿Qué estás haciendo?
-Encaje de bolillos.
-¡Labor de araña!
-Casi de poeta.
-¡Orgullosa!
- ¡ Que no! Acércate, mira
y admira, si comprendes, la tarea.
Torcer y retorcer hilos sutiles
como palabras bellas,
y hacer con ellos rosas,
laberintos, cadenas,
nubes de blonda y gasa,
redes de tul para prender estrellas...

 

Poema de G. Martinez Sierra, incluido en su libro "La casa de la primavera" publicado en Madrid en 1907.

 

 

Uno de los Museos que nos os podéis perder si visitáis Londres, es la Colección Wallace, situada en el precioso palacete de Hertford House (antigua embajada española en el siglo XVIII), entre Oxford Street y Marylebone. En él se puede contemplar toda la colección adquirida por los cuatro primeros marqueses de Hertford y por sir Richard Wallace (hijo ilegítimo del cuarto marqués).

 

Durante el extenso recorrido por el palacio llegué a la East Gallery II, y entre una serie de obras de género holandesas, me encontré con este pequeño óleo sobre lienzo realizado por Caspar Netscher, pintor barroco nacido en Holanda, especializado en retratos y cuadros costumbristas.

 

Ya sabéis que os pongo lo que realmente me “mueve el alma”, y no he podido resistir presentaros esta pequeña, pero gran obra de arte, no muy conocida realmente, pero con un encanto especial. Espero que os guste.

 

La obra realizada en 1662, plasma un tema moralista, ya que representa el ideal de la mujer holandesa de la época, trabajando en su hogar, realizando las labores adecuadas de una mujer virtuosa. No hay que olvidar que a los Países Bajos a finales del siglo XVI acudieron una serie de sectas derivadas de la Reforma, “en la doctrina de la mayor parte de estas confesiones existían muchos puntos en común”: la austeridad, el puritanismo, la idea de que el trabajo formaba parte de la virtud moral del individuo; así como una ausencia del lujo en la vestimenta y en la decoración de las casas, eran lemas que defendían frente al lujo que existía en la religión católica y en los demás países europeos.

 

El lienzo que os presento es una pequeña obra de arte. En él, vemos a una joven, vestida modestamente con un traje de lana, sentada de espaldas al espectador en una humilde silla de madera. La joven está relajada y absorta en su labor, hasta el punto que se ha desprendido de sus zapatos, que aparecen sobre el suelo en la esquina izquierda de la escena, para estar más cómoda en su trabajo.

 

En el ambiente se respira la seriedad y rectitud moral que se vivía en esa época en Holanda.

 

Tiene su mirada fija en la labor que tiene entre sus rudas manos, bobinas, alfileres, hilo y bolillos los maneja con todo cuidado, realizando las magníficas labores que las mujeres holandesas llevaban a cabo.

 

La joven se encuentra en su universo particular ensimismada en sus pensamientos, mirando fijamente la labor que tiene entre sus manos. Podemos observar el delicado tratamiento de su toca, con motivos florales, de la pasamanería que vemos en su corpiño rojo; el detalle en la factura y la limpieza en cada una de las pinceladas que ha utilizado el pintor.

 

Detalle de la vestimenta de la joven, lleva una falda negra con grandes bolsillos laterales, cubriendo su torso con un corpiño rojo con mangas y bajo éste una camisa blanca que asoma en el escote y en los puños, indumentaria más perteneciente a una criada que a la dueña de la casa. También tenemos que tener en cuenta el detalle de la escoba en la parte posterior, que hace mención a su condición.

 

Sobre su halda tiene la almohada o mundillo, y con sus gruesas manos está entrejiendo los hilos enroscados en los bolillos, mientras sujeta el trabajo que está realizando con alfileres siguiendo el dibujo que tiene marcado en la almohadilla, logrando así un precioso encaje. El pintor nos muestra que a pesar de sus rudas manos, debidas al trabajo habitual de limpiar una casa, tiene la delicadeza para realizar una preciosa labor de encaje. Todo tiene un fondo moralista. La obra de Netscher ensalza el trabajo de la mujer en la casa. El pintor quiere hacernos ver el valor del trabajo femenino.

 

Vemos en la fotografía los abotinados zapatos gastados por el uso, típicos del siglo XVII, que la muchacha en un momento de intimidad se los ha quitado para estar más cómoda.

 

Podéis ver en la fotografía que la pintura está algo deteriorada.

 

Detalle de la tarima de madera del suelo, con restos de comida aún en ella.

 

La habitación es austera con paredes en tonos grisáceos, en ella sólo vemos, como elemento decorativo, una hoja colgada en la pared con un paisaje en blanco y negro, en cuyo borde inferior firma el autor: “C. Netscher / 1662”.

 

Espero que hayáis disfrutado tanto cómo disfruté yo contemplando una pequeña obra que tanto tiene que mostrar.

 

Mi visita por Inglaterra fue muy fructífera. La Libélula seguirá, si lo deseáis, mostrándoos este magnífico país.

 

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