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El Tubo I. Calle de los Mártires. Zaragoza.

Vamos a realizar un paseo por el carismático Tubo de Zaragoza, pero como el tema es algo amplio he decidido dividirlo en varias etapas. Hoy hablaremos del Tubo y la calle de los Mártires. Espero que os guste el paseo por esta zona que poco a poco vamos recuperando entre todos.

 

En la fotografía vemos la Plaza de España, al fondo el frente del Coso, donde se abre nuestra calle: “Mártires”. A la izquierda en los bajos del edificio que hace esquina vemos donde se ubicará las Vegas 2, anteriormente el café Oriental; y a la derecha la cafetería Hergar, también propiedad de los hermanos García, dueños de la cafetería Las Vegas situada en Independencia; a continuación la a casa nº 43-45 conocida como Casa Ríos, ya que en sus bajos se abría la célebre farmacia Ríos. Al fondo, a la izquierda las torres de la basílica del Pilar, sólo con sus dos torres de la plaza del Pilar; y a la derecha la torre de La Seo, y el cupulín del banco zaragozano, inaugurado en 1929.

 

Fotografía de Arribas en el A.H.P.Z.

 

El conocido como “El Tubo” ha sido desde hace mucho tiempo un lugar muy especial, tanto para los habitantes de Zaragoza como para los visitantes que llegaban a nuestra ciudad. Ocupa una de las zonas más tradicionales y céntricas. Situado en el antiguo barrio de San Gil, está limitado por las calles Alfonso I, Méndez Núñez, Don Jaime y Coso. Teniendo al frente la Plaza de España y el Paseo de la Independencia.

 

El Tubo está formado por una serie de calles estrechas peatonales en su mayor parte, repletas de historia, de sabores y de olores. Afortunadamente hace unos años poco a poco va recuperándose de una agonía dolorosa. La vida del Tubo desde el siglo XX ha estado amenazada por diversos proyectos para prolongar el Paseo de la Independencia hasta la Plaza del Pilar, todos ellos caídos en el olvido.

 

Fotografía: M. Arribas. A.H.P.Z.

 

El Tubo vivió su época de esplendor en el siglo XIX-mediados del siglo XX. Pero sobre todo en la primera mitad del siglo XX era una zona llena de vida plagada de bares, restaurantes, tiendas de discos, de regalos, peluquerías, limpiabotas, etc., locales llenos de recuerdos y de historias. En el año 1955 se podían contar más de 90 establecimientos, sobre todo bares de tapas, tan típicos en la zona. Sólo deciros que los bocadillos de calamares casi estuvieron a punto de ser nombrados “Patrimonio de la humanidad por la Unesco” (no creáis, los que no vivisteis esa época, qué es exageración, muchos podemos dar fe de ello, sin olvidar por supuesto los calamares del “Calamar Bravo”. Pero eso es otra historia).

 

En la fotografía en el centro la entrada a la calle de los Mártires, a la izquierda la cafetería Las Vegas 2; a la derecha el café Hergar.

 

Fotografía del recomendable blog de Daniel Pérez: http://dp-foto.blogspot.com.es/

 

Pero el Tubo cayó en una mala racha. La dejación del ayuntamiento en arreglarlo y limpiar el entorno fue poco a poco degradando el lugar tan querido para todos los zaragozanos. En 1970 hubo un nuevo intento (uno de tantos) de derribar el Tubo y prolongar el Paseo de la Independencia hasta el Pilar, cosa que nuevamente cayó en saco roto. De ello quedó esta coplilla que tomamos del excelente libro  de Miguel Lizana y Antonio Tausiet: “El Tubo”:

 

“Dos concejales y medio

Muy amantes del ladrillo

Pretenden cargarse el Tubo

Por oler a bocadillo”.

 

 Aunque en el año 1978 la zona fue incoada Conjunto Histórico, poco a poco fue languideciendo; hasta tal punto que en el año 2003 dos únicos locales permanecían abiertos en nuestra calle: el Gastrónomo y Casa Colás (de la zona de la calle de los Mártires).

