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El NEVERO DE CASBAS. HUESCA

 

Vista de la villa de Casbas de Huesca, en el valle de la Gloria, a los pies de la Sierra de Guara.

 

 El domingo 13 de abril cogimos la mochila y nos encaminamos a la feria de antigüedades que se celebraba en Barbastro. Tras comprar algún capricho y una vez acabada la visita, nos dirigimos hacia el castillo de Loarre, nuestro destino principal. Hacía tan buen día que decidimos investigar la zona por la que íbamos pasando, y así llegamos al conocido como “Valle de la Gloria”.

 

Este valle se encuentra camino de Huesca, entre los dos Somontanos oscenses, el de la Hoya de Huesca y el de Barbastro teniendo como telón de fondo la preciosa Sierra de Guara. En él encontramos las localidades de Aguas, Junzano, Casbas, Labata, Sieso, Panzano, Santa Cilia de Panzano y Bastarás. Todos, pueblecitos tranquilos y llenos de encanto. En esta ocasión voy a comentar el nevero de Casbas, edículo interesante que casi pasa desapercibido desde la carretera 1228 que lleva a la localidad de Casbas.

 

 Esquema del pozo nevero de Casbas.

 

Se trata de un pozo de planta circular con 6 m de diámetro interior y unos 6 m de profundidad. La parte inferior y superior son de piedras sin labrar, mientras la parte central del recinto fue excavada en el estrato de piedra sin ningún recubrimiento. Remata con una falsa cúpula por aproximación de hiladas. La puerta de entrada se abre en la cara sur de la construcción con un arco escarzano. Delante de ella se abre una inmensa pradera donde se recogía la nieve..

 

Fotografía realizada en el mismo lugar en que se encuentra  el nevero.

 

 Detalle del nevero. Puerta de entrada en arco escarzano.

 

Unos dos kilómetros antes de llegar al pueblo, a la derecha de la carretera-1228,  podemos ver el llamado “Pozo de Casbas de Huesca”.

 

El uso de hielo o nieve en las poblaciones próximas a la Sierra de Guara era frecuente, ya que esta Sierra posee la mayor cantidad de neveros de Huesca, abasteciendo incluso a la capital. Hay que tener en cuenta la importancia del hielo y la nieve en una época que se desconocían los congeladores o neveras, ya que no sólo eran necesarios para la conservación de los alimentos, sino también para usos terapéuticos y en definitiva para mejorar la calidad de la vida de los habitantes de la comunidad.

 

 Vista lateral del nevero de Casbas.

 

En el pueblo de Casbas, el monasterio de Nuestra Señora de la Gloria (el cual comentaré en otra ocasión), tuvo gran relación con el hielo. Conocido era que las monjas de Casbas desde el siglo XII mandaban a sus sirvientes a coger hielo y nieve a la Sierra para sus necesidades durante los días de verano; y para agasajar a sus visitantes con bebidas refrescantes todos los 20 de agosto, día que celebraban la fiesta de San Bernardo; se puede decir que las monjas tuvieron el uso del hielo hasta el año 1602 año en que se enclaustraron y el negocio del hielo pasó a manos del concejo, el cual comercializó dicha actividad, pasando las monjas a pagar por el servicio.

 

El comercio del hielo se desarrolló durante los siglos XVI, XVII, XVIII y parte del XIX, convirtiéndose en una importante profesión. Por ese motivo se realizaron una serie de construcciones destinadas a su producción y almacenamiento, desarrollándose un negocio que perduró, como ya hemos comentado, hasta la llegada de las nuevas tecnologías, hacia 1918; momento en que los neveros fueron abandonados y olvidados.

 

 Detalle de la parte posterior del nevero, casi cubierto por la vegetación.

 

La existencia del nevero de Casbas está documentado en 1639, fecha en la que el ayuntamiento encargó la construcción de un pozo de hielo y nieve a canteros de la localidad de Lascellas, pagándoles la cantidad de trece libras y dos sueldos. El lugar elegido para su construcción fue la orilla izquierda  del barranco de Cañeto, muy cerca del pueblo. Los canteros realizaron un hueco en la piedra base, levantando el nevero.

 

También se sabe que su primer arrendador se llamaba Jusepe Ferrer. El arrendador se encargaba de organizar los trabajos, contratar a gente para recoger la nieve, cuidar de las herramientas y poner precio al producto. Éste debía cumplir una serie de normas, bajo pena de fuertes multas: “el horario de venta de nieve era de 7 de la mañana a las 10 de la noche, desde el día de Pascua hasta Todos los Santos, a tres sueldos la arroba y dos dineros la libra, limpia de paja e impurezas y pesada en balanza agujereada. Mientras hubiera nieve en la Sierra de Guara, en Nocito o el valle de Rodellar el arrendador del pozo estaba obligado a vender nieve”.

 

No hay que olvidar lo importante que era el transporte del hielo de los neveros a los lugares destinados para su distribución. Era realizado por los denominados traxineros (trajineros) o encargados de llevar el producto con caballerías. 

 

Al principio al uso de nieve y hielo sólo podían acceder las clases altas, utilizándose para conservar alimentos, y tomar bebidas frescas en verano (ya hemos comentado que las monjas del monasterio fueron unas de sus mejores clientes). Pero ya a partir del siglo XVII su consumo se generalizó entre la población.

 

El uso del hielo en medicina tenía gran trascendencia, con él se bajaba la fiebre, servía para cortar hemorragias, para aliviar los dolores, etc. Era obligación del arrendador garantizar el suministro de hielo a los enfermos a cualquier hora del día o de la noche. Enfermos y hospitales gozaban de preferencia a la hora de adquirirlo.

 

 

 Interior del nevero.

 

En otoño se limpiaban y preparaban los pozos. Cuando llegaban las nieves los encargados de guardar la nieve en los pozos se vestían con ropas adecuadas para no pasar frío. Unos se colocaban dentro del nevero y otros en la pradera exterior, e iban introduciendo la nieve, la cual era colocada en el interior en sucesivas capas separadas por paja, cuando lo llenaban, cerraban todos los huecos que hubiera para conservar mejor el producto.

 

 Detalle del arranque de la falsa bóveda por aproximación de hiladas.

 

 

 

Bibliografía:

 

A. Painaud; y P. Ayuso: “El comercio de la nieve en Huesca durante los siglos XV al XIX”,Bolskan, nº 11 (1994), pp. 173-191.

 

Pedro A. Ayuso Vivar: “Pozos de nieve y hielo en el Alto Aragón: catálogo descriptivo y documental”, Huesca. Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2007.

 

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