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La Plaza Baja (hoy de Ramón y Cajal). Ayerbe (Huesca).

En uno de los últimos viajes que realizamos por la Hoya de Huesca, aterrizamos en la preciosa villa de Ayerbe, municipio situado en la margen izquierda del río Gállego, en las estribaciones de las sierras exteriores del Pirineo Central, en la zona conocida como Galliguera. 

 

A los pies del monte de San Miguel, en donde aún podemos vislumbrar la ermita dedicada al santo que se erigió en su cima, podemos encontrar esta pequeña población que tenía gran importancia como núcleo comercial. En el año 1083 siendo una notable plaza musulmana, fue reconquistada por Sancho Ramírez. Desde entonces jugó un papel preponderante en el comercio interior de la zona. El rey Jaime I cedió la villa a su hijo, pasando a ser una villa de realengo a ser una baronía.

 

En el año 1374 la villa pasó a Pedro Jordán de Urríes, mayordomo del rey Pedro IV, de manos del infante Don Fernando, hijo de Alfonso IV. Adquiriendo el señorío de Ayerbe, en el año 1750, el rango de marquesado. Hugo de Urriés edificó, con su mujer Greyda de Lanuza, el suntuoso palacio, hoy existente en la plaza Baja de la localidad.

 

A principios del siglo XX los marqueses de Ayerbe vendieron el palacio a la familia Coiduras, la cual lo utilizó como comercio hasta la década de 1970. A principios del siglo XXI, Mª José y Marta Coiduras vendieron, a su vez, el palacio a don José Mª Romero y su mujer Carmen Ruiz, los cuales lo acondicionaron como escuela de música privada, denominada Palacio de la música “El Pilar”.

 

El Palacio de los Marqueses de Urriés o Palacio de Ayerbe es el edificio civil más importante de la villa. Presenta una estructura con sillares cuidadosamente cortados, y que ha sufrido numerosas remodelaciones. Fue nombrado monumento histórico-artístico en 1931.

 

Su estilo sigue el de los palacios italianos renacentistas que tanta aceptación tuvo en la arquitectura aragonesa del siglo XVI, aunque con reminiscencias góticas.

 

La fachada, enmarcada por dos torres, tiene tres niveles, la parte inferior horadada por vanos adintelados, abriéndose en el centro un gran arco de medio punto dovelado que es la antigua portada, hoy en día calle; en el segundo piso, una serie de vanos asimétricos y adintelados; y por último la parte superior en la cual se abre una galería aragonesa de arquillos de medio punto, en este caso doblados. Remata la fachada una decoración almenada, realizada en el siglo XX. 

 

Detalle del escudo de los Urriés, sobre el arco de entrada, y el reloj solar colocado en el siglo XVII.

 

Vanos que se abren en la fachada principal del palacio. Los de la planta noble, son adintelados y bajo el dintel se decoran con tres arquillos, de estilo gótico.

 

Detalle de uno de los vanos “gotizantes”, de la planta noble, y sobre él la galería de arcos de medio punto realizada en el siglo XVI.

 

Pasando por el arco central de la fachada, antigua entrada al palacio, nos encontramos los restos de un patio renacentista, que debió de ser magnífico.

 

 

 Detalle de la techumbre de la travesía.

 

Al otro lado de la puerta de entrada, hoy calle, encontramos el que fuera patio renacentista del palacio. Era un patio rectangular con cuatro galerías o crujías y dos plantas. Desgraciadamente casi ha desaparecido, sólo se conservan dos crujías, la de levante y la de mediodía; el ala oeste está muy reformada; y la norte ha desaparecido, ya que hoy es calle. Por encima de la portada, en este caso adintelada, se abren una serie de arcos de medio punto que apoyan en capiteles decorados sobre delgadas columnillas, las cuales apoyan en altos pretiles, entre los que podemos observar restos de antiguos medallones. En las enjutas de estos arcos aún se pueden observar muy mal conservados restos de mascarones. En un piso superior se vislumbran los restos de una anterior galería de arcos de medio punto realizada en ladrillo, y que hoy en día se encuentra tabicada.