 

Fotografía: Gerardo Sancho Ramo. A.H.P.Z.

 

Finalmente una obra muy discutida para muchos puso al Tubo otra vez en el candelero: el proyecto de “Puerta Cinegia”, realizado por los arquitectos Daniel Olano y Aznar Salvatella, e inaugurado en el año 2004, tras diversas discusiones y proyectos fallidos. Esta gran obra provocó a la vez la caída total de la zona (los últimos bares que aún sobrevivían como el Gastrónomo, Casa Lac, fueron cerrando); pero con el paso del tiempo un nuevo auge como zona de ocio se está produciendo en todo el barrio.

 

El Tubo parece que vuelve a la vida, otra vida, sin duda, pero como dice el refrán: “siempre que hay vida hay esperanza”. Esperanza de retomar ese antiguo y querido Tubo del que disfrutamos tantos zaragozanos y visitantes en un pasado no demasiado lejano. Pero hay que tener en cuenta que en Zaragoza nunca se ha sabido defender el patrimonio como es debido, y así hemos ido perdiendo edificios ya irrecuperables, obras y lugares que reflejaban la esencia de una ciudad que no ha merecido tanta pérdida, debida a la maldita especulación.

 

Entrada principal de Puerta Cinegia.

 

Una vez comenzada la obra de “Puerta Cinegia” aparecieron en el solar restos de uno de los torreones y del paño de la muralla romana, que hoy en día podemos contemplar en los bajos de la tienda de “Adolfo Domínguez” (en la entrada principal).

 

En el año 2003 se comentaba en la prensa que los restos hallados se iban a colocar en el mismo sitio que habían sido encontrados. Ya que mientras se realizaban las obras del aparcamiento subterráneo de la Plaza de España, estos restos fueron seccionados (abril de 2001), con una "sierra de hilo de diamantes", siendo numerados y guardados convenientemente en un almacén municipal, donde permanecieron hasta ese año 2003 que fueron colocados en donde hoy en día los podemos contemplar.

 

Estos restos son parte de la zona interior de la muralla romana realizados con mortero, sobre ellos se colocaban los sillares de piedra.

 

Detalle de los sillares de la muralla romana descubiertos en las excavaciones del edificio “Puerta Cinegia”. Hoy en los bajos de la tienda de “Adolfo Domínguez”.

 

También se integraron dentro de este gran complejo comercial, el patio gótico existente en la casa de la calle de los Mártires 5-7; y la escalera barroca que veremos cuando comentemos la calle Cuatro de Agosto.

 

En la fotografía entrada al patio gótico de Puerta Cinegia. Para poder verlo tenéis que subir a la segunda planta. Coger el ascensor de cristal del centro y nada más salir a la derecha lo veréis.

 

Este patio, de planta cuadrada, es lo único que resta de un antiguo edificio gótico del siglo XV. En la actualidad consta de tres plantas, la planta baja en la que no se permite la entrada, es un comedor, que luego comentaremos. La segunda planta tiene una galería con tres arquillos , en tres de sus lados, levemente apuntados que se apoyan en columnitas fasciculadas, en cuyos capiteles podemos ver escudos heráldicos, quizás representando las enseñas de los dueños de la antigua mansión.

 

Detalle del muro en el que se han perdido los arcos y se abre un vano adintelado. Antes de su restauración algunos de los arcos que se abren en los muros estaban tapiados.

 

Sobre la segunda planta se eleva una tercera galería abierta con pilares en los que apoyan zapatas y vigas transversales.

 

Planta baja del patio gótico, en el cual podemos ver un gran arco levemente apuntado.

 

Preciosa columnilla fasciculada sobre basamento, en cuyos capiteles podemos ver dos escudos heráldicos diferentes, una flor de lis y una puerta flanqueada por dos torres.

 

 Detalle de un escudo con la representación de una puerta flanqueada por dos torres.

 

 Detalle de un escudo heráldico del patio con una flor de lis y sobre ella una cruz.

 

En octubre de 2015 se inauguró en Zaragoza un gran centro Gourmet Gastronómico. Colocándose en el centro del patio interior de Puerta Cinegia (Puerta Cinegia Gastronómica) una estatua del emperador César Augusto, de 10 metros de altura y casi mil kilos de peso. La escultura ha sido fabricada por la empresa TecMOLDE de Loporzano (Huesca), y reproduce la descubierta en 1863 en las excavaciones de Villa Livia, cerca de la localidad de Prima Porta en Roma.

 

Puerta Cinegia Gastronómica ocupa la primera planta del centro comercial del mismo nombre. Son 2.200 metros cuadrados distribuidos en 19 establecimientos, de los que 17 ya están en funcionamiento. Restaurantes, comercios y bares de tapeo que ofrecen una variada selección de productos. Se pueden degustar allí mismo, o comprarlos para disfrutar de ellos en otro momento.

 

Una vez desentramados los secretos de Puerta Cinegia, comenzamos nuestra visita por la Plaza de España y calle Coso, en la que se ubicaba la Puerta Cinegia. En época romana (siglo III) fue puerta de la muralla romana dando entrada a la calle principal norte-sur de la ciudad, el Cardo Máximo). En el año 1492 se construyó una puerta medieval como recuerdo de la Conquista de América y de los mártires de la ciudad. Esta zona tenía gran importancia ya que también es donde se abrió el primer mercado hasta 1210, fecha en que se trasladó a la Puerta de Toledo (hoy en día zona del Torreón de la Zuda).

 

Esta portada se convirtió en una de las principales de la ciudad, por ella entraban los Reyes cuando venían a la ciudad, recordemos la entrada del rey Fernando el Católico el 18 de agosto de ese mismo año.

 

En la fotografía esquina derecha de la Plaza de España-Coso, con la calle los Mártires, donde antaño se ubicaba el café Hergar.

 

Esta Puerta medieval, como gran parte de la Plaza de San Francisco (plaza de España) fue destruida en los Sitios de 1809 por los franceses. La Puerta Cinegia daba entrada a la calle de los Mártires, nombre dado para conmemorar a los cristianos que en el año 304 fueron allí mismo martirizados y quemados por orden del gobernador romano de la ciudad, Daciano. Para algunos Cinegia puede provenir de Cinerarum, o cenizas de los mártires; para otros tiene más que ver con el arrabal de Sinhaya que ocupaba todo el actual paseo de la Independencia.

 

En la fotografía restos de la antigua puerta Cinegia.

 

 Detalle de los restos de la Puerta Cinegia, a la entrada de la calle de los Mártires.

 

Durante la segunda mitad del siglo XX el Tubo cayó en una franca degradación de la que afortunadamente poco a poco va saliendo. En la esquina izquierda de la Plaza de España, con la calle de los Mártires se ubicaba Las Vegas 2, donde anteriormente se situaba el “Café Oriental”.  Hoy en día, una vez construido el nuevo edificio de Puerta Cinegia se ha abierto un Pasaje y varias cafeterías.

 

En el inicio de la calle de los Mártires, a la derecha, en los números pares se abrían negocios de lotería, tiendas de souvenirs y el famoso bar La Viña P, uno de los bares más antiguos del Tubo, abierto junto con el bar Mi Casa hacia 1900. Hoy en día se abre un bar de comida rápida. A su lado aún se pueden ver los locales aún cerrados.

 

En el lado de los números impares, enfrente de donde se situaba el antiguo La Viña P, encontramos los nuevos locales y la Puerta lateral del edificio de Puerta Cinegia, antiguamente se ubicaba en este lado de la calle el local de la Pluma de Oro, el famoso kiosko de periódicos, tan estrecho que sólo cabía una persona dentro, un limpiabotas, el bar Cantábrico (antiguo Teca), etc. Más o menos en esta zona también se encontraba la pensión de Cesáreo Gimeno y la gestoría Velasco, que realizaban seguros sociales, pasaportes, asuntos generales, etc., según los carteles que podemos ver en las fotografías antiguas que os he puesto al principio.