 

En la parte Este, en la zona inferior, encontramos dos columnas con sus capiteles decorados con arquillos conopiales empotradas en el muro. Es de suponer que por encima de éstos existían arcos de medio punto, de los cuales no queda ningún resto. En la parte superior podemos observar arcos de medio punto que apoyan en columnillas toscanas, sobre altas basas con restos de medallones en los frentes, como en la anterior crujía. En esta parte del patio, aún se conserva el alero que cubriría todo el patio. Este alero tiene doble fila superpuesta de canetes con cabezas decoradas con cardinas góticas.

 

Durante el siglo XVIII la torre de la iglesia de Santa María de la Cuesta de la localidad se derrumbó. Ésta marcaba las horas de los rezos, los avisos de incendios, el ritmo de la jornada laboral, etc., era una construcción imprescindible para la vida de la villa. El Consistorio vio la necesidad de construir una nueva torre para que Ayerbe tuviera un campanario en condiciones (no olvidemos la importancia que en aquellas épocas tenían los campanarios). El 23 de diciembre de 1797 se reunieron los representantes de la villa ante notario y se decidió realizar una torre exenta. La obra fue encargada al maestro de obras de Ayerbe Thomas Gállego. Su construcción se realizó entre 1798-99, usando los restos de la torre de Santa María de la Cuesta, y los habitantes del pueblo se encargaron de trasladar los materiales de un lado a otro.

 

La ubicación de esta torre fue debida a que en esa época el ayuntamiento se situaba cerca. Esta torre es el único ejemplo en todo el Altoaragón de torre exenta civil, es decir que se realizo exclusivamente para poner en ella el reloj de la villa.

 

Se alza sobre un basamento de piedra sillar liso, sobre el que se levanta el cuerpo del reloj. Tiene planta cuadrada con los ángulos achaflanados, decorados con volutones. En los frentes se abren vanos de medio punto separados por pilastras coronadas por capiteles decorados con guirnaldas que sostienen la cornisa. Remata el conjunto un chapitel decorado con decoración en escamas y en lo alto una campana.

 

El reloj mecánico primitivo fue sustituido por uno eléctrico en 1960, el cual sería sustituido, a su vez, en el año 2006 por uno electrónico.

 

Ayerbe cuenta con un magnífico conjunto de arquitectura civil del siglo XVI. Eran propiedades de familias nobiliarias o importantes terratenientes que gracias a su elevada economía se podían construir grandes mansiones siguiendo el estilo de los palacios italianos renacentistas. La Casa Ena, está situada en el nº 8 de la plaza de Santiago Ramón y Cajal o Plaza Baja, haciendo esquina con la calle Luis Espada.

 

La entrada se realiza por una portada adintelada, sobre la cual se dispone el escudo de armas de los propietarios.

 

Se trata de un edificio de tres pisos, que se levanta sobre un zócalo de sillar. En el segundo piso se abren una serie de vanos adintelados; en el tercero la típica galería de arcos de medio punto aragonesa; y remata el edificio un alero de madera sencillo en su decoración.

 

Adosado a este edificio se abre otro con una portada dovelada en arco de medio punto almohadillado, enmarcado por dos volutones y coronado con una guirnalda de flores, de estilo barroco.

 

Escudo Casa Ena. El linaje de los Ena es oriundo del pueblo oscense de Ena. Desde 1769 figuran como residentes en la zona de Ayerbe. Las armas heráldicas de esta familia consisten en escudo de azur con un castillo de oro cortado de verados en ondas de oro y gules.

 

La “Casa Ponz” o de los Luna, es un palacete renacentista que perteneció a los descendientes de don Pedro de Luna, más conocido como el Papa Luna, Benedicto XIII . El edificio, catalogado por Patrimonio, se mantiene en perfectas condiciones después de más de cuatro siglos de antigüedad. Tiene planta rectangular, con tres alturas y tejado con teja de tipo árabe.

 

Lo más interesante es la galería superior, con arquillos de medio punto de doble arco. Los arcos separados por pilastras. Por encima de este cuerpo un alero de madera de amplio vuelo.

 

Hoy en día se sitúa en él, la Casa Ubieto, un comercio especializado en Micología, setas, trufas y alimentación regional de calidad.

 

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