 

Justo enfrente de la entrada al pasaje de Puerta Cinegia encontramos el bar “El Refugio del Tubo”, donde antiguamente se ubicaba el “Gastrónomo”, antiguo hotel “Excelsior”; en cuyo sótano podemos ver una bodega del siglo XVII.

 

Bajada a la bodega del siglo XVII del “Refugio del Tubo”. El actual dueño lo ha acondicionado como restaurante.

 

Una escalera estrecha escalera nos conduce a la planta sótano donde vemos una bien cuidada bodega.

 

 Interior de la bodega, de planta rectangular cubierta con bóveda de cañón con lunetos.

 

 Otro detalle del interior de la bodega.

 

 Detalle de uno de los lunetos de la bóveda.

 

La calle en su buena época era un hervidero de gente, gente típica que daba vida a la zona, con sus charlatanes, los trileros que tanto daño hicieron, sus limpiabotas, sus tabaqueras, la más famosa la Serafina (Herminia Martínez), que murió a los 83 años en el año 2011, 57 años vendiendo tabaco en la calle de los Mártires (¿Quién no compró a Serafina un paquete de tabaco?), primero en la puerta del Plata, luego se trasladó a la del Gastrónomo, siempre con su cigarrillo en los labios. Mujer todo corazón que crió a sus hijos y a otros que adoptó y cuidó. En sus últimos años recibió el disgusto de tener que ir a juicio por su venta “clandestina”. Finalmente el ayuntamiento le dedicó un cabezudo, al que quitaron el cigarrillo que llevaba, “en fin sin comentarios”.

 

Serafina siempre fue , es y será todo un referente en el Tubo.

 

Fotografía del blog de Daniel Pérez: http://dp-foto.blogspot.com.es/

 

Al lado de la entrada al pasaje, hoy se abre un bar de comida italiana: “Pomodoro”. Antiguamente aquí se ubicaba la gran tienda de ultramarinos de “Ezequiel Pastor”, en cuyo escaparate se podía ver un gran queso de gruyere, posteriormente lo sustituyó la casa musical R-3, ¿Quién no compró un vinilo en esta tienda?, más tarde, enfrente, en donde había un zapatero, tambien se abrió otra tienda de discos, a la derecha del Plata.

 

En la acera de enfrente y al lado del antiguo Gastrónomo (hoy Refugio del Tubo) e situaba uno de los bares más antiguos del Tubo: “Mi Casa”, después los “Amigos”, famoso por su vino de Ainzón. Cuyo dueño fue asesinado una noche en la puerta del negocio en 1996. Hoy en día se ha abierto la taberna 3 Lunas.

 

A continuación del actual 3 Lunas, se abre Casa Colás, en un principio en ella se ubicaba la antigua casa de comidas de la abuela del tenor Plácido Domingo, el cual siempre acudía allí cuando pasaba por Zaragoza. Casa Colas fue cerrada y reabierta en el año 1996.

 

Y al final de la calle, esquina con la de Cuatro de Agosto, la joya de la Corona: “Casa Lac”, situada en el nº 12 de la calle Mártires. Es uno de los establecimientos más antiguos de la ciudad, después de la Posada de las Almas, y de España.

 

En 1823 don Andrés de Gracia y Layed y su esposa Gabriela Enseñat compran la casa de los condes de Fauré. Los Gracia tenían una hija casada con Don Francisco Lac, pastelero de origen francés; el cual abrió una pastelería en sus bajos en el año 1826, continuado el negocio por su hijo Constantino Lac. En 1885 fue reformada en su totalidad, elevando un piso más. En 1907 la compró la familia Marca (Francisco Marca), momento en el que se remodeló en estilo modernista y quizás entonces es cuando se abre también como restaurante.

 

Cuando se celebró su centenario, en 1925, Fernando Marca encargó que se reformara la primera planta según proyecto de Manuel Martínez Ubago.  Poco después el negocio lo dirige la familia de D. Daniel Rubio Herrer, estableciendo su vivienda en el tercer piso del inmueble.

 

36-En los años 80 del siglo XX y Don Daniel Rubio  traspasó el negocio, no la propiedad, que seguía siendo de los hermanos Marca, a la familia Artiach-García. Estos lo convirtieron en café-bar y restaurante. Durante este período se llevaron a cabo actos culturales importantes.

 

Se cerró en el año 2003 cuando el empresario zaragozano Arturo Beltrán lo compró a la familia Artiach. A partir de entonces se llevó una profunda remodelación. Tras una serie de reformas la empresaria Mariángeles Guerrero se hizo con la concesión del bar y del restaurante, siendo reabierto en el año 2013.

 

La decoración del restaurante la llevó a cabo Emilio Piqueras, recuperando todo el sabor modernista que tenía en su momento: lámparas, apliques, vitrinas, columnas de fundición, espejos y decoraciones en madera y escayola (Heraldo de Aragón).

 

De la reforma de 1925 de Martínez de Ubago es la escalera con azulejos; la forja fue realizada en los talleres Averly (¡¡¡Salvemos Averly!!!!).

 

En la escalera podemos ver un escudo Imperial que hace referencia de la celebración del centenario del restaurante (1825-1925).

 

La planta baja era la antigua pastelería, hoy comedor.  Es de estilo modernista (1907), con escayolas espectaculares y carpintería también modernista. Tiene dos pisos más, en la segunda planta se encuentra el llamado comedor isabelino; y en la tercera planta el comedor alemán, usado en muy contadas ocasiones.

 

 Detalle de los capiteles de las columnas de estilo jónico del comedor de la planta baja.

 

 Plafones en escayola imitando la madera, en los techos del comedor de la planta baja.

 

 Detalle del mostrador de lo que en su tiempo fue la pastelería, hoy en día barra del bar, en el comedor de la planta baja.

 

Vista de la calle Mártires desde la calle Cuatro de Agosto, nuestro próximo punto de salida. 

 

Hasta aquí nuestro pequeño recorrido por esta emblemática calle, como suelo decir llena de “historia y de historias”. Espero que os haya gustado o por lo menos sorprendido.

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

-ISABEL YESTE NAVARRO: “Del Tubo a “Puerta Cinegia” en Zaragoza. Evolución urbanística del sector en época contemporánea”,  Zaragoza, Revista Artigrama, nº 20, 2005.

 

-MIGUEL LIZANA; Y ANTONIO TAUSIET: “El Tubo. Memoria de un abandono”. Barcelona, Ed. March, 2007.

 

-JULIÁN RUÍZ MARÍN: “Memoria de las calles de Zaragoza”, vol. II,  Zaragoza, Librería General, 1997.

 

-Tengo que nombrar el excelente blog de Rafael Castillejo, que me ha servido por medio de sus fotografías antiguas de Zaragoza para descifrar la localización de bares y locales que ya no recordaba: http://www.rafaelcastillejo.com/zaratubo.html;

 

-Casa Lac:

http://www.heraldo.es/noticias/gastronomia/2008/10/03/casa_lac_reabre_reencuentra_con_sus_casi_200_anos_historia_26129_1311024.html

 

- Casa Lac:

-SANTIAGO PARRA: “Fondas, hoteles y banquetes en la Zaragoza del siglo XIX”,  Zaragoza, Diputación Provinical, “Institución Fernando el Católico”, Cuadernos de Aragón nº 38,  2008.

 

- Proyecto GAZA, de Antonio Tausiet y José María Ballestín, también imprescindible para conocer la Zaragoza antigua: http://adioszaragoza.blogspot.com.es/

 

-Y por último dar las gracias los que hoy en día habitan en el Tubo, al zapatero de la calle Cuatro de Agosto; a Miguel dueño del “Refugio del Tubo”: a Miguel Almau, tan amable, y su hijo, que tantas anécdotas me contaron; a Casa Lac por su amabilidad.

 

En fin. Gracias, gracias, gracias, por los buenos momentos que pasé con todos ellos.

 

 

 

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